sábado, 31 de mayo de 2008

Modernidad


Creo que el paso por un CONTEXTO DETERMINADO no es algo que deba ser obviado en la búsqueda de un estudio inmanente de una obra literaria (es la principal objeción que tengo contra el Opojaz y el Círculo Lingüístico de Moscú de los años 1915 a 1930, aproximadamente); creo que es, precisamente, el paso por una SITUACIÓN la que va modificando nuestra esencia en el paso del tiempo: para bien o para mal, pero con el tiempo vamos viendo que son muchas las cosas que nos van legando los lugares por los cuales hemos transitado. Tal vez acercándome un poco al pensamiento de Bajtín, será que al pasar por tantos círculos sociales alguno de todos los ENUNCIADOS que cuelgan el aire se nos queden colgados en la ropa y los llevemos por el resto de nuestros días: nuestra tarea sería entonces reestructurarlos de una manera original para no caer en un juego de citas monótono y aburrido que a la larga nos hace evadir esos tipos de discursos.

Y bien, el párrafo anterior fue un intento de unir tantos conceptos que he oído en demasía durante este último tiempo, de una manera bastante sucinta y un poco “ordinaria” (haciendo alusión intertextual a las palabras de mi profesora de teoría y crítica literaria, luego de dar un ejemplo bastante cotidiano que dejó claras muchas cosas). ¿A qué se de todo esto? Es la principal pregunta que hasta yo mismo me hago al leer un texto medianamente expositivo, parecido al tumulto de fotocopias que a veces me hacen pensar que el escritorio volverá a colapsar a las 2 de la mañana para sacarme de un profundo sueño. Pero sería entendible si señalo que llevo toda una tarde leyendo textos de literatura, textos de pensamientos con respecto a la gramática que rige nuestro español y días anteriores también he tenido dolores de cabeza en la diferenciación de FORMA Y FONDO. No obstante, lo que ya me volado la cabeza es el tema de la modernidad en la que estamos envueltos (¿Alguien podría explicarme si estamos en la modernidad tardía, post modernidad, modernidad cibernética, modernidad individual o simplemente una modernidad sin apellido? Lo agradecería).

Claro está que es un concepto con el que nos hemos encontrado un sinnúmero de veces, más aún con el avance de nuestros cursos tanto en colegio o, en mi caso, la universidad. Y creo que en este momento puedo dar cuenta en parte de esos autores que llevo meses intentando entender y que también he aprendido a valorar. ¿Qué es la famosa modernidad en la que estamos envueltos? ¿Acaso lograremos salir algún día: acaso sería bueno? Y ahora que leo me doy cuenta de que estoy cayendo en palabras sofistas que no dicen nada, pero es una buena forma de hacer que las neuronas intenten reencontrar el camino a la sinapsis que se perdió luego de toda una semana de lecturas… no obstante, no me quejo; al parecer pasaré toda mi vida en esta, para mí, agradable tarea de cargarme de conocimiento de distintas tendencias y hasta espero algún día ser citado como un autor de grandes pensamientos (a todos nos baja el ataque ególatra de vez en cuando, ¿no?).

En primera instancia y en consecuencia con lo que se ha denominado como sensibilidad de época, creí que la modernidad era lo que estábamos viviendo en este preciso momento en que la tecnología no deja de sorprendernos con cada nueva creación (facebook es una página tan tecnológica en que no dejo de encontrar nuevas aplicaciones en las cuales pasar el tiempo de ocio, pero eso es un tema que da para otro comentario). Y, precisamente, es la tecnología uno de los motores para que la modernidad sea tan valorada. Si bien, el concepto no es algo nuevo puesto que en todas las épocas se ha utilizado refiriéndose a “lo actual”, no deja de despertarnos algunas dudas. Por ejemplo, en su momento significó algo más bien peyorativo y eso es algo más que visible, sobre todo en la gente de mayor edad: “antes las cosas no eran así” ocomo están las cosas ahora”, o bien, antes no se veían estas cosas”. En cierta medida les creo, puesto que antiguamente no se veían tantas cosas raras como los pokemones con su dudosa apariencia de niño-niña que a ellos les encanta, siendo que sólo se convierten en un objeto ridículo de adoración a la risa. Pero cada loco con su tema, dicen por ahí.

Por otro lado, lo moderno es lo que no es antiguo (sí, aunque suene un poco redundante y deje mucho que desear de un estudiante de castellano). El problema es encontrar el límite entre eso actual y lo antiguo. Aludiendo a una famosa cita de Marx: “todo lo sólido se desvanece en el aire, lo sagrado es profanado…” (frase desarrollada en profundidad en un texto de Marshal Bermann) nos encontramos con una, a mi parecer, muy buena respuesta a mi pregunta indirecta. Claro está que lo que ayer encontrábamos como la última maravilla del mundo, hoy probablemente la estaremos lanzando a la basura por su inutilidad. Y en este momento es cuando lanzo uno de mis primero ataques contra la ciencia dura (o fáctica), ya que se jactan de tener un conocimiento estricto, “real” y objetivo de las cosas, no obstante pasa el tiempo y nos damos cuenta de que las cosas no son tan objetivas como parecen: “la ciencia vive venciendo errores y no estableciendo verdades” (Eichembaum), pero no lo digo porque odie la ciencia, sino porque odio cuando son tan mal vistas las ciencias humanistas que también traen un gran avance que a veces es menospreciado. El lógos tiene tantas manifestaciones que debiesen ser complementarias.

Mirando un poco a nuestra realidad, ¿podríamos realmente decir que vivimos en un mundo moderno? O sea, podríamos decir que Chile es un país aún tercermundista (que con un eufemismo denominamos “en vías de desarrollo”) por lo cual estamos alejados de la modernidad: no obstante, se sabe que nuestra nación consume como país desarrollado, pero produce como subdesarrollado. ¿Cuál es el motivo? Y ahí puedo detenerme porque no he encontrado ninguna respuesta al asunto. Por otro lado, si somos tan modernos y nos jactamos de que superamos al hombre primitivo: ¿Por qué tenemos tantas tribus urbanas con ausencia de identidad propia? ¿Por qué tanto fanatismo religioso de algunos que hacen volar edificios porque su profeta los convoca a una guerra santa? ¿Por qué las juventudes se escudan en el alcohol, la marihuana y un sinnúmero de estupefacientes para conocer una realidad que las paredes de cemento no les permiten? ¿Por qué ese intento de formalismo no nos permite ver más allá de las cosas, una metavisión de nuestra propia vida?

Todo me hace pensar a que estamos en un proceso de involución, por muy pesimista que parezca de mi parte y pese a que tengo una visión muy optimista de la vida (claro que no se nota mucho luego de esto, pero sólo es una imagen que me quedó luego de leer tantas cosas). Cada vez la gente se involucra más con el esoterismo para encontrar soluciones que no puede ver de otra forma: new age, naturalismo, ascetismo, etc. Me considero partidario del movimiento new age con su esperanza en las buenas energías y en las reencarnaciones. Pero al fin y al cabo, caemos en que todo son respuestas “parches” ante las respuestas que tardaremos toda la vida en encontrar. No queda otra que morir en el intento de encontrar esas respuestas trascendentales.


domingo, 25 de mayo de 2008

La libertad del arte

Definitivamente el otoño ya se dejó caer con su frío interminable y sus temporales de lluvia que tienen al país cortado a la mitad por el colapso de no sé cuántos puentes: situaciones naturales a las que nos vamos a tener que ir acostumbrando debido a este cambio climático que parece ya no tener retroceso. Y es precisamente el frío otoñal, los días nublados, las veces que me quedo despierto hasta las 2 de la mañana con ese frío casi sepulcral y el encierro permanente en mi pieza el que me hace pensar e inspirarme en las miles de historias que a cada instante (sí, incluso en este preciso momento) me dan vueltas en la cabeza y no se quedan tranquilas hasta que las escribo; o bien, en el peor de los casos terminan abandonándome y me dejan con el castigo de saber que se me escapó algo importante: de a poco me acostumbro a anotar todas las grandes ideas aunque sea en un SMS del celular.

Hace algún tiempo que estaba pensando en que ya era el momento de reunirme en algún grupo que compartiese los mismos intereses artísticos que yo: un “buen” día (muchas historias comienzan con el mismo encabezado, lindo cliché) encontré unos carteles a mano distribuidos por toda mi sede y me interesé en su propuesta. Envié un mail y tardaron algunas semanas en responderme, pero al fin y al cabo obtuve una respuesta satisfactoria que me motivó a quedarme. No obstante, en todo el tiempo que ha pasado desde que envié ese mail de consultas, no he ido ni un solo día a las reuniones que han efectuado. La primera razón fue porque pretendían realizar una reunión durante la toma, cosa que no me agradó porque nunca he apoyado ese tipo de acciones, por lo que simplemente no me aparecí y me he mantenido en el absoluto anonimato hasta estos días: tanto así que siquiera conozco a los participantes del proyecto ni ellos me conocen a mí. Pero creo tener disposición a trabajar en un proyecto artístico.

Hoy recibí un mail que hablaba de una posible reunión a realizarse prontamente y fue en este mail donde surgió todo mi cuestionamiento de… ¿qué es lo que realmente estoy haciendo aquí? Y sucede desde un tema muy puntual que puede resultar muy banal para algunos, pero a mí me juega una cierta complicación con la cual voy a tener que aprender a lidiar: las posturas políticas que se presentan en un ambiente artístico. Y el hecho que más me molesta de todo es que se relacione, inmediatamente, el tema del comunismo con el arte. Y es algo que en casi todos lados se ve, desde el famoso vocativo del “compañero” o la “lucha contra el capitalismo” que se ha masificado con el paso del tiempo. Y realmente me sentí incómodo, puesto que prefiero mantenerme neutro en aspectos de política porque siento que todos los sectores mienten y buscan su propio interés: desde los humanistas hasta los opus dei.

El tema de la política se remonta a un tiempo más o menos cercano cuando se inició toda la movilización por el tema del pase escolar y la cuestionada LGE. Fue un día en que me dijeron que si acaso era DC, cosa que me ofendió bastante: “no soy un chueco” como respondí ese día con un toque de humor. Tengo una amiga en ese partido y ella sabe cuál es mi opinión con respecto a ese grupo, lo que no es un impedimento para el cariño mutuo que nos tenemos y para que la considere mi mejor amiga. Pero volviendo al tema de fondo, me di cuenta que es un problema más o menos complejo el hecho de abanderarse en un solo pensamiento y amarrarte a todos los parámetros, a veces extemporáneos, que tienes que seguir en todo momento. En un momento me consideré conservador, pero de a poco he ido abriendo mi mente, sin caer tampoco en el extremo liberalismo (o libertinaje: deformación que tiene el término en algunos lugares). Y en estos momentos me he dado cuenta que es mejor tener tu opinión propia y con posibilidades de variación: después de todo, un gobierno –perteneciente a cualquier sector- tiene aciertos y errores que la historia juzgará a su debido tiempo. Como veíamos en un famoso caso hace un tiempo con Zaldívar en la DC, que por no seguir lo que decía su partido, terminó fuera. Ese fue el punto preciso que me hizo decidir permanecer independiente por todo el resto de mi vida: votar por el candidato que considere más apto y no deber obediencia ciega a un grupo de viejos que a veces no se dan cuenta de que su dirección es errada.

Ahora mi cuestionamiento es: ¿puedo realmente desarrollar el arte sin pertenecer a ningún sector político en específico? Y no es “estar para dónde calienta el sol”, sino que ser libre de opinar de acuerdo al contexto de situación que involucra al hecho, que explique mi determinada postura. Sólo espero que haya más gente que piense de manera similar a mí, en que tu postura política no sea un límite sino un punto de sana discusión: cosa que ya he logrado con varios amigos. Creo que el arte no tiene por qué ser asumido por sólo una visión, sino que es libre de optar por lo que se le plazca: ¿acaso el humano no es libre de ser creador o destructor en las historias que en su mente se generan? Y espero poder continuar en ese lugar sin que las distintas opiniones nos alejen del punto central que es la expresión de nuestra alma a través de esa capacidad humana tan loable que es el arte.

martes, 20 de mayo de 2008

Is it only a joke?

Vuelvo a caer en lo mismo aunque suelo ponerle un sinnúmero de epítetos para ocultar mi amor por esta situación: que es estúpida, que es una pérdida de tiempo, que sólo es un invento de mi inconsciencia para decirme que siga soñando con mi mundo perfecto, que es “el opio de mi cerebro”, que es MAMÓN, que nada de lo que creo es cierto, que me voy a despertar mañana por la lluvia que va a estar golpeando en mi ventana –se anuncia para mañana que continuará el gran temporal-, que esas sensaciones sentimentaloides lo único que hacen es deprimirme y que definitivamente tengo que dejar de pensar en todas las estupideces que hacen que la sinapsis neuronal se convierta en un fraudulento colapso. No obstante, ¿qué es lo que hago una y otra vez? Escucho de improviso una canción que un día descargué a través de, en ese entonces, Kazaa (o cómo se escriba) en la época del auge de un grupo danés llamado Safri Duo cuya música hasta el día de hoy escucho… y me trae tantos recuerdos de cosas que viví y cosas que invento; incluso a veces hasta me trae recuerdos de esas cosas que espero que un futuro pasen. ¿Cómo va a ser eso? Diría la canción de Alejandro Sanz, pero es algo que por más que intento ya no puedo evitar.

Leía en el blog de un amigo muchas de las situaciones que desagradan y he dejado pendiente esa lista que puede ser eterna. No sé por qué me llamó tanto la atención el hecho de que puedo ser una persona tan huraña cuando me siento frente al escritorio y el silencio invade mi habitación hasta que YO decido detenerme por algún motivo indeterminado, pero si alguien se acerca siquiera a saludarme puede que responda de una manera violenta a la manera de decir “Vete de aquí en este preciso momento antes de que te lance un cuaderno, un cojín, la silla, la radio, un disco, un zapato, el gato inexistente o lo que sea”. Y es que hoy estoy bastante molesto porque realmente no he tenido tiempo para darle rienda suelta a mi imaginación, sino que me he visto amarrado a un interminable “paper” que mi hermana mayor me ha entregado para que le pueda traducir al español y, debido a que aún no regreso a clases, no tengo excusa de falta de tiempo. Sólo faltan otras 3 interminables páginas de la hepatitis crónica y podré… ¿descansar? The canine chronic hepatitis…

Y tal como me decía otro amigo, no he podido olvidarme de una pequeña equivocación en la que me vi involucrado ayer. Estaba en todo mi derecho de decir lo que pensaba –y hasta el momento siento que tengo la razón-, pero aún no sé cuál es el motivo de que los dichos de ciertas personas me afecten tanto. Mentalmente me digo que no es nada importante y de que es algo pasajero que no me va a afectar en lo más mínimo mientras veo la lluvia a la espera de que se convierta en granizo o que haya algún relámpago que me tome una fotografía de improviso. Me molesta creer algo de lo que no estoy seguro y menos sé si es que es lo correcto… ah, pero si todo en la vida fuera correcto entonces todo sería más fácil. ¿Soy un simplista que quiere que todo se lo entreguen en bandeja y listo para ser servido? O es que acaso me da miedo el riesgo porque temo caer como tantas veces ya lo he hecho… una más, ¿acaso dará igual? Sonaría tan estúpido si comento que hasta consulté a un tarot de mala reputación y poca confianza (sí, es estúpido… lo dije ¿y qué?) para ver si me sacaba algunas dudas: claro está que me respondió lo que yo temía. Pero no… creerle a un tarot en línea es tan falso como creerle a los políticos de la concertación o decir que en Chile no hay corrupción ni malversación de fondos (qué extraño que hasta la fecha hayan textos del MINEDUC que no hayan llegado a sus respectivos establecimientos). Me sorprendió la respuesta, pero me niego a aceptarla como real… es que no puede ser cierto. O sea, se me ocurre una idea y justo en este preciso momento porque he tenido sueños extraños durante tanto tiempo se me vaya a cumplir uno de lo sueños por los cuales he luchado: era el segundo en orden, pero me di cuenta que hasta se ha transformado en el más importante. ¿Será cierto? Tengo que creerle al destino, a Dios, a la Biblia, a la Iglesia, a la presidenta, a mi “yo-hermoso”, a la musa que a veces no me sonríe, a la Venus del vacío, a los códigos binarios, a Bill Gates… ¿a quién le creo?

Pero no, repito nuevamente de que no puede ser una respuesta real aunque me comen las ganas de confirmarlo con alguien relativamente apto para interpretarme esas cartas. Quiero saber, quiero saber, Señor… si es que acaso es este el momento que he estado esperando. No sé por qué me confunden tanto sus palabras, por qué me confunden tanto sus dichos y esa misteriosa confianza que le tengo… y parece que también me tiene. Como que a veces siento que hasta me manipula un poco y en ese momento retrocedo imponiendo mi porcentaje de orgullo. Por otro lado, otro ángel parece sonreírme con una mirada más o menos tierna que refleja preocupación. ¿A quién le creo? ¿A Shakespeare, Cervantes, Neruda, Mistral, Verne, Baudalarie o a Homero? Y creo que todo es efecto de que no me gusta que interrumpan eso que tenía planeado…

Sólo dudas, preguntas, cuestionamientos existenciales, dudas, más dudas y no respuestas. Las palabras del “paper” en inglés me siguen dando vueltas y me duelen los dientes por las almendras del Costa Nuss… ¿qué es escuchar al niño interno? ¿Escuchar su voz? Escuchar las voices de la canción de Vangelis que me hacen entrar en un mundo glorioso de mis ensueños y hasta derramar una lágrima MAMONA sin entender por qué. Dudas, preguntas, cuestionamientos existenciales… ¿a quién le pido una respuesta? Is it only a joke?

lunes, 19 de mayo de 2008

Una gran noticia

Nunca pensé que hoy justo fuese a ser ese día que esperé durante estas 5 semanas en que no me quedó otra que tomarme unas vacaciones anticipadas para recuperar las que perderé en la época de invierno y un poco de las de verano: ese día en que los votos “democráticos” optaron por la cordura, que se había perdido notablemente en el transcurso de este tiempo, y depusieron las movilizaciones que nos tuvieron sin clases por más de 1 mes. Hoy fue ese día en que me doy cuenta de todo el tiempo que hemos perdido por culpa de la comodidad de algunos que nunca asistieron a manifestar su negativa, pero lo positivo es que esto no se prolongará por más.

Todo comenzó hoy en la mañana cuando me despierto a las 09.45 con mucho sueño y, obviamente, pocas ganas de levantarme. El motivo: la asamblea de mi carrera en la cual esperaba que se impusiera una negativa a la continuación de esta movilización que poco a poco fue perdiendo su sentido. Llego a la asamblea y me reencuentro con gente que no veía hace más de un mes, teniendo aún esperanzas de que fuésemos mayoría. Luego de más de 2 horas en que deambularon entre temas relacionados con el movimiento –cuando me di cuenta de que el respeto por las distintas opiniones a veces no existía, pese a que ellos decían que sí- hasta que, por fin, se procedió a una votación que sólo logró confundirme, para optar por la abstención a la cual no iba dispuesto.

Me devolví bastante molesto a mi casa por la situación, resignado a perder esta semana y ojalá nada más. Estuve toda la tarde navegando entre las páginas informativas (la de mi carrera, que apoyaba la movilización, y la de un blog que no la apoyaba). Pero la noticia genial llegó como SMS a mi celular de improviso: “Se bajó la toma. Volvemos a clases” me escribía Karina. Mi interjección de alegría no sería conveniente señalarla debido a su informalidad jajaja. Ingreso a revisar y me encuentro con la buena noticia de que la toma acaba y que volvemos a clases este jueves: sí, vuelvo a la vida real y, por consiguiente, a la no-vida de las próximas semanas en que los bombardeos apuestan a dejarnos hechos polvo en el suelo. A sacar la resistencia y la fuerza acumulada durante todo este tiempo y a esperar que todo mantenga su estabilidad de aquí en adelante.

No quiero ni pensar en las pruebas que se vienen, los miles de trabajos, las guías que van a caer sobre el escritorio, el dinero que se me irá como agua entre los dedos en la fotocopiadora, las clases en las cuales a veces me quedaba dormido, la extensión de las jornadas de estudio hasta después de la medianoche y la reducción considerable de mis anheladas 10 horas de sueño. A aferrarse a lo que se pueda y a ajustarse los cinturones porque el viaje no termina hasta diciembre… espero sobrevivir.

sábado, 17 de mayo de 2008

Pedazos de historias

Son 2 los años que ya han pasado desde el primer día en que me di cuenta de que comenzaba a cursar 4to medio y de que seguramente se convertiría en un año inolvidable. Hace algún tiempo tuve la oportunidad de regresar al colegio a “dar una vuelta” y a saludar a algunas personas conocidas que quedan: profesores y uno que otro compañero de cursos menores que conocí en diversas circunstancias. La experiencia de volver a caminar por ese suelo que te vio crecer de una u otra manera –estuve 4 años al alero de las murallas casi penitenciarias del régimen salesiano de Valparaíso- es algo difícil de explicar: uno pretende que al regresar a esa tierra se va a encontrar con toda la gente de antaño y de que todo va a ser igual, pero sólo bastan algunos minutos para darse cuenta de que hay mucha gente nueva y de que las cosas han cambiado bastante desde que había partido. Darse cuenta de esto resulta un tanto frustrante y triste, puesto que se tiene la sensación de que ese lugar te pertenece (parte de tu esencia parece estar impregnada en los pasillos que recorriste), sin embargo ya no eres parte de ese lugar. No queda otra opción que pensar que el tiempo es así: pasa y deja algunas cosas atrás, dándonos la posibilidad de adaptarnos a su ritmo y de continuar en la línea que se proyecta hacia un futuro más o menos certero.

Y no sé si será producto del frío o de la exagerada posesión de tiempo con el que cuento por estos días: las movilizaciones ya parecen haber perdido su sentido y no entiendo cuál es la pretensión de hacerlo eterno… como si perder todo este tiempo pueda ser compensado con el tiempo que tenía destinado para otras cosas hacia el futuro. Y, definitivamente, aunque me cueste reconocerlo creo que hasta extraño mi época de escolar y sobre todo de 4to medio; la época en que aún formaba parte de los llamados “pingüinos”, término que se hizo famoso por la enorme manifestación nacional que como resultado nos trajo la odiada –por otros querida- TNE.

Sí, extraño demasiado esa época en que este presente era para mí un futuro nebuloso en el que concentraba toda mi ansiedad y mis ganas de saber cuál sería la mejor determinación para saber qué hacer con mi vida. Era esa época en que todo alrededor era tan enredado y confuso: “es que nadie realmente me entiende”. Fue la época en que por primera vez sentí eso que es tan típico de la adolescencia que son los cambios de ánimo de 1 segundo a otro; largarse a llorar y matarse de la risa con escasos segundos de distancia: llorar en el metro por una profecía que espero no se cumpla y luego llegar a mi casa con una sonrisa como si nada hubiese pasado, como si todo en mi vida se viera perfecto y no tuviera ninguna otra cosa que hacer que dedicarme a mis estudios; los adultos se olvidan de que tuvieron nuestra edad en algún momento.

Era esa época en que más de alguna vez me preguntaron si ocupaba agentes externos a mi mente para lograr un éxtasis o una catarsis tan pronunciada en mis escritos, a lo que todavía puedo responder orgullosamente de que nada externo a mi propio pensamiento es lo que hace volar mi imaginación. Fue cuando comencé a tomar conciencia de que había algo en mí que me motivaba cada día a levantarme y a continuar luchando por lograr mis sueños, que ese gran sueño de infancia ha permanecido intacto y adquiere fuerza de vez en cuando. La época en que mis cuadernos de escritos ya no eran los mismos en que tomaba los apuntes de las clases, sino que eran cuaderno especiales: mi mamá dijo que para escribir necesitaba algo especial y le encuentro toda la razón, aunque más de alguna vez he escrito en el celular o en el primer papel que encuentro para no dejar que la debilidad de la mente me quite una idea. Época en que el cielo estaba nublado, hacía mucho frío y a veces me detenía a ver la lluvia caer: el ruido del agua cayendo sobre los techos es un placer realmente saludable para descansar la mente del ruido de la ciudad. Escribir delante de todos, sin preocuparme de si alguien me veía o no, jornadas que se hacían más y más largas en que cada día encontraba la inspiración y el tiempo para escribir cuentos que hasta el día de hoy me estremecen: ¿acaso tuve el poder de predecir parte del futuro? ¿Acaso lo que me contó la musa era más que un cuento?

La época de mi primer acercamiento a una relación que no duró mucho, pero en su momento fue algo que realmente me hizo sentir genial. Y luego seguiría el primer pololeo que… mejor no comentar. La época en que me di cuenta bastante tarde de que cometí un gran error que me ha pesado por mucho tiempo, pero de a poco se va borrando: todo por culpa del estúpido temor y una inútil filantropía que de nada me sirvió para “ser feliz” a través de la “felicidad del otro”. Una época en que aprendí a desconfiar de la gente y me di cuenta de que no todo el mundo tiene el derecho de ser llamado como amigo, lo que también me hizo ver toda la gente valiosa que me rodea y que me ha acompañado siempre: las grandes personas que tengo por amigos. Época en que realice muchos de los cuestionamientos trascendentales de mi vida, por los cuales aún continuó buscando una respuesta…

Con todo lo bueno y lo malo: fue una época grandiosa que comienzo a extrañar… sobre todo por el hecho del tiempo libre que legalmente tenía. ¿Qué mejor que la época del final en que prácticamente iba a escuchar música con un amigo y a conversar de cualquier cosa? Tiempo libre por todos lados en que realmente podía echar a volar mi mente sobre las incertidumbres del futuro. Extraño esa época en que gran parte de mi tiempo lo pasaba con mi grupo de amigos y con todas esas historias que creamos en el camino. Extraño caminar por esos pasillos y hasta encontrarme con gente que no me caía bien, extraño algunas clases y la penumbra que veía a cierta hora cuando sólo quería regresar a mi casa. Y es que no sé por qué siento que dejé una parte de mí en ese lugar y que hasta puede que algún día vaya a buscarla nuevamente, ¿quién sabe? Son pedazos de historias que en su momento uno sólo quería concluir, pero que a veces uno quisiera recuperar y continuar con la misma ansiedad de antaño.

domingo, 11 de mayo de 2008

De improviso



Me he dado cuenta, sobre todo en el último tiempo, que mi insoslayable intento por mantener todo bajo control resulta tan nefasto cuando tan sólo una de esas pequeñas piezas, que tenía organizadas en mi cabeza sin preguntarle a la realidad cuán factible es de que así suceda, se desarma y va a parar a un lugar que jamás pensé. Lo bueno es que me he dado cuenta del error que suelo cometer, pero no hago mucho por intentar ser un poco más relajado y dejar que las cosas sean como ellas quieran, tal vez en esa nebulosa de no saber qué va a pasar es donde surge la mayor sorpresa y el mayor goce que podamos tener de una situación cualquiera.

Estos son pensamientos así como volátiles que me vienen cuando camino por las calles porteñas a eso de las 4 de la mañana con cierto contenido de alcohol en el cuerpo. No está permitido tomar en la vía pública y eso es algo que como juventud todos sabemos al revés y al derecho, no obstante, esa sensación de querer romper las reglas es algo que nos motiva a hacerlo de todos modos y a escondidas, ¿o no?. Tal y como dicen que la Señora Constitución tiene una cantidad incontable de hijos producto de las reiteradas violaciones a la que es sometida la pobre señora, pero es que prácticamente para eso está. Hace frío desde las 9 de la noche (aún desde antes) y me doy cuenta que el clima ya ha cambiado lo suficiente, que el invierno nos saluda con una sonrisa un poco congelada y tiritona que hace rechinar los dientes, sin embargo, caminamos tranquilos junto a Pauly y a Sebastián por el sector puerto para llegar a Playa Ancha; es tanta la gente que da vueltas a esas horas que hasta creo que ese lugar está más vivo de noche que de día.

Y toda la historia comienza de una manera inesperada cuando estaba conectado en MSN sin planes ni expectativas para una noche más de día sábado. Primero me habla Pauly para preguntarme si tenía algo que hacer en la tarde y luego Sebastián me invita a que saliéramos en la noche a algún lugar piola. Haciendo la mezcla perfecta, tuve una tarde y una noche muy entretenida… siendo que hasta las 4 de la tarde ninguno sabía qué iba a hacer. Primero salimos con Pauly a caminar por Valparaíso y a conversar temas ilícitos a escasos metros de carabineros y luego pasamos al patio de comidas de Ripley a comer chatarra. A las 21.30 llegaría Sebastián para decidir qué sería lo que seguiría: no sabíamos qué ibamos a hacer, pero todo se veía en el camino. Pasamos al Líder de Bellavista, compramos cerveza y ron para luego marcharnos al departamento de Pauly donde supuestamente íbamos a estar toda la noche.

Cuando eran pasadas la 1 de la mañana decidimos continuar nuestro carrete en Cumming, una calle muy típica para carretear al aire libre. Mi idea era que nos quedáramos toda la noche donde Pauly, pero al final nos fuimos caminando tranquilos por calles desiertas y silenciosas: Valparaíso es un lugar tan genial que a todas horas muestra su belleza y misterio. Llegamos al lugar, acompañados de nuestro amigo ron a continuar conversando cualquier tema. Llegamos a eso de las 2.30 para regresar al departamento cerca de las 4 y algo, me daba un poco de temor irnos caminando, pero me di cuenta que todo era muy tranquilo a esa hora: era la imagen que no tenía del sector más bajo de Playa Ancha. Y acabamos ahí, para tomar un merecido descanso luego de toda una noche de conversaciones improvisadas. Recuerdo haberme tomado un vaso de ron cola antes de dormir y al parecer fue un buen somnífero; me dormí rápidamente y desperté de un sueño recuperador. Y… ¿acaso tenía planeado que iba a llegar el domingo del día de la madre a saludar a mi mamá y abuelita después de un carrete? Definitivamente, tener ciertas situaciones de improviso puede resultar muy entretenido.

jueves, 1 de mayo de 2008

Día del Trabajo

Y tan rápido se nos ha venido pasando el tiempo: hoy ya es el primer día del mes 5 de este año. Y el famoso y apetecido día del trabajo no ha sido muy diferente –para mí- de las 3 semanas que llevo sin hacer nada en mi casa y deseando que todas las movilizaciones acaben prontos; quiero tener clases, dar mis pruebas y recuperar la normalidad que desapareció y ya no sé hasta cuándo va a seguir igual.

Años anteriores esperaba este día con ansias puesto que era un descanso de entre todos los días de trabajo, pero ahora es como más de lo mismo. Sí me doy cuenta de que hay cosas que no cambian: ver que todo está cerrado y que me siguen dando ganas de quedarme encerrado en mi casa con la adicción a estar frente al computador. Lo que más me sorprendió es que, al parecer, absolutamente todo está cerrado: incluídos los lugares para salir de carrete. Es una realidad que se debe afrontar y paliar con otros proyectos para pasarlo bien jajaja.