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martes, 11 de agosto de 2015

La odisea de llegar al trabajo

Dije que lo iba a escribir y estoy aquí, luego de no sé cuánto tiempo en que ya no sé ni qué escribir en el blog. Proceso creativo orientado a la sequía o más bien, simple cansancio. A veces creo que no sé qué decir, como si se me estuviesen acabando las palabras. En fin, como terapia paliativa ante esta situación compleja, he decidido volver a estas pistas y comentar algún suceso de la vida, por muy estúpido e irrelevante que pueda parecer. He aquí.

Este fin de semana hubo un tremendo temporal que dejó todo en desorden. Algunos dicen que fue un huracán encubierto -algo así como que no lo han dejado salir del clóset- y otros que fue la corriente del Niño y blah blah blah. Lo cierto es que nunca había visto olas tan altas ni calles costeras hechas polvo. Y como tal, hubo consecuencias bastante complejas como el colapso del sistema regional de metro que se ha convertido en mi medio de transporte diario. Podría tomar micro y dejar de quejarme, es cierto, pero realmente es mucho más cómodo el transporte semi subterráneo (semi, porque son solo cuatro estaciones subterráneas y el resto en superficie). 

Habían dicho que nos quedaríamos sin servicio por una semana como menos, lo que ya resultaba abrumador. Pero gracias a sus buenas gestiones -lógicamente, la empresa siempre se va a echar muchas flores y tratar de quedar como héroes- lograron que funcionara un tramo que para mi alegría, es el que utilizo. Maravilloso. Anunciaban una frecuencia de 12 minutos y, saliendo el primero a las 06.37. Confiado, llegué a las 07.09 porque correspondía uno a las 07.13. Sucedió que el tren en cuestión no pasó hasta las 07.24 cuando ya mi paciencia colapsaba. De haber pasado a la hora, hubiese llegado a la hora a mi trabajo, situación que no fue así. Al fin y al cabo llegué cinco minutos tarde.  No es tanto, lo sé, pero para una persona extremadamente cuadrada como yo resultó terrible, pensando que puedo tener descuento y todo eso. 

En definitiva, me dieron ganas de golpear a quienes dieron mal la información. Ahora no sé si mañana arriesgarme a tomar el tren nuevamente o vivir la adrenalina de viajar en micro. Y pensar que antes no me hacía ningún problema. ¿Qué ha sucedido conmigo? ¿La adultez y sus odiosidades se han apoderado de mi vida? 

Creo que debería aparecerme más seguido por estos lados. 

miércoles, 3 de junio de 2015

El paso del tiempo

Me duele el paso del tiempo y ver que las cosas van cambiando. Sí, aunque suena una incoherencia considerando que he dicho varias veces que estoy buscando que las cosas sean diferentes, pero me duele cuando sucede con algunas que quería que se mantuviesen inmutables. Así como el signo lingüístico, la vida tiene cosas que se mantienen y otras que no y, en teoría, es fácil de entender. Me siento como un extraño dentro de un mundo en el cual cada vez tengo menos cabida, donde cada vez me empiezo a sentir más solo. 

Extraño esas salidas de fin de semana a caminar por Valparaíso, cuando no tenía miedo de ser asaltado y pensaba que la vida no era un riesgo. Hacerse viejo implica sentir miedo, querer encerrarte en tu casa y pensar en tener todo controlado, ¿no es así? Cada vez me cuesta más escaparme del "espacio de comfort" y arriesgarme, pese a que lo he hecho en este último tiempo y, en ese sentido, puede que esté un poco más relajado. Pero el ritmo de vida hace que las personas se distancien por uno u otro motivo. Eso es lo que me duele, que cueste tanto coincidir y, además, que haya personas cuyo proceso sea el motivo del alejamiento, de manera inevitable. La gente evoluciona de manera diferente y otros, al parecer, no quieren evolucionar. 

Es triste sentir ese vacío y es un proceso que me ha costado un poco. Más que nunca quisiera tener el tiempo para poder desaparecer dos días enteros, sumergido en literatura. Ya quiero que llegue ese momento en que mi proceso creativo sea el sustento y no deba alimentar otras ilusiones que no sé dónde van a llevar. Es hora de aprender que la gente realmente importante es muy poca y, en el camino, parece que el número se va reduciendo. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Go on!

Changes. Maybe, this year will be the time for changes. But, what do I want to change? Many things, all the time I've been thinking that my life isn't enough. I'm looking for satisfaction and now I think I'm getting it. I've learned to find happiness in small details of daily life and it's making me feel better. Now, I'm closer to face a new change and it scares me, anyways. 

Change to somewhere better, that's for sure. So, what's the problem? It's time to go on!

miércoles, 1 de abril de 2015

Abril

Con el paso del tiempo, marzo se me pasa cada vez más rápido. Definitivamente, creo que es algo muy positivo ya que dicho mes no suele ser conocido por sus bondades: fin definitivo de las vacaciones y el regreso al colapso constante del transporte, de la ciudad y de todo. En mi caso, me doy cuenta de que todos los servicios funcionan pésimo y es algo que me produce tanto dolor de cabeza que a veces me quiero tirar por la ventana. Y entre reclamos, furia desatada y más de algún ataque extraño, llegó abril... "algo" mil. 

Recuerdo que en mi infancia aplicaba el dicho "abril, lluvias mil" porque era el inicio de la época de precipitaciones, del frío, de la ropa impermeable y todas esas cosas. Era la época en que aún llovía, ahora el clima está tan extraño que ya no se sabe. Finales de marzo nos sorprendio con una tormenta eléctrica en medio de temperaturas muy cálidas, cosa bastante rara en estos lados. Ahora ver las noticias y pensar en el desastre del norte de Chile, lamentable. Las lluvias se vuelven locas. Lo que sé es que, en esta fecha, ya no debería hacer el calor que todavía hace: 28 o incluso 30 grados. Se supone que ya debería empezatr a bajar y que este año la corriente del niño, blah blah. No sé. Quizá hasta haya un terremoto. 

Hoy empieza, nuevamente, otro mes de abril. No sé si tengo expectativas (sí, claro que las tengo, siempre las tengo), pero creo que dejaré que las cosas pasen.

lunes, 30 de marzo de 2015

Oportunidades

Es cierto que a veces uno ruega por tener oportunidades que tardan mucho tiempo en llegar, incluso, a veces no llegan. Es cierto que en esos momentos lo único que haces es reclamar por todas las cosas malas y se te olvida que, al fin y al cabo, la vida es lo suficientemente sabia como para entregarte lo que necesitas en el momento justo. Creo que a veces lo peor es tener demasiadas opciones, porque siempre que optar por algo tienes que, obligatoriamente, dejar otra cosa de lado, lo que te deja el inevitable cuestionamiento de qué hubiese sucedido si hubieses elegido ese camino.

Este año, según he leído, será un año bastante intenso: el año del infinito, el año de cambios, el año de los deseos. Creo que lo he notado desde un principio, al haber cumplido varios sueños desde un comienzo. Incluso he sido lo suficientemente atrevido como para pedir cosas de manera desesperada con la convicción de que iba a ser escuchado y, nuevamente, salgo sonriente. Comencé el año sintiendo que se avecinaba un cambio: había una serie de coincidencias que hacían que mi estado actual no calzara. Algo estaba mal y no había caso, no quería resultar. Fue el momento de que se encendiera un deseo fuerte y de recuperar la confianza; fue el momento en que se gestó un cambio tan rápido que apenas tuve tiempo de asimilar. Un cambio que merecía, sin lugar a dudas. No se trata de jactarse de un supuesto poder, sino que se trata de recuperar la confianza. Pensar en cambios trae a la mente una serie de fenómenos que pueden ser, incluso, un poco violentos: terremotos, cambios de clima o cualquier otra catástrofe natural. Pensar en cambios también significa dejar que el pasado se quede en donde está para poder mirar hacia el futuro: el futuro es la oportunidad, hermosa y desconocida. Pero lo mejor de todo es sentir que tienes la capacidad de ser tú mismo quien ejerza dichos cambios, o al menos que puedes formar una parte importante en la gestión de los mismos. ¿Quién puede cambiar tu vida si no eres tú mismo? 

Creo que el destino no se ha cansado de enviarme señales potentes de lo que puedo hacer, de lo que soy capaz. Más allá de un ser en potencia, es hora de comenzar a ejercer la acción: el movimiento. Podemos modificar nuestras circunstancias si queremos, es más, es casi nuestro deber llegar más lejos. Cerrar los ojos y ver mucho más allá, sentir que los pies dejan el suelo y alcanzan esas alturas que parecían imposibles. La sensación es realmente gratificante cuando, pese a que tienes algunos puntos negros externos que empañan tu tranquilidad, haces el balance y ves que todo sale a favor: la suma es positiva.

Ahora, el problema es el tema de las oportunidades que aparecen en tu horizonte. ¿Qué pasa cuando, luego de que encuentras la estabilidad, aparece algo que hubieses querido con ansias en otro momento de tu vida? Está en tus manos ejercer el cambio, pero algo en ti te dice que no, que no es el momento o, más bien, que no quieres. Por un instante quieres descansar y detenerte, poner los pies en el suelo por un tiempo para poder respirar y recargarte de energía. Hay mucho por hacer, está claro, pero vamos de a poco. Y ese es el momento en que decido que no, que dejaré pasar una oportunidad que podría ser buena. ¿Cuál es la razón? El corazón. Pensar con el corazón me ha traído muy buenas consecuencias, me ha traído las mejores oportunidades. Es difícil estar en ese momento en que vislumbras un escape que anhelabas, pero tu corazón te dice que aún no. Sé que eres sabio, corazón, tienes una sabiduría infalible, sé que vislumbras algo mucho más allá.

jueves, 5 de marzo de 2015

Haber

He debido romper la realidad un par de veces. He debido dar saltos, recibir y provocar heridas, seguir adelante, saltar y vivir el riesgo de caer. He sentido la adrenalina al oír el rugido del motor de un avión a punto de despegar y luego he volado sobre las nubes: he visto el cielo azul desde ultramar. He soñado, he pedido, he atraído.

No ha sido fácil, no, las decisiones siempre son difíciles. Partir implica dejar algo, pero también es ver un horizonte nuevo. Comenzar de cero cada vez quizás no sea sano, pero me resulta necesario de vez en cuando. Que difícil es sentirte parte de algo, que difícil es creer. Que difícil es saber que eres el motor de tus propios cambios.

Son tantos sueños. Es tanta la esperanza.  Hoy, quizá mucho más que en varios momentos, siento que algo grande está por suceder.

lunes, 26 de enero de 2015

Que la vida nos deje

Es difícil empezar cuando ya ha pasado mucho tiempo: el silencio es una condena, las rejas impiden ver más allá, aún cuando sabes que el mundo exterior es tan grande y diverso. El mundo está esperano tus movimientos y empiezas a recordar que tienes el control: you can do anything you want. Cierras los ojos y eres capaz de visualizar, imaginar, soñar. Vuelves a soñar aunque tienes miedo, siempre es difícil volver a despegar los pies del suelo cuando ya has estado mucho tiempo fijo. No es fácil volver a abrir las alas, no es fácil levantar la mirada y ver un horizonte iluminado de historias: de Quijotes, de palabras, de historias que llegaron hasta ti.

Pensar en el viaje que se acerca es pensar en el sueño que se cumple, otra vez. Pensar en tantos otros sueños que siento, como nunca, que se van a cumplir. ¿Es el momento en que llegará la oportunidad de dar ese tremendo salto que he estado esperando? ¿Podré, al fin, acercarme a lo que realmente quiero hacer? Es paradójico pensar que la vida misma también puede ser una ilusión, aunque de esa ilusión has logrado ver tantas sonrisas y recibir tanto amor. Quiero dar el salto y el querer es una magia muy fuerte. La magia de las palabras se torna tan fuerte y poderosa que sé que lo podremos lograr. 

Que la vida sonría, que la vida nos haga felices, que la vida nos deje escribir buenas historias.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014

Así de rápido siento que nos deja este 2014, un año acelerado que no podríamos señalar como un año fácil. A nivel personal, no lo consideré un mal año, pero creo que pudo haber sido mucho mejor.

Trabajo nuevo, ciudad nueva y muchas cosas que me dejaron satisfecho: creo haber encontrado un lugar en el cual me siento a gusto, al fin. Aprendí muchas cosas y también me di cuenta -en realidad, recordé- que sigue vivo el miedo a alejarme totalmente de lo que en realidad quiero ser. No he perdido la fe en que ese momento será muy pronto.

Termino el año casado y feliz, con proyecto locos y muchas ilusiones que espero den fruto. Aprendí que la vida es frágil y que la calle tiene riesgos, pero que cuando Dios está de tu lado siempre vas a salir ganando.

Por sobre todo, tengo muchos sueños y gente genial que he conocido. El 2015 se vendrá loco e inquieto con muchas sorpresas que nos sacarán sonrisas. Alegría, felicidad, amor.

Feliz 2015.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Llegó diciembre

En un abrir y cerrar de ojos ya estamos en el duodécimo mes del año, es decir, el último. Doces meses que han estado llenos de una serie de acontecimientos que han marcado nuestras existencias, de eso estoy seguro. Pero creo que es primer año en el que siento, realmente, qu me estafaron. Siento que alguien vino en algún momento y me robó algunos días: es como que todavía "no puede" ser diciembre. ¿Por qué el tiempo se ha pasado tan rápido? ¿Acaso es cierto eso de que la vida adulta se hace tan acelerada que vemos pasar los días y no podemos hacer nada por impedirlo? La sensación de que no hay tiempo, de cabeza en el trabajo, mientras los bellos atardeceres pasan desapercibidos. Afortunadamente, aún no he dejado de darle importancia a lo que realmente vale: la vida misma.

Queda poco más de un mes para mi matrimonio religioso y tampoco puedo creer que ya hayan pasado los ocho meses desde el compromiso. Me cuesta creer que ya soy un hombre legal y felizmente casado, queriendo crear un proyecto de vida que día a día va tomando más fuerza. Tengo cada día más ilusiones y quizás ese sea el motivo de que tenga tanta ansiedad (últimamente he comido demasiado, espero no haber subido de peso o no entraré en el traje de novio). Anhelo mis vacaciones y sueño tener certidumbre del futuro, pero creo que nadie la tiene. Probablemente, eso sea bueno. La vida es una sorpresa.

Pienso en las etapas que acaban y las que están por comenzar. Pienso en los sueños y proyectos: toda la energía y buenas vibras que invertiré en cada nueva idea.

martes, 25 de noviembre de 2014

Vuelvo

Siento nostalgia de Valparaíso y por más que pasa el tiempo, es algo con lo cual no puedo lidiar. No sé qué es lo que tiene esa ciudad, mi lugar natal, que me hace sentir tan ligado a sus calles, a sus historias, a sus paisajes confusos. Extraño esos atardeceres coloridos que observaba a través de la ventana y las veces en que, casi ilegalmente, caminamos por el techo para observar la ciudad desde su corazón. Extraño ese ruido, esa inquietud en el aire, esa humedad. A veces cierro los ojos y nuevamente me veo caminando por aquel departamento y me pierdo en las luces de los cerros. Vuelvo a la subida Ecuador a comprar empanadas de champiñón queso en "A destajo", vuelvo, incluso, a escuchar las voces de algunos alumnos queridos que quedaron en el Santa Teresa. 

Es cierto. Laboralmente no fueron mis mejores momentos y actualmente no tengo nada de qué quejarme: sería de mal agradecido. Mi vida personal es espectacular, pero no logro superar el dolor que me significó poder vivir uno de mis grandes sueños y tener que dejarlo. Sé que todo tiene un motivo y que en algún momento se entiende, pero no entiendo por qué Valparaíso quiso alejarme. Siento una fuerza interna que me hace querer volver y que, en gran medida, no me hace perder las esperanzas de que podré volver a dormir en su regazo, a embriagarme con esa ansiedad que se respira en el aire.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Amar

Me da nostalgia pensar que hasta hace algún tiempo, dedicaba muchas horas a dejar mis pensamientos plasmados en este espacio. Es inevitable sentir que el tiempo se no hace nada y que no te das ni cuenta cuando estás otro domingo en la noche preparando la semana. Pero hay una cosa que tengo muy clara: que escriba menos no implica, de ninguna forma, que me guste menos hacerlo; muy por el contrario, cuando puedo hacerlo se disfruta demasiado. Veo con cierto pesar que la última nota que había publicado era el 6 de noviembre y hoy ya observo lo poco que queda para decirle adiós a noviembre. 

Han pasado varias cosas. Hace ya poco más de una semana que fuimos violentamente asaltados mientras caminábamos de regreso a casa. Fue una experiencia bastante traumática y que recuerdo con cierto dolor: nunca voy a entender la rabia y el resentimiento de ciertas personas hacia otros, ni la forma agresiva con que intentan despojarte de cosas que te has ganado con tu esfuerzo. Sin ánimos de recordar aquel episodio, me quedo con la sensación de haber sido bendecido con los no sé cuántos ángeles que salieron a defendernos, que recuperaron nuestras cosas y que llamaron a carabineros para detener a estos individuos en menos de diez minutos. Espero no tener que contarlo de nuevo, pero luego de varias horas de declarar, ahora espero que Dios haga justicia y estos personajes sean castigados como corresponde, pero eso ya no está en nuestras manos.

Pero, lejos, lo mejor ha sido lo que vino después. Martes 18 de noviembre a las 11.35 hrs en el Registro Civil de Villa Alemana quedan plasmadas nuestras firmas en que decidimos constituirnos como una familia ante el estado y la sociedad. Llegó ese momento que todos esperamos por mucho y que nos tiene con una gran sonrisa. No puedo creer que a mis 25 años estoy felizmente casado con una mujer maravillosa con la cual quiero pasar toda mi vida: una mujer con quien puedo compartir cada locura, cada momento. No tengo palabras para expresar lo profundamente agradecido que estoy de la vida por reunirnos, por hacernos crear este proyecto y por regalarnos esa sonrisa cada mañana. 

La adultez llega rápido, lo importante es nunca dejar de ver la vida con ojos de niño. Todo es maravilloso si permites que así sea. De ahora en adelante, sé que tenemos tantos proyectos que me motivan: cuando empiezas a amar la vida, te das cuenta que la vida también te ama. Nunca hay que olvidarse de cada uno de esos detalles cotidianos en los cuales se encuentra la felicidad.

viernes, 3 de octubre de 2014

Agotamiento mental

Llegó el décimo mes del calendario y estoy ansioso porque se acabe pronto este 2014. No es que haya sido malo, pero admito que estoy en esos momentos en que ya me tiene completamente chato. Especialmente en relación a los últimos acontecimientos relacionados con lo laboral. Tanto trabajo para recibir tan poca plata es uno de esos aspectos, pero, además, tantos cachos -sí, es la verdad- de gente desequilibrada con la que tienes que tratar de hacer algo, mientras su paranoia les hace creer que estás completamente en contra de ellos. Aunque, al fin de cuentas, las enemistades se ganan fácilmente y con actitudes completamente enfermas como las que mantienen, claramente que dan ganas de golpearlos.

Si bien, cuento el calendario para que acabe, también me da miedo que avance demasiado el tiempo, pues estoy esperando algo personal que es un verdadero cambio de estado. Cuático. No me imaginé que llegaría este momento tan rápido; la adultez nos golpea de pronto y el reloj sigue avanzando. Noviembre espera y apremia, al mismo tiempo. El tiempo pasa tan rápido y a veces me deprime saber que, antiguamente, me motivaba recibir dinero a fin de mes y ahora es como nada. No digo que me cargue el dinero -sería una mentira increíble- pero como que... no sé. Sigo en busca de algo diferente. Parece que estoy aguantando demasiado tiempo dentro de esto que, claramente, no me agrada. 

Necesito pensar en terapias para escapar, pero a veces me falta el tiempo. Agotamiento mental, destrucción total de mi psiquis. Quiero vacaciones.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Seres que roban energía

Recuerdo que alguna vez leí un libro que hablaba de los seres de luz, de los ángeles y de los demonios. Esta última palabra suele ser asociada a algo maléfico y diabólico, cuando en realidad puede ser algo completamente cotidiano. Muchos discuten si la maldad es natural al ser humano o si la sociedad es quien inculca este deseo, sin llegar nunca a un completo acuerdo. Personalmente, no me cuestiono el origen, si no cómo somos capaces de evaluar si eso produce o no algún daño: lo que mueve al ser humano es el deseo de algo, de manera natural, sin tener el prejuicio si produce bien o mal, conceptos que han sido establecidos por consenso y, aún así, presentan muchas dudas.

Me interesa el tema de los demonios, pero para ello, hay que comenzar por los ángeles. Los ángeles son seres bondadosos que suelen ser entendidos como un guardián o protector. No se necesita ser un vidente para percibir que en ciertos momentos existen fuerzas ajenas al ser humano que le brindan apoyo... o al menos yo suele sentirlas. No necesariamente tienen alas ni son mágicos: se trata de personas que mediante un consejo acertado, logran colaborar con alguien. Sin embargo, ese mismo ángel puede convertirse en un demonio sin saberlo y, muchas veces, de manera inconciente. Así como podemos asesorar a alguien para que haga el bien, nuestro libre albedrío nos permite conducir a alguien al mal. 

Por otra parte, me cuestiono por qué hay gente que, simplemente, podemos considerar mala. "Mala de adentro", que disfruta del mal... gente que, en realidad, solo busca provocar daño. ¿De dónde aparecen? Suelen acercarse al identificar una víctima débil que, muchas veces, no está en su mejor momento. Una vez que se quedan, es muy difícil librarse de ellos, pues se pegan como si fueran verdaderos parásitos que roban la energía... a veces de manera radical. Suelen disfrazarse de simpatía, para luego no perdonar. Seres que suelen causar conflictos con tus cercanos para hacerte creer que son la única solución, llevándote casi a un secuestro. Lo que me causa más duda es el motivo de este robo de energía, puesto que tampoco suelen mejorar luego de esta adquisición de energía.

Me he dado cuenta que he tenido personas de esas características alrededor de mí y, afortunadamente, se han ido. ¿Qué buscan? ¿Por qué aparecen? ¿Serán seres de otros lugares? ¿Serán fuerzas externas? Mis cuestionamientos son muchos y aún no encuentro una respuesta clara.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Mitad de septiembre

Siempre se ha dicho que el año acaba en septiembre, pese a que es evidente que aún queda bastante tiempo hasta los fuegos artificiales que dan origen al nuevo año. Sin embargo, a nivel funcional, cada vez siento que el año se me hace más corto: parece que esto de la vida de adulto hace que, efectivamente, los minutos vayan más rápido, o bien, tenemos demasiadas cosas que hacer y nuestro día se hace nada. Es extraño ver que ya estamos en el día 15, es decir, exactamente en la mitad de estos treinta días que prometen pasar volando. 

Afortunadamente, tengo la semana libre por completo debido a las recuperaciones que tendremos. El tema es que al regresar ya será 22... en un parpadeo se habrá ido el mes de la patria y comienzan tantos otros preparativos personales que me inquietan. Se acercan las vacaciones y un cambio importantísimo en mi vida. Si bien, marzo siempre ma hace desear las vacaciones del próximo verano, me parece inquietante que el tiempo se me esté haciendo tan corto. Pienso en que debo escribir, continuar con mis proyectos literarios a la espera de que algún día sea ese mi exclusivo trabajo. 

Solía hacer predicciones respecto a lo que sucedería después, pero no me animo en estos momentos.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Terrorismo?

Recuerdo que hace algunos años- bastantes, en realidad, pues fue en el año 2005- reflexionábamos en clases de historia respecto a las distintas amenazas internas que podía tener un estado y cómo esto podía poner en riesgo el orden público y la integridad de las personas. En ese sentido, recuerdo que divagamos respecto a si era necesario legislar al respecto y qué era lo que debía llevar a cabo cualquier gobierno para resguardar la seguridad, por sobre todo. Esta semana he vuelto a ese cuestionamiento en relación a los últimos acontecimientos que no dejan de sorprender a la opinión pública y que, claramente, están produciendo un pánico colectivo generalizado. Pero, ¿podemos hablar de terrorismo? 

La palabra terrorismo es fuerte y produce, lógicamente, temor. Se trataría de grupos organizados cuya finalidad es la de producir disturbios con la finalidad de causar miedo en la sociedad, pero no un miedo gratuito, sino más bien una amenaza: una negociación radical, claramente. Si bien ya había quedado impresionado por lo sucedido en Escuela Militar el día lunes 7, ahora me llevo la sorpresa de otro bombazo acontecido en Viña del Mar. Lo que me parece más lamentable es que sea gente inocente la que se vea afectada, gente trabajadora que saca adelante a su familia. Si lo que buscan estos grupos es llamar la atención de las autoridades, no sé si lo logren en realidad más allá de lo mediático en que claramente saldrán hablando, pero cuyas acciones reales no siempre serán muy convincentes. 

Hacía algún tiempo veíamos esta situación como algo lejano y considerábamos a Chile como un país seguro. Los bombazos se han visto desde hace mucho, sobre todo en el sector alto, pero eran detonados en horarios en que no provocaba heridos. Esta vez estamos hablando de catorce personas, incluso algunas con riesgo de amputación. ¿Qué sucede en estos momentos? ¿Qué es lo que debemos creer? No puede ser posible que uno salga a la calle y tenga miedo de una explosión. ¿Qué hacer? Se llenan la boca con la ley antiterrorista, pero no sé si realmente dé algún resultado. Quizás sea el momento de que a las autoridades pongan mano dura, como tantas veces han prometido.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Septiembre y los aros en el cielo

Nunca he entendido bien por qué se dice aro, aro, aro cuando se cantan las cuentas... o se dicen las payas, ni siquiera eso tengo muy claro. Es que es muy notable el cambio ambiental cuando llega septiembre, el aire se impregna de olor a asados everywhere y no solo te da hambre, sino que empiezas a subir de peso al punto que cuando tomas conciencia, ya es demasiado tarde. Por eso siempre octubre es el mes de la desintoxicación y por más que digo que me controlaré durante las fiestas patrias, nunca logro dicha intención. Creo que lo he escrito varios años y aún no lo logro. 

Y con tanto aire a septiembre, me llama la atención una serie de predicciones que andan circulando. Una de ellas es la de un supuesto megaterremoto para Chile durante este mes, según los planteamientos del ingeniero Pedro Gaete, quien hace algunos años le achuntó un poco a un sismo: él anunciaba un cataclismo con fecha y hora, pero solo se trató de un evento de 5.5 richter y tuvo un desfase de una hora. Curioso. Ahora se atreve a decir lo mismo y que debemos estar alerta durante 46 días, periodo que comenzó el 1 de este mes. Las interpretaciones son muchas: fiestas patrias siempre tiene terremotos (vino pipeño con helado) que deja mareados y tiritones a muchos, con sus consecuentes réplicas. 

Por otra parte, me he encontrado con varios aros en torno a la luna y el sol. Según la tradición popular, el aro en torno al sol significa "aguacero o temblor", mientras que el aro en torno a la luna sería "novedad ninguna". He visto ambos durante este fin de semana. No sé qué pensar, ya que muchos se animan a señalar que los últimos sismos han sido provocados artificialmente, aludiendo a que han sido todos durante el fin de semana. Algo de ello es cierto, sin embargo, el último terremoto ocurrido en abril de 2014 en el norte de Chile fue un día lunes. Tampoco pasa desapercibido que este año ha habido varios sismos fuertes en la zona -aunque la autoridad siempre le baja el perfil-, la mayoría cercanos a los 6 grados. En cualquier país del mundo se considerarían terremotos, excepto acá. 

En el último tiempo, la mayoría de veces que he visto los aros han tenido relación con algún tipo de fenómeno natural. ¿Quién sabe? Creo que anunciar un sismo para un país que suele tener megasismo casi cierto periodo de tiempo no es algo tan nuevo, pues es claro que en algún momento va a acontecer.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Nueve meses

Han pasado nueve meses y no he asesinado a nadie, eso es un buen comienzo. Por más que empuño el cuchillo, no logro canalizar la energía para cometer un crimen. Quizá ya estoy demasiado viejo, quizá me estoy convirtiendo en un individuo socialmente aceptable. Aunque no lo niego: ganas no me faltan. Y no tiene nada que ver si su aspecto es desaliñado o de la mayor elegancia y sofisticación; para mí, esos son detalles completamente fútiles. Lo que realmente me exaspera es escucharlos hablar, descubrir su escacez de razonamiento y su absurda creencia de superioridad. ¿De qué superioridad me hablan, por favor? Son solo un grupo de imbéciles buscando qué hacer con sus vidas. Pero, espera... yo tampoco sé qué haré con la mía.

Hoy fue un dia especial. Al cruzar la calle divisé sus figuras y tuve la intención de acercarme, llevaba el cuchillo guardado, pero no me atreví. Uno de ellos se dio vuelta a observarme, notaron mi presencia inmediatamente y me saludaron con su cinismo de siempre. Mierda, otra oportunidad perdida. Seguí de largo, invocando a sus ancestros. Estaba pensando en planificarlo -como tantas otras cosas en la vida- para encontrar el momento exacto en que nadie se diera cuenta, al menos por el instante. Después de todo, la vida de ser normal ya me estaba aburriendo.

Me detuve de pronto. Mi cuchillo no estaba por ninguna parte. Ya sabía el resto. Escuché sus carcajadas cuando vi un chorro  de sangre que caía sobre la mesa.

domingo, 10 de agosto de 2014

Experiencias escatológicas

Nunca he tenido demasiado temor a los espacios públicos, es más, creo que suele frecuentarlos por el aire libre que se respira. Claro, hasta que ese punto de lo público empieza a cuestionar lo que considero privado e íntimo: necesidad fisiológicas básicas tales como ir al baño. Ese momento nefasto en que te das cuenta que "natura llama" y vas por la calle, intentando localizar mentalmente el lugar más próximo en el cual puedas deshacerte de eso que ya no necesitas. Hay gente que realmente tiene miedo de los baños público, si bien no es mi caso, creo que cada vez empiezo a acercarme a ese espectro.

El día viernes andaba por la avenida Valparaíso, luego de haber paseado durante prácticamente toda la tarde. Caminé de aquí para allá, de allá para acá y varias vueltas, por lo tanto, es lógico que con tanto revoltijo el organismo mueva todo su interior para eliminar desechos. La caminata es saludable, precisamente, porque dentro de sus beneficios se encuentra eso de favorecer la evacuación. Dicho y hecho, me invade el deseo y pienso que lo más cercano es el baño público ubicado en la calle Villanelo. Siempre me ha resultado curioso ese baño ahí en medio de todo, pero resulta una opción bastante útil y salvadora. 

Pagar por un baño público no me agrada del todo, pero al menos asegura que puedo exigir condiciones salubres mínimas. Por una cifra de $270 (la última vez que fui, salía $250, la inflación causa estragos para ir al baño) el ingreso es inmediato. O eso es lo que te dicen. Un baño pequeño con un par de urinarios y algo increible: fila para poder utilizar el wc. ¡Fila! Eso que las mujeres siempre ocupan como excusa para demorarse demasiado. Y para peor, una persona que parece estar con problemas estomacales prolongados. Mientras mi esfinter presiona, me entero de la conversación de dos personas que se encuentran y se ponen a hablar de negocios: uno de ellos espera por el baño. Hablan de dinero, de inversión e intercambian sus números, mientras yo deseo que se apuren. ¿Acaso el baño es un lugar para hacer convenciones? Curiosamente, sí. 

Lo siguiente es estar en el primer puesto de la fila. Ruegas que se apure, quizás el tipo tenga compasión porque el también estaba aburrido de esperar. Es la primera vez en mucho tiempo que me demoro tanto tiempo en el baño, más encima en una fila que se ve desde la calle. O sea, todo el mundo se da cuenta de mi cara de urgido. Sentir que el rollo de confort gira abre tus ilusiones, sentir que el wc funciona y el agua corre, hace que tus ojos brillen de emoción. Ahora que el hombre abre la puerta y sale, ya estás feliz, aunque el cuestionamiento inmediato es: ¿cuántas personas habrán puesto su trasero en ese mismo lugar? ¿Cuántas bacterias quedarán ahí? ¿La tabla estará tibia? ¿Estará limpia? Mi obsesividad me obliga a limpiar antes de sentarme, pese a que estaba aparentemente limpia. Mi intimidad se reduce al contacto con varios otros traseros que ya han tocado ese mismo lugar para hacer lo mismo que yo... mandar el mundo a la mierda, literalmente.

miércoles, 25 de junio de 2014

Mi Nombre Es

La televisión es asombrosa, quizá ese sea el motivo de que tantos alucinen y puedan pasar toda su vida -prácticamente- observando los contenidos que les entregan los diferentes programas y estaciones televisivas. Esa fue la premisa con la cual contaban al momento de aceptar la invitación que hicieron al colegio para asistir al programa "Mi nombre es" de Canal 13, el cual fue grabado durante una extensa y agotadora jornada, donde fuimos invitados como público. Genial, estar en la tele, el sueño de cualquiera. 

Salimos a eso de las 10.30 de la mañana para llegar a los estudios de Canal 13 a eso de las 13.00 hrs. El bus, no sé por qué, se fue a la vuelta de la rueda, pero lo importante es que todos llegamos sanos y salvos, aunque un poco averiados producto del aire acondicionado. La recepción no pudo ser menos que acelerada: vaya al baño rápidamente e ingrese al set que ya vamos a empezar a grabar. Todo pauteado, todo estrictamente en orden: nada real. Quedé bien desilusionado al darme cuenta de que la magia que plantea la televisión es una farsa, comenzando con un estudio que era realmente pequeño. Si bien, era algo que ya asumía como tal, fue lamentable tener que comprobarlo en vivo y en directo, sobre todo cuando estás cansado y quieres puro llegar a tu casa a dormir. No veo el programa y creo que tampoco lo veré, salvo que llegue a ser comentario de todos y tenga que saber de qué hablan. 

Yo pensaba que era como el teatro, en que, claramente, todo se ordena y existe esa ansiedad de que todo salga bien, pero en tiempo real. Creo que una de las cosas que se pierde con la grabación, es la ansiedad de estar haciéndolo todo en tiempo real, donde cualquier error tiene que ser sobrellevado de forma que nadie se entere o que pase piola. Todavía me duelen las manos de tanto aplaudir y creo que he hablado poco para cuidar la garganta... y eso que soy profe y se supone que estoy preparado para gritar. Ah, no, de veras que los profesores nunca gritamos en clase porque nuestros alumnos son participativos y hacen la clase sola, además que siempre tienen intenciones de escucharte. Pucha, que soy mal hablado. Los asientos no eran del todo cómodos y la productora que nos llevó, nos entregó dos panes con queso y jamonada... ¡jamonada! Se pasaron, además de bebidas alternativas... para estar encerrado todo el día. De haber sabido eso, creo que lo debían haber reconsiderado. 

En cuanto al programa en sí, me sorprendió ver a gente realmente talentosa. Eso destaco, además de haber visto de cerca a Nicole, aunque me quedé con las ganas de tomar la foto, porque uno de los encargados me lo impidió, pese a que ella había dicho que sí. En fin. Llegué cerca de la 1 de la madrugada a mi casa y estimo que hoy no llegaría mucha gente al colegio. Lo bueno es que entré más tarde, pero el cansancio no me lo quita nadie. 

Concluyo en mi desilusión respecto a la fantasía presentada en la televisión, donde todo lo perfecto está realmente pauteado. Es extraño que a veces busquemos esa perfección planteada por los mundos de la televisión.





Fotografía: Set de "Mi Nombre Es" de Canal 13, Providencia, Santiago. 

martes, 17 de junio de 2014

¿Qué pasó?

Puedo decir que esta semana empecé desmotivado, pese a que ya estamos a martes y el tiempo se me está pasando considerablemente rápido. Realmente, preferiría que el tiempo fuese un poco más lento y no estar viviendo en función del próximo fin de semana o de las vacaciones, sino más bien en un estado de tranquilidad permanente. Esta situación anhelada, claramente, no existe en estos momentos y si en algo se acerca, esta ilusión dura poco. Es claro: no quiero estar aquí. Me da miedo a veces pensar que puedo pasar toda la vida pensando lo mismo sin saber cómo huir, pero es claro que no hay caso. No me gusta, no sirvo, no quiero. No tengo la suficiente paciencia para responder veinte veces la misma pregunta estúpida, no tengo la fortaleza para aguantar hacer el ridículo, no tengo el tiempo para perderlo en "plantar una supuesta semilla" que no sé si quiero esperar a que dé fruto. ¿Será un problema de impaciencia, de querer ver todo ahora ya? ¿Será un problema de valoración? Será un problema de que realmente mi horizonte es otro y que el medio me hace sentir alejado. 

Se debe a que cada vez con más claridad la necesidad de huir, lo más rápido posible y cuánto más lejos, mejor. El tema es que no sé cómo, qué hacer. Asumo que me estoy acostumbrando a la mediocridad de un estado que parece bastante -valga la redundancia- estable, sin grandes riesgos y con un imaginario colectivo relacionado a una serie de falsos beneficios. Beneficios que no superan los daños, claro está. ¿Para qué nacemos con dones si estos no sirven en este mundo? Si no son valorados como corresponde. ¿Para qué soñé con ser alguien que no estoy siendo? Siento que es el momento en que más quiero desaparecer, alienarme... convertir esa frustración en un mundo nuevo. ¿Qué pasó en el camino, qué fue lo que hicimos mal? Todo perfecto, "buenos" contactos, buena carrera, proyecciones miles... ¿y todo eso para qué? ¡Para nada! Para acabar encerrado entre cuatro paredes, muchas veces mal pintadas, luchando porque alguien meta en su cabeza algo que ni siquiera sé si es funcional. Que lamentable es ver cómo he perdido la fe en tan poco tiempo. No sé si pueda recuperarla, no sé si quiero. ¿Por qué algunos sí, por qué yo no?

Vuelvo a sentir la confusión adolescente que me motiva a escapar y perderme. Si la vida es difícil será por algo: algo que aprender, algo que descubrir. Cuando lo acabe de descubrir... ¿podré dar el paso hacia un estado mejor?