martes, 7 de mayo de 2013

Decepciones

Me siento un poco decepcionado. No sé si de mí mismo, del mundo o de la gente: la decepción y frustración se gatillan por una serie de elementos que muchas veces están relacionados con las circunstancias. ¿Cómo sentirme frustrado en momentos en que todo parece estar muy bien? No me quejo de mi vida porque considero que es excelente, he tenido varios logros en el último tiempo que me hacen estar en una posición considerablemente mejor que el año pasado, pero ¿qué es lo que está haciendo falta? Claramente sé qué es lo que no me está gustando, el problema es que se me está olvidando qué es lo que quería en la vida. 

Siento que hay mucha gente que tiene buenas intenciones con el mundo, que intenta apoyarte en lo que pides, pero que a la larga muchos de esos esfuerzos se traducen en acciones que no se ven. Estoy pecando de querer todo demasiado rápido, de ser impaciente, de creer que los milagros se gestan de un día para otro. Quizás, estoy pecando de creer que las realidades planteadas en las películas son así de mágicas en la realidad. Todos hablan de "entregarse", de dar lo mejor de sí, pero creo que pocos te hablan de la frustración y evidente negación a continuar haciendo algo cuando todos tus esfuerzos parecen no tener efecto. ¿Qué hacer en estos momentos en que sabes que no quieres salir corriendo? Porque es cierto: no quiero salir corriendo, porque la balanza indica que hay muchas más cosas positivas que negativas en el asunto. ¿Cómo puede ser posible que una mancha negra pueda estar nublando toda mi visión? No lo sé: soy persona y, por más que intente abstraerme de las situaciones, tengo sentimientos muy fuertes que están relacionados con mi personalidad.

Admito que me estresa ver ciertas caras y que cuento hasta 10. ¿Quizás sea necesario contar hasta 100? Nadie, definitivamente, dijo que esto sería fácil y veo que el medio para lograr tus sueños es difícil. El problema es que a veces siento que estoy perdiendo el rumbo y no sé qué es lo que quiero: recuerdo alguien que una vez me dijo que el ser humano moría cuando perdía sus sueños. Tengo miedo de esa muerte, tengo miedo de convertirme en un ser perdido como tantas otras personas a las cuales, supuestamente, debemos hacer encontrar el rumbo. Metas a plazo: ¿1 año? ¿2 años? ¿5 años? No sé cómo se mide el tiempo. No sé nada. 

Trato de mantener la calma, pero hay situaciones que me sobrepasan. ¿Cuánto tiempo seré capaz de aguantar esto? Porque, definitivamente, si estoy en esto es por algo: las coincidencias no existen. ¿Qué es lo que la vida quiere que aprenda de esto? Tengo tantas cosas que aprender: me vuelvo a sentir tan pequeño en medio de un mundo que es enorme. Aprender, aprender, aprender... ¿a hacer que el mundo sea mejor? ¿A generar conciencia de que la gente puede crecer? ¿Aprender qué? Adquirir experiencia para la vida. Mantener la calma, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once...

viernes, 3 de mayo de 2013

Hola, Mayo

Increíblemente, ya llegó este quinto mes del año y con ello el olor a mar, la locura del tiempo y la primera lluvia, que este año no quiso ser nada menos que una espectacular tormenta eléctrica que iluminó los cielos durante la noche. Con razón leía en twitter comentarios tales como "hacía tiempo que no veía una tormenta tan power en Valparaíso" ya que solo tengo recuerdos de una tormenta eléctrica en el año 2008 cuando los truenos hicieron temblar mi casa. Creo que todavía me sorprende ya que en Chile no es del todo común que ocurra este tipo de fenómenos.

Llegó la lluvia, pero los problemas a mis cuerdas vocales comenzaron hace rato. El IST no hizo más que fastidiarme: de un lado para otro, que urgencias, que nadie sabe qué y puro blah blah. Me cayeron mal y al final me fui todo deprimido. Lo bueno es que me acordé de otro dato -al cual no le haré publicidad aún, hasta comprobar su calidad- y quedé bastante conforme, por poco dinero y sin tantos trámites como en aquel lugar. 

Llegó el quinto mes del año y veo que diciembre no se ve tan lejano. Veo que las planificaciones empiezan a avanzar y ya te das cuenta que estás a mitad de camino y más allá: en menos de dos meses tendré que estar cerrando el semestre para darme cuenta que el tiempo se hace nada. Me siento en ese proceso de aprender a disfrutar el trabajo y que, al final, hay cosas que ya no están relacionadas contigo sino con el ambiente y con los otros agentes del proceso. Si uno se cae, más allá del suelo no vas a pasar. Llegan tantas cosas y el tiempo se sigue yendo: es la ley de la vida adulta en que todo se pasa tan rápido, pero parece ser un buen indicio. Llevamos un mes viviendo en Valparaíso y disfrutando cada día de las luces que iluminan los cerros, de sus calles extrañas, de su gente loca, de su mundo tan sui generis. 

Simplemente: hola, mayo. Que seas un buen mes.

jueves, 25 de abril de 2013

Buenos Aires parisense

Era de atardecer cuando corría por las calles de Recoleta, con esos edificios tan altos que, seguramente, se confundirían con el cielo durante esos días de invierno en que la niebla cubriría toda la urbe. Pero hacía calor y la luz encendía cada rincón oculto por donde la gente transitaba a toda velocidad, aunque con espacio suficiente para caminar sin chocarse. En ese espacio, oí la voz de alguien que hablaba en algo parecido a una feria artesanal que ofrecía productos miles: eran aros, cosas de cuero quizás. Era el sonido de ese atardecer tibio de Buenos Aires que se niega a dormir y que, por la noche, se convertiría en una estrella iluminada de punto a punto. Corrientes, ¿dónde estaba Corrientes? ¿Por qué me parecía que había pasado tanto tiempo si había sido tan solo hacía unos tres días? ¿Por qué me parecía como un recuerdo tan vago, casi como la foto de una postal de galería artística? Recordaba las inmediaciones de el Luna Park y el camino hacia Puerto Madero como una imagen difusa, pero precisa. ¿Cuánto tiempo hacía que no regresaba a ese lugar? Quizás, si es que me sobraba el tiempo, tomaría el metro para volver a encantarme de ese famoso cartel de Corrientes 348.

Pero, para a esas alturas, el tiempo volaba y mi estadía en París comenzaba a agotarse. Las calles de Recoleta se confundían con las del centro de París y mi reloj avanzaba: ¿cómo acabaría de conocer la Ciudad Luz si el día no se extendería a mi gusto? Sí, era seguro: tomar el metro hasta el Pére Lachaise y visitar el cementerio que me había quedado pendiente la vez anterior. Ah, no, pero hoy es sábado y los sábados no estaría abierto, si incluso me imagino el cartel escrito en francés -idioma que puedo leer a un nivel mínimo y que aún no logro aprender a hablar- diciendo que no se permitiría el ingreso, tal y como había sucedido la vez anterior. Me parecía una pérdida de tiempo pagar... ¿cuánto saldría el viaje en ese metro-subte de Buenos Aires-París? No lo sé, quizás la mejor opción sería regresar a la ribera del Sena a contemplar la Torre Eiffel como en el video de Adele. 

Cuando comienzo a pensar en esa locura, me doy cuenta de que las panderetas de la feria artesanal se caen, mientras alguien habla por micrófono. No sé si acercarme a ayudar o continuar caminado por esa calle que ya no sé si es la continuación de Corrientes o si es que acaso me llevará al Pont des Arts a revisar los candados que cuelgan con las iniciales de todos esos amantes cuyas historias desconocemos: quizás se habrán lanzado al río, quizás habrán sido felices por el resto de su vida, quizás solo fueron una invención más de algún escritor enloquecido producto de la existencia alocada de una urbe en expansión. Nada entiendo, nada entiendo, nada entiendo. Je ne parle pas français. Y ese camino indeciso por el cual camino me confunde aún más, una persona me habla, quizás es un autor. Me habla de Joe Vasconcellos, me habla de música. ¿Dónde estoy? Solo sé que, de una u otra forma, puedo hablar mi idioma en este lugar.

Y en ese Buenos Aires-París camino en busca de una estación de Subte-Metro que me lleve a alguna parte.

martes, 23 de abril de 2013

The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore

Hoy 23 de abril se celebra un nuevo Día del Libro en el cual se recuerda la importancia de la lectura en nuestras vidas y, gracias al recuerdo de una profesora de universidad, cabe considerar que no solo se trata de la literatura sino que de todo tipo de textos. Claro está: existen libros de cocina, de química, de historia... y todos ellos tienen el mismo valor para la sociedad en cuanto al legado cultural que transmiten. Creo que es la primera vez en mi vida que esta fecha no pasa desapercibida ya que he estado vinculado, desde el ámbito académico, a las actividades que se han estado desarrollando en el establecimiento donde trabajo. Y, por otra parte, contextualizar la actividad me ha llevado a descubrir nuevos aspectos relacionados.

En ese sentido, mientras planificábamos cómo contextualizar la actividad, recordé un cortometraje que había visto alguna vez: The fantastic flying books of Mr Morris Lessmore. Esta espectacular historia sin grandes diálogos nos habla de un hombre que descubre en los libros una vida llena de color, de inspiración y, por sobre todo, de alegría. Me parece bastante emotivo e interesante, recordando el valor de la lectura en nuestra vida cotidiana. A veces es bueno apagar el computador y darse un instante para leer algo, aunque sea una línea: un nuevo mundo puede aparecer desde nuestra imaginación.


viernes, 19 de abril de 2013

Lluvia sobre París

No nos dimos ni cuenta cuando ya estábamos corriendo por los Campos de Marte ante la mirada de muchos transeúntes que, al parecer, perdían la atención en las maravillas de la ciudad para observarnos en nuestra extraña performance. Es que eso de andar felices por todos lados parece llamar la atención de muchos que viven mecanizados a ir de un lugar a otro casi sin respirar. ¿Te acuerdas de ese silencio tan suave que decoraba los rincones de la Ciudad de la Luz? Estoy seguro que cada noche te despiertas cuando yo estoy durmiendo y me miras, sonriendo, recordando la luz sobre esos tejados que iluminaban nuestros cuerpos durante la medianoche. Tantas veces salimos corriendo por los pasillos congelados en el invierno y más de alguna vez tuvimos alguna queja de los vecinos que querían dormir. No los culpo, pues tenían sus razones y, por otra parte, nosotros también teníamos la razón al estar locos.

En esos ataques de locura y carcajadas, salíamos corriendo a ver la lluvia que caí sobre el pavimento: el encuentro de las luces con la lluvia formaba una estela que nos mantenía abrazados por horas bajo el temporal que no acababa. Y nunca nos resfriamos ni nos enfermamos: la locura ya era parte de nosotros y no tenía más avance ni retroceso. Vimos tantas siluetas recorriendo las calles de ese París helado, vimos tantas veces los colores que afloraban desde la Torre Eiffel y perdí la cuenta de cuantos croissant comimos en algún café. Cuanto más oculto fuese el pasadizo, mejor. 

Hoy, el silencio de la noche me recuerda ese primer abrazo que nos dimos frente al Sena, mirando sus aguas inquietas. Te acaricio nuevamente al ver que tu mirada sonríe: la lluvia cae sobre París.

jueves, 18 de abril de 2013

El tiempo vuela

Hace poco conversaba con los otros colegas, en la sala de profesores, respecto a las dificultades que estaba teniendo por el mal manejo de mi voz: tonos altos excesivos, necesidad de gritar constante y la falta de descanso. Quizás sea el hecho de estar trabajando en varios lugares, aunque no lo creo tal. Por otra parte, puede que sea el hecho de que estoy intentando hablar demasiado... y si bien suelo culpar a mis alumnos que no se quedan callados de ninguna forma, también hay un factor importante que es el hecho de que nunca en toda mi carrera universitaria nos enseñaron técnicas de impostación de la voz y he ahí el motivo de mi sufrimiento diario. En fin, sucede que esta conversación la mantuve el día lunes cuando reclamaba por el fin de semana que se había hecho la nada misma.

No me di ni cuenta y ya estoy a día jueves, en que mi jornada laboral está casi terminada, puesto que solo me queda una clase de español como lengua extranjera. El tiempo se fue volando y, al parecer, eso es una buena señal de que estoy disfrutando la vida, ¿o no? Siento que no fue hace mucho que me entregaron el primer sueldo y ya voy por el segundo: raro, ¿no? ¿O acaso será el hecho de que tengo casi todo el semestre planificado y eso me hace ver cómo las cosas han ido avanzando? Eso del tema de las metas cumplidas puede ser una buena terapia anímica. 

Los días de la semana se me van volando, aunque sí, se hacen más extensos que el fin de semana. ¿Qué estará sucediendo con mi vida? Posiblemente sea cierto que la vida de adulto pasa mucho más rápido.

01. El espíritu de Lith Trethmore

No entiendo el sube y baja de esta extraña ciudad cubierta por el adoquín, por el paso del tiempo, por esa niebla extraña que proviene desde el mar. Desde acá arriba me cuesta divisar los barcos de ese mar, pero sé que en algún momento comenzarán a moverse en dirección a la costa: estamos en un puerto, me repito una y otra vez, intentando darle un poco de sentido a la situación. ¿Qué sentido? Ni siquiera sé si es que seré capaz de encontrar una dirección.

Solo sé que corro a la deriva y no sé por qué. ¿Acaso estoy huyendo de algo? Is this the way to get the spirit of Lith Trethmore? Y el transeúnte me responde con un escueto "sí" que parece desganado, como si no le importara mi pregunta. Lo veo alejarse con sus amigos mientras bajo por esas escaleras que, en el fondo, forman un pequeño valle que luego se alza nuevamente hacia la cima. En la cima encontraré ese espíritu que no sé ni de quién es. ¿Por qué lo estoy buscando? ¿Qué es lo que encontraré en ese lugar que, supongo, será un cementerio o algo así? El microbús me deja en un lugar extraño, al parecer, me alejo más que acercarme. Todo es tan confuso. 

Y aún no sé quién es Lith Trethmore. No sé dónde estoy. La ciudad tiene demasiadas características extrañas que me cuesta entender bien lo que es. ¿Quién es Lith Trethmore?

miércoles, 17 de abril de 2013

Las nubes cubren el Puerto.

Todo el día bajo el sol que no existe. Todo el día arrojado sobre el pasto verde que comienza a germinar sobre las praderas inhóspitas de ese mundo oculto. Todo, todo, todo. Todos los pensamientos que cruzan a la velocidad del silencio que se congela cuando las aguas del tiempo se detienen. Y las nubes se posan sobre los cerros donde duermen los sueños, la niebla esconde ese mundo secreto y mágico que aparece un poco más allá. Ascensores, avenidas con grandes pendientes, voces que cantan desde el más allá. 

Las nubes cubren el Puerto.