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martes, 31 de mayo de 2016

Tópicos comunes


Los rumores se olían en las paredes y las siluetas huidizas no hacían más que confirmarlo. Escabullirse parecía ser la opción más acertada de comenzar el camino de regreso al futuro ya que, en el fondo, no se sacaba mucho con insistir en regresar a los mismo tópicos comunes que solo se encargaban de degradar la madera de manera brutal y violenta. 

Fotografía: Calle Pratt, Valparaíso. 

viernes, 24 de abril de 2015

Nada.

Al moverte en el silencio, las siluetas se confunden en un aquí y un allá. ¿Qué es eso? ¿Qué es lo que veo? ¿Qué es lo que siento? Por un instante, huelo el hedor a vino que corroe las mesas olvidadas por el paso de los viajeros; las historias se cuelan en las bisagras que van y vienen como los vasos de alcohol proveniente del infinito. Las luces psicodélicas del recuerdo se confunden con un beso que nunca se concretó y una persona que jamás volvió a aparecer. Bailas a la deriva, te mueves sin pensar, haces el ridículo y no te importa. Estás poseido por el ritmo del vaivén de las olas del mar, de la espuma en la que duermes, de la nebulosa que tu mirada pierde en el horizonte.

No sabes dónde vas, no sabes lo que va a pasar, no sabes nada de nada. Tienes el futuro a la vuelta de la esquina y, por un instante, crees que tienes el control de todo: pero no sabes nada. No has visto ni la mitad de la realidad. No has visto más allá de tu burbuja, no has visto más allá de ti mismo. Pronto te enterarás de muchas cosas: la búsqueda terminará en un destino sorprendente y alegre. Hermoso y desconocido. ¿Los viste esta vez? Seguro, hablaste incluso, solo que no lo recuerdas.

De pronto, despiertas. No sabes lo que ha sucedido. No sabes dónde estás. No sabes nada. Nada. Nada de nada. ¿Flotas en el mar o a la deriva del pavimento sobre el cual ya comienza a quemar el sol? Comienzas a distanciarte de los años 20.

domingo, 5 de abril de 2015

Más allá de la cima de las montañas

Era como si algo en ese silencio le recordara a otro lugar. Algo así como una carretera extensa e interminable, algo así como una huida. ¿De qué huía? ¿De quién? Nunca en su vida había conducido un vehículo como aquel, acostumbrado solo a pilotear naves espaciales, pero era como si lo hubiese hecho toda su vida. ¿De quién huía? Sentía su corazón inusualmente acelerado: quizás no huía, sino que iba en busca de alguien. ¿Para qué? Las líneas de una carretera oscura perdida conducían hacia un cúmulo de luces que comenzaban un poco más allá de la cima de las montañas. La ciudad, la ciudad: la perdición. Levantó la vista en busca del espejo retrovisor y encontró una mirada que no era la suya, pero en la cual se encontraba. Fue en el momento en que se levantó del suelo y se dio cuenta que, por poco, hubiese muerto ahogado en una de sus clásicas apneas de sueño. Sintió el ruido de unas pisadas que se acercaban a ver que todo estuviese bien.

- ¿Sigues ahí?
- No hay muchas opciones de movimiento.
- Muy bien.

Nuevamente la soledad y frialdad de aquel calabozo subterráneo. Las cadenas en sus manos y tobillos lo hacían la presa más indefensa de cualquier bestia nocturna, de esas que abundaban en aquel desconocido planeta. Quizás, en algún momento, alguien se acordara de traerle ropa un poco más gruesa. El hielo colgaba a través de las paredes, donde veía el contorno de cuerpos congelados en el olvido. No, a él no le sucedería lo mismo.



martes, 24 de marzo de 2015

Encuentro

La observación persistió durante algunos instantes, era necesario captar cada detalle por muy pequeño que fuese. Se mantuvo en silencio a la espera de cualquier movimiento que, durante un tiempo prolongado, se remitía al vaivén del diafragma que se proyectaba tras su sombra. Era inevitable poner atención al extraño e inusual tatuaje en la planta del pie, algo que pocos se atreverían a hacer. Tuvo la intención casi instintiva de tomar un teléfono y llamar al resto del equipo para avisarle de que estaba próximo a cumplir la misión, pero el resto del equipo no existía. La soledad era su más fiel compañera en cada una de sus incomprendidas andanzas. Siempre era difícil lidiar con uno mismo.

Un movimiento encendió el estado de alerta al instante en que la sombra se levantaba y sacudía la toalla. Observó con más detalle el cuerpo de la víctima: era perfecto. Pensó en la carne, en los huesos, en los músculos, en las venas y en el flujo de sangre. Sus miradas coincidieron varias veces de improviso, sin darse cuenta. La sombra se alejó, dejando huellas que desaparecerían rápidamente tras la espuma. Se acercó corriendo, sin darle tiempo a decir nada. 

Cuando abrió los ojos, yacía sobra la mesa de disección junto a un paraguas roto y una máquina de coser a medio funcionar, a punto de clavar sus púas sobre la piel blanca y limpia cuya inusual marca se reflejaba en el espejo.


miércoles, 18 de marzo de 2015

Rodalies

La estación era gigante, mucho más de lo que pude haberme imaginado en un primer momento, casi como una visión surrealista. Caminamos, caminamos sin saber hacia dónde, sin saber por cuánto tiempo. Quizá esperábamos algo, pero lo que sí es seguro es que estábamos en busca de algo: eso que solo tú y yo sabemos denominar, aunque todo el resto ya se ha dado cuenta de una u otra forma. Caminamos por ese pasillo y conversábamos de la vida, de nuestra historia, del futuro. El pasillo blanco reflejaba la excelente iluminación de un sitio que parecía salido del futuro. Pero no: el futuro es diferente según los lugares en los cuales te encuentres, pues en algunas zonas el futuro llegó hace rato y, en otros, el pasado no se quiere ir jamás. 

Estábamos en el piso 9 y había que llegar hasta el primero. Nunca entendí cómo podía haber tantas líneas superpuestas en todos esos niveles. ¿Cómo aguantaba el peso? ¿Cómo no se caía? ¿Acaso en algún lugar se encontrarían en una misma línea recta? Solo pensé en el vértigo de una caída libre: la modernidad es acelerada en cada detalle de sus acciones. La cápsula descendió rápidamente, casi sin darme tiempo a sujetarme o a digerir ese anterior pensamiento. Llegamos al lugar y el bullicio era inexistente. No estabas a mi lado y no sé por qué, pero sabía que ya estabas por llegar. Quería que te apuraras antes de que el tren partiera. Rodalies. Eran diferentes a lo que me había imaginado, más bien parecía un antiguo vagón de tren parecidos a los del metro de Nueva York, según lo que muestran las películas. Estaba un tanto distante del andén, aunque eso no parecía ser razón suficiente para escuchar el melódico "tenga cuidado de no introducir el pie entre el coche y el andén". Llegaste, ingresamos de un salto. No sé por qué, pero recuerdo tus zapatos negros. Saltamos juntos antes de que la puerta se cerrara y el tren comenzara el viaje.


viernes, 5 de septiembre de 2014

Nueve meses

Han pasado nueve meses y no he asesinado a nadie, eso es un buen comienzo. Por más que empuño el cuchillo, no logro canalizar la energía para cometer un crimen. Quizá ya estoy demasiado viejo, quizá me estoy convirtiendo en un individuo socialmente aceptable. Aunque no lo niego: ganas no me faltan. Y no tiene nada que ver si su aspecto es desaliñado o de la mayor elegancia y sofisticación; para mí, esos son detalles completamente fútiles. Lo que realmente me exaspera es escucharlos hablar, descubrir su escacez de razonamiento y su absurda creencia de superioridad. ¿De qué superioridad me hablan, por favor? Son solo un grupo de imbéciles buscando qué hacer con sus vidas. Pero, espera... yo tampoco sé qué haré con la mía.

Hoy fue un dia especial. Al cruzar la calle divisé sus figuras y tuve la intención de acercarme, llevaba el cuchillo guardado, pero no me atreví. Uno de ellos se dio vuelta a observarme, notaron mi presencia inmediatamente y me saludaron con su cinismo de siempre. Mierda, otra oportunidad perdida. Seguí de largo, invocando a sus ancestros. Estaba pensando en planificarlo -como tantas otras cosas en la vida- para encontrar el momento exacto en que nadie se diera cuenta, al menos por el instante. Después de todo, la vida de ser normal ya me estaba aburriendo.

Me detuve de pronto. Mi cuchillo no estaba por ninguna parte. Ya sabía el resto. Escuché sus carcajadas cuando vi un chorro  de sangre que caía sobre la mesa.

domingo, 20 de julio de 2014

Táctica

Hizo el brindis mientras esperaba su llegada. Pasaba la hora y el vaso bajaba su contenido, ante la mirada inquieta del mesero que anunciaba que debía pedir algo más. Sabía que no podría esquivar su presencia durante mucho tiempo y que el francés tampoco le sobraba como para explicar la situación. Se limitó a sonreír varias veces, tanto que el mesero se alejó asustado. Buena táctica para salir rápidamente sin pagar la cuenta.


jueves, 12 de junio de 2014

Luces

El vaivén de las olas se convierte en un silencioso masaje para los pies, aferrados a las maderas de ensueño que se han aclimatado para la ocasión. A simple vista, nadie observa el movimiento: las sombras se mueven de forma tan cuidadosa que todo parece inexistente. Las olas a lo lejos se esconden, revientan en un playa solitaria, casi fantasmal. Y en eso, a veces recordaba sus extrañas intenciones, un tanto impulsivas, de lanzarse a las aguas para capear esos 30 y tantos grados que le hacían querer desprenderse de la ropa. ¿Por qué estaba prohibido sumergirse en esas aguas, si estaban a vista y paciencia de todos? Le importaba un comino si chocaba con una lancha.

En medio del vaivén, la respiración acelerada llegó a un punto terrible, casi fatal. Se detuvo en un grito y en la tensión de cuerpos que lentamente se volvían a relajar. Las luces de Venecia iluminaban el horizonte.


Fotografía: Venecia (junio 2010), Italia.

martes, 15 de abril de 2014

Partir

Los rieles del tren emiten chirridos al momento de detenerse y la gente se agolpa en las puertas del vagón. Todo lo que veo es el silencio de sus gestos y los latidos de corazones congelados. ¿Hacia dónde van? ¿Cuál es el destino? ¿Qué es lo que estás buscando tú? Las puertas se cierran y el movimiento regresa, las casas quedan atrás, las luces se transforman en una línea continua. No miro, porque sé que no quieres mirar, porque tiene miedo de lo que se puede encontrar. Seguir en el silencio, seguir como si nada, cruzar las mismas calles del pasado, pero en un presente distinto. Todo sigue igual, el tiempo se ha detenido, pero algo es diferente. ¿Cómo lo voy a saber? 

Pues he sido yo el que ha partido.

domingo, 23 de marzo de 2014

Aspiraciones expansionistas

Lo habían conducido caminando descalzo por varios kilómetros hasta encontrarse con la ribera pantanosa de aquel río temido por todos. Las puntas de las lanzas amenazaban con clavarse en su ropa hecha harapos producto del trayecto, mientras observaba los ríos de lava que descendían abundamente desde el cerro. Sabía que el agua era un lugar siniestro: ya había visto a varios ser comidos por seres extraños que jamás creyó que existirían. Sus pies, amarrados por los tobillos, tocaron la orilla y la frialdad del agua le estremeció. 

- Ya es hora.

La sentencia ya estaba hecha. Las lanzas se acercaron peligrosamente hasta obligarlo a avanzar. En un parpadeo cayó en el lecho de un río cuya profundidad no habían logrado determinar. Lo vieron desaparecer en el acto, a la espera de una señal de su muerte. Una mancha de sangre sacó los aplausos de los asistentes que, dando disparos al cielo, celebraban la captura de uno más de esos seres que venían de galaxias lejanas a apoderarse de sus recursos. 

Cuando se alejaban, observaron un ser -parecido a un dragón- que llevaba en sus dientes los restos de algo que parecían ser los ensangrentados pies de eso que, en algún momento, había sido otro terrícola con aspiraciones expansionistas.


martes, 18 de marzo de 2014

Valle desierto

El precipicio era el final del camino y el desenlace, algo casi inevitable. El atardecer era el silencio y los colores, la antesala de una pintura imaginada por un pintor surrealista. ¿Qué haremos esta vez? Ya hemos escapado tantos kilómetros lejos de la ciudad invadida por esos seres de formas difusas, ¿cuánto tiempo más podremos estar libres de ellos? La suela de su calzado estaba a punto de romperse y sus piernas, agotadas producto de un viaje sin fin. ¿Volar hacia lo lejos, volar sobre las nubes... cómo alcanzar esa altura con la finalidad de despegar los pies del suelo y olvidarse de lo terrenal, de una sola vez? Sus sombras se confundían en la penumbra que avanzaba rápidamente sobre ese valle desierto, donde los ecos de motores ultrasónicos no tardarían demasiado en rugir.

domingo, 16 de marzo de 2014

Luces de la noche

Claro, todos ya se fueron a dormir. La luz encendida se proyectaba sobre la ciudad que parecía estar durmiendo, aunque los ruidos subterráneos resultaban tan incómodos como el aire casi magnético que había espantado a las aves. Recostado en el suelo, jugaba a quitarse las sandalias y a probar la destreza de sus pies. Dos de la mañana, tres de la mañana, cuatro de la mañana. El sueño no llegaba. Miraba a través de la ventana en busca de alguna solución, pero unas cuantas estrellas que tiritaban parecían hablar en ese idioma universal que nunca había podido descifrar. El verano ya se iba, pero el sueño aún no llegaba. 

De pronto, un ruido en el vidrio le hizo asomar la mirada. Acaso sería un temblor, de esos que abundaban por esos días. Pero no. Luces juguetones, luces inquietas, luces difusas, luces que deambulaban en direcciones opuestas. Luces. Luces como las de una "pelota disco". Luces como las que había visto una vez, de pequeño, luego de caer al suelo y estrellar su cabeza contra el pavimento. Luces extrañas que se alejaron en dirección hacia las montañas para luego desaparecer. Luces que, incluso, algunas vez habían traído la invitación para viajar. No supo qué decir cuando las vio alejarse, haciendo un gesto de saludo a través de las diminutas ventanas de color verdoso.


Fotografía: Luna llena en Quilpué (14 de febrero, 2014)

sábado, 15 de marzo de 2014

Lanzarse

Al despertar, se encontró con las luces dando vueltas en el cielo. Las nubes tenían una forma extraña que cambiaba a cada segundo. Y el resto del mundo... Ya nada sabía del resto del mundo que comenzaba más allá de la orilla. 

Lanzarse a nadar o no, ese era el verdadero dilema. 


Fotografía: Las Cruces, El Tabo.

martes, 11 de marzo de 2014

El reino

Al detenerse en el lugar, sonrió complacido de lo que estaba viendo. En el cielo, las estrellas brillaban con tal fuerza que a ratos parecía no ver nada. Los planetas en el lejano horizonte estelar se confundían en una línea continua y difusa que llegaba a cualquier parte: el reino de todo el universo. El reino, el reino... la totalidad, lo incompleto, lo inalcanzable de lo alcanzable y lo lejano de lo más cercano. El pasto congelado y la ciudad detenida en el tiempo, las pulsaciones cada vez más lentas, los parpadeos cada vez más acelerados, los músculos inmóviles, la piel azulosa, los labios amoratados, el cabello oscuro, los pies que comienzan a correr, las huellas que desaparecen en el barro, el pasto congelado que se convierte en luz. 

Sonrió complacido de lo que estaba viendo.

lunes, 17 de febrero de 2014

Precipicio

El precipicio se extiende a pocos metros de aquí. Me han dicho que debo tener cuidado ya que en cualquier momento puedo caer. No sé, no sé si creerles. Llevo varios días caminando a la deriva y ya comienzo a angustiarme: no entiendo lo que sucede. ¿Por qué debemos huir? ¿Cuántos kilómetros más debemos caminar? Y hablar en plural parece una falsa cortesía... mis huellas han estado solo acompañadas de esa sombra que cada vez se hace más fina. Teme desaparecer. He visto pasar tantas luces, pero nadie ha sido capaz de verme. ¿Acaso será lo mejor? Acaso tendré que seguir aquí caminando hasta encontrar algo.

Mis pisadas se pierden en la arena, me hundo, creo que desaparezco. Abro los ojos y el ruido de un motor se acerca. Electroshock. No reacciono. Electroshock nuevamente. Línea continua, no hay movimiento. Todo desaparece.

martes, 28 de enero de 2014

Antes de volver a dormir.

Así como un día me perdí en los alrededores de la Estación Méndez Álvaro, ahora me detengo en los asientos de una estación abandonada en medio del desierto. Desierto de edificios abandonados por algún motivo desconocido donde aún quedan algunos rastros de esa extraña civilización que de un día para otro decidió desaparecer sin ningún motivo. En la cima de las construcciones se observan las luces que indican el camino a otros restos de viviendas hundidas en la tierra.

Pero en el fondo, me mantengo sonriente, porque sé que estás esperándome sentada en el primer asiento del tren rumbo a Toledo. Me darás la mano, me abrazarás, nos besaremos como lo hemos hecho durante estas más de mil noches juntos, pero tendrá un sabor diferente, porque cada beso es siempre diferente: por eso sonreímos, porque es como si nos volviéramos a conocer una vez más.

Y nos abrazamos, como siempre, antes de volver a dormir.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Luces de sábado por la noche

Las huellas en la arena se perdían en el horizonte: ese camino incierto, confundiéndose con la oscuridad de la penumbra, con las luces de las estrellas que se esparcían por el cielo. El paso del tiempo solía ser como un segundo o como una hora, daba igual. La espuma llegaba a sus pies mientras observaba las luces que iban y venían por las calles: todo el mundo acelerado y su interior tan quieto, tan sereno. Muchas veces, tan ajeno.

Y, en el fondo, las luces se encendían hasta la infinidad.

martes, 25 de junio de 2013

El guardián de la noche

Y en medio de ese silencio sepulcral, los lápices arrojados en el suelo se levantaron de su lugar en dirección al estuche que anteriormente los había guardado. El muchacho, recostado sobre la mesa, no entendía bien cómo había sido todo: de un momento a otro, sus útiles escolares volaban por los aires a la velocidad de la luz. La sala de clases estaba fría como siempre, con ese hilo de luz que se colaba a través del cieloraso que no soportaría un próximo terremoto. Su mundo era confuso y su mirada, esquiva. No entendía nada, nada de lo que sucedía. 

Dibujaba cosas extrañas en su cuaderno cuando se dio cuenta de que, hacía mucho rato, el timbre de salida ya había sonado. Miró a través de las cortinas y se encontró con una luna enorme que se reflejaba sobre el mar. Se habría quedado dormido cuando todos ya habían partido de regreso a sus casas y se encontraba en la inevitable tarea de convertirse en el guardián nocturnos de la vieja escuela. Sus compañeros serían los fantasmas de antaño y el ruido de aquella gotera que, durante las clases, tantas veces le había quitado la concentración. ¿Qué dirían de él al día siguiente?

Cerró su cuaderno y guardó los lápices en su mochila: la clase de matemática ya había terminado.

domingo, 23 de junio de 2013

Super Luna en Noche de San Juan

El reflejo de la ventana y el silencio de las velas de una cena casi congelada. Corren los hilos sobre los cristales, el hielo que se avecina en las nubes parece ser la melodía de ensueño en que se acurrucan los amantes sobre la alfombra, donde le deseo ha sido más fuerte que la prudencia. Y en ese silencio del vapor de la piel agitada, se alzan las luces de una ciudad que nace sobre el horizonte.

- ¿Qué es eso que se ve más allá, detrás de las nubes?

Quizás serán los barcos adormecidos por el vaivén de las olas, acaso el recuerdo de un rumor oculto, quizás una historia perdida. Los marcianos escriben mensajes sobre la superficie de la luna que crece, se hace enorme, que parece que pronto va a caer sobre nosotros. ¿Seremos capaces de salir corriendo? La luna y su reflejo cantan canciones en el silencio de un pensamiento que no duerme. A lo lejos, se oye una trompeta desafinada, más abajo los pasos sobre la madera congelada. Hacia un lado, las risas de los vecinos en su jolgorio dominical y las copas de vino que vuelven a hacer brindis.

-¿Qué es eso que se ve más allá de las nubes, sobre el horizonte?

No lo sé, no lo entiendo. Los reflejos sobre las copas y las velas que decoran una mesa por la cual la cena ya pasó. Los cuerpos abrazados sonríen y el vapor sobre las ventanas revela esas palabras que ya fueron escritas y que, probablemente, puedan volver a suceder. Sonríen frente al espejo, ¿qué es lo que van a ver?

miércoles, 19 de junio de 2013

02. Queen's Walk

Las huellas iban quedando marcadas sobre esa nieve inexistente que, quizás, en algún momento volvería para poder ver. Los edificios, el silencio, las miradas, las caminatas y el ruido incansable del movimiento subterráneo: cada simple detalle se convertía en una de esas melodías de ensueño que lo acogerían en su regazo. Caminaba con lentitud, captando cada momento como un recuerdo.

Las luces de la ciudad se empezaron a encender, al momento en que el reflejo difusa de la capital generaba un atractivo espectáculo sobre el Thames. Cruzar nadando las gélidas aguas del hemisferio norte, sumergirse hasta encontrar los tesoros ocultos bajo sus arenas o, quizás, dar un salto hacia los barcos detenidos a la espera del momento oportuno para partir. El Westminster Bridge estaba cerca, pero las luces provenían desde Lambeth. ¿Acaso sus sospechas respecto a Trethmore podían llegar a ser ciertas? Se cuestionaba una y otra vez lo que estaba próximo a suceder que, posiblemente, también habría sucedido en algún momento previo: la historia es cíclica y tarde o temprano, todo vuelve a su punto de origen. Pensaba en los espirales, torbellinos, en la música de un bar, en el vaso de vodka naranja que le había producido cierta resaca al despertar. Las luces provenían de todas partes, pero estaba seguro de que nadie más podría percatarse de la situación.

- Lith, ¿eres tú?

Y se atrevió a romper la regla del idioma oficial, con cierto temor a que algún transeúnte se detuviera a observarlo. Debía pasar lo más desapercibido posible, tarea que no resultaba del todo difícil en un ambiente de grandes urbes europeas inundadas de vidas humanas chocando entre sí para poder encontrar espacio dentro del transporte subterráneo. 

- Lith, ¿eres tú?

Su voz era casi inaudible: cualquier actitud podía despertar sospechas y esa situación era lo que debía evitar. La temperatura rodeaba los cero grados y sacar las manos de los bolsillos era impensable, pese a llevar guantes y vestir muy abrigado. Sentía la humedad del ambiente y todo le hacía pensar en una próximo nevada que acabaría ocultándolo dentro de un montón de hielo. El Queen's Walk parecía un lugar completamente seguro para dar un paseo a la espera de la señal.

Fotografía: Queen's Walk, London, England