domingo, 25 de mayo de 2014

El frío de mayo

Hacía algún tiempo reclamaba que el tiempo estaba extraño y que a esta fecha ya debía de hacer frío, pues bien, parece que al fin llegó el otoño con ese frío tan típico del valle, ese del cual tenia recuerdos por más de diez años viviendo acá en Quilpué. Claramente, un año viviendo en Valparaíso hace que uno pierda cierto grado de costumbre, como cuando llegamos la noche del 30 de abril y el frío del ambiente parecía el de un refrigerador. Ahora que estamos de regreso al invierno entre pequeñas montañas, el color del mundo parece ser diferente, como si tuviese un filtro de color azul, gélido, con cristales de hielo volando por los aires. ¿Dónde está mi gorro? Lo he buscado por todas partes y comienzo a resignarme de que el "I love London" no podría pasear por la calles durante este invierno.

Volvió la lluvia hace unos días y con ello, mi afición a cocinar cosas no-saludables. Volvieron las sopaipillas -esas que aprendí a hacer en España y que no hacía desde el 2010... wow- en un día muy húmedo en que esperábamos temperaturas casi bajo cero que, afortunadamente, aún no han llegado, pero todo dice que no se harán esperar mucho más. Ya no sé cuántas capas de ropa ponerme. Cerrar las ventanas temprano, mirar el cielo que se oscurece mucho antes de las siete de la tarde. Abrigarse y salir a observar el invierno que ya viene, esa creo que es la opción que me gusta más.

domingo, 11 de mayo de 2014

Los caminos de XS 200

Y con todo el tiempo metido en el trabajo, ya casi se me había olvidado que hace unos meses lancé un libro (exageración, claro). Afortunadamente, Marcelo Novoa no olvidó mi libro y me escribió un correo hace unas dos semanas para comentarme de la presentación que haríamos en Santiago para este viernes 9 de mayo. Al principio me rompió el esquema, porque debía ir a la capital, pero a otro evento: entrega de certificados del diplomado que tomamos el año pasado, pero luego lo pensé mejor y la oportunidad era clara. Fue por eso que me arriesgué nuevamente a una locura -esas a las que ya me estoy acostumbrando- y partimos hacia allá. Estuve a punto de llegar con retraso, casi como si me las quisiera dar de divo, pero fue el metro el que se encargó de crear esa ilusión sobre mi actitud. 

Creo que empezamos como con 10 minutos de retraso, tiempo en el cual pude interactuar con Jorge Alberto Collao, autor de la novela "Aunque tal vez solo seamos dioses de las hormigas" con quien compartiríamos espacio en la presentación de nuestros relatos. Es agradable tener la oportunidad de presentar en una ciudad más grande, con gente diferente y ritmos un poco más inquietos. Me pareció muy interesante la interacción que se produjo en relación al tema de la ciencia ficción y la fantasía, sobre todo en cuanto a las proyecciones del género y nuestras propias perspectivas del asunto. Asimismo, me doy cuenta que la literatura, muchas veces, nace en relación a los propios cuestionamientos y a la búsqueda de respuestas que encuentran cabido en la creación de ficciones, una sensación que me parece completamente magnífica. 

Gracias a ello, luego nos quedamos hasta el sábado recorriendo la gran urbe y disfrutando de sus encantos. Me agrada Santiago, me parece interesante. Ya buscaré una nueva excusa para volver, en busca de historias, en busca de quién sabe qué otras cosas. Lo que sí, es claro que hay muchas cosas que esperan por ser encontradas. 


miércoles, 7 de mayo de 2014

Tanto

La misma música de aquel entonces, los mismos sonidos nostálgicos, las mismas reminiscencias. ¿Acaso sería yo también el mismo? Claro que no, la piel envejece, los rasgos se acentúan y la mirada refleja el paso del tiempo. Cerrar los ojos y echarse sobre una silla a pensar: tantos años, tantas experiencias, tantas personas, tantos sueños. Tanto. La vida es tanto. Tanto. Tanto todo. Tanto universo. Tantas cosas por contar o por hacer y tantas búsquedas por el espacio para poder lograrlo. Tanto, tanto. Tantos caminos, tantos kilómetros. Tantas ganas de lanzarse a volar al fin, de dejar de aparentar que vives un sueño para vivir el que realmente quieres vivir. Ese momento en que empiezas a darte cuenta de que la vida corre más rápido, que las señales son fuertes y que todo este tiempo (tanto) ha sido para prepararte, porque la carrera comienza en cualquier momento.

Estoy esperando ese llamado para emprender el rumbo hacia ese sueño. Sé que vendrá, sé que nos hará felices, sé que podremos vivir nuestros sueños. Sé que hay que seguir creyendo y cada vez con más fuerza.

lunes, 5 de mayo de 2014

Sueños

Pensar en los sueños y saber que quieres lograrlos hace que vivas tu vida con mayor alegría y que las dificultades del presente se tornen más llevaderas. Había escuchado este consejo de un amigo, pero no le tomé el peso hasta hoy  que, realmente, pude ponerlo en práctica. Creo que estoy en esa fase de "no me importa nada" y "no me voy a calentar la cabeza", pensamiento que me permitió llevar un muy buen lunes pese a venir llegando de un entretenido fin de semana largo.

Volver a la realidad no es fácil y muchas veces es traumático, sobre todo si no estás completamente a gusto. Pero volver a recuperar la seguridad en la literatura me ha hecho recuperar la tranquilidad. 

Gozar de la vida, disfrutar el mundo, sonreír... El futuro es inquieto.

domingo, 4 de mayo de 2014

Y ya vamos por el quinto.

El año avanza a pasos agigantados y cada vez me cuesta más organizar mi tiempo. Al igual que el año pasado, voy contando los días en relación a la semana anterior y rápidamente me doy cuenta que paso de un miércoles a otro o que cada noche de día domingo me encuentro preparando nuevamente los insumos para la semana entrante. Alguien me dijo que la vida se pasaba volando, pero cuando era más pequeño el tiempo parecía calzarme de manera suficiente... ¿será eso de "la vida adulta"? Será que me estoy poniendo viejo, no lo sé. Solo observo que ya empezamos con el horario de invierno y todo se oscure más temprano, aunque se agradece tener más luz por la mañana al despertar. 

Llegó mayo luego de un abril que no se quería ir, que caía gotas de hielo que se va derritiendo (así de lento). El tema es que ya empezamos la segunda mitad del primer semestre y, entre feriados y actividades diversas, es inevitable notar que todo se nos viene encima. Me inspira el hecho de saber que las vacaciones de invierno estarán próximas y que, poco a poco, voy vislumbrando espacios para poder continuar creando literatura, mi cable a tierra que logra sacarme sonrisas en momentos poco gratos. Un nuevo mes de oscuridad, pero en el sentido enigmático de la inspiración: me encanta el invierno, me encanta la niebla, me encanta la humedad que queda en el ambiente. Me gusta esa búsqueda de luz, que a la larga es también una proyección de mí mismo en búsqueda de mi camino. Sé que parece el comentario de un adolescente, pero es de un adulto joven que busca nuevos rumbos para su vida: tengo claro lo que quiero hacer y estoy en busca de la oportunidad de lograrlo. 

Llega el mes del mar y he regresado a vivir a una comuna sin costa, cuec. Pero a veces creo que la ausencia del mismo me hace soñar más y desplazarme astralmente hasta sumergir mis pies en la espuma, en una sensación abstracta y agradable. Etéreo, quizás. Ya vamos por el quinto y mientras avanza, comienzan también los descuentos. Comienza el cuaderno 19 y tantas historias por crear, darle cabida a ese universo inquieto que quiere llegar lejos.

domingo, 27 de abril de 2014

Cuaderno 18

Y así como anteriormente señalaba que quiero vivir de la escritura y que me enfocaré en ello, el día viernes acabé mi cuaderno número 18. Es impresionante ver la cantidad de cuadernos que he ido acumulando desde que entré en conciencia de que la escritura era para mí mucho más que un pasatiempo y que, en definitiva, era a lo que me gustaría dedicarme. Recuerdo que tenía alrededor de 14 años cuando empecé a escribir de manera más ordenada -antes escribía en cualquier papel que quedaría tirado y olvidado, perdido en la mayoría de los casos-, dando más de alguna idea a mis padres sobre qué regalarme para navidad sin temor a equivocarse. Si bien, han pasado todos esos cuadernos y todavía no logro dedicarme tiempo completo a la escritura, creo que voy por buen camino y es algo a lo que me niego a renunciar. 

El cuaderno 18 apareció luego de casi 2 años en que me dediqué a escribir, exclusivamente, cuentos relacionados con mis aventuras, experiencias y ensoñaciones producidas en tierras europeas durante el año 2010. Claro que casi 120 páginas es poco para relatar todos los momentos que tuve durante esos seis meses, pero darse un espacio para dejar inmortalizadas muchas de mis imaginaciones me pareció justo y, claro está, siempre hay espacio para continuar escribiendo al respecto. El cuaderno 18 aparece precisamente después de ese viaje, dando espacio a una visión más realista en la que muchas veces estuve a punto de establecerme límites respecto a la creación: "solo lo que sea real y representable de manera más o menos fácil". Luego reflexioné y me dije que no podía limitarme... la escritura es una, un guión dramático y aplicable, otra cosa totalmente aparte. Fue así como recorrí nuevos mundos durante un año y casi 5 meses, período más breve que en otros cuadernos anteriores.

Fue agradable ver que la nota que dejé antes de comenzar a escribir este cuaderno. Hablaba de la frustración con la cual terminé el año 2012 y las proyecciones que tenía para el año siguiente, pidiendo no estar en el mismo lugar en el cual inicié ese cuaderno. Y así fue: 2013 fue de lo más inquieto y extravagante, fue un año de muchos cambios positivos y sueños. Me agradó ver que al inicio de ese cuaderno tenía el sueño de lanzar mi primer libro -al igual que en tantos otros cuadernos- y que, al fin, al terminar dicho cuaderno ya estaba concretado dicho sueño. No está de más decir que siempre sueño con más y más libros y que me motiva trabajar por ellos. Me motiva ver en la literatura una forma de escape, una forma casi de terapia personal. 

Me motiva pensar en un próximo cuaderno, el número 19, del cual no tengo ni la más remota idea de qué va a salir. Hay que dejar a la escritura ser.

jueves, 24 de abril de 2014

El bullicio puede ser música

Hoy sentí ternura al leer las poesías que escribieron unos alumnos, quienes me mostraban los textos con mucho ánimo y atentos a los comentarios que pudiese hacerles. Me recordó demasiado cuando yo tenía 15 años y me encontraba en ese mismo proceso creativo, aunque fui más tímido y no mostré mis poesías a todo el mundo: ese extraño celo de mi creación ha perdurado incluso hasta la actualidad porque, al fin y al cabo, vivir en el anonimato a veces tiene un toque bien romántico que agrada. Y es que hay que ser sinceros: a veces al artista le gusta ser sufrido porque, en ese sufrimiento, percibe los sentimientos del mundo y recuerda que tiene vida, quizá contradiciendo a Rubén Darío, que consideraría dichosa a "la piedra dura porque esa ya no siente". Estos días mi sensibilidad ha estado al máximo: todo me lo tomo al máximo y, posiblemente, le dé otra interpretación más allá de la que realmente podría tener.

Me alegré al leer estos textos, al hacer correcciones y frente a la mirada atenta de quienes esperaban las correcciones. Me alegré al leer un poco de esas cursilerías que, a esas edad, realmente nacen del alma y con las cuales es imposible no identificarse. Me hicieron recordar la búsqueda constante del ser humano y una serie de tópicos literarios... debo decir que ese breve instante me hizo sentir muy bien, darme cuenta que he ido pasando por diferentes etapas de la vida y que, como tal, otras nuevas vendrán. Me hizo volver a tener confianza en el futuro que comienza a construirse desde el presente. También pensaba en que, de repente, dejé de escribir poesía y no sé por qué. 

Creo que a veces es bueno detenerse, quedarse en silencio -sí, lo estoy planteando yo aunque parezca inverosímil- y escuchar el mundo. El bullicio puede ser música. El oído es un órgano que a veces nos cuesta ocupar y que otro ser humano realmente agradece. Quiero seguir mi camino, hacer eso que amo: escribir. ¿Será muy difícil? ¿Será una utopía? Creo que debo trabajar para que no sea así. Y si es lo que más quiero, llegará el momento en que todo conspire para que así sea. Quizás sea este el momento del entrenamiento, adquirir fuerzas y conocimientos, para que el sueño se acabe de concretar.

martes, 22 de abril de 2014

Recorrer la mañana

Me gusta recorrer la mañana. A veces estamos tan automatizados a salir de la casa al trabajo que no nos damos el tiempo de disfrutar detalles tan mínimos como la enigmática bruma que cubre nuestro camino y que, seguramente, nos hará pensar en una que otra historia. El mundo, en sí mismo, tiene tantos lenguajes que con un poco de atención podemos interpretar: tantos mensajes, tantas señales, tantas imágenes en movimiento. 

Hoy pude cambiar mi rutina de día martes pidiendo permiso por unas horas para realizar un trámite relacionado con cosas que me gustan. No es que no le dé importancia al trabajo, solo que le asigno el valor que tiene y le corresponde. He hecho lo posible porque no se transforme en mi vida y espero que así se mantenga, por lo tanto, hacer algún cambio de vez en cuando no le viene mal a cualquiera. A las 8 de la mañana tomaba el metro en dirección a la costa, para recordar viejos momentos. Al salir del túnel en la estación Recreo, sonreí con mucha alegría al ver el mar cubierto de niebla. Hacía frío, pero ese frío húmedo que es tan agradable y dulce. Las épocas de frío me resultan extrañamente inspiradoras, me dan ganas de observar y ponerme a crear historias. 

Recorrí la mañana desde el cerro al plan. Recorrí la mañana entre edificios antiguos y otros un poco más modernos. Recorrí callejones y tomé fotos. Recorrí la vida que está fuera del trabajo para regresar, en mitad de la jornada, a continuar con la misma normalidad cotidiana, pero con la certeza de que la vida siempre tiene cosas interesantes a las cuales prestar atención. Y, claramente, cada vez que me 'escapo', me doy cuenta de que es necesario y que debo buscar la instancia de hacerlo una vez más.

lunes, 21 de abril de 2014

Días de furia

Puede sonar super lamentable que una persona empiece a sentirse frustrada de su profesión cuando apenas lleva tres años en el sistema y es lógico que exista una serie de comentarios que te critiquen por señalarlo de esa forma. Todos podrían amontonarse para decirte que no te puedes rendir, que es muy pronto, que no entienden tus motivos y un largo etcétera, sin embargo, las personas involucradas en el medio quizás puedan entender en parte tu sensación. Hoy tuve uno de esos días de furia que hacía tiempo que no tenía y, lo peor, es que parecía como si hubiese comenzado en esa dirección, como si esa hubiese sido la finalidad y el destino de la jornada. 

Normalmente, suelen darme bajones de ánimo luego de descansos prolongados y creo que es hasta entendible. Sin embargo, desde anoche ya me sentía extraño al darme cuenta de que las noches de domingo no me gustan porque es el inicio de la semana y todo lo que ello implica. Gritar, gritar y luchar por mantener el orden. ¿Hasta qué punto esta situación es digna? ¿En qué punto pasamos a hacer de esta práctica una situación completamente denigrante en que tu trabajo pasa a ser pisoteada? He luchado no sé cuánto tiempo por intentar quitarme esa sensación, por despersonalizar -que no es nada contra mí-, pero todavía me cuesta. Hoy tuve uno de esos momentos, en que te das cuenta de que cuentas los minutos para que se acabe la hora y que todo el mundo se vaya. ¿Cómo controlar eso? ¿Cómo lograr cosas? A veces me parece una utopía.

Creo que me bajonié lo suficiente como para que se notara: mi silencio no es algo común, al parecer. Sin embargo, siempre aparece una pequeña luz en medio de la tormenta, para hacerte recordar que hay algo bueno por lo cual agradecer. Y aunque hay sido un detalle muy ínfimo que queda solo al nivel de posibilidad, fue suficiente para inyectarme de energía y volver a sonreír. Después de todo, esto de los días de furia parece ser parte de. Aunque, de todas formas, no tengo por qué aceptarlo por siempre.

miércoles, 16 de abril de 2014

Acupuntura

Hacía harto tiempo que estaba con alergia y aún no me explico bien por qué. Ya he ido un par de veces al dermatólogo, pero lo único que logro es que me den más medicamentos que son solo paliativos para el problema y el hecho de llenarme de pastillas nunca me ha gustado demasiado (sumado al cuantioso gasto que me significaba gastar alrededor de $50.000 cada vez que me aparecía algo). Fue por eso que empecé a buscar soluciones alternativas ya que he aprendido que la medicina oriental busca atacar el problema real y no atacar simplemente los síntomas, es decir, estaba en una búsqueda de la solución real para poder recuperar el equilibro; después de todo, considero que cada enfermedad crónica para por un desequilibrio energético. Fue así como llegué a la acupuntura por recomendación de la red y de algunos otros conocidos. 

Pedí la hora la semana pasada y hoy realicé mi primera sesión en la escuela de yoga Savittar, ubicada en Viña del Mar. Entrar al lugar me pareció un poquito extraño debido al aire tranquilo que se respira, una sensación agradable al fin y al cabo. Luego las preguntas de por qué buscaba acupuntura: alergia extraña, problemas de rinitis, un poco de ansiedad y nerviosismo. Y luego lo que sigue, las agujas. Es una de las primeras cosas que uno cree que pueden ser terribles, pero no lo son en absoluto. Es obvio que no es normal tener pequeñas agujas clavándote el cuerpo, pero es un dolor completamente soportable que al final produce relajo. De hecho, aún me siento muy relajado. 

Necesitaré 10 sesiones, al menos, pero creo que me motiva mucho más que estar llenándome de pastillas. Veamos si resulta. A veces es bueno arriesgarse con cosas nuevas, sobre todo si se trata de cosas naturales.