jueves, 26 de abril de 2007

Rencor

Tal vez, si tuviera en este preciso momento a Dios al lado mío, sería una lluvia de preguntas las que tendría que responderme antes de que lo dejara tranquilo. Pues cada día que pasa, surgen más y más interrogantes, como cualquier ser humano que vive y respira del poco oxígeno que va quedando en la tierra. Y a veces creo que tendré que esperar hasta el día de mi muerte para poder entablar un enorme diálogo con ÉL, algo así como la aclaración definitiva de todas mis dudas, cuando ya se haya acabado el tiempo para responderlas por mí mismo. Ahora, las responderé siempre y cuando haya sido lo suficientemente “bueno” como para llegar a lo que creemos que es el Cielo, Paraíso o como sea…

Puede parecer un tanto vano el hecho de que haya venido pensando esto cuando venía en la micro hacia mi casa, como más de alguna vez me ha surgido una gran idea que me golpea la cabeza hasta que da origen a algún cuento de 5 horas de escritura. Y me quedó dando vuelta el asunto. Fue cuando comenzaba a acordarme de todas las veces que me ha tocado ser parte de un universo más grande al microcosmos en el que vivo, cuando te toca trabajar por algo que crees justo y que te hará feliz, pero luego te das cuenta que te has equivocado. Y fue una de las preguntas que el martes le hice a algo que suponía ser un Oráculo, tal vez haya sido sólo una coincidencia, pero me dio una respuesta que estaba esperando de algún modo, que quería escuchar. ¿Será la respuesta correcta, tenía la razón, o, una vez más, sólo he cerrado mis oídos a escuchar lo que quiero y que nadie se atreva a cambiar mis pensamientos? No lo sé…

Sentir que el tiempo se encarga de hacerte sólo un instrumento, y que, sólo algunas veces, se acuerda de ti. Es extraño, pero, de a poco, me he ido acostumbrando a que es lo que me toca… ¿será el destino? Tal vez será una exageración de mi parte de que toda mi vida va a transcurrir de la misma forma, pues claro, todo no es color de rosa, pero tampoco todo es una constante lucha contra un supuesto destino que te quiere liquidar. A veces lo siento de ese modo, y otras, siento que soy el hombre más dichoso del mundo. Es un tanto contradictorio y me doy cuenta, pero, ¿qué se le va a hacer?

Hacía algún tiempo me autodefinía como alguien carente de rencores, que solía olvidar fácilmente las cosas que me hubiesen hecho. Me di cuenta de que no era así, y fue un hecho preciso el que me hizo reconocer ese defecto del cual intento retractarme, y cada vez que aparece algún signo que me lo recuerde, vuelve a mí ese sentimiento de amargura. ¿Por qué? Si yo decía que era lo correcto, que las cosas ocurrían por algo, que me sentía como ángel de la guarda en aquella situación, que era mi trabajo, y que la recompensa sería una sonrisa. Ahora me doy cuenta que los hechos ya están, la misión se cumplió, pero yo quedo de manos cruzadas y en soledad al respecto. En vano fueron las palabras de perdón, de gratitud falsa, de arreglar las cosas cuando ya era demasiado tarde… ¿Por qué? Ahora, ¿todavía existen oportunidades para que las cosas vuelvan a ser lo que antes? ¿Volver a creer en las personas fugaces que ofrecen amistad a cambio de un puente con el universo, aún teniendo en cuenta de que pueden desaparecer de la misma manera? No sé…

Y así estoy, ni triste ni alegre, simplemente, expectante ante el rencor que quiero olvidar, que me causa daño y me hace sentir mal. ¿Es acaso el orgullo una manera de exigir el respeto? Mostrar una imagen de alguien que no eres porque no quieres volver a sufrir, pues esas personas te hicieron pensar que el error eras tú… intento olvidar el daño, olvidar el rencor, quiero, pero no sé si pueda… ojalá Dios me respondiera lo que yo no puedo entender.


Saludos!!


Kinkan ®
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