martes, 8 de diciembre de 2009

Y a él solo le daba risa

Y en este tubería -ubicada a 20 kilómetros de profundidad desde la Plaza Central- estaba llena de cuerpos humanos que colgaban desde el techo, amarrados de los pies y con las manos intentando alcanzar el suelo. Pero era imposible, a menos que sus cuerpos lograses estirarse 2 metros. Sus rostros asustados parecían temer aún más al hombro que caminaba chapoteando por las posas que se formaban en el interior de dicha tubería, que parecía interminable. Algunas gotas de sangre salpicaban el suelo y lo tornaban rojizo, lo que hacía sonreír al hombre que caminaba por entre los cuerpos que estaban próximos a ser asesinados, mutilados parte por parte, probablemente quemados o retorcidos hasta que las vísceras saltasen por la nariz. Y a él solo le daba risa.

Avanzó hasta encontrarse frente a uno de estos cuerpos, al parecer, el que recién había llegado. Sería un joven de 20 años de edad, de cabello oscuro, con la mirada asustada. Pidió que lo descendieran un tanto, para poder alcanzarlo del cuello. Las cadenas fijas a los tobillos chorreaban sangre, la cual caía por las piernas, recorriendo el cuerpo hasta el pecho y el cuello, en dirección contraria a la gravedad. El joven estaba mareado: llevaba casi 1 hora colgado y, probablemente, ya habría perdido demasiada sangre. El hombre lo tomó del cuello y lo amenazó con un cuchillo, sonriendo. Luego, sin más ni más, se lo clavó en medio del pecho, rasgándole la piel hasta el ombligo, sin importarle los gritos del joven que moría bajo el filo de su arma. Guardó el cuchillo y se alejó, dejándolo medio muerto, medio vivo, con la sangre alcanzándole le boca y tiñéndole de rojo los labios, con la mirada perdida. Y a él, sólo le daba risa.

1 comentario:

Yo.- dijo...

wena....me parecio onda Gore
xD

interesante en too caso, la forma en q se describe al victimario es precisa y caricaturesca.

xau