martes, 18 de diciembre de 2007

El Goce de Escribir

Me pasé un buen tiempo pensando en qué podía escribir para mi blog, puesto que lo miraba día a día y sentía que lo estaba dejado de lado. Olvidé que, como toda persona que gusta escribir, pasa por momentos de “bloqueo” o de “sequía creativa”; proceso completamente normal que luego aumenta el goce cuando una nueva creación surge de tus manos. De hecho, estuve gran parte de esta tarde sentado en mi escritorio trazando ideas… el problema no radica en ellas, parece que radica en mí: he olvidado la forma de unir las ideas o bien estoy bajo un “cansancio sicológico” que tiene mis neuronas dormidas.

Y en ese momento surge el tema del cual estoy escribiendo en este momento; un tema que más de alguna vez he pensado, pero que nunca me había dado el tiempo de hablar de él: el goce de escribir. Para muchos es una tortura tener que dedicarse a leer libros –y mucha gente sólo lee porque en el colegio era requisito de alguna asignatura-, pero para mí es algo agradable que solía cultivar. Digo “solía” porque ahora es poco lo que leo, entendiéndose que con las bíblicas ediciones que tuve que leer durante el año he decidido tomar un descanso en esa área. Creo que disfruto más escribiendo, y luego releer es algo que me causa aún más placer: aunque suene ególatra, pero me alegro de leer alguna creación buena que yo mismo haya hecho al igual que critico los cuentos que son de mi desagrado.

Ahora retomando el tema del goce de escribir. ¿Acaso nunca te ha pasado que tienes muchas ideas en la cabeza que se transforman en historias que te dan vueltas todo el día –a veces por mucho más tiempo que un día- hasta que definitivamente las dejas en un papel? Es algo que suele sucederme constantemente. Será por el hecho de que todo ser humano siente la necesidad, en algunos instantes, de sentirse superior y Dios de una situación; pues claro, al escribir una historia, eres tú mismo el Dios que sabe todo lo que va a pasar y te encargas de ordenar las secuencias para que ocurra lo que tú deseas. Aunque a veces (y de manera personal, me sucede mucho), dejo de ser Dios y los personajes se me escapan de las manos como si fuesen ellos los que me moldearan a mí a hacer lo que ellos quieren: las historias toman vidas por sí solas y los que escriben parecemos tener la conexión de poder ver ese mundo paralelo y traerlo a los ojos del resto de los mortales. Parece como si pasásemos a tomar el rol de un médium o algo parecido.

Disfruto demasiado escribiendo y es algo que espero que nunca se acabe, que siga creciendo y me motive durante el resto de mi existencia. Creo que me introduzco en mi propio relato y lo vivo con tal emoción que puedo tener los sentimientos de los personajes y convivir con ellos. Escribir y crear historias te permite vivir nuevas aventuras que en la “realidad” quisieras vivir: pero, ¿acaso tu imaginación no es también una realidad? Y bastante importante, pues te acompaña por toda tu vida si sabes escucharla y cultivarla.

Todos somos personajes de una historia que nos supera. ¿Quién será el escritor de nuestra propia existencia? Y, quién sabe, acaso seamos capaces de escribir nuestra propia vida. Y así lo creo: debemos escribir una historia hermosa y saber disfrutar de los errores y los aciertos, hacer de nuestro mundo un lugar cada vez más agradable. Gozar de la vida, gozar de escribir y de leer.


We Will Become Silhouettes - The Postal Service
¡Saludos!


kinkan ®
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