Abrir los ojos una y otra vez, con la intención de que el sueño no acabe y de que pueda volver a renacer, quizás. Tener la dificultad de despegar los párpados y querer seguir durmiendo abrazado a un presente sonriente y a una mirada que te escudriña en la oscuridad.
sábado, 18 de septiembre de 2010
jueves, 16 de septiembre de 2010
Sueños compartidos
Creo que no debí haberte recordado, tal vez fue una mala decisión. Sí, decir que te deseaba lo mejor en tu vida -y la risa de alguien que me acompañaba al percibir cierto atisbo de rencor en mis palabras- pudo haber sido la causa para recibirte otra vez en mis pensamientos. No tenía pensado volver a verte, no, es más, si es que acaso te volvía a ver haría como que nunca te había conocido. Pero, claro, sabes esconderte de mí en la vida real o, al menos, sé cómo hacerte invisible si es que algún día siquiera tu olor ha pasado muy cerca de mis pisadas.
Lo que no consideraba es que aún existías como un recuerdo. Se me olvidó por completo de que te recordaba y de que te vendrías a pasear en mis sueños, mientras duermo, sin dejarme siquiera despertar para no tener que saludarte. Y claro, apareciste con esa sonrisa de siempre, disimulando que todo estaba bien, que no había pasado nada... como si todos estos años hubiesen desaparecido y hubiésemos regresado a aquel día de esa última conversación. Me saludaste y hasta me diste un abrazo que sentí real, que evité, pero que extrañaba. Me desperté asustado, sin entender nada.
Luego comprendí que todas esa historia que inventé era solo otro de mis sueños. Tú en realidad no exististe jamás, solo eres una persona que vi en una foto, nada más. Solo eres un sueño... pero de otro.
Fotografía: Playa 'Acapulco', Viña del Mar. lunes, 13 de septiembre de 2010
Azares de la vida cotidiana
La vida cotidiana es mucho más divertida de lo que parece. Al menos es lo que he comprobado el día de hoy, en un lapso de menos de 2 horas. Y todo tiene relación, en cierta medida, con la vida académica o con la vida relacionada con el ambiente universitario de caminar de un lado a otro en busca de clases o de hacer la hora para irte a otra clase que, finalmente, decidiste decir 'paso'.
La primera de estas situaciones sucedió en mi clase de Francés y Portugués en simultaneidad a eso de las 4 de la tarde. Entonces mencionan una palabra francesa cuya traducción al inglés tendría relación con 'encourage' y entonces la profesora pregunta qué es lo que significa dicha palabra. En ese momento me sucedió algo similar al inicio de la novela "Cien años de Soledad"... y que en mi caso sería algo así como 'meses después, en una sala de clases, se acordaría de la vez en que, conversando con un polaco, aprendí como se decía incentivar en inglés.." Creo que nadie entendió el motivo de por qué me eché a reír en silencio. Es claro que cada situación y cada aprendizaje, por muy mínimo que parezca, en algún momento va a ser de utilidad; no me imaginaba que esta iba a ser una de las instancias en que iba a notar esa utilidad.
La segunda de las situaciones ocurrió cuando me devolvía caminando por la Avenida Brasil. Fue en un lapso pequeño en que un vehículo dobla por la calle que yo pretendía cruzar y, por consiguiente, me quedo esperando para poder continuar mi camino. Llevaba la ventana abierta y entonces escuché una canción que nunca pensé que iba a escuchar en la vía pública acá en Chile: "Stereo Love" de Edward Maya, canción que escuché hasta el cansancio durante toda mi estadía 'Erasmus' en España. Otra extraña sonrisa en un día soleado con viento, tan característico de septiembre.
Así, en menos de 2 horas, vinieron a mi mente varios recuerdos que no pudieron hacer otra cosa que darme ganas de reír. Me devolví caminando y pensé si, efectivamente, tenía ganas de ir a clases. Me quedaba aún como una hora de espera por lo que, sin pensar demasiado, tomé la micro para mi casa. Creo que voy a poner más atención en los detalles del día a día: puede que me encuentre con muchas otras sorpresas que me tengan sonriendo por mucho tiempo.
La primera de estas situaciones sucedió en mi clase de Francés y Portugués en simultaneidad a eso de las 4 de la tarde. Entonces mencionan una palabra francesa cuya traducción al inglés tendría relación con 'encourage' y entonces la profesora pregunta qué es lo que significa dicha palabra. En ese momento me sucedió algo similar al inicio de la novela "Cien años de Soledad"... y que en mi caso sería algo así como 'meses después, en una sala de clases, se acordaría de la vez en que, conversando con un polaco, aprendí como se decía incentivar en inglés.." Creo que nadie entendió el motivo de por qué me eché a reír en silencio. Es claro que cada situación y cada aprendizaje, por muy mínimo que parezca, en algún momento va a ser de utilidad; no me imaginaba que esta iba a ser una de las instancias en que iba a notar esa utilidad.
La segunda de las situaciones ocurrió cuando me devolvía caminando por la Avenida Brasil. Fue en un lapso pequeño en que un vehículo dobla por la calle que yo pretendía cruzar y, por consiguiente, me quedo esperando para poder continuar mi camino. Llevaba la ventana abierta y entonces escuché una canción que nunca pensé que iba a escuchar en la vía pública acá en Chile: "Stereo Love" de Edward Maya, canción que escuché hasta el cansancio durante toda mi estadía 'Erasmus' en España. Otra extraña sonrisa en un día soleado con viento, tan característico de septiembre.
Así, en menos de 2 horas, vinieron a mi mente varios recuerdos que no pudieron hacer otra cosa que darme ganas de reír. Me devolví caminando y pensé si, efectivamente, tenía ganas de ir a clases. Me quedaba aún como una hora de espera por lo que, sin pensar demasiado, tomé la micro para mi casa. Creo que voy a poner más atención en los detalles del día a día: puede que me encuentre con muchas otras sorpresas que me tengan sonriendo por mucho tiempo.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Despertando de un sueño.
Hace 2 meses que llegué de regreso a mi tierra, a mi gente. Relatar mi viaje de regreso no está exento de situaciones dignas de contar. Desde la partida definitiva de Albacete, el 10 de julio a las 3 de la mañana, las maletas miles que no sabíamos cómo ibamos a llevar -con un chofer que quería que pagásemos un pasaje extra-, la despedida de la gente con quien compartiste todo ese tiempo, la última mirada a las luces de la ciudad que ahora pare
Sentados en la Estación de Autobuses de Albacete, aún no comprendía de que me estaba yendo. No quería mirar atrás, no quería ver que a mis espaldas se quedaban muchas de las historias más divertidas de mi vida. Solo cuando me subí al bus, comprendí de que me estaba yendo de Albacete, para siempre, pues, aunque vuelva, Albacete ya no volverá a ser lo que yo tuve. El bus se alejaba de la ciudad mientras yo miraba las luces, mientras el monitor indicaba que aún había 21º C. Dormí, resignado a partir, mentalizándome en el regreso a la realidad que estaba próximo. Desperté en Madrid, en la Estación Méndez Álvaro, lugar que me vio tantas veces llegar de los distintos viajes. Nunca olvidaré la primera vez que vi esa estación, con frío invernal y copos de nieve dándome la bienvenida al invierno europeo, el 27 de enero. Llegamos al Aeropuerto y la lucha con las maletas acabó cuando encontramos los carros para poder transportarlas, fue una gran solución.
El aeropuerto fue otra de las escenas que no entendía; el silencio, el sueño de una noche casi sin dormir en el bus, ver a Mariana por última vez. Me costaba creer de que, efectivamente, estaba sucediendo: todo acababa en ese momento, el viaje, el sueño. Era casi mediodía cuando ocurrió una de las situaciones que temí: despedirme de ella, con un enorme abrazo y un interminable llanto, queriendo que ese momento no estuviese sucediendo, que al día siguiente abriría los ojos y me daría cuenta de que todo era un sueño, que todos estaríamos nuevamente de tapas en el Atocha o en 'Tu caña y tu tapa', o en las Tascas.
Me quedé solo, triste, con lentes oscuros escondido en las tuberías subterráneas del Metro de Madrid, línea 8. Llorando, audífonos y música, queriendo no ser visto... 37º C en Madrid centro. Buscando un libro y comiendo comida chilena en 'El Regreso del Winnipeg Chile", me pasé toda la tarde. Fue extraño encontrarse con comida y ambiente chileno en pleno Madrid, regresando lentamente a mi mundo. Regresé al aeropuerto, me encontré con el festejo de los españoles que viajaban a ver la final del mundial a Johanesburgo, Sudáfrica. Yo regresaba a casa. Me subí al avión a eso de las 9 de la noche, sin mirar atrás; creo que ya sentía que todo lo que debía suceder, ya había sucedido y ahora quedaba sonreír. Escribí unas cuantas líneas y luego subí. Disfruté al máximo mis últimos instantes en suelo español, hasta que el avión despegó y, definitivamente, supe que ya regresaba a casa. Me encantó ver Lisboa iluminada de noche, mientras escuchaba 'Forever Young'. Sí, Europa seguirá siendo siempre joven, siempre con esos recuerdos que querré volver a resucitar.
Se inició un nuevo presente, renovado, con mucha energía de continuar y vivir. Porque, ¿para qué es la vida? ¡Para sentir con todo el cuerpo!
viernes, 10 de septiembre de 2010
Verdadero o falso en un grito de postmodernidaaaaaad
Las situaciones de cada día me hacen cuestionar aún más el sentido de qué es la realidad, de qué es el sueño y de qué es lo que creo que es y lo que no es porque es lo que es. Sí, tal y como se lee lo que se lee y es lo que es, esa busqueda de un ser que acaba siendo. Como esta mañana en que la micro apenas se detiene para dejarme subir y parte casi cuando estoy saltando -realizando un micro salto mortal en el aire, en cámara lenta, para alcanzar a subirme- y entonces siento un tirón en la espalda... está bien que ahora se promueva la actividad física, pero esto me pareció brutal: ¡todavía me duele la espalda! Finalmente pago el pasaje y no me dan vuelto (esa actitud tan arraigada en los choferes de la línea y que hasta te da lata pedirselas porque puede que te muerdan, si suelen ser unos salvajes).
Llego a la universidad y por enésima vez me reencuentro con don Lyotard en la pizarra, hablándome de las mismas leseras: la postmodernidad, la modernidad, sí, claro, la defragmentación de los relatos... y me la vende con sus pensamientos ahumados, pero me niego a ceder. Ya, está bien, si le creo un poco, solo que no logro llegar a la misma nube, probablemente haya que utilizar algún tipo de alucinógeno, que me niego a utilizar, para siquiera obtener un pcoo del sentido de sus palabras. ¡Postmodernidad! Llego atrasado por segundo día consecutivo y no voy a culpar al chofer que se vino a la vuelta de la rueda, aunque reconozco que salí tarde de mi casa. En fin... entro a la sala y la avalancha comienza, el ataque, Lyotard, los gritos, los golpes, los conceptos, los ataques, ¡Postmodernidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad! y un (in)equívoco Verdadero o Falso de esferas superiores a mi captación mental.
Entregan la prueba de Literatura Hispanoamericana 4, y las notas fueron nefastas, aunque no tan terribles. Comienza la lucha cósmica, las paredes tiemblan, probablemente venga un tsunami, tiembla, tiembla... ¡ossssstia! Y sucede que entregan la notas y comienza la hecatombe, el fin del mundo; el profesor defiende su postura y la ¡postmodernidaaaaaaaaaaaaaaaaaad! mientras todos discutimos que no entendimos la ¡pruebaaaaaaaaa! que los verdadero y falso son muy modernos y estábamos hablando de la ¡postmodernidaaaaaaaaaaad! y entonces nadie se entiende con nadie. Pronto comenzarían los golpes, las sillas, los computadores... pero no. Todo volvió a la calma cerca de las 10.40 cuando el profesor dice que sigamos la clase. Después de todo, nada volvió a ser lo de antes. Ahora creo que tendré pesadillas con la postmodernidad y las pruebas de verdadero o falso. Seguramente, me perseguirá una "V" gigante mientras duerma...
(Y... no hace falta que recuerde que las técnicas de copia durante una prueba son útiles siempre y cuando el de al lado tenga el mismo formato de prueba, claro. Para la próxima... mmm... ¿me puedes decir si la 15 es Verdadera o Falsa, porfa?)
Llego a la universidad y por enésima vez me reencuentro con don Lyotard en la pizarra, hablándome de las mismas leseras: la postmodernidad, la modernidad, sí, claro, la defragmentación de los relatos... y me la vende con sus pensamientos ahumados, pero me niego a ceder. Ya, está bien, si le creo un poco, solo que no logro llegar a la misma nube, probablemente haya que utilizar algún tipo de alucinógeno, que me niego a utilizar, para siquiera obtener un pcoo del sentido de sus palabras. ¡Postmodernidad! Llego atrasado por segundo día consecutivo y no voy a culpar al chofer que se vino a la vuelta de la rueda, aunque reconozco que salí tarde de mi casa. En fin... entro a la sala y la avalancha comienza, el ataque, Lyotard, los gritos, los golpes, los conceptos, los ataques, ¡Postmodernidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad! y un (in)equívoco Verdadero o Falso de esferas superiores a mi captación mental.
Entregan la prueba de Literatura Hispanoamericana 4, y las notas fueron nefastas, aunque no tan terribles. Comienza la lucha cósmica, las paredes tiemblan, probablemente venga un tsunami, tiembla, tiembla... ¡ossssstia! Y sucede que entregan la notas y comienza la hecatombe, el fin del mundo; el profesor defiende su postura y la ¡postmodernidaaaaaaaaaaaaaaaaaad! mientras todos discutimos que no entendimos la ¡pruebaaaaaaaaa! que los verdadero y falso son muy modernos y estábamos hablando de la ¡postmodernidaaaaaaaaaaad! y entonces nadie se entiende con nadie. Pronto comenzarían los golpes, las sillas, los computadores... pero no. Todo volvió a la calma cerca de las 10.40 cuando el profesor dice que sigamos la clase. Después de todo, nada volvió a ser lo de antes. Ahora creo que tendré pesadillas con la postmodernidad y las pruebas de verdadero o falso. Seguramente, me perseguirá una "V" gigante mientras duerma...
(Y... no hace falta que recuerde que las técnicas de copia durante una prueba son útiles siempre y cuando el de al lado tenga el mismo formato de prueba, claro. Para la próxima... mmm... ¿me puedes decir si la 15 es Verdadera o Falsa, porfa?)
jueves, 9 de septiembre de 2010
De la vida misma
Un pedazo de vida paralela, sentada en el cemento frío de una tarde invernal con aspiraciones a primavera. Las palmeras de la avenida Brasil se alzan hacia los cielos con esa mirada siempre festiva, siempre alegre. Se esconden en su silencio los momentos que pasan sin siquiera ser vistos, almas que caminan de improviso, esencias que se vuelan con el viento. Historias de carruajes encendidos en fuego de pasión, rumbo a un lecho carcomido por el tiempo. Escribo porque quiero escribir, porque me siento en el suelo y miro al cielo pensando en esas palabras que se me ocurren y, simplemente, las junto. Tal vez no tenga ningún sentido y alguien dirá que soy un inepto; probablemente, le creo. Más que un inepto, estoy en constante delirio: de recuerdos y de olvidos, de silencios y bullicios, de presencias y ausencias, de momentos y fantasías, de la vida misma.
Fotografía: Avenida Brasil, Valparaíso.
Fotografía: Avenida Brasil, Valparaíso.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Flashback al pasado y al futuro
Todavía queda soñar, soñar con esa fantasía. Todavía quedan los recuerdos, todavía quedan las emociones, todavía quedan los momentos; la sonrisa, eso que se respira en el aire, esas miradas, ese metro repleto de gente en las vías subterráneas de un imperio, esas ganas de lanzarse a nadar en los canales. Todavía quedan las imágenes de esa vida paralela que extrañamente sucedió en un segundo y que ahora es un anhelado flashback. Flashback al pasado y al futuro, no se sabe lo que ahora pueda pasar. Todavía quedan esas miradas que divagan, enloquecidas, sin creer que es cierto lo que estaban viendo.
Después de todo, nos queda la certeza de que hemos vivido.
Después de todo, nos queda la certeza de que hemos vivido.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Ideas claras
Nunca tengo una idea clara de lo que voy a decir. Tampoco sé si cuando tomo la micro, se irá rápido o si se encontrará con un enorme e interminable taco. Tomar el metro a las 5 de la tarde ya no es una experiencia agradable como solía ser hacía algún tiempo: la gente de agolpa sobre los vagones, apenas hay espacio, apenas hay oxígeno, apenas hay un lugar en el cual descansar la mirada sin encontrarte con la de otra persona con cara de qué-sé-yo. La gente se sorprende cuando alguien sonríe aunque sea por cinco segundos, porque vienes escuchando una canción divertida. Y aunque la única excusa que tuviese fuese porque esto es África o cualquier otra estupidez mental que se me viniese a la cabeza en el primer momento. No es necesario decirle a la mente que se ponga a pensar: no es necesario presionar el botón 'play' para que comience a navegar en un arsenal de conexiones fugaces, inalámbricas, cableadas, cabreadas, cansadas o lo que sea. De un momento a otro se echa a volar.
Pensaba tantas cosas al bajarme en la Estación Chorrillos, tratando de dimensionar que, lentamente, el día se comienza a alargar y que en algún tiempo más, veré que hay mucha más luz de la que veo ahora. No digo que ahora sea todo noche, pero tampoco que todo sea día. Quizás, no quiero ni lo uno ni lo otro, pues, ya lo dije una vez, nunca tengo una idea clara siquiera de lo que voy a pensar.
Pensaba tantas cosas al bajarme en la Estación Chorrillos, tratando de dimensionar que, lentamente, el día se comienza a alargar y que en algún tiempo más, veré que hay mucha más luz de la que veo ahora. No digo que ahora sea todo noche, pero tampoco que todo sea día. Quizás, no quiero ni lo uno ni lo otro, pues, ya lo dije una vez, nunca tengo una idea clara siquiera de lo que voy a pensar.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Cuando caminas
Así como cuando caminas de la mano de tus sueños, de las emociones que te evoca un momento preciso. Sí, un recuerdo, una esencia que late, que sigue viva, que perdura aunque los edificios se alcen hasta alcanzar las nubes tan altas como el celeste mismo, como el infinito, como el canto de un pájara que vuela perdido en busca de su rumbo. Las calles iluminadas por el atardecer que comienza con el sol que se oculta en el Pacífico sonriente, que en cualquier instante podría echar a correr, mientras el camino por las baldosas de previas historias emergen desde la soledad misma del silencio. Del aire, del cuento, de la historia, de una novela, de una madrugada que llegará después, de esos días eternos de sol y primavera.
Así como cuando camino solo, mirando el cielo, ocultando la vista del sol que quema, sonriéndole a la brisa que avanza en dirección contraria alavanzar. A veces sueño con estar en otro lugar o tal vez estar aquí mismo, soñando con ese cielo bajo el cual vivo y que me acaricia hasta en los sueños. Las historias nacen en los cerros y van a desembocar al mar, para luego partir en un barco hacia rumbos desconocidos. Las historias llegan muy lejos.
Fotografía: Mirador Barón, Cerro Barón, Valparaíso.
Así como cuando camino solo, mirando el cielo, ocultando la vista del sol que quema, sonriéndole a la brisa que avanza en dirección contraria alavanzar. A veces sueño con estar en otro lugar o tal vez estar aquí mismo, soñando con ese cielo bajo el cual vivo y que me acaricia hasta en los sueños. Las historias nacen en los cerros y van a desembocar al mar, para luego partir en un barco hacia rumbos desconocidos. Las historias llegan muy lejos.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Nostalgias
¿Es correcto que te escriba?
¿Es correcto que te recuerde?
Tengo nostalgia de esas tardes adorables
de calores, tal vez, insoportables,
que a tu lado se enredaban en sensaciones inacabables.
Tengo ganas de sentir cómo sentía ese verano inolvidable
en tierras lejanas, en tierras ajenas.
Nostalgia de tardes madrileñas nubosas,
con lluvia y un arcoiris sobre la Estación de Atocha.
Nostalgia de Granada tan intacto,
de un pasado aún latente donde quedó plasmado ese pasado presente.
Tengo nostalgia de ti, de esa historia,
de tantas historias.
No será necesario que te confiese qué fue lo mejor de nuestro viaje.
Tengo nostalgia de esas tardes adorables
de calores, tal vez, insoportables,
que a tu lado se enredaban en sensaciones inacabables.
Tengo ganas de sentir cómo sentía ese verano inolvidable
en tierras lejanas, en tierras ajenas.
Nostalgia de tardes madrileñas nubosas,
con lluvia y un arcoiris sobre la Estación de Atocha.
Nostalgia de Granada tan intacto,
de un pasado aún latente donde quedó plasmado ese pasado presente.
Tengo nostalgia de ti, de esa historia,
de tantas historias.
No será necesario que te confiese qué fue lo mejor de nuestro viaje.
Fotografía: Estación de Atocha, Madrid, España.
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