domingo, 13 de julio de 2008

Siga participando

Miraba a todos lados alrededor de mi pieza buscando algún punto luminoso que me sacara de esa oscuridad inminente cuando quise apagar la luz a eso de las 01.30 de la madrugada. Pero no había nada: sólo silencio, penumbra y sombras que con suerte lograba divisar entre las siluetas de mi pequeña sombra que debía estar ahí, pero no lo estaba. ¡No veo nada, no veo nada, no vea nada! Pero era inútil intentar buscar alguna escapatoria a ese silencio nocturno post-lectura de miles de letras que recuerdo como un trazado inconexo de ideas derramadas en un momento de embriaguez –o volatilidad- que me cuesta entender. ¿Qué hago ahora? Sigo sin ver nada de lo que está pasando alrededor y aunque busque una solución sólo me van a responder de que espere otro poco: aún no es su turno, saque un número y espero a que lo llamen. O bien, cuando llegue mi turno luego de esa lista de espera interminable con gente histérica que atropella a cuánto transeúnte se le cruza por delante, me atenderá una bella secretaria de dulce sonrisa e inteligencia deficiente: “Siga participando”.

Y sigo sin ver nada de lo que está pasando. Muevo las manos delante de la oscuridad para ver si logro dar con alguna pared por la cual cuelga la sangre de algún insecto entrometido que quiso atacarme al dormir, pero yo fui más astuto y ahora veo su cadáver para reírme cada noche de su estúpida inferioridad. Salgo de mi cama y camino por el suelo tan frío de la noche, parece que estuviera pisando hielo: me doy cuenta de que camino descalzo y tal vez mis huellas queden pegadas en el suelo. No, no deben darse cuenta de que estoy aquí: puede que después me identifiquen cuando haya cometido un nuevo asesinato a kilómetros de aquí, con la lluvia humedeciendo mi ropa y mi piel sucia por el barro. Tal vez me encuentren algún día sepultado bajo metros de pasto, tal vez me encuentren oculto en el jardín de cemento en que las rosas son de metal.

No veo nada, pero con mis manos llego a un lugar que me parece conocido: sus cerámicos congelados y el frío que entra por alguna rendija. Encontré un vaso, sirvo agua, bebo, bebo otro vaso y bebo otro. Sigo sin ver nada, pero regreso por el mismo camino. El camino me parece conocido. Huelo a incienso “Kiwi-fruit” que compré en un viaje de vacaciones. Se hace más intenso. Se hace más cercano. Estoy a su lado. Abro los ojos: todo sigue oscuro como antes. Son las 01.30 de la mañana y vuelvo al punto de partida. Y la patética voz de la secretaria se ríe de mi aspecto: “Siga participando” y de pronto me empuja al suelo.

Cuando desperté, estaba adolorido y nauseabundo: apenas podía respirar producto de la congestión. Tenía la espalda arañada y en la oscuridad podía percibir el olor al incienso que aún estaba encendido.

viernes, 11 de julio de 2008

Ideas come to my mind...

Ideas come to my mind when I’m trying to sleep, when I’m thinking about her... it’s all I can say right now. Can you tell me why? Is that right? Maybe it’s just that customer’s always right. Hacía poco estaba leyendo “La Muerte de Artemio Cruz” y me llamó mucho la atención la particular frase del cliente siempre tiene la razón… sólo lo decía porque quería hallarle algún sentido a mis enunciados inconexos que se congelan a cada instante por el frío imperante y por las horas de sueño prolongas que en un día viernes normal no serían tantas. Es tan agradable romper ciertas reglas de vez en cuando, es tan entretenido soñar con lo que quieres, es tan entretenido sonreír sin motivo y sólo dejar fluir las ideas que llegan locas: nadie quiere resumirlas a un parámetro, nadie quiere torturarlas a una forma, nadie quiere descubrir cuántos kb van a pesar en un documento de word.

Hacía mucho tiempo que no lloraba y mi alma empezaba a pasarme la cuenta. Lo que por mucho tiempo oí de la sociedad de que “los hombres no lloran” es una completa mentira y bien me lo recalcó mi madre cuando yo era pequeño; agradezco demasiado ese real consejo. Llorar es a veces una necesidad, pese a que lo reprimo tantas veces dependiendo de las circunstancias, cuando no quiero que me vean… sí, soy demasiado orgulloso como para que me vean en un momento de flaqueza y a veces soy demasiado ególatra. Mi primera lágrima fue al leer un pasaje del, que ya he mencionado anteriormente, Werther, cuando su amada la relata la muerte de su progenitora y todo lo que ella debió pasar por ello: me quebré luego de mucho tiempo. La segunda vez fue caminando por el Muelle Barón, mirando las olas y observando el amor que había en el aire, perdiendo mi mirada en las luces de Valparaíso que me hacían pensar que alguien nos estaba observando desde allá afuera, en el universo magnánimo. Somos tan pequeños y a veces nos sentimos inmensos; todo a su momento, me dirán las voces del pasado que me formaron por 4 años. Y una tercera vez fue en la noche, pero no recuerdo si logró salir esa lágrima que parecía atrapada entre mis ojos; sólo recuerdo que lo hice pensando en eso que he estado pensando desde hace tanto tiempo y esta semana parecía incrementarse. Todavía tengo rabia por algo, pero, ¿contra quién? Nadie es el culpable de que la suerte sea de ese modo. “Nada podría estar mejor en este mundo” me mentiría el buen Pangloss que, pese a todo, nunca deja de mantener su optimismo ante la vida, ese que a veces empiezo a perder.

Y son esas lágrimas, ese ascenso al mundo de las ideas de Platón, esa hipersensibilidad en su máximo esplendor la que me hace recostarme con la luz apagada y abrigado con frazadas que por poco me cubren hasta la cabeza para soportar el frío de estas noches de invierno que se hacen cada vez más desiertas, mientras quiero que pase el tiempo para poder volver a comenzar; son esos momentos en que mis ojos quieren cerrarse y dejar d hablar, pero es el momento en que llegan a mi mente las ideas más extravagantes y locas que me pueda imaginar. Y me reclaman si no las considero, me reclaman si no las escribo, porque saben que yo no les voy a reclamar por estarme quitando el sueño que a veces comenzaba a conciliar. No tengo ni un contrato con ellas, por lo que the customer’s always right no tendría validez en este momento, pero siento como si estuviera comiendo de la mano de mi musa. ¿Es eso algo malo? No sé, me gusta, pero me da miedo por las posibles consecuencias que ello pueda traer. A veces las personas más bellas pueden transformarse en demonios sin saberlo, todo con tal de hacer valer su punto de vista como el superior. Las ideas aparecen en el momento más inesperado y no me queda otra que escucharlas: sé que en algún momento se lo voy a agradecer.

Aroma Romance

¿Qué es lo que me pasa? Ya no soy la misma persona que solía ser a principio de año; antes iba a todas las clases, incluidas las de la 8 de la mañana (aunque a veces carecieran de importancia), llegan momentos en que prefiero perder el tiempo en el vicio de facebook antes de que estudiar, he comenzado a hacer mandas estúpidas para ver si logro alguna de todas las cosas que quiero y hasta he dejado de lado mi pasión por crear nueva literatura. ¿Qué es lo que me está pasando? Un proceso de metamorfosis en que estoy mecanizando mi vida a un ritmo acelerado que me deja poco espacio para respirar; al parecer. Sólo tengo espacio para pensar en los libros y en ella: al menos agradezco que aún tengo un espacio de tiempo para soñar que te tengo entre mis brazos y te puedo besar sin miedos, al menos puedo engañarme por cinco minutos con una apasionada historia de amor como la que habría deseado Werther… ¡Qué lindo es soñar, pero a veces cuesta tanto encontrarse de vuelta con la realidad! Y con preguntas un tanto incómodas que luego buscas las maneras de sacarlas del paso, pero he aprendido a controlar esa extraña sensación y a tomarle el gusto, como ya me lo decía una amiga –que era una de las principales adeptas a mi idea de no ocultar los sentimientos-, de que es una experiencia genial. Claro está, si las líneas confluyen hacia el mismo punto inicial, de lo contrario, las líneas paralelas no acaban siquiera en el infinito.

00.16 de este día viernes 11 de julio: ya llevo 16 minutos de este nuevo día pensando en todas las cosas del día 10. Pruebas, estudio, libros, Cándido, Werther, Pushkin, Gogol, propuestas de lectura, Shakespeare llorando en su tumba, sangre, sangre, odio, enemigos, puñaladas en el corazón y lágrimas reprimidas que en algún momento se dejaron caer por las mejillas frías de un transeúnte conocido del Muelle Barón. Todo da vueltas como un espiral que no tiene terminación, todo es un torbellino, todo es un caos y a veces no lo entiendo. Me siento a mirar el cielo buscando esa respuesta que mil veces he dicho que me la dará el tiempo, ¡pero soy tan estúpidamente impaciente que me daban ganas de lanzarme al mar y ahogarme a pocos metros de alcanzar la orilla! No, darme un disparo en la cabeza es muy doloroso: además, puede que continúe vivo y soy cobarde del sufrimiento (lo siento, Werther, si querías reencarnar tu existencia diegética en mi cuerpo de carne y hueso, este no es el momento). Pensamientos, rosas que no encontré (pese a estar a pocas cuadras de mí), palabras entrecruzadas, personajes enemigos, miradas perdidas, triángulos imperfectos y una danza magistral que me hace suspirar, el silencio, llovizna, frío, mi bufanda azul tejida por mi madre, tú que caminabas distraída por tu mundo, tú que me tienes loco, tú que me tienes todo el día pensando en ti, tú que llevas esa amada naturaleza en tu cuerpo, tú que pareces gustarme cada día más. Tú, tú, tú, musa literaria de carne y hueso que busco cuando pierdo mi mirada en el horizonte del mar.

¿Qué es lo que me pasa? Creo que en el pasado no era así, ¿o acaso había reprimido tanto mi forma de ser que hasta lo había olvidado? Ahora que lo pienso, puede ser… o bien, algún espíritu romántico se aprovechó de mi debilidad corporal para tomar las riendas de mi vida por este tiempo y hacerme volver a sentir como me sentía algunos años atrás. Y es agradable volver a sentir eso, volver a tener una motivación cercana y soñar con que ocurrirá algún día eso que tanto he soñado. Let it be, because it’s fine, because it’s one of the best things than can happen to you. Estoy aprendiendo a convivir con este aroma romance que inunda mis líneas y me entrega tantas nuevas ideas que gustosamente, si Dios me da el tiempo suficiente, podré compartir.

miércoles, 9 de julio de 2008

Just smile

Han sido varias las veces en que me he puesto a revisar mi agenda para ver qué cosa tengo que hacer cada día y no puedo evitar recordar lo que sucedía el año pasado por esta misma fecha: empezaban las vacaciones de invierno más largas que haya tenido en toda mi vida. Es evidente que recuerdo el mes y tanto que perdí al estar en paro y lo único que se me viene a la cabeza es un “gracias, compañeros” (imagínense alguna carita de MSN relacionada con el enojo). Pero no sólo es el hecho de que no habrá semanas de vacaciones –sólo el período de exámenes-, sino porque es probable de que me vaya a examen, lo que significa que no terminaría hasta diciembre. A la misma fecha del año pasado, era capaz de levantarme a las 6 de la mañana y durar hasta casi las 7 de la mañana del día siguiente: ahora mi punto de defunción sucede casi a las 3.30 de la madrugada, inevitablemente.

No sé si guarde mucha relación el contexto que he señalado, pero proseguiré. Y como a estas alturas las neuronas que quedan son pocas y están bastante cansadas como para intentar pensar en algo un poco más coherente, me bajó la tontera de pensar en la importancia que tiene la risa para mejorar nuestras vidas. Sí, es algo demasiado simple y que muchas veces es susceptible de ser pasado por alto, pero cada día me doy cuenta de que es importante y hasta necesario. Claro está que se libera no sé qué cosa (¿puede ser endorfina?), que se ejercitan no sé cuántos músculos, se liberan tensiones y se pasa un agradable rato. Todo producto de la junta con unos amigos anoche en que, como siempre, lo que más hicimos fue hablar de estupideces y de reírnos hasta no poder más… creo que me hizo bien, aunque me duele un poco el estómago producto de ello.

A veces me doy cuenta de que me he puesto tan serio –y grave- en casi todo ámbito y me cuesta reírme de cada cosa extraña que sucede en esta vida. Lo mejor es reírse de los propios defectos y vivir con buen ánimo porque creo que las cosas van mejor si te planteas ante ellas con una sonrisa. Sí, reírse de cualquier cosa y plantearse la vida como una instancia en que debes pasarlo bien, sin importar las situaciones adversas a las que puedas estar sometido. Ríe cuando todos estén tristes dice la canción y es lo que estoy intentando. Tal vez sea la manera de llegar hasta mis sueños. A veces las cosas de la vida nos hacen ver nuestros días como algo interminable, pero al parecer no es así… en el último tiempo me he cuestionado tantos aspectos de la mía y me han dado ganas enormes de reclamar porque las cosas no son de otra manera. Y tampoco es por sumarme al pensamiento del maestro de “Cándido” (Voltaire), sino que es porque comienzo a darme cuenta que las experiencias vividas son algo invaluable… just smile.

lunes, 30 de junio de 2008

Lo que siempre he estado buscando...

Cuando miré el reloj y eran las 20.00 hrs, pude al fin entregar mi “entretenido” certamen de aplicación de la cada vez más temible gramática sincrónica. Di un respiro de alivio y salí a dar unas vueltas al pasillo para quedarme conversando unos 10 minutos con quienes ya se habían librado al igual que yo; esta hora extra gracias a los reiterados paros que han convertido este semestre en un ineludible karma de nunca acabar parecía unirse al lateo colectivo luego de la entrega de las notas de teoría y crítica, donde el fantasma del examen (o peor aún, de la reprobación inmediata) rondaba por todos lados y se convertía en una sombra que entristecía. Sí, me entristecí bastante pese a que lo tomé para la risa y sonreí. Sí, me entristecí aunque no se notara mucho, porque veo que las cosas se están poniendo cuesta arriba y son riesgos que a veces da miedo tomar, pero no queda otra que continuar en esto. Y como me tomo casi todo personal, la actitud de ciertas personas me hizo entristecer aún más: lo único que hacía era sentirme triste por su situación, quería entregarle mi ayuda si fuese necesario, pero hasta me daba miedo seguir preguntándole.

Necesito 30 minutos para salvar mi día, para oxigenarme, para echar a volar mi mente, para ver Valparaíso en silencio a eso de las 20.00 hrs antes de tomar la micro de regreso a mi casa; de verdad, lo necesito. Necesitaba caminar tranquilo por la calles y pensar en demasiadas cosas. Suelo creer que tú estás en algún lugar observándome o haciendo lo mismo que yo, tal vez en paralelo. Quería creer de que tú también estabas pensando en mí desde algún lugar y que querías acercarte a mí cuidadosamente por temor a no sé qué… tal vez por ese mismo temor que tengo yo ahora de encontrarme contigo. Necesitaba 30 minutos para reponerme… y lo hice. Aún recuerdo como me alejaba lentamente del Gimpert sin mirar atrás, sin mirar que tal vez podrías estar escondida en alguna de las esquinas para marcharte a caminar hacia algún lado. Las palmeras de la avenida Brasil se alzaban hacia el cielo mientras yo intentaba caminar derecho, erguido, hasta que se cumpliera el tiempo que había planeado.

En esos momentos fue cuando de nuevo me puse a pensar en ti. Tal vez ni te conozco, tal vez te conozco y tú tal vez estás en la misma situación que yo. Necesito tu abrazo y cada día parece que te necesito más, pero no sé cómo llegar a ti ni dirigirte una palabra. ¿Me ayudas? Necesito sentirme abrazado a ti y tus manos acariciándome el pelo desordenado que probablemente no te guste. Necesito caminar a tu lado tomado de tu mano y sonriendo de tu presencia. Y es que un abrazo femenino es algo irremplazable: esa paz de su mirada, esa sutileza de palabras, ese cariño que sólo en sus brazos puedo encontrar. Una mujer es irremplazable y es por eso que quiero estar a tu lado, porque sólo en tu regazo encontraré lo que siempre he estado buscando…

jueves, 26 de junio de 2008

Light

Hacía poco (en realidad, como 3 semanas), tuve una clase en la cuál se nos habló de la importancia que tiene para el cuerpo humano el hecho de saber respirar correctamente y su influencia en la conservación de nuestra voz a lo largo de nuestra vida. Fue inevitable recordar ciertos personajes ancestrales y vetustos cuyas voces parecían ser un susurro que ya no podía dar más, que en cualquier momento se pondría sobre su cabeza un “requiescat in pacem” para concluir con la historia. Y claro está, también, que uno se pone a pensar que llegará un momento –esperado o inesperado, quién sabe- en que también nos convertiremos en esos seres llenos de experiencia (espero) y, probablemente, nuestra voz también se vea perjudicada.

Anyway, el pensamiento que surgió en mí en ese preciso momento fue una ola pesimista que acabó cuando al fin me pude volver a reír, que fue al poco rato: ¿Dónde está esa anhelada libertad del ser humano de vivir sin preocupaciones? O sea, hasta para ocupar nuestro propio cuerpo es necesario saber las consecuencias de sus actos (seguramente en los tiempos primitivos debió de haber una excesiva natalidad por no saber las consecuencias del mejor de los placeres humanos), pero lo que no pudo sino dejarme atónito fue el tema de la respiración. Yo que creía que era una de las pocas cosas involuntarias, gratuitas y poco dificultosas que el ser humano podía realizar día a día… claramente, me equivoqué.

Pese a que es poco lo que recuerdo –fue poco lo que entendí de “la caja” que se forma al respirar (¿?)-, no era esa mi finalidad cuando me senté a escribir un rato. Ocurre que, de un momento a otro, vuelvo a mi ideal “simplista” de que si no supiésemos nada, seguramente seríamos mucho más felices: simplemente que actuáramos de acuerdo a lo que el contexto nos permite o nos señala. Sería mucho más fácil, ¿o no? Tal vez me moriría joven y feliz de haber vivido sin todas las limitaciones que uno se va autoimponiendo porque “te hace mal” o “te acorta la vida” (o “puede producir hijos”). A veces quisiera vivir en un mundo complemente “light”, como las aves que vuelan tranquilas en el aire. Kant me reprocharía mi pensamiento al decirme de que es necesario que uno pase a una mayoría de edad de la razón para que el resto no tome las determinaciones por mí, pero creo que es tan fácil que alguien siempre fuera mi tutor. Un mundo eternamente fácil… sería genial.

Pero luego de divagar un breve momento –porque tengo que seguir estudiando y “aprendiendo cosas” que pretendo me hagan ser más feliz durante el resto de mi vida-, es inevitable darte cuenta de que saber es un deseo innato del ser humano. Hay que afrontar la realidad… y es necesario conocerla para poder subsistir: entenderlo todo, definitivamente, me haría mucho más feliz.

sábado, 21 de junio de 2008

¡Salud por ti, Pauli!

Estaba dando vueltas en mi pieza mientras reclamaba al aire: ¿por qué siempre se me pierde el maldito “Blistex”? Sí, esa cosa para cuando uno tiene los labios partidos… es que en estos últimos días ya ha hecho tanto frío que ni la piel resiste y la imagen personal es algo que uno debe cuidar de cierta medida: tal vez uno encuentre a la persona indicada en el paradero o no sé dónde como ya he escuchado tantas veces y ya me resigné a no creer. Y al recordar los labios partidos mientras me aplicaba esa cosa (que más de alguna persona se ha reído creyendo que es rouge), me acordé de la agradable salida de la noche anterior con una de las personas que he compartido durante este último tiempo: mi amiga Pauli, con quien hemos entablado una amistad genial y un cariño que no me imaginaba que íbamos a llegar a tener.

Una de las cosas que nos une es el ánimo permanente para salir de carrete. Otra, la música pop-alternativa con la que podemos bailar hasta cuando ya nos duelen las piernas. Otra más, una que otra cerveza helada de vez en cuando para termi
nar conversando de cualquier estupidez. Y es que la Pauli es de una de esas personas con las que parecí llevarme bien casi al conocerla y poco a poco fuimos creando esta amistad. Esas salidas de improviso y esas conversaciones locas que nos han hecho conocernos cada vez más o la hospitalidad con que me ha recibido cuántas veces en su departamento, en el que ya me ha hecho sentir “como de la casa”; y claro, pues es una de las pocas personas a las que puedo llegar a su casa a sacar un vaso y servirme agua casi sin pedir permiso. Una estudiante de geografía con tantas historias locas a las que me ha invitado a participar y que espero sean muchas más.

Definitivamente, salir contigo anoche me hizo demasiado bien: ya te había contado que andaba un poco de extraño de ánimo por una situación que me incomodó bastante y de la que luego me pude resignar, después de todo me doy cuenta de que cuento con gente como tú que me quiere como soy: a veces perno, a veces latero, a veces amurrado, a veces excesivamente prendido, a veces hablando tanto que llego a marear, etc. Y tomo un comentario tuyo que me gustó y que varias veces he hecho parte de mí: “si alguien te quiere, te querrá tal y como eres”. Y claro que me subiste la autoestima cuando destacaste algunos de mis atributos físicos jajaja…

¡Salud por ti, amiga! Gracias por tu alegría permanente y tu comprensión cuando “me funo” en el mejor de los momentos. Gracias por escucharme siempre que quiero hablar estupideces o cuando quiero hablar cosas relativamente serias. ¡Gracias por tantas cosas! ¡Salud por esta y por las que vendrán en el futuro, por miles!

Ya que se me olvidó el momento ebrio-cariñoso ayer en la noche, tenía que expresarlo en el blog jaja.

jueves, 19 de junio de 2008

Me confundes...

Me confundes: me confundes cada día más y es algo que no sé por cuánto tiempo más pueda soportar. Me confundes y creo que he estado a punto de explotar, de decírtelo todo de una vez olvidándome por un minuto de tu posible reacción y de las consecuencias de esto, pensando en mí por un instante para quitarme este caos que tengo dentro de no saber qué es lo que está pasando. Creo que estoy a punto de explotar y cualquier cosa puede suceder en este momento, creo que si te lo dijera todo podría sentirme mucho más tranquilo… tengo tantas probabilidades de perder, pero al menos dejaría de sentirme como un mentiroso a tu lado: después de todo, aún no he dicho nada y cualquier cosa que puedas estar pensando sólo es obra de tu propia imaginación. ¿Acaso es algo más? Es lo que quisiera creer, pero a estas alturas ya no sé.

Me confundes demasiado y no sabes cuánto; creo que no sabes siquiera que tus actitudes, en vez de alejarme, me hacen enredarme más y querer buscarte para aclarar el asunto. Sí, si acaso querías hacerme sentir mal, es lo que estás logrando: créeme que he sentido enormes ganas de llorar después de todo esto, he regresado a mi casa con un nudo en la garganta y una pena que me oprime el pecho, he sentido ganas de olvidarme de todo para poder volver a comenzar de cero. ¿Es que no te das cuenta de que son tus actitudes las que me tienen así? ¿Por qué tienes ese miedo a lo que otro pueda estar sintiendo por ti? Créeme, si te estoy asustando sólo te puedo pedir perdón: sólo quería demostrarte que estoy a tu lado queriendo saber qué es lo que me está pasando contigo. Sí, es una maldita indecisión… quisiera saberlo todo, quisiera saber lo que tú piensas, pero siento que no me das el espacio: huyes antes de que pueda decirte algo.

Siento tanto frío a mí alrededor, la lluvia cae y creo que es menos fría que tu actitud. ¿lo haces con intención? ¿Lo haces para que me olvide de ti? Si no soy tu elección, lo respetaré: nada cambiará y todo seguirá siendo como antes. Ya casi no me siento capaz de mirarte y si me acerco a ti es con temor, pues creo que te has dado cuenta. ¿De qué sirve el misterio si tu sexto sentido de mujer ya te ha dicho todas las cosas con anticipación? Y yo sólo tengo mi carencia de instinto para darme cuenta de qué debo hacer. No quiero que escapes, quiero que sigas siendo como siempre has sido: ¿acaso piensas que soy un psicópata que te va a hacer algo malo? Jamás me atrevería a tocar siquiera tu aroma si tú así no lo quieres. No quiero que lo sepas todo y juegues conmigo: que me digas palabras hermosas y luego me ridiculices delante de todos. Sólo te pido que aclares tus actitudes: ayúdame a saber qué es lo que estoy sintiendo en realidad, ayúdame a saber cómo debo actuar.

domingo, 15 de junio de 2008

Otra vez tú

Estuve pensando en ti otra vez, casi como todos los días anteriores cuando pretendía encontrar una respuesta a esa interrogante: tú. Y me cuesta darme cuenta de algunas cosas que pareces decirme en silencio cuando nuestras miradas apuntan hacia horizontes distintos y el vacío entre nosotros sólo se transforma en una vía congelada en donde es imposible hacer surgir una rosa… o al menos eso es lo que pretendes hacer aparentar, como para que ahogue la semilla que estaba cultivando para que creciera fuerte y poderosa hacia las alturas del cielo. ¿Qué es lo que está pasando en mí? ¿Qué es lo que está pasando en ti? A veces siento que si me decido a dar el primer paso sólo haré el ridículo y la idea de tener que volver a verte todos los días con el peso de eso me causa temor: a ratos creo que sabes cuál es el juego y te has sumado para hacerme creer que todo es cierto, pero llegado el momento puede que no dudes en acabar todas mis ilusiones con un rotundo y contundente “no”. Un día me gustas, pero al día siguiente parece que ya no y el ciclo da vueltas a cada rato sin darme los segundos suficientes para saber con qué postura me quedo: simplemente no entiendo. Acaso robarte un beso de improviso me haría darme cuenta de qué es lo que está pasando en realidad, si tus palabras temerosas esconden algo más, si tu mirada en ese momento me decía que se había dado cuenta de lo que había dicho subliminalmente.

Y bastó sólo un minuto en que te alejabas de mi lado, bastaron sólo esos instantes de silencio en que estar a tu lado ya no era algo que me hiciera sentir feliz: quería huir cuanto antes para olvidarme de eso que estaba sintiendo y que me repetía una y otra vez que no podía ser… por qué no podía ser, qué se yo. Pero vuelvo a las noches en que eras mi musa, en que te amaba tanto que te escribía miles de palabras (prosa y verso) para hacer nacer una historia que sólo es parte del papel, pero que a veces me parece tan real como si fuese de carne y hueso. A ratos he querido besarte, abrazarte y darte toda mi ternura; a veces he querido estar a tu lado mirándote sin decir nada, dejando que el tiempo pase sin que nos preocupemos de él. Sí, eres mi musa de ese entonces; fuiste mi musa en alguno de los cuentos, sin quererlo, sin saber por qué te elegí para esto. ¿Acaso eres lo que he estado buscando por tanto tiempo? ¿Acaso serás alguien que dejará una marca en mi vida? ¿Cómo saberlo? Sé cómo obtener la respuesta, pero me da miedo arruinar todo… porque siento que si lo hago, sólo lo arruinaría. Sí, he comenzado a pensar que tú estás enamorada de alguien más y que esa persona que creía que era yo, parece ser otra. ¿Otra vez me estoy equivocando?

Sólo hay una forma de saberlo y es la que más me da miedo. Me da miedo si es que estoy en lo correcto, pero más miedo me da estar equivocándome y que de un día a otro te vea a mi lado besándote con el amor del cual me estabas hablando… ése que creí que podía ser yo. A veces me gustas y a veces no… no sé ni lo que siento. Estoy a tu lado y quiero huir, pero en mis sueños y en poesía te has convertido en mi musa… ¿qué hago? Tal vez si pudiera llegar a tu boca y que nuestros labios se acariciaran tiernamente encontraría alguna respuesta…

viernes, 13 de junio de 2008

Murphy’s law is working on so hard in me...

Murphy’s law is working on so hard in me... fue lo primero que pensé ayer jueves 13 de junio cuando salía temprano de mi casa para acudir a unas “diligencias” (esa palabra hacía despertar mi imaginación cuando era pequeño y hasta la encontraba interesante). Y claro que los preceptos de la queridísima Ley de Murphy suelen manifestarse, por lo que me he dado cuenta, en el ámbito de los estudiantes con nuestra característica falta de tiempo o el desorden que nos sucede justo cuando más necesitamos encontrar algo. La querida ley de Murhpy… ¿por qué tiene que aparecer cuando más necesitamos que las cosas sucedan como lo habíamos planeado? Tal vez puede ser una simple sugestión que provoca todas las situaciones que hemos detestado, pero el hecho es que suceden y ya no me quiero detener en la influencia social de mi mente… si fuera por eso, he deseado mil veces que me caiga dinero del cielo y, hasta el momento y en base a mi conocimiento de mundo, no se ha anunciado ningún temporal de dinero en efectivo al menos en mi zona.

Todo sucedía cuando pretendía llegar a Valparaíso a las 9 de la mañana (cuando todo acabó me di cuenta de lo hiperbólico que soy, pero me entretengo haciendo esto) y, para ese cometido, es que debí levantarme una hora antes de lo que me levanto tal día. 7 de la mañana y realmente consideré dejar para otro día la diligencia. No obstante, y por el cargo de conciencia de haber puesto la alarma y seguir durmiendo de manera “tan irresponsable” como podría decirme alguien, es que me levanté y realicé lo típico de la mañana: una ducha de 15 minutos (me lo han dicho mil veces, pero persisto en mi actitud de demorarme tanto: es que el sueño hace que uno pierda la sensación del tiempo), vestirme, hacer la cama y tomar desayuno. Salgo a las 8 de la mañana (el viaje desde mi casa a Valparaíso es algo así como del campo a la ciudad, por lo que me tomo una “entretenida” y “cómoda” travesía en las micros pintadas de color gris y naranjo del TMV) para encontrarme con una tranquila población que se encontraba completamente revolucionada: ¿Acaso todo el mundo despertó al mismo momento y tiene que salir a la misma hora que yo? No sabía que podía haber tanto movimiento en esta población que está muerta casi todo el día y hasta me imaginaba las épocas de protesta en que la gente se agolpa violentamente a marchar por algún ideal (legítimo y a veces, aunque les duele reconocerlo, insensato). Y definitivamente me di cuenta que a las 8 de la mañana es la hora de colapso del cada vez más poblado sector de “Los Pinos”, donde la movilización pasa con una frecuencia vergonzosa de a lo menos 15 minutos y, más encima, repleta, haciendo que las condiciones de mi “cómodo” y “entretenido” viaje no lo sean tanto… de ahí que me dolieran tanto los pies y las piernas al llegar a Valparaíso.

Y claro que uno piensa que “es lo que hay” o “al menos, esto aún es mejor que el Transantiago” y sólo deseo llegar a mi destino lo más rápido posible. Todo “bien”. La gente colgando hasta en la pisadera, mi distancia íntima absolutamente violentada, la presión de la velocidad y detenciones que me hacían temer ser aplastado, escasamente sujeto a una baranda que luego se salió de su lugar, oxígeno cada vez más viciado y un chofer que continúa recibiendo pasajeros al tomar el camino más largo… “todavía hay espacio en el techo” pensé que sería el pensamiento el chofer al continuar recibiendo gente. Pero lo mejor estaba por suceder… continúa su eterno camino y de un momento a otro es que comienzo a percibir un olor que he percibido en situaciones anteriores, un olor como a quemado y un humo que al moverse la micro podía pasar desapercibido. Y nuevamente me puse a pensar “¿acaso ahora se va a quedar en pana?” (no sé cómo se escribe correctamente, pero al menos se entiende la idea… sí, futuro profesor de castellano y no lo sabe, pero en fin). Y me sorprendí al ver que continuábamos, un pasajero se baja y le reclama al chofer mediante una expresión que sólo la situación explicaría su significado y que hasta me tomó un rato entender. Unas cuantas cuadras más allá y se detiene; yo escuchaba música y me di cuenta después, cuando el chofer preguntaba cuanto habíamos pagado para devolvernos el dinero… se cumplía nuevamente la maldición de la mala suerte. Murphy’s law is working on so hard in me...

La micro que venía tras ésta estaba vacía, por lo cual alcancé a tomar asiento al lado de la ventana, pero ya no tenía ganas de dormir porque era seguro que iba a pasar de largo (había dormido muy poco en la noche y el día anterior había sido bastante agotador). Cuando llegué a Valparaíso eran las 09.15 y tenía sólo 50 minutos para lograr mi objetivo: luego de todo, pensé que la tercera también correría con la misma suerte. Pero al menos, la ley de Murphy no actuó en 3eras circunstancias… algo es algo. Después todo, dentro de lo malo tenía que haber algo bueno y con lo que preferí quedarme luego de toda esta graciosa odisea “campo-ciudad” pues lo logrado me servirá y lo voy a notar: algo es algo.