domingo, 28 de octubre de 2012

Deberes cívicos

Como cada cierto tiempo, suceden esas cosas de estado en que se les ocurre que tenemos que elegir nuevamente a nuestros representantes. Pese a las dudas que esto genere en muchas personas, la decisión es, efectivamente, de las personas que, de una u otra forma, pueden manifestarse a través de la herramienta que significa el voto. Si no le gusta nadie, cree que todos son feos, hediondos, hablan pura mierda y solo se toman fotos con cara de "quiero dinero fácil", entonces vaya y anule: el hecho de que exista una gran cantidad de votos no válidos ya quiere decir algo. En fin. 

Parece que la gente se tomó en serio lo de que la votación sea voluntaria y no había nadie: llegué al local de votación con el temor de que me pillaría una tremenda fila (temor aún mayor, considerando que ya hacía calor a mediodía) y me encuentro con un desierto al estilo western, donde solo faltaba la pelusa rondando en la arena y los vaqueros. Fue el voto más rápido de la vida y me sorprendí de que así fuese, además de que mi votación (secreta, por cierto) se alejaría de lo que alguna vez hubiese pensado. No sé, creo que lo hice en conciencia y que es lo mejor para mi comuna, pero no daré más detalles. Igual lamento la abstención de la gente, porque tienen la opción de manifestarse a través de la urna, sobre todo ahora que es automático. Lo lamentable es que anden reclamando personas que jamás se han dado la lata de ir a manifestarse como corresponde, cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo. Es obvio que todos queremos la mejor para nuestro país, pero para ello también hay que hacer un pequeño esfuerzo de escuchar a los otros y tratar de llegar a un acuerdo: es completamente legítimo que no pensemos lo mismo y que mantengamos una discusión, con argumentos. También es legítimo que, aún así, mantengamos pensamientos distintos, lo que no implica de ninguna forma que caigamos en descalificaciones: esa no es la forma como las naciones avanzan y la historia ya nos lo ha enseñado en varias ocasiones. 

Además de esta reflexión de "conciencia ciudadana", vuelve a mí el famoso deseo electoral de comer grissines después de votar: hasta el momento, solo funcionó en mi primera votación, pero la legislación actual, al parecer, sostiene que casi todo debe estar cerrado y no pude encontrar la panadería que vendía dicho producto. Y la vez anterior también sucedió, por lo que será necesario que, para el próximo año, deba tomar las precauciones pertinentes del caso.

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