jueves, 31 de diciembre de 2009

Adiós 2009

Es momento de decir adiós. Sí, a un año cargado de cosas extrañas: buenas y malas, como la vida misma. Una bipolaridad necesaria en todo ámbito de situaciones, que no permite comprender el mundo en una mayor globalidad. El 2009 se despide dejándonos todas esas ilusiones que no pudimos cumplir y todas las que se vieron satisfechas de maneras increíbles. El 2009 se va y no vuelve, sólo puede regresar su recuerdo que, espero, sólo traiga alegría. Que los errores no sean más que el motivo para poder volver a levantarnos y continuar aprendiendo, que las caídas sean el anuncio de que somos humanos e imperfectos, pero que somos capaces de recuperar el vigor y levantarnos.

Saludos a todos los que lleguen a este blog: a los de siempre, a los que están de paso. Felicidades y mucho ánimo para comenzar un nuevo año lleno de ilusiones y, sobre todo, esfuerzo para lograr cada una de nuestras metas.

Cristian Briceño González

lunes, 21 de diciembre de 2009

Considerar

CONSIDERAR
cum+ sidera
con + estrellas

Quiero creer que en algún lugar del mundo, por muy lejano o distinto que sea, alguien se detiene a mirar las estrellas al mismo momento que yo, que piensa lo mismo que yo, que siente lo mismo que yo y que en ese momento minúsculo nos convertimos en una sola persona unida por los lazos de un sentimiento fuerte. Sentir su abrazo, su silencio... su compañía.

Quiero considerarte y que también me consideres. Y que en ese momento exacto y perfecto, de una caminata nocturna podamos, al fin, considerarnos. Quiero considerar contigo. Quiero que tú también quieras considerar conmigo.

martes, 15 de diciembre de 2009

En la Gran Capital por enésima vez

Viajar a Santiago es algo muy extraño: pasan miles de años en que tengo la ventaja de no viajar, pero luego se vienen temporadas en que debo viajar seguido, como lo ha sido este año; en menos de 2 meses he viajado unas 4 - 5 veces, ya perdí la cuenta. Y como cada viaje es una nueva experiencia, una más se suma a mi historial de viajes en el último tiempo. He aquí la historia del provinciano, residente en Quilpué, que se ha levantado a las 5 de la mañana para tomar el bus a las 6 y partir a la Gran Capital, 'Buscando Visa para un sueño'.

Suena la alarma a las 5 de la mañana y me levanto con cara de sueño... lógicamente, nadie podría despertarse con un rostro reluciente a dicha hora. A las 6 de la mañana me subo al bus que se va a dar una vuelta bastante estúpida por Las Palmas. Dormí casi todo el viaje así que no tengo la más mínima idea si es que aparecieron luces extrañas en el cielo o si algún OVNI se acercó al bus para visitarnos, de todos modos, es muy poco probable que haya sucedido algún fenómeno de ese tipo. Llegué cerca de las 8 a Pajaritos, con un taco enorme y filas para cargar la tarjeta bip!. Extrañamente, el metro de la línea 1 no venía tan lleno como me lo esperaba... pero se llenaría después. 40 minutos de pie hasta llegar a la Estación Los Leones. Camino por 11 de septiembre hasta llegar al edificio... mmm no me acuerdo el nombre. Tuve la suerte de ser el primer número que entregaban y entonces ordené los papeles, completé el formulario (incluso me equivoqué y lo arreglé bien artesanalmente) y entonces me atiende la señora españolísima. Nuevamente reclamo por esos vidrios idiotas que tienen, porque uno no escucha nada y más encima que yo soy medio sordo. Estaba un poco asustado, pero todo salió bien. Se me había olvidado pegar la foto, pero la españolísima, muy amablemente la pegó. Me encantó su acento, insisto. Acabó todo en menos de 30 minutos, cuando me dice que debo venir a buscar el pasaporte cuando ellos me llamen, o sea, en 10 o 20 días más.

Si es cuestión de confesar, agoté todo mi dinero, en mi paseo por Estación Central. Luego me voy a la casa de Pecas. Como no tenía hora para el pasaje, Pecas me dice si qquiero acompañarla al Alto Las Condes y yo le digo que sí, porque no conozco esos lugares tan top. Y fuimos en la tarde, con un calorcito exquisito de no sé cuántos grados, pero sobre los 28º. Pura gente cuica, mujeres pelo lais... parecía otro país. Y uno que es negrito y de pelo oscuro se ve tan extraño entre tanta gente top. Paseando entre tiendas, buscando novedades, regresamos por una de esas autopistas que ya ni recuerdo el nombre. Vi el futuro Costanera Center (aunque no encuentro la costa jaja) y conocí la famosa Torre Santa María, cuyo incendio causara tanto revuelo en los años 80... o 90, no me acuerdo bien... la encontré, más bien, chica comparada con los otros edificios de alrededor. Paseando por no sé cuantos lugares, regresamos para ir a Estación Central a conocer el centro de la perdición misma... del dinero que me quedaba. Recorrimos el sector Meiggs, lleno de tiendas y tienditas en las cuales había de todo, a precios muy módicos y tentadores. Pecas es una gran guía turística de ofertas, aunque, me cuentan por interno, que ahora está insolada y con alergia gracias a ese tour consumista.

Y al final, se suponía que iba a regresar a mi casa antes del mediodía, a almorzar. Un trámite de 20 minutos me tomó todo el día, recorriendo las calles de la Metrópolis... con un calor de 32º y peleando con tanta gente. Después de todo, Santiago ya no me aburre tanto, solo que hay que rebuscar los lugares en donde puedes encontrar diversión... y consumo.

Saludos a Pecas por ser la guía turística de ofertas y por soportarme una vez más.

viernes, 11 de diciembre de 2009

TRICOT se ve tan susceptible.

No voy a hacer un flashback al momento en que el despertador -o sea, mi celular- comenzó a sonar, a las 07.25... tampoco diré que quise dormir más y que le cargo de conciencia me hizo levantar a las 07.17. Tampoco voy a decir que era poco el ánimo que tenía de levantarme, aunque me agrado de que estuviese nublado ya que no me gusta estar ocupado cuando el día está bonito; me da la sensación de 'mira, lo que me estoy perdiendo'. Tampoco... mmm... tampoco diré que compré 100 dólares en el banco y que, por enésima vez, me miran raro cuando les digo 'quiero comprar dólares' y la cajera me mira y me pregunta '¿quiere comprar dólares?', como si no entendiesen bien las palabras tras ese vidrio aparatoso -que al menos debiese tener un aparato para poder hablar- o si mi aspecto no fuese el de un especulador... tampoco voy a hablar de por qué siempre te piden el nombre cuando estás comprando dólares. ¿Acaso el Banco Central tiene miedo de que yo, un simple chileno universitario aspirante a académico, pueda influir en la economía y dejar la grande? Ni que fuera Madoff...

Sí voy a comentar mi segundo día de trabajo y de que estuve pensando todo el día en poder llegar a mi pieza, a sentarme frente al computador y escribir cuanta cosa se me viniese a la cabeza al más puro estilo de una corriente de la conciencia, pero de manera un poco más conciente que la técnica tan vanguardista... quizá sofisticada. Tricot de avenida Valparaíso, ubicada en Viña del Mar, se ve tan susceptible... a que lleguen oleadas de gente con sus afanes consumistas a destruir las pilas de ropa ordenada con esmero, con pasión, con sufrimiento que me tomó algún tiempo y un dolor de espalda con el que aún estoy lidiando. Tricot se ve como un antro de la perdición... sí, puedes ver como la gente pierde su dinero escuchando la voz hipnótica que te habla de las ofertas y más encima te 'invita' a que visites los otros departamentos y continúes... qué derroshe (sí, con sh). Las mismas canciones todos los días (alcancé a captar alguna de Madonna, Maroon 5, September, Sash, Britney y no sé cuántas villancicos en las versiones más extrañas que la mente humana macabra pueda imaginar). El dolor de cuerpo que cambia: ayer me dolían los pies a morir y hoy lo son las rodillas. Desde las 10.30 hasta las 21.30, con dos horas de colación en que aproveché de chacharear y echar la talla de una manera impresionante con un demasiado amplio espectro de temáticas incluidas (llegué con 5 minutos de retraso después de la colación). Después de todo, creo que fue mejor comentar el día 2 que el primero, porque ayer habrían sido puras depresiones profundas al más puro estilo del 'me siento sobreexplotado y por el mínimo', 'quiero que todo termine'. Hoy fue más bien un 'no lo quiero hacer toda mi vida, pero tampoco es tan malo, pese a que me duelen a morir las rodillas, puedo reirme por un rato'. Y así fue.

Ahora estoy buscando alguna forma para sentir que el tiempo se pasa más rápido... entre las 19.00 y las 20.00 miré el reloj vaaaaarias veces y parecía estar detenido. Acepto sugerencias.

martes, 8 de diciembre de 2009

Y a él solo le daba risa

Y en este tubería -ubicada a 20 kilómetros de profundidad desde la Plaza Central- estaba llena de cuerpos humanos que colgaban desde el techo, amarrados de los pies y con las manos intentando alcanzar el suelo. Pero era imposible, a menos que sus cuerpos lograses estirarse 2 metros. Sus rostros asustados parecían temer aún más al hombro que caminaba chapoteando por las posas que se formaban en el interior de dicha tubería, que parecía interminable. Algunas gotas de sangre salpicaban el suelo y lo tornaban rojizo, lo que hacía sonreír al hombre que caminaba por entre los cuerpos que estaban próximos a ser asesinados, mutilados parte por parte, probablemente quemados o retorcidos hasta que las vísceras saltasen por la nariz. Y a él solo le daba risa.

Avanzó hasta encontrarse frente a uno de estos cuerpos, al parecer, el que recién había llegado. Sería un joven de 20 años de edad, de cabello oscuro, con la mirada asustada. Pidió que lo descendieran un tanto, para poder alcanzarlo del cuello. Las cadenas fijas a los tobillos chorreaban sangre, la cual caía por las piernas, recorriendo el cuerpo hasta el pecho y el cuello, en dirección contraria a la gravedad. El joven estaba mareado: llevaba casi 1 hora colgado y, probablemente, ya habría perdido demasiada sangre. El hombre lo tomó del cuello y lo amenazó con un cuchillo, sonriendo. Luego, sin más ni más, se lo clavó en medio del pecho, rasgándole la piel hasta el ombligo, sin importarle los gritos del joven que moría bajo el filo de su arma. Guardó el cuchillo y se alejó, dejándolo medio muerto, medio vivo, con la sangre alcanzándole le boca y tiñéndole de rojo los labios, con la mirada perdida. Y a él, sólo le daba risa.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Próximo a comenzar

Como de pronto pongo mi mirada en las manecillas del reloj y los segundos se escapan de mi vista casi sin que me de cuenta. No recuerdo bien cómo llegué aquí, sólo sé que ha sido un viaje; me he alejado de casa con la fe de que es el destino el que me llama. Sí, tengo fe, creo en esto que sucede, creo en esto que comienza. Miro el reloj y ya han pasado minutos... esto no para. Con la cabeza pegada al vidrio de la ventana veo las líneas de la carretera que quedan atrás; los audífonos en mis oídos no logran aislarme del mundo, no logran aislarme de lo que está a mi alrededor. Quiero hablar, quisiera decirles tantas cosas, pero no sé cómo empezar ni cómo terminar. No quiero hacer nada, sólo quiero que suceda. Todo corre tan rápido, la señalética del camino, la curva, el tráfico, las nubes, los aviones en el cielo...

Son tiempos misteriosos. Son segundos escandaloso. Son presencias momentáneas de un futuro que sé que ya viví. Sé que va a suceder, estoy sentado, esperando. No quiero mirar el reloj otra vez, estoy a punto de lanzarlo por la ventana. Las puertas se abren de a poco. El pasillo es ancho y luminoso, allí me saluda el camino. Tic tac tic tac tic tac tic tac... eternamente. Siento a mis espaldas la sonrisa del mundo, la sonrisa de lo que he vivido. Un abrazo y unas palabras pueden ser suficientes... el momento en que los pies se despegan del suelo está próximo a comenzar.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

En Santiago... otra vez!

Así es, son las 01.05 y estoy escribiendo desde una de las habitaciones del departamento ubicado en pleno centro de Santiago, de doña Pecas que gentilmente me ha invitado a alojar durante mi estadía de 3 días, para poder asistir a las II Jornadas de Estudiantes de Literatura de la USACH. En un principio, Santiago sólo era para mí la capital de nuestro país, la urbe más salvaje que he conocido con su entramado interminable de calles y gente que corre y te aprisiona en el metro. Pero cada vez que vengo encuentro algo nuevo bajo la capa de smog que se convierte en una de las postales que nadie reconoce. Gracias a la Ellen es que he aprendido a vivir cada lugar, disfrutando incluso sus cosas no tan gratas.

Llegué a mediodía y llamé no sé cuántas veces a Pecas para decirle dónde estaba. Ella ya me estaba esperando en una calle que no me acuerdo bien cómo se llamaba... ¿Ruiz Tagle puede ser? Una que queda a la salida del terminal Alameda de Tur Bus. Era la primera vez que nos veíamos en persona... es el segundo encuentro virtual-concreto que tengo en menos de un mes. La vida me ha sonreído de una manera increíble en el último tiempo... so I've gotta be happy. Luchando por cruzar las calles de esta capitalina urbe, llegamos a su departamento ubicado muy cerca del famoso centro de eventos Matucana 100, del que más de alguna vez oí y que nunca había conocido bien.

Llegué, dejé mis cosas y bajé a la USACH a inscribirme... estaba perdido, lo reconozco, pese a las instrucciones a prueba de no-inteligentes que me dio Pecas. Llegué más rápido de lo que esperaba, aunque me di no sé cuántas vueltas y le pregunté a medio mundo... me sorprende ver que los santiaguinos también son gente simpática algunas veces. Al final logré inscribirme y regresé a almorzar. Turisteamos brevemente -reconocí algunas calles, lo que para mí es un logro- y luego regresamos para seguir conversando durante algún rato. Eran las 4 y caminé hacia Alameda para ir al metro, para preguntar donde se validaba la TNE. Resulta que era en la misma Estación Central, por lo que caminé un poco más y llegué hasta el servicentro donde la maquinita sonreía -es una hipérbole, recuerde usted que a veces este tipo se las da de poeta- y puse la tarjeta... pasaron 30 segundos o tal vez más o menos, quién sabe, y apareció en pantalla 'pase extendido' lo que asumo que es 'validado'.

Era la hora y caminé a la USACH, pero ahora ya me ubicaba. Llegué rapidamente al CENI (Centro de Eventos Nacionales e Internacionales... no tiene nada que ver con senil, aunque suenen similar) y esperé para una ponencia en la cual acabé casi quedándome dormido y a punto de olvidar mi celular en la mesa, si no fuera que me avisaron oportunamente... y yo que intentaba irme piolamente. Finalmente, he estado casi toda la tarde conversando con Pecas porque me entretengo harto, además de pasar pegado a la ventana mirando Santiago iluminado de noche, porque es un espectáculo entretenido para un 'provinciano' como yo. De todos modos, las luces de Valparaíso cayendo desde los cerros al mar no tienen punto de comparación.

Después de todo, cada nuevo lugar es una nueva experiencia.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El encuentro con Ada

La semana fantásticamente mágica de la cual hablaba en la nota anterior tuvo varios hitos dignos de tener en cuenta. Pero hoy es el turno de uno de los más especiales de toda la semana. Y como ya lo he dicho, el concepto de magia es uno de los que envuelve esta historia sorpresiva, telefónica y tecnológico que se concreta en una coincidencia tan extraña como intuitiva, claramente por efecto de un poder mágica de un Hada... y resulta que esta hada se escribe sin H. Así fue como sucedió el mágico encuentro con Ada.

Día viernes 20 de noviembre y los atisbos de fin de semestre no dejan descansar. Es como si todo apareciese con alargue. Toda la mañana trabajando en una u otra cosa, intentando ordenarse para poder cumplir todo. De dormir, mejor ni hablar... el déficit de horas de sueño puede producir efectos faciales considerables. Son las 11.30 de la mañana aproximadamente cuando llamo a Ada para preguntarle si íbamos a reunirnos al final... no sabía muy bien porque tenía un tour en la tarde. Entonces quedamos en llamarnos como a las 4 de la tarde, hora en la que yo terminaba de hacer mi trabajo.

Cuando llega la hora determinada, la llamo nuevamente y me dice que está en el Museo Naval y que pronto van a bajar en ascensor al plan. Le digo que si voy para allá y no sabe cuánto tiempo van a estar... que me llama de vuelta. Espero la llamada y al final me dice que va en una micro a Viña, pero no sabe dónde está ni dónde van a bajarse, que no se ubica. Se supone que me va a avisar cuando llegue a Viña para juntarnos allá. Ok. Entonces viene a mi mente el siguiente pensamiento: "Voy a tomar una micro a Viña, me bajo en Libertad y entonces espero a que me llame". Camino al paradero. Y un nuevo pensamiento intuitivo aparece... "¿y si me la encuentro en la micro?". Sucede que mi historial intuitivo me recuerda que todas las veces que he estado en esta situaciones y han venido estos pensamientos, se cumplen. Camino hacia el paradero cuando me encuentro con una compañera que me pregunta por un trabajo. Veo la micro y aparece el rostro que busco. Le digo a mi compañera que se lo envío al mail y corro al paradero al momento en que la Ada me ve y me saluda... corro, corro, corro hasta alcanzar la micro que ya está a punto de partir, doy un salto a la micro y me subo. Pago mi pasaje y luego camino por el pasillo hacia la sonrisa de Ada y me siento al lado. "Hola!". "Hola!" Y entonces, finalmente, luego de una odisea porteña de la Ada, pudimos conocernos... nada más y nada menos que en una micro.

Creo que ha sido una de las experiencias más mágicamente entretenidas que he tenido en el último tiempo. Y conocer a Ada que es demasiado simpática y buena onda, además de ser muy linda que debe tener a todos los valdivianos locos. Y es que no son muchas las veces en que uno puede contar este tipo de coincidencias que, a mi juicio, no son coincidencias. Y definitivamente esa semana me pasaron muchas cosas buenas, como que se pusieron de acuerdo. El encuentro con Ada fue uno de ellos... ahora solo hace falta el encuentro entre Ada y Cristian en el sur. Es un encuentro pendiente que espero cumplir.

¡Saludos para Ada por ser una de las protagonistas de la historia!

lunes, 23 de noviembre de 2009

Una semana fantásticamente extraña

Cómo ha pasado el tiempo, cómo han cambiado las historias, parece que fue ayer que yo contaba una canción... Y es extraño que las palabras de Alberto Plaza adquieran sentido así de improviso. Sucede que en este último tiempo, el tiempo se pasa como quién da vuelta una página cuando hace lectura rápida... aunque al leer cada una de las páginas se pierda total y absolutamente la sensación de cómo se escapan los segundos en un solo parpadeo. Noviembre se traduce como un mes rápido-lento... que lo esperas con ansias, pero cuando llega, te da miedo y quieres que pase luego para poder descansar o al menos simular que lo haces... porque muchas veces esperas encontrar trabajo o algo (que es lo que espero ahora). Y son muchas las cosas que aún quedan por hacer, pero la motivación está cada vez más cercana.

La semana pasada fue extraña. Pero ahora que lo analizo -es una costumbre y a veces una manía eso de analizar todo, aún con fines positivos-, fue una semana cargada de buenas vibras. Partiendo por la obtención de una parte de esa respuesta que estaba esperando y la aceleración de pasos que pensaba que no podría hacer nunca. Admito que se complejizó en un momento, pero valió la pena la solución casi como caída del cielo. Y una tras otra, porque las cosas buenas vienen por racha que esperas que no se acabe nunca... me ha levantado el ánimo bastante pese a algunas recaídas breves producto del stress académico de fin de año. Aunque ahora tengo ánimo.

Algunas de las cosas que destaco de la semana: la publicación de mi artículo "El umbral de lo real y lo no real en 'El Sur' de Jorge Luis Borges" en la página de la editorial de literatura fantástica Puerto de Escape; el sorpresivo encuentro con Ada en la micro -que merece una nota especial que pronto saldrá a la luz-, los carretes durante dos días seguido y las 10 horas de sueño en total del fin de semana y las expectativas que comienzo a crearme luego de que la eve dijera que mi vida "está brillando mucho últimamente", lo que es muy bueno.

Y la vida sigue... sigue muy rápido y son demasiadas las cosas que quedan por vivir. Espero poder cumplir todos los proyectos... y también los que se me ocurran en el momento.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Pensamientos románticos

A veces me embargan pensamientos suicidas, con un dejo de resonancias electromagnéticas, en cuyas radiografías se impregna una cirrosis romántica, de esas que te carcomen festina lente el páncreas, el hígado y todos los órganos vitales del interior de tu cuerpo. Sí, una muerte lenta, sufrida y a veces muy deliciosa; con ese sabor a un mundo que no existe, una irrealidad a la cual sólo se accede a través del sueño, sólo a través de la propia muerte corporal-física, liberando eso que existe en el interior que algunos han denominado alma. Alma que, funcionando como anagrama, podría traducirse como mala. O bien, como ama. Ama de mi cuerpo, que lo obliga a hacer cosas, aunque el cuerpo no lo cuestione, pues no sabe si acaso existe una razón: los cinco sentidos sólo son un engaño y la realidad concreta –de esa que nos jactamos de que es tan objetiva, científica y certera- no es más que un invento, una subjetividad de esencia que no hace más que destruirse a sí misma como la modernidad que se ha caído a pedazos… y lentamente deja de existir. Por tanto, no me vengan a hablar de verdades absolutas ni de tiempos, ni de que hay que esperar porque todo llega cuando tiene que llegar. ¡Una vez más, grito y reclamo al cielo por esa estúpida frase que encierra un sinsabor de mediocridades! El opio del pueblo, el silencio de quien no puede tener lo que quiere, de que se esmera creyendo que los sueños van a caer del cielo. Pero tampoco sé cómo debo hacerlo, si acaso salir, corriendo, a buscar eso que anhelo.

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Me embriaga la pena que a veces se traduce en un sentimiento tan apasionado que me recuerda que existo, encerrado en este cuerpo físico que poco me representa, del que tantas veces he querido huir sino se puede cambiar. ¿Acaso la genética, la biológica y todas las ciencias que se jactan de ser exactas –encerradas en pilares tan endebles como la arena- han consultado a alguna célula inicial respecto de las verdades, respecto del propio ser humano? ¿Acaso los protones, electrones, neutrones y tontones no han hecho otra cosa que configurarse de una manera tan irreal, contagiando al mundo de sus propias falsedades? Y luego me dicen, con bombos y platillos, que somos lo que demostramos, como nos vemos. No soy lo que demuestro, no soy cómo me veo. Soy distinto, aunque poco pueda hacer al respecto. Y reclamo al cielo, aunque no obtenga respuestas, porque sé que se repite nuevamente lo mismo, algo que existió en el pasado y quedó plasmado en un grito que pensaba que olvidaría, pero que el tiempo me lo presentaría una vez más: algo así como un patrón a seguir. Y vuelvo a hacerlo, tan estúpida como incoherentemente, tan alegre como sin sentido, tan sonriente como dolido. ¿Por qué?

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¿Por qué vuelvo a hacer lo mismo? Siempre lo mismo, con un dejo de condescendencia falsa y fútil, en el silencio secreto que no existe, con un deseo de bondad humanitaria que no me colma, que no me satisface. Quisiera ser como ese personaje que se esmera en ver feliz a la humanidad, contagiando su alma de esa felicidad que no le corresponde. Quisiera sonreír, pero me cuesta. Claro, puedo hacerlo, pero cuánto puede durar si nunca puede ser algo eterno, algo mío propio. Sonrío o lloro por una historia de la cual no formo parte y que, con mucha suerte, tal vez puedo contribuir a formar con unas cuantas líneas. Vivo en un mundo inventado, a veces por mí mismo, como evasión de esas paredes pintadas de colores, pintadas de sueños que se hacen tan lejanos… que grito y que nadie escucha. Pues esos gritos se han quedado pegados varias veces, aunque hayan pasado los años y vuelva a repetirse lo mismo.

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¿Cómo romper el ciclo? Si las acciones que se pueden potencialmente hacer van en contra de mi postura, en contra de una sonrisa efectiva, ¿actuar sólo por egoísmo? Vuelve lo que creía que ya se había ido. Hasta cuando será ese silencio que no entiendo, hasta cuando esas ilusiones que se desarman. Pensamientos de romántico inconformista, de silencio, de sangre y oscuridad, de vestimentas oscuras de sueños enrarecidos, pensamientos a veces suicidas como forma de acceder a esa realidad suprema que en este mundo –y en esta vida- no existen. Y nadie me puede dar una respuesta… sólo esperar con esa mediocridad del dicho, con esa mediocridad del que quiere que todo lo que caiga del cielo sin trabajar un segundo por ello.

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Pero a veces también quisiese saberme parte de alguna historia, vivir una mía propia sin tener que soñar con eso que no existe. Hay un patrón de conducta que se repite que, aunque ahora lo conozco, parece que no puedo evitar. Pasan y pasan los años y yo sin respuestas… nada queda claro.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Isotopías oníricas

Las realides oníricas son confusas, inentedibles, pero atractivas. Pese a que muchas veces quieras buscar el significado de lo que te dicen y eso se pueda transformar en una odisea... o en otra realidad onírica enmarcada dentro de una historia aún más grande que pretende ser la vida real del día a día. Y así sucede que en tu mente se produce una acumulación de situaciones de esa vida cotidiana, papeles, tarjetas, firmas, viajes y llamadas telefónicas que no logran concretarse. Claro, será que nos has pagado aún el skype... o bien no sabes cómo ocuparlo y ahí surgen los problemas pensando en que pasan semanas y recién te acuerdas de todo, de que la realidad de sueño existe, pero que debes dar aviso a la realidad-real de lo que sucede en tu mundo de fantasía-de-carne-y-hueso.

¿Los sueños, acaso, forman parte de una isotopía? ¿Puede ser que establezcan ciertas regularidas metafuncionales que luego pueda analizar en una grilla de transitividad? O quién sabe qué cosa podría yo hacer con el discurso dinámico y cinético de los propios sueños, de las propias mentalidades (de)fragmentas encerradas bajo un halo de misteriosos surrealismos reales, o bajo la realidad, o sobre la realidad. Isotopías de momentos que frecuentan... dos veces el llamado interrumpido, dos veces la confusión... dos idiomas distintos al mío propio. Dos viajes: aunque era él mismo en sí. ¿Acaso ese nuevo idioma significa algo o sólo es el eco de una imagen del día cotidiana, de la vida real? ¿Acaso es una futura isotopía de uno de esos caminos por recorrer?

sábado, 31 de octubre de 2009

1er Congreso Internacional de Poesía: Chile Mira a sus Poetas

Ya decía que el tiempo es algo tan volátil que de repente, sin avisar, se nos pasa por delante como saludando. Así fueron las cosas: alrededor de junio estuve preparando mi trabajo para participar del "Congreso Internacional de Poesía: Chile mira a sus poetas", el cual sería realizado en la PUC. Me esmeré bastante en realizar mi trabajo, algo así como con intenciones de probar... si me aceptan, bien, si no... bien también. Envíe el abstract como lo pedían y me quedé esperando a la respuesta. Creo que era el día 15 de agosto cuando enviaban las respuestas: revisé el mail en la mañana y nada... entonces pensé que no había quedado. Luego, lo reviso de noche y entonces me doy cuenta de que sí había quedado: era el momento de proyectarse a realizar un viaje a Santiago por unos días. Sería la primera vez que haría una ponencia y la capital era el lugar para mi debut. No es malo.

Pasó el tiempo y mi constante sentimiento de "no, si es a finales de octu
bre", "no, si todavía no". Y así fue como llegó esta semana y me quedé perplejo, cuando todo el mundo me preguntaba si estaba nervioso por el Congreso. Como que no quise pensar mucho en eso -de hecho, revisé la ponencia casi el día anterior para corregir algunas cosas y apuntar detalles en caso de que hubiese que resumir partes por tiempo- y viajé a Santiago el día miércoles a mediodía. Como todas las anteriores veces que he ido, me encontré con una ciudad muy acalorada y extrañamente limpia de smog. Acomodándome a la tecnología -la tarjeta bip, los buses troncales y no sé qué mas, el metro y sus infinitas combinaciones que te permiten recorrer Santiago por muy poco dinero-, partimos nuestro "viaje" hasta la PUC. Debo decir que me gustó mucho la sede, envidiable para otras universidades como la mía, en que el espacio es ínfimo y casi no existen áreas verdes. Y así pasamo de ponencia en ponencia, escuchando las distintas temáticas, muriendo de calor a veces y otras sentados en el pasto refrescándonos en la sombra... o tomando café para soportar el sueño luego de algunas exposiciones un tanto dormilonas. Lo que sí, hubiese esperado poder ver a más poetas: me pareció muy triste de que en un recital poético, no apareciesen los poetas. ¿Cosas que sólo pasan en Chile? Y llegó el día viernes. Me levanté como a las 06.30. Fue extraño tener que volver a "disfrazarme" de formal. "Elegante" fue la palabra que la profe Marina ocupó cuando me vio: gran halago. Y así llegamos al lugar donde iba a exponer: "Auditorio de Historia". Éramos 3 los que ibamos a exponer en esa mesa... llegué sólo yo. La moderadora, la señora María Teresa Salinas, fue muy agradable y me hizo sentir muy cómodo y en confianza. Me aconsejó bastante y constantemente halagó mi trabajo, lo que te hace sentir bien cómodo cuando haces esto por primera vez. Tenía 15 minutos, pero ocupé 20 puesto de que nadie más había llegado. Creo que para ser la primera vez que hago esto, no estuvo para nada mal. Pese a la poca gente que había, siento que fueron los precisos, con quienes se pudo dialogar.

Finalmente, creo que fue una experiencia muy grata que, encantado, volvería a repetir una y otra vez. Lo pasé demasiado bien y espero que esta sea la primera de muchas otras. Y como en algún momento decía, bromeando, "esta vez no fue casi nadie, pero llegará el día en que cuando dicte una conferencia, cualquier sala se hará pequeña". Sería entretenido y agradable poder ver ese deseo cumplido.
(Agradecimientos a:

Carolina González, por darme el dato del Congreso.
Profe Marina Alvarado, por ayudarme con la ponencia.
Profe Eda Hurtado, por prestarme bibliografía.
Viviana Ávila, Jonathan Godoy, Fernanda Tapia, Gabriela Muñoz, por irme a ver).

martes, 27 de octubre de 2009

Siempre es siempre

Siempre es extraño iniciar una nueva semana. Este último tiempo no ha estado excento de extrañezas universitarias que tienden a la normalidad en cuanto a frecuencias absolutas: rostros fúnebres postpruebas, rostros demacrados y ansiosos por las vacaciones, ilusiones de vacaciones destruidas por una prueba, círculos viciosos académicos cuyo único "mérito" es mantenerte 100% alerta a lo que algún autor pueda querer decirte... aunque esto esté oculto bajo millones de cláusulas con perspectivas distintas. Simplemente, locura incandescente que cuelga como los candelabros de una pared de colores múltiples que centellean como los parpadeos de una botella llena de agua que cae al mar y se convierte en esa unidad cósmica perdida en el infinito del surrealismo etéreo de ensoñaciones fantásticas con un ritmo bailable de palabras que ahogan y no respiran cuando se adhieren a ideas que cuelgan y vuelan y vuelven a volver desde el comienzo a un principio. Relojes derretidos.

Buscando novedades, buscando silencios, buscando ideas, buscando ese tiempo inexistente que quiero crear. Un presente eterno como dice una de mis profesoras. Un futuro como el que yo sueño a veces. Un pasado como ese que puede que se me olvide, no sé si para mejor. Pues es que ese futuro que planeaba en algún momento, se acerca a pasos agigantados, violentos y apresurados, casi sin permitir que me de cuenta. Y vienen los encuentros con Elvira, las palabras poéticas desordenadas, El Álbum de Valparaíso y Santiago Waria, palabras, camisa y corbata, calor santiaguino sobre los 30º C y el smog irrespirable de la ciudad más grande de Chile.

Buscando una respuesta proveniente de dimensiones lejanas, que se pelean el modernismo chileno. Aún hay calma, aún hay sosiego, como si el destino hablase en palabras sordas que sólo yo entiendo. Aún hay calma, pero en cualquier momento, vuelve la locura. Vuelve el trastorno, la sinestesia de pensamientos y coordenadas arrojadas por una brújula azarosa. Volverá la locura, volverá lo nuevo, lo extraño y lo novedoso. Entonces perderé la cordura por un momento, pero siempre es bueno perder la compostura por algún momento.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Un animal más por cazar

Los sonidos de alrededor son extraños: suena como campanas, como taladros, como martillos, como gritos. Sï, gritos: gritos de gente que no sé por qué grita. Sí, gritos, gritos extraños de un futuro que ensordece cuando avanzo, cuando quiero sumergirme en el mar. Oigo gritos fuertes, adoloridos, quejumbrosos, tristes y trágicos, probablemente nefastos y mortíficos. Me ensordecen. No, no es un sueño. Camino y veo la ciudad que crece hacia el cielo, cada vez más, casi sin control. Quiero llegar hasta esas alturas, pero no puedo: debo salir corriendo y nadando por el mar antes de que me capturen a mí también. Es que ellos, los monstruos genéticamente superiores, quieren utilizarnos para sus experimentos, para darle sangre a la tierra, para comerse nuestra carne como si fuese alimento... como si los seres humanos fuésemos un animal más por cazar. Lo de animales no lo critico, puesto que es algo que se nos había olvidado bajo nuestra pretendida racionalidad lógica, pobremente desarrollada. Siento de pronto que tiembla... ¿se mueve el suelo o soy yo quién teme, quien se agita?

Oigo un grito fuerte: es un joven casi de mi misma edad que ha caído al suelo. Cuando me dirigí para ayudarlo en el escape me hizo un gesto de que huyera, que aún tenía tiempo. Y tenía razón. Alcancé a verlo en el suelo mientras era arrastrado por la tierra, sin piedad. Su ropa estaba rasgada casi por completo y su pecho ensangrentado tenía las carnes rotas, casi mostrando los huesos de las costillas. Creo que quería su corazón, algo debía de tener que tanto les importaba. Vi que su sangre quedaba como huella en el camino que no debía seguir. Todo sucedió en un segundo: los seres lo dejaron en el suelo, mirando al cielo, le atravesaron el pecho; rompieron sus costillas como quien rompe un fósforo, le arrancaron el corazón de golpe y vi cómo la sangre aún chorreaba como si estuviese viva. Luego vi cómo lo arrastraban de nuevo, las plantas de sus pies ensangrentadas caían hacia los lados, tenían las marcas de todos los caminos que había recorrido. De pronto, vi que sus luces se enfocaban directo sobre mí. Me lancé a nadar a toda velocidad, sin preocuparme del frío que reinaba en las aguas casi glaciales. Sentí una mano que me agarraba del tobillo y cerré los ojos para no ver lo que iba a suceder.

Cuando abrí los ojos todo era en rojo y negro. Vi una mano que me abría la piel, lentamente, capa por capa. No sé qué fue lo que sucedió.

lunes, 19 de octubre de 2009

Ensoñaciones confundidas

Anoche me desperté asustado. No sé qué era hora: probablemente, cerca de las 4 de la mañana. Todo estaba oscuro y yo me sentía confundido, un tanto nauseabundo. Creo que el resfrío me ha afectado un poco; eso de tener problemas para respirar se traduce en sensaciones un tanto anómalas que producen un malestar que se transforma en sueños extraños. Quería sueños bellos, sueños motivadores, sueños que me dieran ánimo a levantarme a eso de las 8 de la mañana a continuar la lectura de los miles de libros que debo leer para el miércoles. Mi cabeza pronto va a explotar y no me hago responsable de sus consecuencias.

Me desperté enredado entre las sábanas, mareado como ya había dicho. Una sensación extraña que me cuesta incluso describir (como si las palabras fuesen tan útiles para explicar las cosas del mundo...). Alguien me hablaba y yo veía dos esquemas en mi cabeza: eran letras sueltas, pero ordenadas según una línea que hasta ahora no entiendo. Yo estaba asustado porque se trataba de dos historias -de dos libros, hasta ahora desconocidos- que se me querían mezclar en la cabeza. Como la universidad a uno no lo deja descansar ni siquiera cuando sueña, yo tenía miedo de enredarme con estas dos lecturas y acabar pensando que un personaje era de una historia nada que ver. Fue tan extraño porque me daba miedo algo aparentemente insignificante, que incluso me despertó. No sabía si era real, pero mientras coordinaba los sentidos de la "realidad", vi que lo que había soñado no tenía sentido.

¿Por qué ese temor a la mezcla de dos esquemas de letras, ordenados? ¿Por qué ese temor a confundirme, que una historia fuese la otra y la otra fuese esa?¿Por qué ese temor, incluso en sueños, de unir dos historias que, aparentemente, tienen un hilo común?

domingo, 18 de octubre de 2009

Lugares

Busco oxígeno como ese que no existe en ningún otro lado más que en la tierra. Busco ese aire como no existe en ningún otro lugar que no sea Valparaíso. Busco ese cielo que no existe en ningún otro lugar que no sea Punta Arenas, después de la nieve y el cielo despejado: el contacto con el universo celeste y sus satélites que se superponen en los aires, camino a la Cruz de los Mares donde el mundo cree acabar, donde nacen las islas que cuelgan avanzando hacia el polo sur. Busco la tranquilidad del valle y del mar, como aparece en Pichidangui. Y camino dando vueltas entre recuerdos sin ser un exiliado, ni mucho menos del sur. He conocido glaciares, he conocido arenas, he conocido la cordillera y he recorrido el mar. Allá a lo lejos, he caminado cerca de un volcán que duerme. He jugado con nieve. He visto el horizonte y me he sentido tan pequeño, como una partículo insignificante dentro de un enorme universo que se expanda cada día más y más.

Busco una respuesta a los cuestionamientos, busca una vida a mi propia vida, busco un camino que me conduzca hacia el destino que escribo con palabras cada día; que cambio, que borro y rayo para volver a escribir encima, deseando que no se rompa el papel. Busco las pisadas perfectas y la fuerza para avanzar, busco que mis pies dejen huellas y que no las borre el tiempo. Mi piel ha dibujado historias, ¿historias se dibujarán también? Busco nuevos lugares, ¿nuevos lugares me buscan a mí?

viernes, 16 de octubre de 2009

En blanco

En silencio, de pronto, casi de improviso, me he quedado en blanco. Las líneas se cortan; he quedado en blanco. Las palabras se agolpan sobre un mantel que no logra reunirlas, que no logra aceptarlas, que no lograr encontrar coherencia en lo que hablan; he quedado en blanco. Dame un poco de agua que se me seca la garganta mientras toso una y otra vez, me ahogo, no respiro, me ahogo y siento que muero, me quedo tirado sobre la carretera a la espera de que un camión arrolle mis últimas ideas extintas bajo el silencio primaveral alérgico, bajo la noche llena de estrellas que se pronto de congelan, que corroen el líquido rojo que en algún momento corría por mis venas y que ahora se disipa como la energía que se une con lo insólito, con lo inmaterial, con la abstracto.

Y es una voz, o tal vez varias: dos o tres, qué mas da. No se entiende ni una palabra, sólo se oye el ruido de la interferencias erróneas que llegan con sus mensajes de ultratumba a decirme cosas, a hablarme del Quijote y de Rocinante, de Sancho y de las aventuras en los molinos de viento donde la locura y la fantasía pasan a ser un silencio único, donde pienso en ti, pienso en el color de tu piel y en el silencio de esa mirada que es única e inigualable, que es única como tu forma de ser, que es única porque cada palabra tuya puede adquirir un sentido distinto a cada nuevo momento. Un camino extraño que da vueltas alrededor del mundo, aún en una misma ciudad y en una misma calle. Aún en sólo 5 minutos, unas cuantas risas e ideas compatidas, aún en un viaje de 15 minutos entre dos mundos instantáneaos.

Me he quedado en blanco. No. He agotado unas cuántas líneas así de improviso, no las he dejado seguir en blanco.

domingo, 4 de octubre de 2009

Cámara 7 (fragmento)

Una luz pasó muy cerca de sus huellas. Se escondió debajo de la cámara número 12 y esperó que el silencio volviese a apoderarse del recinto. Se acercó al vidrio de la cámara y se encontró con el cuerpo que había visto bajo el agua antes de perder la conciencia y, aparecer enredado de cables. Pero no era un cadáver como él había creído: el hombre respiraba. Buscó las funciones del tablero en un manual digital que aparecía cerca de la ventana: entonces supo que el hombre provenía de un planeta distinto. ¿Era humano? Así lo parecía, pues era de la misma apariencia de un humano. La máquina indicó un error cuando Gabriel quiso indagar respecto a cuál era el nombre de ese planeta; debía conseguirse una clave especial. Estaba frente a un hallazgo de carácter confidencial, pero él era el descubridor y, por lo tanto, exigía saber qué era lo que había encontrado. El hombre abrió los ojos y Gabriel retrocedió de un sobresalto. Entonces la tapa de la cámara comenzó a levantarse y él quiso correr, pero resbaló y quedó sentado sobre las baldosas, mientras el hombre se sentaba, con todos los cables aún conectados al cuerpo. Observó a Gabriel durante un largo instante con una expresión grave, a la vez que analizaba a su compañero.

-¿Eres… humano? –le preguntó a Gabriel.

-Por supuesto, como todos los que hemos nacido en este planeta. ¿Acaso nacen seres humanos en otro planeta? –rió con ironía-. ¿Por qué me lo preguntas? ¿Acaso perdiste la memoria y no recuerdas de qué metrópolis eres?

El hombre se quedó en silencio mientras observaba el lugar e intentaba quitarse los cables que firmemente se le clavaban a la piel. No había caso de tirar para intentar librarse de ellos. Miró a Gabriel una vez más, comprobando que ambos eran similarmente humanos.

-¿En dónde estamos?

-En un hospital… o clínica, o algo así. Creo que en la sala de cuidados intensivos, por eso estamos alejados de los demás. ¿Puedes recordar lo que te sucedió?

-Me llamo Andrés. ¿Tienes nombre también?

-Por supuesto, me llamo Gabriel. ¿Por qué me lo preguntas de esa forma, como si fuese un bicho raro? Te entiendo de que te hayas encontrado con robots o que todo sea distinto a tu metrópolis, pero no me trates como si fuese algo extraño.

-Eres extraño, Gabriel.

-¡No lo soy! ¡Tú lo eres! ¡Tú andas preguntando cosas estúpidas! Tú debes estar loco y por eso te trajeron aquí para ver si es que se te pasaba.

Andrés se largó a reír mientras pasaba su mano por los panelas de la máquina y comprobaba el material de los cables.

-Realmente, no lo puedo creer. Esto parece irreal.

-Me estás asustando, Andrés. ¿Es que acaso me estoy perdiendo de algo?

-Acércate un poco.

Gabriel de acercó a la cámara y Andrés le tocó el brazo. Luego comenzó a tirarle las mejillas.

-Eres real.

-Deja de decir eso; sé que no soy un robot.

-No podría saberlo así como así: la tecnología permite disfrazar cualquier cosa de lata en un saco de piel humana.

-La máquina no me quiso indicar cuál era tu planeta de procedencia. ¿Hay algo secreto en ello?

-No sé; siquiera sé si saben que estoy acá. Aunque… no, ellos me enviaron. No sé cuándo.

-¿Cómo se llama tu planeta?

-Ah, la Tierra. ¿Cómo se llama éste? ¿Es un planeta, cierto? Ya, sí sé que debes ser un alienígena oculto bajo ese disfraz. No te preocupes en mostrarte como eres; no me voy a asustar.

-¿Alienígenas? Eso son sólo cuentos…

Gabriel palideció al oír el nombre de un planeta que nunca antes alguien le había mencionado. Aunque su más reciente libro hablaba de un planeta extraño, cubierto casi en sus tres cuartas partes por agua y con una población que había comenzado a hacer insostenible la vida. Pero eso sólo era ficción, sólo era literatura, sólo fantasía.

-La Tierra

-Sí, el tercer planeta del sistema solar en la Vía Láctea.

-Me dan risa tus comentarios, Andrés. La Vía Láctea es sólo un cuento para niños, me extraña que no te hayan enseñado que es mentira. Me hablas de los cuentos que he estado leyendo. ¿Acaso eres de Valparaíso? –Gabriel dejó de lado la ironía, para pensar en una respuesta más seria.

-¿Cómo sabes de ciudades de la Tierra? ¿Has estado allá en alguno de tus viajes OVNI?

-¡No soy un extraterrestre!

-Ya lo creo…

-¿Existe ese tal Valparaíso y esa tal Tierra?

Se encendieron las luces del pasillo y un grupo de hombres vestidos de color azul ingresó corriendo, interrumpiendo, de golpe, la conversación. Tomaron a Gabriel por los brazos y lo arrojaron al suelo mientras se acercaban a Andrés, con guantas y mascarillas para observarlos. Lo obligaron a recostarse nuevamente y lo inmovilizaron, para acercar un bisturí a su pecho. Se oyó un grito de dolor, ahogado bajo una mano que lo intentaba acallar.

martes, 29 de septiembre de 2009

Palabras calladas

Desearía tener las palabras que Kafka habría pronunciado para poder salir a un bar a leerlo y reír de manera descontrolada, sin poder llegar al final de la lectura de ese cuento. De un cuento que, muchas veces, es el reflejo de una vida, de una representación de mundos, de una cosmovisión que por tanto tiempo han tratado de imponerte y que has logrado rechazar, que cuestionas... y que se molestan porque así sucede. Ellos creen que tienen la razón, que la verdad es absoluta; son seres aún muy modernos que creen en el arraigo de sus inexactitudes, del establecimiento de lo objetivo en desmedro de lo subjetivo. Esa es la verdad y no hay otra.

Probablemente me largue a reír de improviso escribiendo palabras al azar, expresando lo que siento, expresando la otra verdad que se les ha olvidado, que han querido silenciar con miles de razones que ya no me compro. Será mañana, será después... pasan las semanas y probablemente ya no sea suficiente ni efectivo, todo tarde, todo descontextualizado, todo sin un sentido aparente. ¿Qué sentido? A veces el camino camino un poco torcido, no sabe dónde llega... sólo quiere huir y ser feliz en algún lado, en otro mundo, en otra vida como un romántico. No saben que hay más de una verdad, que no existe una sola, que la suya tiene sesgos y no pueden verlo todo. No creen en la imparcialidad: creen que su propia subjetividad es lo objetivo y real. Pero no saben que hay mucho más que eso, les cuesta reconocer que son seres humanos y que, por lo tanto, suelen cometer errores y a veces graves.

La modernidad se cae a pedazos... y yo muero de la risa sin poder terminar de leerlo todo, ante la mirada engimática de todos. Sí, me han enseñado a callar. Entonces, les escribiré palabras calladas.

martes, 22 de septiembre de 2009

El sabor de la empanada de Pichidegua

Y, finalmente, sucedió. Lo que estuve esperando desde el domingo, desde esa conversación messengeriana y la invitación al Alejo Barrios a conocer mundos veloces y gritos ensordecedores cuando creías que, en cualquier momento, caerías al suelo y serías arrollado por la máquina eléctrica que te cortaría en mil pedazos y... no, nunca tanto. Ya es conocida la historia de nuestra amiga empanada de Pichidegua -"empaná" para los chilenos más amigos aún- que luego de un gran recorrido logró llegar a mis manos.

La historia continuó con el mensaje de Carolina indicándome de que sería terrible de que dicho alimento típicamente chileno no pudiese llegar, efectivamente, a mi boca y que acabara en el estómago de alguien más. Tenía pensado comerla durante el desayuno, pero anoche comí tanto que no tenía ni hambre. Me fui de la casa confiado de que volvería a reencontrarme con el refrigerador y el secreto que allí había guardado.

Pasó el día, la tarde y ya pronto comienza a hacerse de noche. Entonces recuerdo a mi empanada. Voy al refrigerador: un coro celestial de ángeles me recibe cuando abro el envoltorio y me la encuentro. Encendí el tostador y la dejé encima, esperando, esperando. Me di una vuelta, caminé por el mundo, recorrí mis pensamientos; esperando, esperando. Vine de regreso a mi pieza, escuché música, pensé en mis pensamientos (sí, valga la redundancia); esperando, esperando. Regresé para darla vuelta; esperando, esperando. Los segundos pasaban como si fuesen horas, esperando... Se me hacía agua la boca, espera... Quería comérmela de una buena vez y dejar de pensar tonterías, esper... ¡Caliéntate luego, empanada! esp... Tic tac, tic tac, tic tac, es... Y finalmente la tomé en un plato y luego comencé a degustarla.

El primer mordisco, el sabor exquisito de la masa, crujiente y típicamente de horno de barro. El pollo, muy sabroso, el huevo... ya no estaba esperando nada, simplemente disfrutaba de este gracioso invento de no sé quién. Me la comí de golpe, casi sin darme cuenta, para luego darme cuenta de que ya todo había acabado, como ese tiempo muerto que resulta al finalizar los fuegos artificiales en la celebración de año nuevo. Y ahí estaba, la empanada: ya no sólo en mi imaginación... sino que en mi interior y bastante ad litteram: en mi estómago.

Y así fue como la empanada acabó su historia, su recorrido. Como llegó a mí, cómo conocí su sabor. Fin de la historia.

(Agradecimientos a la auspiciadora oficial de la empanada de Pichidegua: Carolina González).

lunes, 21 de septiembre de 2009

La odisea de la empanada de Pichidegua

La empanada fue concebida un día cuyo nombre no recuerdo y es probable que no pueda recordar. Sólo su dueña es capaz de descifrar este misterio que, de momento, no nos incumbe en demasía. Lo que importa es lo que, a continuación, mis queridos lectores, querrán saber. ¿Cómo es que el harina, el pino y un horno pueden hacer una maravilla? Pregúnteselo a un cocinero, a mí no; yo sólo disfruto del saber típicamente chileno que me hace decir ¡Viva Chile, mierda! una vez al año. Todo por culpa de una empanada que ha viajado kilómetros para llegar a mis manos, envuelta y muy bien oculta de los protocolos del alto mando del ILCL.

Día domingo 19 de septiembre, mientras hablo con Carolina por MSN, comenzamos a hablar de las fondas, de las empanadas y del famoso parque Alejo Barrios, tan típicamente porteño. Y entre conversa y conversa, me dice si quiero una de sus empanadas traídas directamente desde Pichidegua, 6ta Región. Y como definitivamente no estoy a dieta, sonriendo -messengerianamente- le respondo con un "siiii xD". Me dice que la vaya a buscar, que iba a ir a Alejo Barrios en la tarde. Lo pensé un poco; tenía que estudiar y me habían dejado cuidando la casa (de "Boby" como dice la Caro, en honor a todos los perros guardianes que ostentan ese nombre tan cariñoso). Finalmente accedí. He de confesar que por un error de cálculo en el tiempo, acabé gastando $900 en llegar a Valparaíso, un trayecto por el cual sólo debí haber pagado $350 en mi condición de escolar de día festivo (nótese, y los santiaguinos reclaman porque según ellos encuentran su transporte caro). Llegué, acabamos juntándonos cerca de las 7 de la tarde con ese exquisito viento de Playa Ancha que no deja en pie ni al mejor de los peinados. Llega la Caro y me dice que se le olvidó la empanada. No hay problema. Me las llevarás el día lunes.

Día lunes. Alrededor de las 12 del día recibo un ring en mi celu: Caro. La llamo y me pregunta dónde estoy: en mi casa. Me habla de la empanada y me río. Me dice que me la va a dejar y yo ya me imagino llegando al Olimpo del ILCL para pedirle a la directora mi empanada. "Profe, ¿me puede pasar la 'empaná' que me dejó la Caro?" Y ahí empezaban los cuestionamientos de si también le trajo a la directora y los posibles conflictos en caso de que esto no sucediese... Llegué a la u antes de las 3, corriendo para devolver un libro y que no me cobraran multa. Todo ok. Subí al 10mo y aparece la Caro con una sonrisa, con la empanada en la mano. Yo pensé "exceleeeeeente", robándole una de sus expresiones características. Me cuenta de que tiene el bolso -¿o mochila? no me acuerdo, en fin...- pasado a empanada, porque la tuvo escondida toda la mañana. La guardé con una sonrisa y le dí las gracias. Pero no puedo comérmela fría, tiene que pasar por el tostador. Ok.

Son las 23.09 de la noche y mi empanada está escondida en el refrigerador para que nadie ose interrumpirme con una mordida improvisada. Será mía, sólo mía, mi último sabor dieciochero no-dieta, lo que tampoco significa de que vaya a empezar una dieta después de esto. Próximamente podré contar cómo fue la odisea de percibir el sabor, la teoría de la recepción del sabor en las papilas gustativas y no sé que más. No creo que sea muy interesante referir lo que sucede a lo largo del proceso digestivo... para qué. Para eso, vea un libro de biología y dese la lata de entender lo que son la enzimas y todas esas patrañas.

Y, finalmente, la empanada está en mi poder. Esa fue la odisea de la empanada de Pichidegua, de cómo hizo un viaje de kilómetros para llegar hasta Quilpué... y próximamente a mi estómago. No se pierda el próximo capítulo. ¡Buenas noches!

domingo, 6 de septiembre de 2009

A veces entiendo todo

Y sientes que quieres volar y volar tan lejos como puedas, hasta llegar a un lugar donde al fin puedas sentirte libre; donde puedas ser feliz siendo lo que eres, donde estés con la gente que sepa reconocerte. Sí, donde realmente puedas darte cuenta de todo lo que tienes, de toda la maravilla que es el mundo. Ser feliz, sí, ser feliz como todo niño, como ese niño que no ha muerto en ti y que por algún motivo ha seguido vivo, que pide seguir estando vivo y contándote miles de historias a través de las cuales puedes olvidarte del mundo que a veces es adverso y del cual muchas veces has querido escapar, para luego encontrar que existen avenidas y manos -hermanas y amigas- que se acercan para decirte que eres alguien, que existes, que brillas en la oscuridad, que eres un motivo de su existencia. Sí, un motivo en la existencia, un motivo para ser feliz. Una sola palabra que realmente te haga sentir orgulloso de lo que eres y no sólo ese orgullo oculto que nunca se te dice, que sólo aparece cuando quieren algo más. Sí, puedes llegar lejos, quieres llegar lejos y vas a llegar lejos... lejos porque siempre has sabido hacerlo, lejos porque ya te han enseñando -en demasía- a afrontar las adversidades, aunque a veces hayas olvidado el goce de la vida por eso.

Sientes demasiadas cosas, emociones encontradas cuando te das cuenta de que el mundo pintado de mil colores no tiene todas las tonalidades que hubieses querido. Te das cuenta de algunas cosas que no sabías, cosas de las cuales no quieres hablar, de las cuales no has sabido darte cuenta y que asumes como si fuesen normales. De alguna forma, eres fruto de un pasado y eres una causa del futuro. Eres una consecuencia y tus actos tendrán consecuencias, repercusiones en el universo a la manera de hacer un cambio. No eres el último ser celestial, no eres el último ser bendecido por los dioses, pero hay algo que puedes sacar. Sí, eres único en el mundo, eres la única persona que puede hacer lo que tú haces... y hay alguien en el mundo que también quiere encontrar ese mismo mundo que tú, que también quiere encontrarte y que la vida querrá coincidirlos en el momento preciso. Todo tiene significado, todo tiene un sentido, todo tiene un motor que lo mueve y lo lleva a un río.

Demasiadas cosas, demasiados sentimientos: encontrados, alejados, llorosos y alegres. Conversaciones extrañas, amor, odio, sueños y más sueños... un pasado y un futuro encadenados a un caos, un caos como el universo que crece y se expande... y, por un momento, a veces entiendo todo.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Regálame

Regálame un silencio bullicioso de palabras ensordecedoras
que me hagan dormir en una balada,
en el canto dulce y celestial de Ada,
en su voz maravillosamente sureña,
en su mirada verde y hermosa,
en esas palabras que dice y que crean mundos,
en ese susurro de su imagen inspiradora.

Regálame un viaje por el mundo,
regálame momentos perfectos que recuerde
y que luego pueda contar,
regálame una vida eterna de fantasías reales,
regálame palabras hermosas,
regálame un beso, amor y caricias.
Regálame un deseo, permíteme cumplir algún sueño.

Regálame un camino que creo haber encontrado,
dame la fuerza para levantar si es que caigo.
Dame la energía para correr el riesgo:
quiero cruzar el río, pues he aprendido a nadar bien.

lunes, 31 de agosto de 2009

Prioridades

Son muchas las cosas que hay que hacer, buscar establecer una prioridad parece una tarea compleja e incluso imposible. ¿Cómo pueden pedirme que ponga una balanza entre lo que quiero y lo que debo? Si fuese así, es obvio que optaría por lo primero... pero no puedo, porque hay miles de cosas que penden de un mismo hilo: si abandonas una, su peso hará caer incluso a la cual has intentado rescatar y todo el edificio se viene abajo como una torre de cartas mal hecha. Un mal pase, dinero perdido; una mala jugada y un temporal destruyendo todo lo que querías. No sólo lo es el dinero, ni el tiempo, sino la estabilidad propia de tu cuerpo y de tu salud. Llega un momento en que ya no sabes qué mas puedes hacer.

Claro está que esto parece ser una exageración en este momento. Sí, son muchas las cosas que hay que hacer y el consejo de que se debe dormir mucho para poder funcionar parece ser una estupidez, un tiro que cae fuera del blanco o tal vez, una burla. Es que la vida es tan corta, el tiempo se pasa en un segundo y cuando nos damos cuenta, ese segundo ya quedó varios de kilómetros atrás. Son tantas y tantas las cosas que quiero hacer, pero aún así, siento que necesito hacer mucho más. ¿Es posible un esfuerzo más... por ese supuesto futuro que te tienen prometido, allá donde la traslación de la tierra se ve de una manera distinta? Ha de valer la pena. Necesito que valga la pena. Necesito que me caigan unas cuantas ayudas del cielo...

domingo, 30 de agosto de 2009

Tempestuosamente acogedor

Hablaré contigo otra vez, luego de que la ley de la atracción universal habló conmigo para decirme algunas cosas extrañas. En un idioma de ultratumba, catalán, jerigonza o gallego, tal vez vasco, tal vez italiano o portugués; yo sólo me habría contentado con escuchar unas cuantas palabras en ese meloso francés que oí de tus labios aquel día cuando pronunciaste tu nombre, cuando vi tu sonrisa y entonces no me olvidé de ti. Pero luego volví a verte y tú ya no me recordabas, aunque eso era algo que yo ya sabía: si te viese por las calles de París tampoco podría reconocerte, bella.

Salí corriendo del edificio enorme, llamado Casa Central. Me senté debajo de unas palmeras a tomar un café caliente que me acababa de comprar para soportar las bajas temperaturas del invernal Valparaíso de ese entonces. No sabía cuál era el camino, ni el destino ni el inicio y tampoco me quitaba el sueño saberlo. Sólo pensando en encontrarte, pues aún no sé ni tu nacionalidad ni tu nombre. Debes andar dando vueltas por algún lugar cercano o lejano, tal vez en la nieve o en el trópico.

Escribí unos garabatos sobre la arena y luego me alejé caminando. Llegué hasta el muelle Barón y caminé hasta adentrarme en el mar que se veía tempestuosamente acogedor. Sonreí, aunque sabía desde ya que nadie me iba a entender. Tal vez ni yo mismo, pero no me importaba en ese momento. Tampoco me importó cuando el golpe frío con el agua me hice ver las profundidades que la ciudad no te deja ver. Había sirenas, había un mundo infinito que me sonreía, había una fiesta, había alegría... había mucha vida. Nadé hasta llegar a una de ellas. No me dijo nada, sólo me miró y me sonrío. Pero pude entender que estaba contenta de verme. Me dormí abrazado a ella.

Me desperté al sentir unas manos que me apretaban el pecho, haciéndome toser y sentir horrible. Vi el techo celeste y el rostro de muchos que me miraban con cara de funeral. Nicole me miró con seriedad, pero luego se largó a reír.

-Estás cada día más loco.

viernes, 28 de agosto de 2009

Explosión

Destruir una palabra... o acaso recomponerla.
Armas una palabra o tal vez hacerla nueva.
Dar un significado o... resignificar.
Significar... amar, destruir, rearmar o potenciar,
tal vez, incluso, hacer explotar.

Explosión, sí, explosión
donde las letras saltan por todos lados, como una piñata,
y acaso los asistentes a la fiesta corran detrás del desorden
buscándolas como si fueran un dulce,
buscando su sabor semántico-contextual
a la manera de hallar un silencio con el cual lidiar...
un cuento de hadas con el cual dormir.

Explosión, sí, explosión
para formar una ola que te haga reír.
Para armar un edificio que llegue hasta el sol,
para volar por el universo en un solo segundo,
para tocar las nubes y comerlas como algodón,
para ocultar lo que dices,
para amar o para odiar al mismo tiempo,
para llorar mientras sonríes,
para engañar a los que se creen profetas de su falsa inmundicia,
para ser un mini Dios de su petite morte onírica.

Explosión, sí, explosión.


jueves, 27 de agosto de 2009

Postulación y espera, parte 2.

Fue algo así como un vaticinio. Se me acerca una profe y me pregunta "¿Ya tengo que empezar a juntar euros para que me traigas algo?" Y yo sonreí, porque aún no tenía la más mínima idea. Me motivó, me alentó a que sí era muy posible y que tenía que tener confianza. Aparte, me exigió que tenía que tomar fotos de un lugar que ni recuerdo bien, pero después se lo preguntaré otra vez. Subí en el ascensor y también me lo pregunta la profe Carolina, diciéndome que es triste que no hubiese cabida en Madrid. No importa, le dije yo, igual había otra.

Cerca del ascensor, justo antes de subirme -y tener el temor a perder la señal durante el descenso-, suena el teléfono: un número extraño. Contesté, pero ya sabía la respuesta, porque tenía el presentimiento. Me avisaron de que soy "candidato" y que al menos me respaldan, o sea, que votarán por mí. Sonreí, aunque me reacción fue como extraña, la emoción. Ahora sólo falta el "sí" magnánimo, supremo y oficial que... no tengo idea cuándo será.

Aunque hay algo que no se ha cumplido: la predicción de la Eve decía que me iban a llamar cuando estuviese en el 3er piso. O sea, iba camino al tercer piso... ¿sirve? Ah no, será que el sí definitivo será cuando esté en el 3er piso y entonces saltaré de alegría. Hay que seguir esperando... pero ya falta menos para poder decirlo oficialmente. De momento, sólo atisbos del secreto.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Los tubos intergalácticos

Habían tubos intergalácticos tirados por todos los alrededores después de la nevada improvisada que las nubes dejaron caer sobre la ciudad. Yo estaba volando sobre las nubes cuando vi este hecho tan extraño: nunca había visto caer nieve en mi ciudad y probablemente este sea la primera vez. Pero la primera de muchas, porque el cambio que han anunciado parece aferrarse firmemente a cada trozo de tierra. Los veranos ya no son tan cálidos y los inviernos congelan hasta los pensamientos: ya no me es extraño ver a grandes intelectuales congelados bajo los árboles o incluso ver palabras que caen al suelo y se quiebran por su debilidad. Decidí aterrizar, no podía seguir volando ante esta tormenta. Al descender, me encontré con los tubos de los cuales salía un olor extraño... vi que la gente caía al suelo luego de olerlos. Cuando me acerqué a ellos vi que estaban muertos.

La ciudad era más grande de lo que me imaginaba: Google Earth parece quedar pequeño para mostrar el mundo en toda su magnitud. Las luces parecían alcanzar los cielos, pues los faroles alcanzaban hasta las montañas más altas, desde donde se armaban las avalanchas. El avión explotó y ya me daba lo mismo: no hay más bencina en los alrededores y no es mi intención empujarla hasta algún lugar. Y los tubos cambiaban de color: entregaban mensajes que eran ilegibles, seguramente subliminales. El mar estaba congelado y los tubos que caían quedaban en la superficie.

La tierra ya llevaba varios días detenida, sí, sin rotación ni traslación. Pero como todo tiempo que se pierde debe volver, la tierra dio un golpe enorme y retomó la velocidad, produciendo un enorme chasquido que acabó con una grieta que partió en dos la ciudad. El temblor no duró mucho, pero el cambio parecía inevitable. Vi un enorme abismo que se avecinaba a mis pies mientras temía perder el equilibrio. De pronto, sentí una garra que se me clavaba en el tobillo y sin alcanzar a mirar, sentí que resbalaba dando un grito de dolor. Abrí los ojos y i una mancha de sangre sobre el hielo. Del lado izquierdo vi una garra que se me clavaba en el pecho y presionaba por atravesarlo, vi que mi sangre comenzaba a chorrear. Del lado derecho vi la ciudad majestuosa, pero con mi propia sangre que me reprochaba la huida.

Estaba el abismo: no sabía si lanzarme o quedarme, de todos modos me tenían atrapado. Entonces recordé lo de los tubos integalácticos y el olor que adormecía. Me dio sueño, tengo sueño, tengo sueño, sueño, sueño...

martes, 25 de agosto de 2009

Paracetamol

(A heartache is killing me) Y no sé bien qué es lo que voy a decir, cómo voy a empezar o cómo voy a acabar. Suena Gepe en el playlist con esas palmas de Namás que me recuerdan todas las veces que me he reído al respecto. Venir llegando de clases en una sala que parece un refugio nuclear -en palabras del profesor-, sin ventilación y con más de 60 personas luchando por consumir el oxígeno, puede producir efectos secundarios... efectos secundarios tales como dormirse toda la clase, seguir con sueño, bostezar en extremo, cabecear de manera descarada, rayar el cuaderno y darse cuenta que algo de habilidades existen para el dibujo, pensar en que te han amenazado los rumores con una prueba apoteósica, querer comer demasiado, dormir todo el camino en la micro (1 hora) y llegar a la casa con un dolor de cabeza que te obliga a buscar un paracetamol.

En la medida que recorría el camino a la cocina me acordé del cuento "Encuentro con Enrique Lihn" de Roberto Bolaños, uno de esos locos escritores chilenos que se transforman en algo así como leyenda y que nos demuestran -como siempre-, que la literatura chilena es mucho más que las palabras de un marxista con voz fúnebre. Sucede que en este cuento, el narrador tiene un encuentro con Enrique Lihn en una situación que no puede dejar de ser surrealista o algo parecido, sobre todo bajo el marco de que es un sueño. No hay relojes derretidos -como en "La persistencia de la memoria de Dalí", mi pintura favorita-, pero si hay eventos extraños tales como un piso flotante, gente que va y desaparece, calles extrañas, etc. Pero lejos, uno de los mejores recursos estilísticos -que funciona a manera de efecto visual-, es el relato de cómo una pastilla se disuelve en un vaso, mientras espera para poder beberla. Es increíble ver cómo este suceso tan minúsculo puede ser relata detalladamente en una página, en un párrafo que parece nunca acabar y que cuando concluye, logras sentirse tan tranquilo como si te hubieses bebido también la pastilla, como efecto tranquilizante, como una verdadera catarsis.

Es el único cuento que me he leído de Bolaños hasta este momento y creo que tengo una deuda tremenda con la literatura chilena y con este autor, que fue alabado en Estados Unidos aún con su obra póstuma "2666". No es necesario que mencione que éste es uno de los locos originales chilenos que no vive en Chile, como Jodorowsky, por ejemplo. No debí haber mencionado a este autor, cuyo película "El topo" hasta el día de hoy aumenta mi dolor de cabeza, intentando unir pedazos para generar algo que se asemeje a una interpretación... pero dan ganas de volver a verla y eso es inevitable.

Se disolvió la pastilla hace rato, pero todavía me duele la cabeza. ¿La culpa la tiene la sala o el profesor que me deprime? Increíble cómo puedo terminar hablando de cada cosa, sólo por una inercia-trance del dolor de cabeza.

(A heartache killed me so softly...)

domingo, 23 de agosto de 2009

Lectura y escritura

En estos momentos, se supone que estoy estudiando uno de los veinte millones de textos que debo leer para mis clases. En realidad, no son tantos, pero a veces lo parecen: ¿es a lo que podríamos llamar la relatividad del mundo? Y sucede que ha estado dando vueltas en mi cabeza, por ya varios días, el problema que significa el enseñar literatura -o al menos hacer el intento- en el colegio. Se me viene a la mente los recuerdos de mi edución media y básica con los típicos textos de lectura que muchas veces, más que motivar, se transformaban en una verdadera tortura que en vez en de producir goce estético acababan como una tortura de significaciones lejanas e irreconocibles. No soy muy pedagógico que digamos -me trauma pensar que tendré que enseñar a pokemones y quién sabe que otra mutación genética del siglo XXI-, pero a veces me lo cuestiono.

Como hablaba uno de los autores -Barthes, para ser específico-, hay muchos elementos que se pueden transformar en limitantes al momento de iniciar o continuar una lectura: recuerdo que mencionaba la biblioteca y reí demasiado cuando mencionó que muchas veces los libros no están (¿acaso este señor Barthes conoce la Biblioteca del edificio Gimpert de la PUCV?). Y abundan las teorías literarias, pero aún no he encontrado alguna que me de alguna pista de cómo enseñar de una manera adecuada o "pertinente". Y claro que todo comienza por el mismo concepto: ¿qué es la literatura? Hay más consenso respecto a lo poético o a la literaturnost, pero en ciencias sociales todo es discutible, lo que a veces es una tortura semántica más.

Creo que se han olvidado de señalar la importancia de la lectura, reduciéndola sólo a grandes obras o cosas por el estilo. Pocas veces se nos dice que la lectura es tan trascendental en la vida por la capacidad de análisis y crítica que genera, lo que permite pensar en cómo mejorar la realidad. Asimismo, el mundo está lleno de signos y si no sabes leer "peligro, tiburón", puede que acabes en el intestino de un gigante de mar. Por otra parte, el goce estético que produce la literatura no logra ser efectivo porque no se generan las instancias para que así sea: sólo recientemente se ha comenzado a incluir "elecciones" de libros, lo que dificulta que la gente lea por sus intereses. Me llama la atención ver que gente que lee sólo lo obligatorio -y a veces ni eso-, se devore los libros Harry Potter en pocos días. Eso es lo que hace falta, dar más permisividad y demostrar a los lectores que hay infinidades de universos diegéticos por recorrer.

Pero lejos, lo que más me gustó es referido al tema de la escritura que, según él, no había sido muy estudiada. Flower y Hayes (1981) y Bereiter y Scardamalia (1987) plantean modelos respecto al proceso de la escritura que sirven de marco de referencia respecto a la escritura "funcional", sin considerar mayormente el placer de escribir... por escribir, por el arte. ¿Acaso escribir para satisfacer las necesidades propias de expresión no es algo funcionar para uno mismo? Y claro que es mucho más que un proceso funcional porque, en lo personal, la escritura me produce un goce que es bien difícil de definir y explicar. La escritura sirve para asociar y aprender un sinfín de cosas y no es algo destinado a algunos pocos: si así fuese, entonces la sociedad letrada no habría llegado a ser lo que hoy es.

En fin, pensamientos que me surgen luego de leer un cerro de pensamientos que a veces comparto y otras no. Vale la pena cuestionarse al respecto y ver que la literatura despierta ese niño hiperactivo que tenemos dentro y que, como todo niño, siempre tiene energía y ánimo para aprender y buscar los significados de un mundo nuevo. Con los constantes cambios de la era actual, ¿acaso el mundo no es distinto cada día?

viernes, 21 de agosto de 2009

Él y ella.

Ella sonrió de una manera sorprendente al encontrarse de frente con él. Él sonrió de una manera asustada al verla acercarse tanto hasta casi rozar su piel. Lo saludó con un "hola" bastante seguro, y él le respondió lo mismo, pero con cierta inseguridad. Ella lo había llamado luego de verlo un día por la calle, él no sabía bien cuáles eran los motivos de esa llamada y cómo habían obtenido información respecto a él. Ella sí sabía el motivo de la elección. Él se preguntaba cada dos segundos respecto a cuáles eran las reales intenciones de esa mujer tan extraña.

Le pidió que se sentara mientras ella iba en busca de café, eso haría un poco más grata la entrevista. Él hizo caso, mirando a través de los enormes ventanales del piso 56, desde donde podía ver la enorme ciudad, que continuaba aún más allá de lo que los cerros permitían ver: Quilpué del siglo XXII había alcanzado horizontes impensados. Las oficinas de los edificios aledaños mostraban a la gente pegada a las paredes, como si estuviesen clavadas. De hecho, corrían hilos de sangre que teñían de color rojo el suelo, dando la ilusión de una imagen abstracta. En ese mismo momento, le disparaban a un muchacho que iniciaba la fila -aparentemente, de espera-, lo que provocó que el resto se marchara de inmediato.

La mujer regresó a su lado con los cafés. Bebió un poco antes de que ella se sentara del otro lado de la mesa. Ella lo miró con la misma sonrisa, como esperando que él dijese algo. Como no cruzaban palabras, se decidió a hablar. Movió los labios, pero la voz no le salía; se dio cuenta de que le estaba costando respirar y la desesperación se apoderó de él. La mujer llamó a los guardias para que lo amarraran a la silla: él yacía casi inconciente mientras lo ataban. Cuando estuvo firmemente atado, le apretó el pecho y entonces él pudo volver a respirar. Ella se largó a reír mientras le rasgaba la ropa. Corrió un hilo de sangre de su pecho.

Una mujer desde el edificio aledaño observaba cómo arrastraban un cadáver en el suelo: la demanda por ropa había sido mucha durante ese año y no podían darse el lujo de perder la piel joven, que llegaba como un regalo.