sábado, 30 de agosto de 2008

Ya no sé

Ya no sé cómo mirarte. Ya no sé qué hablarte. Ya no sé cómo acercarme y temo que esta distancia tan tortuosa se transforme en ese eterno silencio de verte pasar a mi lado sin siquiera referirnos un protocolar saludo. Ya no sé qué es lo que me está pasando: a veces siento que la flor que regaba día a día se está ahogando por el excesivo cuidado y pronto me dejará solo otro vez, haciéndome perder otra vez el sentido y haciéndome divagar sin saber hacia dónde voy a llegar. ¿Sabes tú cómo voy a acabar?

Todos los días hay aunque sea un instante en que tu recuerdo viene a mi mente y no puedo contener la tristeza de no poder tenerte a mi lado como en mis sueños. Claro, los sueños, los sueños de la humanidad que los hacen creer que el futuro vendrá con una sonrisa. A veces les creo, a veces ya no. A veces me escudaba en esas ilusiones que nacían cada noche cuando te besaba en los sueños, cuando te besaba en mis líneas, cuando te besaba y a veces sentía tus labios que se acercaban a los míos. Sí, todo era un sueño del que me costaba despertar, del que despertaba escondiendo las lágrima al darme cuenta de la realidad. Por instantes he vuelto a creer en la idea de que la vida es un absurdo continuo que no tiene fin, ¿hasta dónde vamos a llegar?

Pretendo tener una imagen tan fría como la tuya cuando me acerco, pero no puedo. Pretendo sonreírle al viento pensando en que todo esto va a mejorar algún día, pero ya no puedo soportarlo más. Pretendo creer que llegará ese anhelado momento, sí, en que tú sonreirás y nuestras miradas van a coincidir tan alegremente, pero te has encargado de hacer que cada una de mis bellas ilusiones se destruya como cuando un vidrio se rompe por un golpe. Mis ilusiones se están destruyendo en el suelo y las veo caer a mis pies: aún puedo ver mi semblante sombrío que se refleja en ellas, pero ¿puedo acaso resucitarlas una y otra vez? Creo que sí, es eso lo que quiero y me cuesta renunciar a esa llama que por tantas noches me hizo soñar.

Ya no sé cómo voy a mirarte cuando te vea mañana. Ya no sé cómo voy a hablarte cuando pases a mi lado corriente para evitarme. Ya no sé cómo voy a quedarme en silencio cuando acaso te acerques de casualidad. Ya no sé si es que seré yo quien saldrá corriendo para evitar toparme con tu rostro y tu sonrisa para hacer que la ilusión acabe de destruirse en el suelo, para ser yo mismo el que la pise y deje manchado de sangre el suelo. Ya no sé cómo va a ser el final…

miércoles, 20 de agosto de 2008

Sucedáneos

El sabor amargo de un buen trago me recuerda, cuando ya ha pasado esa noche de lujuriosas ambiciones, que hay algo que ha venido desde el pasado para pintarme de nuevo ese mundo surrealista con el que soñaba por aquellos entonces. Sabía de mis debilidades, sabía ese fantasma que en cualquier momento podría apoderarse de mi y de mis acciones para hacerme caer rendido a su disposición… y por un momento lo logró, por un momento me hizo tropezar con algo que no quería: algo con lo que siempre dije que no volvería a ocurrir. Pero no pude resistir ante la insistencia de ese fantasma del pasado que me niega a dar un paso adelante y emprender nuevos rumbos: me desperté esa mañana con el sabor amargo de ese trago que de ahora en adelante intentaré evitar cuando esas historias del pasado quieren volver a enternecerme por acaso un segundo: ahora me volveré aún más frío que el hielo –y que el pasado- para marcar los límites que señalan mi armadura, para que ese fantasma no vuelva a interrumpir mis planes, para no volver a caer producto de mi distorsionada estupidez…

Y vaya que lo supo hacer bien. Y vaya que por minutos caía en ese juego: vaya que por minutos pensé en tantas cosas y me arrepentí de otras cuántas, vaya que pensaba en que el tiempo pasaba tan rápido ante su presencia, bajo la influencia del sabor de ese trago envenenado que se apoderó de mi astucia. ¡Cómo sería posible volver a verme derribado, con el rostro del fantasma pegado al mío: siendo uno solo! ¡Cómo sería posible ser víctima de mis recuerdos! Y el fantasma bien lo sabía… se aprovechó de eso. Lo que él fantasma olvidaba era que todo era producto de ese momento: acaso creía que respondería lo que estaba esperando que respondiera. ¡No! Aún así pude mantener mi autonomía, aún así ahora recuerdo ese momento con cierto recelo. ¡Cómo fui capaz de hacerme doblegar por un falso instinto! ¡Cómo puede el ser más inteligente convertirse en animal por 30 minutos y acaso ver que su vida se convierte en un torbellino del cual no puede escapar!

Ahora que despierto y me enredo entre las sábanas pienso en todas las cosas de un noche lujuriosa de mentiras en que sólo el objetivo fue capaz de hacerme olvidar el medio… y el costo. Ahora que el sabor amargo en mi boca me recuerda algunas cosas que no debí hacer, que debí dejar de lado, que debí ser fuerte como creí que podía ser. Ya no sé si volveré a ser fuerte otra vez: es lo que anhelo. Tengo sueños que me mueven a continuar luchando, no quiero verlos disminuidos por un arrebato de estupidez.

Tal vez mis sueños sean cada vez más y más difíciles, pero espero lograrlos aún teniendo en cuenta que el viento me golpee en contra con tanta fuerza y cada vez mi meta parezca verse más distante. No quiero más consuelos baratos, no quiero utilizar sucedáneos para satisfacer mis necesidades…

viernes, 15 de agosto de 2008

Examen de sincrónica

Recuerdo que dormí tan mal durante esa noche: en los rostros de mis familiares ya se veía ese supuesto stress que decían que yo tenía. No lo recuerdo, pero para todos era ya un hecho de que los había hecho dormir pésimo cuando me daba vueltas de un lado a otro chocando con la pared o desordenando las sábanas. Y es que presentarse por primera vez en tu vida universitaria para dar un examen no es algo que te pueda dejar tranquilo, la ansiedad y la angustia ante la idea de que puedas reprobar es algo con lo que cuesta lidiar.

Todo comenzó cuando llegaba de Pichindangui, el 4 de agosto. Durante el fin de semana, que estuve descansando en las cercanías de esa tranquila localidad al sur de Los Vilos, sólo había recibido buenas noticias. Eran ya 6 los ramos aprobados, de los 7 que estaba cursando durante este semestre. Pero la espera se hacía eterna para saber qué era lo que ocurría con respecto a ese que permanecía en un enigma. Y lo único que me decían en MSN eran rumores: “te vas a examen”, “no, de más que te eximiste”, “no, yo creo que te fuiste a examen, si las notas estuvieron súper malas”. Angustia, hasta que finalmente me confirmaron que me presentaba con un 4,8. Estaba en colapso: la idea de tener que volver a releerme los textos de una de las asignaturas más ingratas del semestre –y quizás de toda la carrera- me causaba tristeza: definitivamente no podría optar a mis anheladas dos semanas de vacaciones que tanto había esperado. No se si sirve de consuelo saber que más de la mitad de quienes cursaban el ramo estaban en la misma situación que yo.

Toda la semana estudiando: miento, pero sí dediqué bastante tiempo a releerme algunos textos tan ilegibles que me hacían pensar en la estupidez de algunos autores al intentar complejizar cosas que no lo son tanto. Por ejemplo: a qué ocioso (como Gili Gaya) se le ocurre hablar de los tipos de oraciones de acuerdo a sí son de duda, interrogativas, etc… ¿acaso, al crear una oración, estoy pensando en eso? Oh, esto que estoy diciendo es aseverativo… definitivamente, no tenían nada mejor de que hablar y nos condenan a leer sus palabras. Lo odié durante tantos días hasta que la ayudantía para el examen me hizo ver que la situación era cada vez más compleja: todo era cuestión de suerte con respecto a qué tipo de preguntas fuesen a pillarte en el examen. Si te equivocas, el ramo se dicta nuevamente el 1er semestre de 2009.

Me presento el día miércoles a eso de las 09.30 de la mañana, sintiendo el dolor de estómago que comienza a gestarse cuando ya estoy llegando a Viña. A medida que veo el Gimpert, mi corazón se agita. Me hace reír demasiado el hecho de haberme encontrado con tanta gente que me encontrara disfrazado de formal. Y todos estábamos igual. Llega el momento en que mencionan mi nombre y la puerta se cierra conmigo y otro compañero de curso junto a las profesoras. Esto fue una sorpresa por la cual rogué demasiado tiempo: “¿quiere quedarse con su nota o dar el examen”. No lo pensé dos veces. Salí tan feliz al ver que el último ramo que me faltaba por pasar ya estaba listo. Y después de todo, el stress era sólo parte del proceso. Me río al ver que todos estábamos disfrazados para un evento que parecía mucho más que un simple examen.

domingo, 10 de agosto de 2008

Una vez más

Tengo miedo de que todo se vuelva a transformar en silencio, como ese que rodeaba mi vida de una manera tremenda e interminable cuando luchaba por encontrar ese sonido que le diera ritmo a los latidos del corazón. ¿Qué es lo que está pasando? ¿La luz se apaga antes de encenderse de verdad? No sé qué es lo que estaba pasando por mi mente en esos momentos de soledad, no sé por qué siento que te vi y desde ese entonces he soñado contigo cada noche: te he tenido en mis recuerdos a cada momento, te he escrito miles de historias en que tú, princesa angelical, has sido la protagonista y heroína que me salva de los monstruos de mi inconsciencia. Tal vez será que ahora comienza a estar consciente de lo que realmente está ocurriendo y te veo a cada momento más distante: cada vez se me hace más difícil dirigirte una palabra o preguntarte cómo estás, cada vez se me hace más difícil pensar en acercarme para decírtelo todo de una buena vez. Tengo miedo de que todo se transforme, nuevamente, en ese silencio que más que acompañarme me asustaba, que me protegía en el interior de mis pesadillas y no me dejaba escapar para volver a ver la luz de un amanecer lleno de buena energía. Hay una llama que se encendió de pronto y no he podido controlar, no quiero que se apague, pero parece que el viento está soplando con fuerza. ¿Cómo puede apagarse una llama que aún no se ha encendido de verdad?

Y no te culpo, no. La culpa es mía. ¿Por qué has de tener la culpa, si todos tenemos la libertad de elegir hacia donde van nuestras miradas? No te culpo, ni tampoco te voy a culpar: soy el único culpable de cada una de las estupideces que he intentado hacer. No sé qué es lo que me va a deparar el futuro, pero espero verte feliz a ti algún día con todos tus sueños cumplidos: yo buscaré los míos y quiero creer que algún día también los encontraré. Sé que vas a ser grande y lo veo en tus ojos, lo veo en tu rostro dulce y angelical cuya alma adoro.

Pero, espera. No, aún no es el momento de decir adiós. ¿Acaso sientes que es lo que estoy diciendo? Afortunadamente, no. Aún tengo cuerda para rato. Aún tengo sueños por cumplir, aún tengo motivos para levantarme cada día por la mañana: aún sigues siendo tú aunque tal vez nunca te alcance. Pero no me voy a rendir, es necesario intentarlo una vez más hasta que esa llama alcance a encenderse con fuerza, ¿quién sabe si en algún momento lo podamos lograr?

martes, 5 de agosto de 2008

Choques sinapticos neuronales-funcionales-semánticos-sintácticos-prosódicos...

Probablemente una de mis costumbres más ancestrales es dejar mi mente volar: paso la mitad de mi día – si es que no es la totalidad- pensando en cada cosa que pasa por delante de mis ojos intentando encontrarle un significado que a veces es superior a la mera sintaxis y su principio de recursividad, me la paso todo el día buscándole un sentido hasta a las flechas de las avenidas que indican que se puede transitar para ambos lados mientras en mi mente se revuelca la idea de “pese a ser polisémico, es sólo un sentido el que se debe ocupar en un espacio y un tiempo determinado”. Es una costumbre que siquiera me enseñaron –al menos no recuerdo a alguien que me haya dicho que esté pensando todo el día, a excepción del dicho popular de pensar las cosas antes de hacerlas o decirlas- y que se cultiva día a día en un sinfín de preguntas retóricas que a veces me tienen al borde del colapso magistral: un vómito de palabras y pensamientos esparcidas como pintura en una pared blanca que espera plasmarse de todo ese universo diegético que existe en el interior de un cerebro que funciona hasta cuando está dormido, a veces pienso que no me resigno a que dormir es para descansar: me parece otra instancia más para continuar soñando lo que no alcancé durante el resto del día.

“Pensando en ti” podría ser la frase que más me identifica al respecto. Por muy cliché y mamón que pueda parecer, es una verdad que ya estoy acostumbrándome a asumir. Por más que diga que no soy un ser romántico, me he dado cuenta de que todos llevamos un poco de Werther en nuestro interior. Sé que no es la primera vez que caigo rendido ante una bella mujer que me ha robado los pensamientos y los respiros, hasta me he atrevido a creer cosas por las cuales en algún momento habría reprochado a otras personas. Me he atrevido a suspirar y pasar horas pensando en esa hermosa mujer que me ha robado tantas veces los sueños, esa mujer en la que inconscientemente pienso aunque a veces parezco evitar. Sí, pienso en ella, pienso en que algún día dejaremos de cometer errores y acabaremos esa búsqueda con un beso tan perfecto que hasta el universo se detendrá a observarnos, a hacer eterno ese momento…

Pero, lejos, lo que más me frustra es la aparición de las ideas: justo cuando uno no tiene papel o algo en donde escribirlas. No queda otra que ejercitar la memoria –comer pasas, tomar agua, no sé… pero a veces uno se colapsa durante una hora reteniendo una idea pequeña, queriendo lanzarla al papel de una buena vez para verla crecer y echar raíces entre las líneas. O típico que cuando encuentro el famoso papel para escribirla, ya se me ha ido la idea…

Todo es un delirio; constante y eterno delirio de choques sinápticos neuronales funcionales-semánticos-sintácticos-prosódicos y a veces inconexos que buscan un sentido en la realidad.

lunes, 28 de julio de 2008

Así de fácil, así de sencillo.

Todo se ha convertido en un revoltijo, haz lo que puedas por salir de este revoltijo. Yo, por mi parte, te lo digo: así de fácil, así de sencillo… toma un revólver y pégate un tiro. Un tiro que haga volar los sesos por los aires hasta alcanzar la distancia que jamás habías pensado, hasta alcanzar ese silencio deseado que por las noches no lograbas encontrar: ese silencio atormentado por las voces de antaño y las luces oscuras enrojecidas que daban vuelta alrededor de tu vista alucinándote, sí, alucinándote en una corriente de la conciencia interminable de la cual sólo buscas un punto final que no llega sino algunos minutos después cuando ya la noche se avecina con sus tormentas y los pensamientos locos del día siguiente ya te pretenden ordenar lo que debes hacer y lo que no debes hacer y el aire que tenías ya no lo puedes controlar cuando intentas continuar y continuar y continuar en esas líneas coherentes y semánticamente ordenadas que pretendes entender pero ya no puedes porque no sabes qué es lo que seguirá. ¡Uf! Un respiro, un silencio, el acorde de una guitarra electrónica y el sonido del sintetizador house que hace bailar el deseo de no saber quién recibirá lo que debe recibir, ¿quién recibirá su merecido?

Y mañana todo será como yo te digo, todo ocurrirá según lo escrito; es una apócrifa Biblia el papel que escribe con señales que orientan un perdido camino que en realidad nadie sabe dónde acabará. Pero todo así sucederá, yo te lo digo, todo sucederá porque yo ya lo he escrito y es inútil saltarte un paso… puedes caer al vacío, sí, yo te lo digo: toma un revólver y pégate un tiro. Mañana sonará el despertador a las 8, mañana te levantarás dormido y caminarás descalzo por el suelo frío. Mañana no te acordarás de lo que has soñado… ¡no me contradigas en lo que te digo! Mañana no tendrás ganas de despertar, mañana querrás seguir durmiendo. Caminarás hacia algún lugar, harás lo que yo te diga: el agua te hará abrir los ojos y verás el mundo nublado. Mañana, sí, mañana hará mucho frío… tanto que creerás ver el pasado blanco que pisabas cuando eras niño, sí, mañana, ese mañana que es igual en el sur y en el norte, un mañana temporal universal que no acaba con los límites del transporte urbano mal hecho ni con las palabras de alguien que a todo pretende darle respuestas incoherentes. Mañana partirás a donde vas siempre y harás lo que haces siempre: pensar. Sí, mañana vas a seguir pensando como piensas todos los días y las ideas van a correr locas de una manera que te cuesta controlar como ahora que no paras y no paras queriendo encontrar alguna solución a las ideas locas que te vienen de repente y no sabes hacia dónde te van a llegar o si acaso vas a lograr todas esas cosas que tenías planeadas cuando todo el torbellino que te persigue desordena tu camino trazado y el aire se hace poco y efímero y no sabes qué es lo que vas a decir y te detienes a mirar tus manos agotadas y tu rostro ojeroso que no ha dormido ni quiere dormir ni quiere hacer nada sólo continuar soñando con que muchos de sus sueños serán oníricamente reales cuando la luz de un cometa caiga sobre su propia cabeza y le muestre que el silencio no acaba ni dice nada más que cosas incoherentes que cuesta entender y descifrar. Sí, respira, uf, respira… da dos pasos al frente y uno hacia atrás.

Mañana no sabrás nada de lo que has dicho así como tampoco lo has sabido en el pasado: no sabrás cuál es la historia que estabas contando ni la vas a pretender entender. Mañana seguirás pensando en las cosas que estás pensando en este momento. Y yo te digo, todo es un torbellino que no tiene coherencia; sólo contenido, sí, contenido. Respiro, sentido, vino, rocío… toma un revólver y pégate un tiro.

sábado, 26 de julio de 2008

En las profundidades del mar

Miro el silencio que avanza a mi lado contándome secretos escritos en un código binario distinto al informático: morfema más morfema, derivado más derivado, flexión más flexión, estupidez más estupidez y excusa más excusa de las verdes palabras de un ser que no sabe qué más decir. Miro ese silencio que se mueve a mi lado como mi sombra y me asusta como si fuese un fantasma encadenado que arrastra ese metal que hace rugir al suelo con ese dolor; deja sus huellas de sangre marcadas en el suelo mientras se ríe de los rostros estresados de los transeúntes que caminan por las calles con apuro, sin percatarse de que esa sombra está a su lado gritando estupideces que se convierten en una nube de mala suerte que los persigue, pero nadie se da cuenta de su presencia: parece que es ese fantasma el que se quiere vengar de mis errores en la vida pasada, parece que yo no me acuerdo de lo que hice y él se quiere acercar para recordármelo. Si doy un paso, él también da un paso; si me alejo, él se acercará para continuar asustándome con sus chillidos: aún no puedo descifrar bien qué es lo que es.

Caminaré por la ciudad durante algunos instantes para ver qué es lo que pasa, para ver si esa sombra se cansa de perseguirme hacia donde voy. Sí, eso haré: me burlaré en su cara, le gritaré maldiciones y luego le lanzaré un crucifijo que algún día un cura bendijo, le diré que se aleje de mi camino y que se vaya al infierno desde donde proviene. Si, eso es lo que haré: me alejaré corriendo si es que acaso esas cadenas se acercan demasiado y con ganchos se pretenden clavar a mis tobillos adoloridos por todo lo que ya he caminado en esta huida de las tumbas que cuelgan de los árboles. Si se vuelve a acercar, intentaré darle un golpe. No, mejor no, puede que mi golpe no sea eficiente y sólo se convierta en el gancho de mi propia captura.

Me he alejado demasiado de la ciudad: sobre mi cabeza se ven las nubes que anuncian un interminable temporal de electricidad y nieve que amenaza con destruir todo lo que encuentre a su paso, el agua del mar me cubre hasta más arriba de los tobillos: hace frío, tiemblo, no sé qué voy a hacer, no sé hacia dónde puedo correr. Se acerca la sombra que he denominado fantasma, chillando y gritando en un idioma extraño: se ha quitado el velo y me muestra su identidad. Sí, tal y como lo pensaba, es la dama del silencio, encadenada al fuego de sus propios misterios, al fuego del tiempo que ha pasado en soledad en la búsqueda de lo que yo también he estado buscando. Es ella mi destinador y mi destinatario; es ella mi ayudante y también mi oponente: yo soy lo mismo para ella. Se acerca, se acerca más y más con su mirada hermosa, con su mirada onírica de belleza perfecta en un cuadro surrealista. Sonríe.

No he alcanzado a escapar. Corro, pero el agua me llega hasta las rodillas y las rocas del camino me hacen resbalar. El frío se apodera de todo mi cuerpo cuando mi cuerpo por completo se sumerge: apoyo las manos y los pies en las rocas, el agua me cubre hasta el pecho, las rodillas quedan al aire. Veo el fuego de su mirada que me quema desde antemano. Cierro los ojos a su mirada candente: cierro los ojos cuando sus cadenas se clavan como ganchos a mis tobillos y me arrastran hasta lo profundo del mar que se incendia. Pero ya nadie oye mis gritos de auxilio: me sumerjo en las profundidades del mar mientras ella muerde mis venas para embriagarse con mi sangre.

jueves, 24 de julio de 2008

A veces

A veces quiero saberlo todo, a veces quiero caminar por sobre las aguas y tener tanta fuerza como un torbellino de ideas que arrasa todo lo que ve a su paso -aún esas cosas con una raíz firme y decidida a permanecer en su lugar-, a veces quiero perder la mirada en el horizonte sin saber por qué, a veces no quiero saber por qué, a veces quiero seguir caminando sin saber hacia dónde voy a llegar. ¿Para que saberlo si al final sólo me haría regresar al mismo punto desde el cual había comenzado?
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A veces quiero saber qué es lo que pasa tu cabeza: a veces quiero ser ese narrador heterodiegético que lo sabe todo y hasta es capaz de hablar por sus personajes, a veces quisiera sentir lo que tú sientes, a veces quisiera ponerme en tu lugar y saber todas las cosas por las que estás pasando. A veces quisiera salirme de mi cuerpo y dejar que mi alma vagara libre por la iluminada soledad del puerto en donde veo las naves que viene y se van, dejando sus sueños y su esencia. A veces quisiera llegar a tu lado y mirar tu belleza, acariciarte con ternura, que me veas y sonrías, que me veas y tu corazón comenzara a latir de la misma manera como late el mío cuando te ve.
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Sí, a veces también quisiera ser un Dios para saber cada una de las cosas que van a ocurrir: para tener el poder de hacer un flash back al pasado para reparar cada uno de mis erorres o adelantarme hacia el futuro para saber cuáles serían las consecuencias de mi estado actual. A veces he pensando tantas cosas que sería inútil intentar enumerar: la vida, la muerte, el universo, el mundo, mi vida, tu vida, nuestras vidas, el silencio y la eternidad... ¿hasta dónde todo llegará? A veces he pensado en esos minutos en que la ciudad me habla desde ultratumba y me cuenta sus historias: yo sólo quiero saber cuál es la tuya. A veces quisiera tener el poder de hacerte sentir lo que me haces sentir tú: a veces quisiera que tú también fueses feliz con la idea de estar junto a mí.

sábado, 19 de julio de 2008

Aterrizaje


De pronto me dio rabia y es como bastante estúpida la razón. No sé si es la culpa de Beth Gibbons que con su voz tan sexy en la canción “Mourning Air” me hace rememorar esos recuerdos de pensamientos que vienen desde el pasado, de aquellas preguntas que continúan dándome vueltas en la cabeza pese a que ha pasado el tiempo. Sí, sigo siendo una persona estúpidamente inmadura que no aprende de sus errores, que todavía cree en su mundo de Bilz y Pap, que cree que todo el mundo piensa de la misma manera que yo. ¡Me da tanta rabia cuando me doy cuenta de que detalles tan pequeños son vistos de una manera radicalmente distinta por otra persona que parece ser tan similar a uno! Y no es que sea una persona cerrada de mente, pero me doy cuenta de que me es dificultoso darme cuenta de eso: al respecto he tenido muchas situaciones que no vale la pena mencionar o recordaría cosas que más que animarme me harían hacer más agobiante la tarea de transcribir los ppt para una prueba del día martes.

No sé por qué me volví a acordar de ese personaje que alguien carente de sentido y agobiada por una decepción autoinventada pronunció al aire llamó “fantasmal”, inexistente, irreal. En cierta medida lo es –aunque me haya dado tanta rabia notarlo-, pero sé que esa idea puede ser personificada: hasta he sentido que se ha personificado y pude tener un pequeño flash forward que me rememoró un futuro. Pero, si fuese así, ¿por qué suceden las cosas de una manera distinta? ¿Es posible que 4 puntos negros que debiesen fijar una trayectoria igual divaguen en horizontes aparentemente distintos? En fin, sigo pensando en todo el tiempo que ha pasado y que he estado pensando en eso. No sé por qué, en vez de motivarme, termina deprimiéndome de una manera desastrosa que sólo se acaba cuando puedo olvidarme del tema; cuando vuelvo a caer en el “opio del pueblo” de pensar que en el futuro las cosas van a ser mejores, el que guarda siempre tiene, el que trabaja siempre cosecha. Pero, pensando en una película que vi hace poco, ¿qué pasa si no existe ese bello y utópico futuro que me han prometido tantas veces? ¿Qué pasa si estoy soñando con algo que jamás vendrá? Y fue en ese momento en que miraba desde mi asiento la ventana que daba al aire: estaba en un quinto piso. Me dio risa la idea, porque sé que nunca sería capaz de hacerlo. Pero es que a veces siento el deseo de saborear el veneno de una vez y ver cómo lentamente se acaba todo.

Al fin y al cabo, me estoy acostumbrando a vivir en una perspectiva a veces pesimista y otras, optimista. Embrace it, como decía Bárbara el año pasado y que nunca entendí muy bien. Ese personaje fantasmal que se encarna diegéticamente en mis palabras cada noche ya me tiene bastante loco, bastante fuera de la razón. Pero, ¿quién quiere ser racional? Sobre todo ahora que la actualidad sólo nos muestre una desastrosa inflación que no se sabe en qué quedará. ¿Para qué quiero ser racional ahora, cuando me doy cuenta de que lo que más quiero me es negado cuando creo haberlo encontrado? Respóndemelo, Beth Gibbons, con tu voz tan espectacular que me hace alucinar; respóndemelo, Madonna, que te apareces en mis sueños y te quedas en mi casa para conversar. Respóndemelo, Nelly Furtado con tu Say it right. Respóndemelo, tú, cuyo nombre cuido de pronunciar por las implicancias que ello tiene. En este mundo real de pacotilla, prefiero seguir soñando en mi irracionalidad para creer que la tierra prometida existe en realidad, de lo contrario, no tendré ganas de aterrizar.

jueves, 17 de julio de 2008

Recuerdos

Casi sin saber por qué, mientras dormía con el rostro pegado a la almohada intentando concentrarme en el silencio de las frazadas que me cubrían, vino a mí el recuerdo de momentos que han pasado. Momentos que en su momento disfruté, pero creo que podría haberlos aprovechado aún más. Y eso es algo que me sucede a menudo cuando me doy cuenta de que han pasado años desde los sucesos que en algún momento esperé con anhelo: ahora los recuerdo con cierto anhelo de volver a sentir esa emoción de vivirlos. Todo a raíz del tema de una clase, en que, recurriendo a las distintas formas de presentar un relato, llegamos al tema del regreso al pasado. En mi “semi-paranoia” me puse a pensar en ese cuento escrito ad ovo que es nuestra propia vida y en lo bueno que sería tener esa capacidad de regresar al pasado a arreglar ciertos asuntos o a revivir las situaciones que nos causaron agrado, ¿acaso tendríamos la misma situación que en ese entonces? ¿Acaso el aire sería el mismo? ¿Acaso seríamos los mismos?

Fue un minúsculo regreso al pasado en que recordé mi primer año universitario: mi época de “mechón” ilusionado con las nuevas posibilidades que te daba la condición de mayor de edad y la supuesta libertad que eso implica (ahora que ya cumplo mi 2do año de mayoría de edad me doy cuenta de que sigo siendo un ser dependiente y que la situación no ha cambiado mucho). Recuerdo la alegría y lo bien que lo pasé en cada una de esas salidas, recuerdo el frío de las mañanas cuando caminaba a tomar la micro y el pasto estaba escarchado –recordándome parte de mi infancia, austral, en Punta Arenas- y las horas que pasaba frente a mi escritorio estudiando como nunca antes lo había hecho. Recuerdo esas salidas a “El Huevo” que en su tiempo me veía bastante seguido y en el cual viví algunas historias que marcaron gran parte de ese año. Y es que, ahora que lo recuerdo bien, todo el sector Bellavista de Valparaíso se convertiría en el escenario de mis andanzas nocturnas que tantas anécdotas me permitirán contar hacia el futuro: tantas que no caben en una página y escribirlas sería una tortura de escritor-lector.

Mi primer año universitario se pasó tan rápido; la vida parecía ser tan relajada y creí que todo podía ser relativamente fácil como en ese momento. Era indescriptible la alegría que sentí cuando me di cuenta de que me eximía de todo el primer semestre (1 codiciado mes de vacaciones de invierno se presentaba frente a mis ojos) y cuando me pude repetir el plato en diciembre, teniendo las vacaciones más extensas de las cuales tenga recuerdo. De Agosto en adelante en que todo parecía ponerse un poco más complicado y tuvo un agradable final. Esa primavera extraña e improvisada que me pilló desprevenido un día cualquiera y luego tejió una fábula un tanto compleja, en que sólo yo sabía cuál sería el final (sí, lo sabía, porque tengo la desventaja de calcular hasta cómo acabará todo y cuando eso ocurre, ya sé cómo afrontarlo). Esos meses de finalización de año en que la luz del renacimiento de la naturaleza parecía animarme más y más cada día por la mañana, cuando al fin podía levantarme a las 10 de la mañana para ir a clases a mediodía, cuando obtuve notas excelentes en literatura y cuando vi a una muchacha en la micro que me hizo latir el corazón como nunca antes, pero que nunca más la he vuelto a ver: un amor a primera vista momentáneo. Una época en que todavía podía escribir (tenía el tiempo) y una época en que obtuve ciertas respuestas en el momento preciso. Una época en que lo pasé demasiado bien y a veces quiere recuperar, pero sé que las cosas ahora son distintas y tendría que entretejer una nueva historia para reconstruir otro edificio.

Sí, mis recuerdos viajan por esos momentos en que camino por Bellavista. Mis recuerdos avanzan por esas noches de música y vasos de ron o cerveza, bailando hasta las 5 de la mañana cuando el cuerpo llegaba a doler. Mis recuerdos caminan por esos momentos que quisiera volver a tener ahora, pero sé que las cosas, aunque parecidas, serían distintas esta vez…