sábado, 24 de abril de 2010

Las ramas del camino

Caminamos, de pronto, entre avenidas surrealistas de la mente que de pronto se desdibujaban en callejones que aparecían entre las ramas de los árboles. Esa silueta extraña que aparecía de vez en cuando me hacía pensar en el pasado que caminaba junto a mis pasos, en todas esas cicatrices de guerra que llevaba en la piel y que, según el conjuro de aquel mago del fuego, no se borrarían jamás de mi cuerpo. Según él, era para que no me olvidase de que los golpes de la vida son para hacerte más fuerte. Y entonces miré una de esas extrañas cicatrices que se me extendía por casi todo el brazo, pensando en esa titánica caída de 30 metros de altura hasta llegar a las profundidades de un río en calma. Al regresar a la superficie, vi que todo ya estaba congelado. Recuerdo aquella vez como si hubiese sucedido hace tan solo un segundo.

Pero este camino era un tanto distinto a aquellos parajes congelados, con la nieve abultándose a la altura de mis rodillas descubiertas. Cuando abrí los ojos luego de desvanecerme sin motivo, me encontré sentado en el cemento, desde donde podía ver una enorme avenida iluminada. Por allí transitaban muchos vehículos en distintas direcciones, cada quien con ese destino que yo no entendía. Nunca pude determinar la orientación de cada destino, simplemente, me puse de pie mirando las estrellas del cielo. "Estoy tan lejos" pensé, sonriendo. Eran enormes estructuras que se alzaban hasta las nubes, allá donde los aviones dejaban pasajeros y anunciaban su próxima parada. Eran tantos los caminos que aparecían a través de las ramas de los árboles que me aventuré a elegir uno entre tantos. La silueta se quedó a mi lado, escudriñando cada uno de mis movimientos: sabía que uno de mis tobillos estaba herido, por lo cual, me miraba con cautela. Le dije que me siguiera, pero permaneció en su lugar.

Cuando logré llegar a una de las ramas de al medio, una fría ventisca comenzó a cubrir de blanco los alrededores. Entonces levanté la mirada hacia el cielo y encontré una de las señales. Miré a la silueta y me asintió con la mirada. Me asusté muchísimo, pues era el camino que salía de la rama más alta. ¿Sería capaz de alcanzarla?

-Es ese el camino que debes tomar, el más difícil. ¿Y sabes por qué? Porque es el más alto, porque vas a necesitar volar.

Olvidándome del dolor de tobillo que volvía en esos momentos, cerré los ojos y comencé el ascenso, sin preocuparme del bullicio que parecía querer quitarme la concentración.

Fotografía: Salida de la Estación Méndez Álvaro, Madrid.

1 comentario:

pecas dijo...

:S
diooooos no entiendo na'

pero sabes q te leo Kinkan
:*
mejor frase: Es ese el camino que debes tomar, el más difícil. ¿Y sabes por qué? Porque es el más alto, porque vas a necesitar volar.