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martes, 23 de abril de 2013

The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore

Hoy 23 de abril se celebra un nuevo Día del Libro en el cual se recuerda la importancia de la lectura en nuestras vidas y, gracias al recuerdo de una profesora de universidad, cabe considerar que no solo se trata de la literatura sino que de todo tipo de textos. Claro está: existen libros de cocina, de química, de historia... y todos ellos tienen el mismo valor para la sociedad en cuanto al legado cultural que transmiten. Creo que es la primera vez en mi vida que esta fecha no pasa desapercibida ya que he estado vinculado, desde el ámbito académico, a las actividades que se han estado desarrollando en el establecimiento donde trabajo. Y, por otra parte, contextualizar la actividad me ha llevado a descubrir nuevos aspectos relacionados.

En ese sentido, mientras planificábamos cómo contextualizar la actividad, recordé un cortometraje que había visto alguna vez: The fantastic flying books of Mr Morris Lessmore. Esta espectacular historia sin grandes diálogos nos habla de un hombre que descubre en los libros una vida llena de color, de inspiración y, por sobre todo, de alegría. Me parece bastante emotivo e interesante, recordando el valor de la lectura en nuestra vida cotidiana. A veces es bueno apagar el computador y darse un instante para leer algo, aunque sea una línea: un nuevo mundo puede aparecer desde nuestra imaginación.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Playlist tesístico

Cosas que pasan... el fin del mundo se venía apoderando de mi computador desde hacía algún tiempo y me vi en la obligación de formatearlo. Todo ok, el problema es que luego de aquel formateo perdí las listas de mi iTunes. Lo positivo es que todavía me acuerdo de algunas y es por eso que, a continuación, mencionaré aquellas melodías que acompañaron mi trabajo tesístico durante todo el primer semestre de este año, una época en que disfruté mucho la investigación y que, sin lugar a dudas, descubrí el que quiero sea mi camino. Allá va. 

1. Gold Panda - You


Esta pieza musical, cuya categoría desconozco, resultó una grata compañía durante algunas noches de trabajo en que el tipeo de una y otra idea me obnubilada del mundo. Quizás esa atmósfera húmeda y oscura de las noches de mayo, quizás la ansiedad provocada por la incertidumbre del futuro y la confusión de diversos sonidos. Grandes recuerdos.

2.  Gold Panda - Marriage (Baths remix)


Otra de las canciones que descubrí en mis constantes investigaciones de Youtube: un sonido extraño que me anticipaba el final de mi tesis con una sonrisa. Su sonido que avanza y a veces se acelera se confunde con los recuerdos esporádicos de finales de mayo. 

3. Portishead - Wandering Star


Ese típico sonido oscuro y envolvente  de este grupo británico que tardó más de 10 años en lanzar su tercer disco que, claramente, se alejaría un poco de su sonido noventero. Esta música, precisamente noventera, marca el avance entre varios apartados de aquel trabajo investigativo que tendría buenos frutos. Una melodía pulcra, quizás algo monótona, que convierte la fantasía en una realidad.

4. Herbert - The audience


Esos encuentros en Poblenou de Valparaíso y el sonido típico de una atmósfera lounge que invita a mirar el mar, junto a una copa de vino blanco y unos quesos para el picoteo. Sí, esa es la sensación que me produce esta canción que acompañó mi trayecto creativo desde finales de abril, más o menos. Imaginación acompañada de té verde Lipton y huevos duros, en plena medianoche.
5. Gotye - Somebody that I used to know (feat Kimbra)


Canción que sonó bastante por ese semestre, lo que guarda directa relación con un regalo de Machuca, traído directamente desde Buenos Aires. Momentos hipster que se traducen en una buena melodía capaz de acompañar, gratamente, el trabajo. Recuerdos de algunas desilusiones laboral que ya pasaron y que, espero, algún día darán paso a satisfacciones.

6. Joy Division - Atmosphere

No sé bien qué es lo que sucede con esta canción, pero hay que admitir que su sonido suave y oscuro invita a la imaginación y creatividad. Compañía para mediasnoches en el mundo de las ideas. 

7. Memoryhouse - To the Lighthouse


Esta melodía fue, sin lugar a dudas, la fiel compañera de todos esos momentos de ansiedad en que quería escapar del mundo. Y así fue: con el solo hecho de acomodar los audífonos en mis oídos y echar a correr esta canción era como si me desconectaba del planeta tierra y mis pies empezaba a despegarse del suelo en un vuelo sobre las nubes. Inspiración de más de algún cuento, motivación para más de algún mal rato en aquella práctica profesional que me dejó con la autoestima por el suelo.

jueves, 18 de octubre de 2012

Cosas de 'colegio'

Me carga. Así de simple: me carga que les den todas las posibilidades a los alumnos y que resulten impunes de sus actos. Me carga que les den justificación a todo y que no tengan ninguna responsabilidad, que te ninguneen como quieren y que siempre tengan la razón. Me carga ser siempre el que tiene la culpa de todo: de que los alumnos no entren, de que no pongan atención y de que tengan pésimas notas. Me carga que siempre me acaben arruinando el día. Me carga que no quieran crecer, que no tengan ni siquiera comprensión auditiva. Me carga que sean tan estúpidos, sinceramente. Me carga que la droga los tenga así. Me carga que me carguen, porque se supone que no debiese ser así. Me carga que el estómago se me revuelva cada vez que pienso en que tengo que entrar a una sala de clases.

Me carga. Simplemente, me carga. Como el hecho de que un alumno reaccione violentamente contra mí, me agreda e insulte y luego los inspectores no hagan nada. Me carga, porque se supone que yo tengo la culpa. Que el engendro del demonio no sepa comportarse es problema suyo, no tengo por qué yo andar lidiando con eso. Me carga tener miedo de ir a hacer clases por temor a cómo vayan a reaccionar. Me carga que el odio sea mutuo. Me carga todo: los directivos imbéciles cuya voz dulce te dice que nada está tan mal, porque ellos no hacen clases. Me carga no tener apoyo de quienes deben hacerlo, puesto que son los mismos que subliminalmente te culpan. 

Me carga esta mierda de colegio que recibe a la chatarra más mugrosa e inmunda del mundo. Me carga, me carga, me carga. Me carga que me hayan hecho sentir tan mal. Me carga que, por culpa de ellos, mi día haya oscurecido. Y, con mayor razón, cuento los días que faltan para poder decirles adiós.

miércoles, 17 de octubre de 2012

"Vengo a calentar el asiento"

Dentro de mis constantes reflexiones y cuestionamientos por la situación actual de la educación y de mi propia labor como docente (sí, soy docente y todavía repito en mi cabeza el constante WTF de por qué estoy aquí), el día de hoy comentaré el caso de un alumno que nunca hace nada en clases, que está en las nubes y que, por lo que me he enterado, es adicto a la marihuana en segundo medio. Difícil situación, aunque en la actualidad ya es pan de cada día, desgraciadamente. Sucede que este alumno nunca hace nada, ni siquiera entrega las evaluaciones y le importa un reverendo comino si es que le pongo un 1. ¿Cuál es la motivación de esta gente? 

Me acerqué y me senté a su lado para conversar de la manera más cercana que me fuera posible. Le pregunté qué cuáles eran sus expectativas, qué era lo que pensaba de su vida. El pollito no sabía qué responder, pareciera ser que nunca antes se había cuestionado el hecho. Le pregunté entonces que para qué venía al colegio si realmente no quería aprender, que mejor se quedara en su casa: me responde que lo obligan a ir a clases y que, definitivamente "vengo a calentar el asiento". Su respuesta era bastante lógico, después de todo, ya que lo único que hace es calentar el asiento y, a veces, encender una llama. Una vez lo vi con los ojos desorbitados... ¡en clases! y, por lo que me comentan otros colegas, la situación es permanente. No quiere hacer nada. Le dije que mejor trabajara o algo y me dice que hable con su apoderado porque a él no le hacen caso. Finalmente, no pone atención a lo que le digo y yo ya me aburro de decirle que, de continuar así, tiene más que asegurada la repitencia y que, obviamente, yo no haré nada para ayudarlo si él no cambia su actitud. Estamos en octubre y hay gente que no se da cuenta de que sus notas los llevan directo al precipicio. Reitero mi pregunta: ¿cuál es la motivación de esa gente?

¿A qué van al colegio? ¿Para qué se levantan? ¿Qué es lo que esperan del mundo? ¿Acaso tienen sueños? ¿Acaso creen que podrían lograr salir de ese mundo? ¿Acaso piensan que sus vidas siempre serán iguales? ¿Habrá alguna forma de decirles -y que realmente lo comprendan- de que las drogas no los van al llevar a ninguna parte más que al propio fracaso? Muchos de ellos ya tienen hijos, ¿qué es lo que quieren para ellos? No lo sé. A veces creo que no entienden lo que está sucediendo y que nuestra sociedad está haciendo un pésimo trabajo para hacer que la humanidad crezca. Me sentí como si le hablara al aire y que todo lo que intenté aconsejarle se le olvidó en 2 segundos. Simplemente, lamentable que haya gente que caliente el asiento cuando hay otros que, queriendo y teniendo las habilidades, no podrían acceder a la educación que tanto les podría ayudar a superarse. 

Ese es el panorama actual de la educación. ¿Deprimente, no? Por lo tanto, es importante cuestionarse más de alguna vez si es que se decide a optar por carreras de pedagogía. Y claro, que las autoridades no se cuestionen porque nadie quiere hacer clase en colegio y que todos los profesionales acaben emigrando a otros rubros en busca de mejores condiciones laborales y económicas. En lo personal, me estoy aburriendo de la mediocridad; de sentir que mi trabajo no es valorado y que, como profesor, siempre tengo la culpa de todo. Me aburre que cuando saque a un alumno de la sala lo devuelven, convirtiendo el castigo en un juego. Me aburre que las autoridades de educación no tengan idea de lo que es hacer clases, lo que se evidencia en las reglas que suelen imponer. Me aburre el sistema que nos lleva a la estupidización máxima. La paradoja es que me motiva, porque la experiencia que se va adquiriendo me va dando más y más conocmientos, más y más deseos de seguir estudiando y salir volando cuanto antes.

martes, 16 de octubre de 2012

Mi primer día del Profesor.

Con los jolgorios y sonrisas, música y celebración de antaño... no. Tiempos en que los alumnos se preocupaban de hacer algo entretenido para sus docentes... no. La evaluación de mi primer día del profesor es simple: una mierda. Sí, y lo digo con palabras que podrían distar del lenguaje esperado para un profesional de la educación que debe esforzarse porque esas mentes ineptas aprendan cuando en realidad quieren vivir eternamente de subvenciones del estado porque les da lata trabajar. Lo dije y qué. Una completa mierda que solo pierde un punto negativo por el hecho del asado que nos hicieron que, después de todo, tenía carne dura. Soy un criticón de mierda que no me gusta nada, incluso soy un poco taimado porque lo ideal habría sido que este día me lo hubiesen dado libre: menos complicaciones para todos, apelando a la lógica y todo lo demás. Pero como dijo una docente el día de hoy, "los que pensamos de manera lógica, no estamos dentro de las autoridades"... no sé si textual, pero algo así.

Me dio una lata tremenda -en el sentido medio depresivo, esa rabia que en realidad es pena- ver el poco interés de los alumnos por celebrarte: esos abrazos medio forzados o alguna alumnita estúpida (sí, realmente, estúpida porque es obvio que no tiene cerebro) que te saluda como por compasión y se ríe con esa risa estúpida que demuestra que su programa favorito es Yingo. Otra flaite que te mira y no te dice nada, mientras tú te ríes para tus adentros, pensando en que no va a llegar a ninguna parte más allá del caño de algún cabaret... y ni eso. (¿No me estaré yendo al chancho con mis comentarios? En fin... es mi expresión y punto, no acepto censuras en mi espacio, así que si no le gusta, no lea ni me venga a vender ideologías estúpidas). Darte cuenta que el Centro de Alumnos no llegó a la hora para hacer el supuesto acto que tenían preparado y pasar toooda la mañana sentado haciendo nada fue lo que me produjo lástima por mí mismo: ¿es esto lo que quiero? ¿Trabajar eternamente para gente que no te quiere ni valorar? Lo positivo, la caja de compensación envío una torta que estaba bastante deliciosa y de la cual, de pura depresión, me repetí dos veces.

Eso fue mi primer día del profesor. Me sentí completamente ausente y vacío en medio de toda esa falsedad. Afortunadamente, mañana ya es miércoles y es mitad de semana: vamos, año escolar, ándate de una puta vez que quiero mi dinero y mis vacaciones.

lunes, 15 de octubre de 2012

Titulación

No había tenido ni tiempo de detenerme a escribir y reflexionar respecto a todas las cosas que han estado sucediendo. Llegó ese día que soñé por mucho tiempo: acabar la universidad y recibir el diploma que acredita tu carácter profesional que, según dicen, te da cierto estatus y debiese asegurarte, relativamente, un sueldo que te permita vivir de manera decente. Llegó ese momento y tardé algunas horas en darme cuenta que la escena vivida ya la había soñado hacía mucho tiempo, quizás alrededor de los7 años cuando recién era un niño que apenas sabía del mundo y que mucho menos pensaba en qué sucedería más de 15 años después: a veces el ser humano tienen la capacidad de ver un poco más allá de la línea del horizonte.

Debo admitir que en un momento no tenía mucho ánimo de ir y que vestirme de terno no me hacía sentir precisamente cómodo. Es muy probable que solo haya sido parte del nerviosismo, porque luego sentí que se me aceleraba el pulso y casi ni podía hablar al ver que faltaba poco tiempo para que me llamaran adelante a entregarme el diploma y las fotos y todo lo demás. Fue agradable encontrarme con gente que no veía hacía mucho tiempo y ver que ya todos estamos iniciando nuestras vidas laborales, con nuevos proyectos. Recibí el diploma, sonreí para las fotos y luego me alegré de ver que tenía a la Eve a mi lado: es como si todos mis deseos universitarios se hubiesen cumplido. Al parecer, así fue y hasta el día de hoy me sorprendo, positivamente, de que así sea. 

Regresé a casa con nostalgia al saber que la universidad ya se acaba: casi 6 años que dejan su recuerdo y aprendizaje, que se despiden moviendo una mano y diciéndome que el camino aún es muy largo y hay mucho por encontrar. ¿Qué será lo que sigue? No lo sé, pero ya tengo algunas ideas.

miércoles, 18 de julio de 2012

Examen de grado

Llegó el gran día de conclusión de mi carrera universitaria y, para hacerlo en grande, correspondía la defensa de mi querida tesis. Aunque parezca extraño para muchos y demasiado nerd para otros, el trabajo en mi tesis fue la única actividad académica que realmente disfruté, ya que mi práctica fue una experiencia muy negativa y ocupé esta instancia para disfrutar de la vida: fue así que realmente me sentí feliz de leer miles de textos y de pasar varias horas a la semana escribiendo, corrigiendo, redactando y buscando nuevas formas para desarrollar el estudio. Me encanta la investigación y creo que esa es la línea que me gustaría seguir, pero ya veremos qué es lo que dice la vida. 

El reloj despertador suena a las 06.10 a.m. y vuelo a la ducha en estado zombie, inerte y muerto de frío: los valles intermontanos son mucho más fríos de lo que yo mismo creía. A las 07.30 pillaba la micro rumbo a Viña para llegar a 5 oriente a eso de las 08.15, pillar un colectivo que me dejara en el Campus María Teresa Brown de Ariztía fue rápido e ingresé, expectante, a eso de las 08.30. Media hora para la presentación de tesis y todo sereno, ni un alma, todo duerme alrededor, se congela el mundo y todo lo demás. El séptimo piso del edificio del ILCL nos esperaba con el proyector enchufado, a la espera de mi computador para ordenar todo. Llegó la gente, las fotos, los abrazos, la buena vibra, los buenos deseos... pero me mantuve tranquilo y, extrañamente, sin nerviosismo. A eso de las 09.10 ingresamos a la sala para comenzar la exposición que me tomó poco más de 20 minutos y continuar con una ronda de casi 30 de preguntas: sufrí, tirité, pero sobreviví. Luego fue el turno de Nicole y mi tortura académica de esperar por mi nota (y la evidente tortura académica de la Nico de esperar por su presentación). El reloj marcaba las 10.30 de la mañana cuando al fin pudimos salir de la sala rumbo a ver a nuestra gente: miedo. Los cinco minutos de deliberación fueron eternos y mi corazón se aceleró todo lo que no se había acelerado durante la preparación: tuve miedo de la nota porque las preguntas habían estado bastante intensas. Finalmente, nos llamaron para darnos el veredicto final: un 7 en el trabajo semestral y un 7 en la presentación que fue catalogada como "excelente". No me lo podía creer.

Abrazos, felicitaciones y genialidad: acabó mi carrera y comienza la vida profesional. Alegría, risas y un almuerzo en La Colombina de Valparaíso coronaron la celebración. Fue genial ver a mis amigos y familiares acompañando este logro... y ahora quedan muchos vuelos más por emprender. Gracias por todo. 


lunes, 9 de julio de 2012

Mi tesis lista

Y, finalmente llegó el momento: la tesis ya está impresa y mañana la entrego. A esperar lo que se viene para la próxima semana.


Fotografía: Mi tesis impresa.

miércoles, 27 de junio de 2012

El Té de despedida

Hoy fue extraño: entregué uno de los últimos trabajos de mi era pedagógica y la sensación de vacío era enorme. Por más que intentaban anunciarme que se trataba del final de la carrera y de que la vida universitaria comienza a decir adiós, no logro sentirlo como algo real: ¿es que acaso me quedé con el gusto de querer seguir siendo eterno estudiante? ¿Ahora me adheriré a marchas solo para quedarme eternamente en la universidad? Nada de eso, definitivamente. Es extraño ver que ha pasado una de esas etapas que parecía lejana, que si bien es compleja, con esfuerzo se puede llegar a buen puerto. La reunión comenzó a eso de las 17.30 cuando los profesores llegaron a un salón para compartir un té, torta y pancitos de cocktail para realizar alguna de las últimas conversaciones con quienes guiaron este proceso que odié durante el 80% de su desarrollo y que ahora comienzo a mirar con nostalgia. La vida se convierte en temores e incertezas, como siempre, pero ahora más que nunca: pensar en trabajar en algo que no quiero me aterra un poco, pero es el precio de haber tomado una decisión que, finalmente, confío que haya sido la mejor. La vida misma se encarga de llevarlo a uno hacia el camino que corresponde y creo que si no es el camino exacto, estoy muy cerca. 

Me agradó volver a tener esa conversación con la gente del círculo y ver que, después de todo, seguimos teniendo la misma buena onda de siempre y que los recuerdos parecen estar siempre vivos. Me agradó notar el interés por saber de nuestras vidas y ver que aún continúa el cariño de siempre, que las relaciones pueden permanecer pese a ciertas caídas que marcan el camino. Vi que esa puerta no está abierta y me dolió un poco, pero ya se abrirán otras que serán para mejor. Comienza el inicio de esa temida era pedagógica de la cual reniego, pero por la cual ya opté. ¿Qué es lo que sucederá? No tengo ni la más mínima idea: que la vida sea la que me lleve al lugar donde debo estar.

lunes, 25 de junio de 2012

Aprendizajes de la vida

Formas de evaluación existen muchas y varias instituciones se sienten empoderadas para plantear criterios que pretenden ser verdades universales aunque, claramente, seguimos contando con nuestro libre albedrío de tener nuestra opinión respecto a su eficiencia (pero, muchas veces, debemos aplicarlas igual). Y es inevitable que todo se traduzca a un número -apetecibles, odiables, deliciosos y malditos números- que, se supone, será un diagnóstico relativamente estándar de nuestras habilidades: con el paso del tiempo, comienzo a comprobar que los mayores aprendizajes de la vida no son cuantificables en cuanto a números, sino más bien, en cuanto a acciones concretas que uno debe llevar a cabo. Porque el aprendizaje real se refiere a conductas que debemos aplicar durante toda la vida, donde el carácter funcional de las mismas sea lo primordial.

Hace unos días había revisado mi pauta de evaluación de la práctica final y no estaba conforme con el resultado puesto que el número no era excelente como hubiese querido. Como es lógico, me molesté y no lancé, precisamente, rezos ni alabanzas a los santos del cielo sino que todo lo contrario: es este sistema numérico obsesivo que nos obliga a pensar en torno a números. Un poco molesto, envié un correo a mi profesora mentora para poder conversar la situación y su escueto "ok" como respuesta parecía incrementar mi molestia. Finalmente, hoy se dio la instancia de conversar: le comenté que el papel podía decir muchas cosas y lo que a mí me importaba eran los comentarios que ella pudiese hacerme, porque la finalidad de todo el proceso era mi aprendizaje. Accedió y de muy buena manera me comentó detalle a detalle de la evaluación, sorprendiéndome su buena disposición. Y fue así como me fui dando cuenta de que la evaluación estaba hecha a conciencia y que, en gran medida, estaba de acuerdo con lo que me estaba planteando: mi ira inicial por no tener el máximo fue descendiendo al ver que, de todas formas, mi evaluación daba cuenta de un proceso de aprendizaje que daba como resultado algo positivo. Pese a que pudo haber sido una situación completamente destructiva para mi autoestima o algo parecido, no lo fue en absoluto y, por fin, logré escuchar comentarios respecto a mis fortalezas. Me alegré de que al fin pudiese sentir algo de valoración por todo el tiempo empleado en esto.

Finalmente, creo que me di cuenta de que no todo se traduce en una nota y que, como siempre, los mayores aprendizajes uno los va adquiriendo a diario. Es claro que el tiempo es el que irá diciendo lo que va a suceder y cómo nos iremos desarrollando, donde lo más importante es el esfuerzo por avanzar hacia una mejoría considerable. Creo que, después de todo, estos meses me han servido para afianzar mis conocimientos y explorar nuevos rumbos: una experiencia interesante para mi profesión que, si bien, no fue en condiciones ideales, creo que me ha enseñado muchas cosas que luego podré poner en práctica y, de paso, quitar un poco mi visión negativa de todo. Siempre se puede seguir adelante y el futuro se proyecta mejor. Allá vamos por ello.


miércoles, 13 de junio de 2012

Cuantitativo correlacional causal.

La espera tuvo frutos: casi media hora de espera para poder ingresar a mi clase de tesis, la revisión del marco metodológico y del informe del estadístico respecto a la muestra que obtuve para mi análisis. Todo lo que se da vueltas en mi cabeza corresponde a tesis y se repite al unísono: tesis. Pero no es algo que me desagrade como lo es la práctica, muy por el contrario, es lo que más me motiva. En un primer momento, me asusté al ver que mis resultados eran diferentes a lo que estaba esperando y que, definitivamente, no podré cumplir con mi hipótesis: lo que uno busca es rechazar la hipótesis nula y en mi caso, es la que se confirma. Aunque parezca un fail, no lo es en absoluto: simplemente, el estudio dio ese resultado y ahora me toca explicarlo. Explicar, explicar. Al menos ya sé que mi estudio corresponde a uno de tipo cuantitativo correlacional causal, de carácter no experimental, donde el proceso de inmersión pasa a ser un factor. Aunque parezca que hablo en chino y tiro una serie de ideas a la parrilla, espero poder ordenarlo todo en mi cabeza para luego lanzarlo sobre el papel... ¡y defenderlo! Porque ya hay fecha.

Y ahora vuelvo a eso que en algún momento temí: los números. Ya se acordara la Eve de aquellas ocasiones en que me decía que debí haber estudiado estadística: algún talento de predicción había en esas palabras. El problema es que mi inteligencia humanista me dificulta un poco entender tanto número, valor-p, potencia, significatividad al 5% y una que otra condición más. Queda un mes para ordenar todo y creo que es suficiente. Me motiva muchísimo este momento.

lunes, 11 de junio de 2012

Realidades y expectativas

Y, finalmente, el día de la supervisión llegó. En un primer momento pensé que no sucedería ya que mi supervisor no llegó a la hora, pero pasados 5 minutos lo vi en la puerta y entonces ingresó para situarse en el fondo de la sala y comenzar a observar una de las clases que, disciplinarmente, creo que ha sido de las peores. Por un momento sentí bastante frustración al sentir que todo lo que había logrado durante este semestre se iba a las pailas, que me evaluarían pésimo producto de la mala conducta de los estudiantes y que todo lo que me habían dicho -que se portaban bien cuando venían los supervisores, que eran deferentes, etc- se iba a la misma mierda. Realmente los odié, porque nunca antes se habían portado tan mal como hoy. Aunque, para ser sincero, debo reconocer que tampoco preparé demasiado la clase y que, dentro de lo que se puede, resultó bastante bien. 

Salí de la sala con la intención de llorar, con un nudo en la garganta y queriendo lanzarles una mesa por la cabeza: probablemente, cumplir con mi deseo oculto de lanzar alguno por la ventana para producir temor. Pero no se puede, la moral profesional es más fuerte en estos casos (claro, porque a estas alturas me importa un comino la calidad humana). Lo positivo del asunto fue la evaluación final del supervisor quién me dijo que, con lo que había visto, ya podía sacar una nota: en un primer momento, miedo. A mi mente regresó la imagen de bestias salvajes en la jungla tocando tambores y saltando de un árbol a otro. Pero fue mucho más positivo de lo que pensé cuando me comenta que la estructura estaba bien y que mi método, en general, era bastante bueno. Una que otra impresión de hacerlo de otra forma como sugerencia, pero me llevé una buena observación y eso me levantó considerablemente el ánimo. 

Expectativa: los alumnos participando de la clase de manera activa, en silencio, como "buenos ciudadanos". 
Realidad: bullicio, salvajismo, simios colgando de un árbol y haciendo bochinche.

Expectativa: que la reacción de la profesora mentora fuese "genial que te fue bien" "yo también estoy de acuerdo con tu evaluación" "valoro mucho tu trabajo", etc.
Realidad: indiferencia y... más pruebas para revisar.

Expectativa: ¡Váyanse todos a la misma mieeeeeeeeeeerda!
Realidad: "Ya, chicos, nos vemos el jueves y continuamos trabajando" (dicho con una sonrisa)

Expectativa: Poder llegar a dormir y descansar, arrojarme sobre mi cama y olvidarme del mundo real para sumegirme en el mundo onírico.
Realidad: Desarrollo de trabajo de investigación acción para práctica final. 

Así es la vida, ya queda menos de la práctica e intento darme ánimo con el humor: solo 4 semanas y ya está.

lunes, 9 de abril de 2012

"Estoy cayendo en lo mismo"

A propósito de una conversación con Chris, uno de los gringos con los cuales trabajo por Middlebury College, me doy cuenta de que la práctica profesional lleva a caer, inevitablemente, en una serie de acciones/reacciones  que en algún momento critiqué bastante duramente: es que la teoría dice que... es que no puede ser así... es que no cabe la menor duda que eso está mal y quienes la llevan a cabo también lo están... etc. Y resulta que parece que esa "maldad" está pasando a ser parte de mi esencia: wow. 

En mi época de colegio, aunque más bien en mi época de estudiante universitario de la "escuela" de pedagogía de la PUCV surgió mi duda respecto a muchas de las metodologías desarrolladas por nuestros profesores, las cuales fueron, obviamente, objeto de nuestra "visión crítica" en relación a las cosas que considerábamos estúpidas, pero que igual resultaban. Fue en ese contexto donde tuve la desgracia de leer a muchos autores que se autodenominaban como didactas y una serie de apelativos para subirse el pelo, cuando en realidad se trataba de un grupo de ociosos que se les ocurrió que sabían de educación y se pusieron a escribir estupideces que, claramente, demuestran que no tienen ni la menor idea del mundo. Qué Marco para la Buena Enseñanza... qué Pautas para una buena clase... pure shit. Lo que más he notado es que muchas de las cosas que estaban en la lista negra con las que, efectivamente, resultan. 

Hoy fue el caso de la nunca bien ponderada guía de aplicación que tanto deben estar odiando mis queridos estudiantes. Y es claro que tener que hacerlas cada cierto tiempo, aburre: confieso que tampoco me agrada demasiado realizarlas, sobre todo cuando se trata de temáticas que debo revisar por obligación. Y, finalmente, estoy cayendo en lo mismo que alguna vez critiqué, pero viendo que los resultados son pertinentes a lo que espero. Crap. Qué es lo que estoy haciendo. Aunque, a la vez, debo reconocer que confiesa a gustarme esa actitud de feel like a boss de demostrar que soy yo el que manda al final, luego de alguna clase en que no he tenido la atención que quiero. Finalmente, es el profesor el que debe tener el sartén por el mango aunque sin abusar, pero, mientras tanto, es bueno disfrutar ese pequeño poder, solo por un instante. 

Y, claramente, mientras se pueda, sonreír con actitud desafiante mientras piensas: Who's your daddy now, bitches? Prometo que no lo haré eternamente y que, en el fondo de todo, quiero que aprendan.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Preguntas de investigación

De pronto, sin avisos previos -quizás sí, de hecho, venía anunciándose de hacía tiempo-, sin concursos ni sorteos, me doy cuenta que el año está avanzando de una manera bastante extraña. El otro día escuchaba que anunciaban que ya se nos estaba yendo marzo, por lo cual podríamos pensar que está sucediendo muy rápido, aunque creo que este mes ha sido interminable: probablemente, la mejor estrategia sea decirle adiós lo más pronto posible. Adiós, adiós, adiós, que te vaya bien.  

Aunque los pasos agigantados del año también me dan un poco de temor: si bien, julio es la meta esperada de este primer semestre (con su consecuentes y merecidas vacaciones de invierno, espero), significa el término y evaluación de mi práctica final y, más importante aún, la entrega y defensa de la tesis. Simplemente, wow. Comienzan a cumplirse esas etapas que uno piensa que no llegarán nunca porque se ven tan lejos y resulta que ahora están en la puerta de la casa, esperando con la maleta para entrar. Los objetivos empiezan a hacer exigencias: hay que actuar para poder conseguir lo que uno quiere. Y se viene. 

Mi tesis comienza a entrar en tierra firme y me produce una ansiedad bastante positiva, porque el tema me interesa mucho: siento que la investigación puede resultar interesante y, en el fondo, me gustaría que esto pudiese proyectarse en la creación de estategias específicas para solucionar dicho problema. Creo que se puede y, de tener la posibilidad, me gustaría continuar en el área. Por el momento, comienza el plan de trabajo de armar las partes: la introducción es lo primero y ya debo entregarla la próxima semana. Un pequeño paso para mí, significa un paso definitivo en el desarrollo de mi investigación: investigación cualitativa y preguntas de investigación (a diferencia una hipótesis como tal). Es un poco extraño a lo que pensé que haría en un momento -debido a la costumbre de que siempre tiene que ser de una forma, porque se supone que tiene más peso y toda esa shit-, pero creo que es agradable saber que nos hacemos el quite mutuamente con los números. 

En fin, esto recién comienza y ya pronto comenzaré a escribir. Nuevamente: wow.

martes, 27 de marzo de 2012

Improvisación

Un docente debe ser capaz de estar alerta y cambiar los planes cuando la situación lo requiere: debe ser "el rey de la improvisación". Hoy mantuve una conversación bastante seria con mi profesora mentora respecto a mi desempeño en el aula y, definitivamente, creo que tenía mucho de razón. Fue una conversación necesaria que, si bien podría haber sido considerada como un reto, lo consideraré como un consejo. Pero un consejo de esos que si no tomas en cuenta, el único perjudicado serás tú. A veces es necesario creerse el cuento del rol que el docente ejerce dentro del aula y del respeto que uno debe recibir de los alumnos, apelando a diversas estrategias mediante las cuales se demuestra la autoridad sobre el alumno.

Es interesante ver que la teoría dista considerablemente de la práctica: la teoría habla de la perfección que debiese haber dentro de la sala de clases, por lo cual uno se da cuenta que los autores no han hecho clases jamás en su vida. La mejor forma de aprender es mediante la experiencia de otros que ya han experimentado la labor y, por lo tanto, pueden dar fe de lo que efectivamente sucede. Todavía quedan varias semanas para aprender.

jueves, 22 de marzo de 2012

No es lo que quiero.

Afortunadamente, ya puedo mirar atrás y ver que ha pasado la segunda semana de práctica. No tan afortundamente, comienzo a darme cuenta de que las cosas se comienzan a poner cuesta arriba. Es claro que ese tipo de situaciones es recurrente y, en cierta medida, lo esperado, pero es inevitable que esto nos pille desprevenido.

A veces me siento absolutamente perdido: que los instrumentos que fabrico son incoherentes o que las clases que estoy realizando no le sirven a nadie. He debido contener momentos de furia interna con la sola finalidad de no destruir el ambiente y proseguir hasta el final, "todo va a pasar". A veces creo que necesito un poco más de apoyo, que a algunas personas se les olvida el hecho de que soy practicante y, como tal, estoy en un proceso de prueba en que el apoyo es lo fundamental para poder realizarme profesionalmente. A veces no sé ni lo que quiero... por más que trato, me cuesta pensar que sea esto lo que vaya a hacer por el resto de la vida y, si me cuestionan si es lo que quiero, debo decir que claramente no lo es.

Me gusta enseñar, pero no me gusta la pedagogía. Me gusta mi disciplina, pero me interesa un comino si un niño malcriado no me quiere escuchar. Pero, claro, saldrán los supuestos didactas a decirte que "debes ser profesor" en todo momento como si fuésemos máquinas, olvidándose de que tenemos vida, amigos, preocupaciones y que requerimos descanso. Seguro que ellos han hecho alguna clase a lo largo de su "tremenda experiencia". ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a soportar este tipo de detalles? Me cuestiono por el solo hecho de que esto recién es el comienzo y que el ejercicio oficial puede ser aún peor. No sé. Me gusta enseñar, pero no sé si tenga la paciencia para soportar a gente que no quiere aprender.

lunes, 19 de marzo de 2012

Primer día de "profe".

Creo que hasta el momento mismo de estar frente a una sala con 35 alumnos no me había sentido nervioso. Quizá en el momento en que iba en la micro a la altura del Reloj de Flores, mirando el mar. Tal vez en esos 20 minutos previos al inicio de la clase, con esa costumbre mía de llegar temprano a todos los lugares "en caso de que pase cualquier cosa". Fue así como vi que el reloj avanzaba y que ya marcaba las 13.50 con un timbre que me anunciaba el inicio de un cambio de rol dentro del aula: "buenas tardes, profesor Cristian". Me suena extraño, pero al fin y al cabo, de a poco me estoy acostumbrando. 

Si bien, pensé que podría surgir algún imprevisto o que no se llevaran las actividades como yo quería, resultó todo de la mejor manera: incluso en cuanto a la participación por parte de los alumnos. Es sorprendente que la inquietud de los alumnos no solo se traduzca en desorden y conversación constante, sino que en una intención marcada por responder las preguntas que se hacen y participar. Me agrada - y a la vez, me desafía- el tema de que nunca quede un espacio en que nadie quiera decir nada. Creo que para ser la primera clase, no estuvo mal: claramente, debo hacer cambios en algunas cosas, aunque es lo lógico.

Ahora solo quisiera poder dormir por toda una semana y olvidarme de que existe ropa formal con la cual asistir al establecimiento. Pero no se puede... el trabajo continúa y espero que no sea hasta más allá de la medianoche: se inicio otra semana y, a la larga, espero poder organizarme de manera de tener tiempo para dormir.

martes, 13 de marzo de 2012

Mi primer día de práctica

Antiguamente -"cuando teníamos el ombligo en la frente"- hablaba de mi primer día de clases y creo que no resultaba una fecha especialmente alentadora, considerando el fin de las merecidas vacaciones y el descanso sin fin que cualquier persona anhela tener, incluso más de alguna vez pensé en que el orden debiese ser al revés (9 meses de vacaciones y 3 de clases). Sucede que esta semana comencé el que ya fue mi primer día de colegio, pero desde una óptica diferente a la de un alumno: ahora desde el rol de profesor. Y resulta ser una tarea importante, teniendo en cuenta que, de una u otra forma, esa instancia nos constituye como guías de la formación de gente que luego se desempeñará en diferentes ambientes de la vida. Evito pensar en la tremenda responsabilidad que ello implica, pero de vez en cuando conviene plantearselo para tomarle el peso a lo que se está haciendo.

A eso de las 13.30 del día lunes 12 de marzo, llegué al colegio. El ingreso fue diferente, teniendo en cuenta que ya comenzaban a conocerme y, a la vez, el establecimiento se me comienza a hacer más familiar. Los profesores estaban almorzando y fue el momento en que pude conversar con algunos de ellos, escuchando consejos y sugerencias: "no seas simpático, sino estricto y luego te vas relajando en el camino", consejo bastante sensato teniendo en cuenta mi experiencia anterior en que me las di de simpático y salí para atrás. Creo que el momento más interesante fue durante esos 30 minutos de espera, en que reflexionaba respecto a todo el proceso de la carrera y, lo más reciente, de la dificultad para conseguir una práctica final: parecía mentira que todo comenzaba, aunque tuve miedo de que ese inicio tal vez no llegase. Me di cuenta de que soy capaz de realizar muchas cosas y estoy dispuesto a potenciar esas habilidades. 

Creo que me ha agradado el ambiente y el sistema por el cual se rige el recinto, cuyas normas me resultan sensatas y racionales. Quizás preferiría otra vestimenta, pero al fin y al cabo, no se puede ir contra la experiencia solo porque se me ocurrió. Si bien, existen algunas dificultades tales como dar el puntapié inicial, creo que vamos por buen camino. Me quedan 23 clases por planificar (solo llevo 1), pero ya es un avance. A ver cómo resulta todo esto. 


martes, 24 de enero de 2012

Teóricamente, ya soy profe

Al ingresar a mi carrera, he de confesar que con suerte conocía el total de la malla de asignaturas que cursaría. Cuando ya pasaba a segundo y tercero me comienzo a enterar de la existencia de un ramo cuyo nombre "Trabajo de titulación" me resultaba tan lejano, ajeno y quizás inalcanzable. El fugit irreparabile tempus no tiene presencia solo en la literatura, sino en la vida misma y recién lo empiezas a comprobar cuando te das cuenta que aquella etapa ha concluido y que, en estos momentos, ya lo miras hacia atrás bajo el rótulo de "pasado". Aunque, en primera instancia, no le he querido tomar demasiado el peso a la situación -teóricamente, ya soy profesor-, algunos llamados, mensajes, presencias y abrazos me hicieron entrar en razón y darme cuenta de que lo que estaba ocurriendo era algo mucho más grande de lo que imaginaba: un gran paso hacia el famoso "ser profesional" que he escuchado en reiteradas ocasiones.

Si bien, no es el fin de la carrera y aún faltan algunos pasos importantes para poder presentarme al mundo y decir que, efectivamente, llevo un "título" bajo mi brazo, creo que es una buena instancia para celebrar y reconocer los avances, los logros que hemos logrado en el camino. De darme cuenta que en cada una de estas etapas he tenido la compañía y apoyo de gente grandiosa y que, en gran medida, los sueños se van cumpliendo en la medida que avanzamos en el camino. Todo está llegando a buen puerto y creo que seguirá así: pondré todo de mí mismo para que así sea. 

domingo, 22 de enero de 2012

Verano en clases.

Cada día me parece más extraño pensar que estamos en enero, que hace calor y que lo único en lo cual no quiero pensar es en el tema "universidad". Pero las cosas se dieron de una manera diferente a la esperada y, en estos momentos, aún estoy concluyendo con las últimas actividades académicas para luego poder llegar, definitivamente, a esas merecidas vacaciones. Aunque sé que solo será un mes, estoy dispuesto a aprovecharlo al máximo y todo parece demostrar que ese es el camino hacia el cual todo va apuntando. Hasta el momento, puedo sonreír y decir que he concluido con todos los cursos y solo estoy a la espera del examen del trabajo de título, el cual es obligatorio y que me tiene un poquito ansioso, pero confío en que todo saldrá de lo mejor.

Una semana trabajando en la recepción de documentos y peleando con la gente que no sabe leer. Una semana en que el gimnasio de la casa central de la PUCV se demuestra tal y como es: ínfimo y sin oxígeno para tanta gente que, seguramente, haría subir la temperatura hasta unos 30º mientras nosotros, por órdenes laborales, debíamos contar con un cortaviento en pleno verano. ¡Linda la cuestión! Aunque, finalmente, se apiadaron de nosotros y oyeron nuestras súplicas: llegaron los ventiladores para salvarnos del calor infernal del interior. Ahora solo queda esperar el punto final: el lindo cheque con una cifra no demasiado ostentosa, pero suficiente para salvar el verano y cantar en la playa soñando que me encuentro en Ibiza. Soñando con ese verano que se acerca, esas vacaciones que aspiran a tener algo diferente que me agrada: nada me lo confirma, pero es un pequeño buen presentimiento de que he de encontrar mucha de esa buena energía, inspiración y motivación para enfrentar todos los desafíos de este 2012.

Increíble pensar que, además, acaba el penúltimo semestre de mi carrera y que en marzo ya comienza el último. Me parece extraño pensar en el hecho de ser ex-alumno y, más aún, que dentro de muy poco tiempo llegaré a la tan esperada etapa de la titulación. Simplemente, cuático.