Abrir los ojos una y otra vez, con la intención de que el sueño no acabe y de que pueda volver a renacer, quizás. Tener la dificultad de despegar los párpados y querer seguir durmiendo abrazado a un presente sonriente y a una mirada que te escudriña en la oscuridad.
sábado, 20 de octubre de 2012
viernes, 19 de octubre de 2012
Divagaciones diversas
Canciones de los años ochenta, cuya atmósfera celestial me transporta universos paralelos. Concepciones, pensamientos, ideas repartidas sobre la mesa. Intenciones, buenos deseos, sí, pero que no se sabe si puedan llegar a buen puerto. Temores acompañados de paz, odio acompañado de bondad, desorden acompañado de respeto. Miradas divergentes que a veces coinciden en un mismo punto, de manera escasa, finita, a veces torpe. Intentar entenderse en medio de la inteligibilidad, intentar expresar razones cuando tu receptor escucha solo lo que quiere escuchar. Querer salir corriendo, pero saber que aún debes resistir un poco más. Saber que ya solo van quedando 8 semanas y que las cuentas como si fuera una condena. Descanso, sueños, deseos de volar y viajar. Deseos de dormir eternamente abrazado a tu figura. Deseos de volver al arte. Deseos de... dejar que el mundo fluya a través de palabras e imágenes. Intenciones, ensoñaciones y divagaciones de que todo irá mejor.
jueves, 18 de octubre de 2012
Para ti
Me reconforta saber que existes, que estás ahí y que siempre vas a escucharme. Me alegra despertar cada mañana y saber que también piensas en mí, que nos pensamos mutuamente y confluimos en un mismo canal psíquico. Me anima que estemos juntos en un mismo camino y que sepamos que estamos al lado para apoyarnos.
Me alegra saber que en estos 23 meses que ya llevamos juntos, los sentimientos crecen y se afianzan cada vez más.
Gracias por todo este tiempo, por construir una vida en conjunto.
Te amo.
Cosas de 'colegio'
Me carga. Así de simple: me carga que les den todas las posibilidades a los alumnos y que resulten impunes de sus actos. Me carga que les den justificación a todo y que no tengan ninguna responsabilidad, que te ninguneen como quieren y que siempre tengan la razón. Me carga ser siempre el que tiene la culpa de todo: de que los alumnos no entren, de que no pongan atención y de que tengan pésimas notas. Me carga que siempre me acaben arruinando el día. Me carga que no quieran crecer, que no tengan ni siquiera comprensión auditiva. Me carga que sean tan estúpidos, sinceramente. Me carga que la droga los tenga así. Me carga que me carguen, porque se supone que no debiese ser así. Me carga que el estómago se me revuelva cada vez que pienso en que tengo que entrar a una sala de clases.
Me carga. Simplemente, me carga. Como el hecho de que un alumno reaccione violentamente contra mí, me agreda e insulte y luego los inspectores no hagan nada. Me carga, porque se supone que yo tengo la culpa. Que el engendro del demonio no sepa comportarse es problema suyo, no tengo por qué yo andar lidiando con eso. Me carga tener miedo de ir a hacer clases por temor a cómo vayan a reaccionar. Me carga que el odio sea mutuo. Me carga todo: los directivos imbéciles cuya voz dulce te dice que nada está tan mal, porque ellos no hacen clases. Me carga no tener apoyo de quienes deben hacerlo, puesto que son los mismos que subliminalmente te culpan.
Me carga esta mierda de colegio que recibe a la chatarra más mugrosa e inmunda del mundo. Me carga, me carga, me carga. Me carga que me hayan hecho sentir tan mal. Me carga que, por culpa de ellos, mi día haya oscurecido. Y, con mayor razón, cuento los días que faltan para poder decirles adiós.
miércoles, 17 de octubre de 2012
"Vengo a calentar el asiento"
Dentro de mis constantes reflexiones y cuestionamientos por la situación actual de la educación y de mi propia labor como docente (sí, soy docente y todavía repito en mi cabeza el constante WTF de por qué estoy aquí), el día de hoy comentaré el caso de un alumno que nunca hace nada en clases, que está en las nubes y que, por lo que me he enterado, es adicto a la marihuana en segundo medio. Difícil situación, aunque en la actualidad ya es pan de cada día, desgraciadamente. Sucede que este alumno nunca hace nada, ni siquiera entrega las evaluaciones y le importa un reverendo comino si es que le pongo un 1. ¿Cuál es la motivación de esta gente?
Me acerqué y me senté a su lado para conversar de la manera más cercana que me fuera posible. Le pregunté qué cuáles eran sus expectativas, qué era lo que pensaba de su vida. El pollito no sabía qué responder, pareciera ser que nunca antes se había cuestionado el hecho. Le pregunté entonces que para qué venía al colegio si realmente no quería aprender, que mejor se quedara en su casa: me responde que lo obligan a ir a clases y que, definitivamente "vengo a calentar el asiento". Su respuesta era bastante lógico, después de todo, ya que lo único que hace es calentar el asiento y, a veces, encender una llama. Una vez lo vi con los ojos desorbitados... ¡en clases! y, por lo que me comentan otros colegas, la situación es permanente. No quiere hacer nada. Le dije que mejor trabajara o algo y me dice que hable con su apoderado porque a él no le hacen caso. Finalmente, no pone atención a lo que le digo y yo ya me aburro de decirle que, de continuar así, tiene más que asegurada la repitencia y que, obviamente, yo no haré nada para ayudarlo si él no cambia su actitud. Estamos en octubre y hay gente que no se da cuenta de que sus notas los llevan directo al precipicio. Reitero mi pregunta: ¿cuál es la motivación de esa gente?
¿A qué van al colegio? ¿Para qué se levantan? ¿Qué es lo que esperan del mundo? ¿Acaso tienen sueños? ¿Acaso creen que podrían lograr salir de ese mundo? ¿Acaso piensan que sus vidas siempre serán iguales? ¿Habrá alguna forma de decirles -y que realmente lo comprendan- de que las drogas no los van al llevar a ninguna parte más que al propio fracaso? Muchos de ellos ya tienen hijos, ¿qué es lo que quieren para ellos? No lo sé. A veces creo que no entienden lo que está sucediendo y que nuestra sociedad está haciendo un pésimo trabajo para hacer que la humanidad crezca. Me sentí como si le hablara al aire y que todo lo que intenté aconsejarle se le olvidó en 2 segundos. Simplemente, lamentable que haya gente que caliente el asiento cuando hay otros que, queriendo y teniendo las habilidades, no podrían acceder a la educación que tanto les podría ayudar a superarse.
Ese es el panorama actual de la educación. ¿Deprimente, no? Por lo tanto, es importante cuestionarse más de alguna vez si es que se decide a optar por carreras de pedagogía. Y claro, que las autoridades no se cuestionen porque nadie quiere hacer clase en colegio y que todos los profesionales acaben emigrando a otros rubros en busca de mejores condiciones laborales y económicas. En lo personal, me estoy aburriendo de la mediocridad; de sentir que mi trabajo no es valorado y que, como profesor, siempre tengo la culpa de todo. Me aburre que cuando saque a un alumno de la sala lo devuelven, convirtiendo el castigo en un juego. Me aburre que las autoridades de educación no tengan idea de lo que es hacer clases, lo que se evidencia en las reglas que suelen imponer. Me aburre el sistema que nos lleva a la estupidización máxima. La paradoja es que me motiva, porque la experiencia que se va adquiriendo me va dando más y más conocmientos, más y más deseos de seguir estudiando y salir volando cuanto antes.
martes, 16 de octubre de 2012
Mi primer día del Profesor.
Con los jolgorios y sonrisas, música y celebración de antaño... no. Tiempos en que los alumnos se preocupaban de hacer algo entretenido para sus docentes... no. La evaluación de mi primer día del profesor es simple: una mierda. Sí, y lo digo con palabras que podrían distar del lenguaje esperado para un profesional de la educación que debe esforzarse porque esas mentes ineptas aprendan cuando en realidad quieren vivir eternamente de subvenciones del estado porque les da lata trabajar. Lo dije y qué. Una completa mierda que solo pierde un punto negativo por el hecho del asado que nos hicieron que, después de todo, tenía carne dura. Soy un criticón de mierda que no me gusta nada, incluso soy un poco taimado porque lo ideal habría sido que este día me lo hubiesen dado libre: menos complicaciones para todos, apelando a la lógica y todo lo demás. Pero como dijo una docente el día de hoy, "los que pensamos de manera lógica, no estamos dentro de las autoridades"... no sé si textual, pero algo así.
Me dio una lata tremenda -en el sentido medio depresivo, esa rabia que en realidad es pena- ver el poco interés de los alumnos por celebrarte: esos abrazos medio forzados o alguna alumnita estúpida (sí, realmente, estúpida porque es obvio que no tiene cerebro) que te saluda como por compasión y se ríe con esa risa estúpida que demuestra que su programa favorito es Yingo. Otra flaite que te mira y no te dice nada, mientras tú te ríes para tus adentros, pensando en que no va a llegar a ninguna parte más allá del caño de algún cabaret... y ni eso. (¿No me estaré yendo al chancho con mis comentarios? En fin... es mi expresión y punto, no acepto censuras en mi espacio, así que si no le gusta, no lea ni me venga a vender ideologías estúpidas). Darte cuenta que el Centro de Alumnos no llegó a la hora para hacer el supuesto acto que tenían preparado y pasar toooda la mañana sentado haciendo nada fue lo que me produjo lástima por mí mismo: ¿es esto lo que quiero? ¿Trabajar eternamente para gente que no te quiere ni valorar? Lo positivo, la caja de compensación envío una torta que estaba bastante deliciosa y de la cual, de pura depresión, me repetí dos veces.
Eso fue mi primer día del profesor. Me sentí completamente ausente y vacío en medio de toda esa falsedad. Afortunadamente, mañana ya es miércoles y es mitad de semana: vamos, año escolar, ándate de una puta vez que quiero mi dinero y mis vacaciones.
Existencia
Caen desde el cielo,
caen las estrellas fugaces que se duermen
cuando, de pronto, se encuentran con una atmósfera que arde
como fuego, como cielo, como llama, como agua, como locura:
caen como las palabras que se empiezan a desarmar.
Palabras nuevas, palabras viejas,
un sistema que se renueva
y las miradas que vuelven a soñar
cada vez que se enciende un pedazo de celofán.
Cada vez que la vida da vueltas,
cada vez que el mundo gira y gira,
cada vez que cuentas el tiempo
como un cuentagotas,
cada vez que la arena no se detiene
y el reloj retrocede.
Cada vez que caminas a la deriva,
cada vez que no sabes cómo será la próxima vez.
Caen desde el cielo pensamientos,
ideas que comienzas a recoger,
caen sobre los mares,
sobre las montañas,
cae un nuevo presente que, a fin de cuentas,
ya ha dejado de existir.
A cada segundo nacemos,
pero, también, ya hemos dejado de existir.
caen las estrellas fugaces que se duermen
cuando, de pronto, se encuentran con una atmósfera que arde
como fuego, como cielo, como llama, como agua, como locura:
caen como las palabras que se empiezan a desarmar.
Palabras nuevas, palabras viejas,
un sistema que se renueva
y las miradas que vuelven a soñar
cada vez que se enciende un pedazo de celofán.
Cada vez que la vida da vueltas,
cada vez que el mundo gira y gira,
cada vez que cuentas el tiempo
como un cuentagotas,
cada vez que la arena no se detiene
y el reloj retrocede.
Cada vez que caminas a la deriva,
cada vez que no sabes cómo será la próxima vez.
Caen desde el cielo pensamientos,
ideas que comienzas a recoger,
caen sobre los mares,
sobre las montañas,
cae un nuevo presente que, a fin de cuentas,
ya ha dejado de existir.
A cada segundo nacemos,
pero, también, ya hemos dejado de existir.
lunes, 15 de octubre de 2012
Pensamientos en París
Cuando caminaba frente al Sena, más de alguna vez tuve la intención casi suicida de lanzarme al río. Observar los puentes que conectan la urbe me producía siempre una sensación como de estar flotando y nunca supe por qué: acaso sería la atmósfera etérea que cubría la Ciudad de la Luz o, quizás, el ruido interminable que se oía desde la lejanía de un horizonte inacabable. Siempre soñaba con el mar, pese a estar a una distancia considerable de la costa, siempre quería sumergirme en el agua y cruzar, como si fuese un barco, los brazos interminables del océano que se proyectaban hacia el interior. Pensaba, sin lugar a dudas, que las luces que se proyectaban hacia el cielo tendrían algún reflejo en algún planeta cercano o lejano, desde el cual los extraterrestres también estarían haciéndonos señas, pero sin ser vistos, como en el video de Moby.
Tomé más de algún café, pero, principalmente, bebí varios litros de agua para escapar de los 37º que cubrían ese París estival que distaba bastante de la imagen otoñal cubierta de nieve, cuando la gente se vestía de abrigos y enormes bufandas que suponían ser el polo norte. Lo que yo vi fue diferente: los globos flotando en el aire y las nubes convertidas en algodon sobre un cielo celeste tan profundo como el de un sueño. Sí, París es como un ensueño que de pronto te golpea cuando, en el metro, alguien se sube a tocar un acordeón. Cuando te quedas con los 50 céntimos que ibas a regalarle, porque el músico se bajaba en otra estación y ya estaba tan distante de la puerta que el tren ya corría en dirección a la próxima parada. Lo que yo sentí, fue que mis pies querían correr libres por el pavimento ardiendo hasta encontrarme, de improviso, con una noche iluminada en que la brisa fresca me recorriera la piel con un tacto sutil y ardiente al mismo tiempo.
Cuando abrí la cortina, caminé hacia el balcón a contar los gatos que no cantaban Non je ne regette rien, sino algún himno en su propio idioma gatuno que solo ellos podrían entender, obviamente. Me perdí en el sueño caminando por los tejados y las siluetas de las antenas que avanzaban hacia la inmensidad, recorriendo los círculos y líneas que conducían a alguna parte. Porque, al final, todos los caminos llevan a París.
Titulación
No había tenido ni tiempo de detenerme a escribir y reflexionar respecto a todas las cosas que han estado sucediendo. Llegó ese día que soñé por mucho tiempo: acabar la universidad y recibir el diploma que acredita tu carácter profesional que, según dicen, te da cierto estatus y debiese asegurarte, relativamente, un sueldo que te permita vivir de manera decente. Llegó ese momento y tardé algunas horas en darme cuenta que la escena vivida ya la había soñado hacía mucho tiempo, quizás alrededor de los7 años cuando recién era un niño que apenas sabía del mundo y que mucho menos pensaba en qué sucedería más de 15 años después: a veces el ser humano tienen la capacidad de ver un poco más allá de la línea del horizonte.
Debo admitir que en un momento no tenía mucho ánimo de ir y que vestirme de terno no me hacía sentir precisamente cómodo. Es muy probable que solo haya sido parte del nerviosismo, porque luego sentí que se me aceleraba el pulso y casi ni podía hablar al ver que faltaba poco tiempo para que me llamaran adelante a entregarme el diploma y las fotos y todo lo demás. Fue agradable encontrarme con gente que no veía hacía mucho tiempo y ver que ya todos estamos iniciando nuestras vidas laborales, con nuevos proyectos. Recibí el diploma, sonreí para las fotos y luego me alegré de ver que tenía a la Eve a mi lado: es como si todos mis deseos universitarios se hubiesen cumplido. Al parecer, así fue y hasta el día de hoy me sorprendo, positivamente, de que así sea.
Regresé a casa con nostalgia al saber que la universidad ya se acaba: casi 6 años que dejan su recuerdo y aprendizaje, que se despiden moviendo una mano y diciéndome que el camino aún es muy largo y hay mucho por encontrar. ¿Qué será lo que sigue? No lo sé, pero ya tengo algunas ideas.
sábado, 13 de octubre de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

