lunes, 11 de mayo de 2009

Él o Yo.

Dije que me había olvidado de ti y no lo niego. Dije demasiadas cosas y a veces hasta no me acuerdo. Sí, muchos pensamientos plasmados en unos cuantos versos que a veces no son ni versos. Un montón de sentimientos que se codifican en palabras que a veces no logran trascender su real sentido. Sentirse así no es morir de amor, sino que parece estar en un trance o en algo parecido al limbo: ni en el cielo ni en el infierno y tampoco en el purgatorio, porque tampoco se trata de estar pagando por una culpa. No, no tengo nada de qué sentirme culpable, nada que haya hecho daño al mundo... ¿o sí?

Mientras se acumulan historias, cuentos y demases en mi escritorio, pienso en lo que he dicho y no lo niego. No, no voy a decir que no dije que me había olvidado de ti porque sí lo dije, está escrito y rayado con plumones en muchas puertas para que todo aquel que entre las lea, para que todo aquel que se libere de sus penas se entere. Sí, fue lo que escribí.

Ahora el problema es que no sé si fui yo quién lo dijo o si lo fue el hablante netamente verbal de mis palabras. A veces somos el mismo, pero no sé si también lo fue en esta ocasión. Dime tú, si lo dijo él o lo dije yo.

domingo, 10 de mayo de 2009

La Respuesta

Todavía me pregunto algunas cosas que, probablemente, no tengan una respuesta. A decir verdad, sí, tiene una respuesta; el problema es que debo hacer algo para obtenerla, caminar hacia un destino. Y es, precisamente, ese destino el que me da más miedo, porque puede que me dé la respuesta que espero o puede que me dé la contraria. Y lo más extraño, es que me da más miedo recibir la respuesta que quiero... ¿cómo se explica eso? Tal vez, haberse acostumbrado a ciertas situaciones y creer que eso ha sido la experiencia. Creo que el horóscopo no podría señalarlo mejor "la experiencia no son las cosas que suceden, sino lo que haces con esas cosas que suceden".

Y puede ser tan fácil, acercarme y escuchar la respuesta. Puede que sólo haya sido un sueño producto de ese subconciente que comenzaba a despertar mientras yo ingresaba al mundo onírico. O puede que, en algún atisbo de conciencia, se haya establecido realmente ese viaje y esa voz haya sido una real respuesta a lo que estaba preguntando. ¿Cómo voy a comprobarlo? Lo sé, debo caminar unos cuantos pasos, pararme enfrente y, simplemente, preguntarlo. Me tiemblan las manos de sólo creer que no fue un sueño.

sábado, 9 de mayo de 2009

Como la vida misma

Es algo tan sincero como el encuentro programado con tus amigos de infancia y las palabras que, por casualidad, se cruzan en un momento determinado, en un momento crucial. Sí, siempre es grato encontrarse con los amigos de toda la vida y conversar de todo lo que te ha pasado, de lo que has hecho y de lo que quisieras hacer... de las cosas que te tienen enrabiado y ya te hacen doler la garganta, de esas coas que sabes que debiste haber hecho y aún, por temor, no has podido hacer. Y así es la vida, con todas sus distintas aristas, pensamientos y sensaciones, con esas cosas que le suceden a uno de repente que lo hacen pensar que la vida no te trata como corresponde o, en el mejor de los casos, que eres un ser bendecido por la divinidad al ver una sonrisa en el camino.

Claro está que los amigos siempre te dicen las cosas tal y como son: duras, fuertes y a veces hasta dolorosas. Por eso son amigos, definitivamente. Lo bueno es darse cuenta de que cuentas con gente importante, que estará dispuesta a decirte las cosas que corresponden sin mayores preámbulos (así de simple, si es que te has portado como un hueón, te lo dicen y ya). Y lo entretenido es ver que se te pasa la hora y no te aburres de conversar e, incluso, no te aburres de que te reten porque tienen razón.

Es chistoso ver que, de una u otra forma, estamos en un mismo punto, un mismo momento del cual queremos determinar cuál será el futuro. Y así es la vida, inconclusa, sin final, a la espera de que algo suceda... como la vida misma.

jueves, 7 de mayo de 2009

Calamidad

Estimado no-sé-quién:

¿Puede decirme lo que pasa?
Hablé con Dios, pero no me respondió (no le entendí).
Hablé con el diablo, pero me mandó lejos (no sé qué dijo).
Hablé con mi ángel de la guarda, pero tampoco entendí (¡Aleluya!).

No sé a quién dirigirme para hacer un reclamo.
No sé el horario del cielo.
No sé cuánto sale el pasaje.
¿Acepta dólares o pesos?
¿Visa o Mastercard?
¡Cheque o efectivo! ¡Lo que sea!
Necesita una respesta: algún ser del universo que responda,
alguien que dé la cara,
quiero saber el motivo de tanta calamidad.

Sí, soy yo.
Sí, yo-calamidad-máxima,
yo calamidad que no se entiende ni de nombre
ni cuando pretende cantar algo.
¿Acaso sabes lo que la calamidad piensa?
Sólo ves lo que crees que es,
what he is,
but what he's not.

Sí, sí, sí,
no, no, no.

Yes! Yes! Yes!
Lo que dices suena tan sexy,
aunque no entiendo nada
(you're so disgusting horse fucker).

Calamidad eterna de palabras,
de silencios,
de ensueños,
de ser un ser-viviente
que aogta el poco oxígeno limpio.

Calamidad estrepitosa,
con un verbo inventado,
y una película que no arrendé,
por suerte. (My life's for rent, sorry condullum
por apropiarme de tu estilo,
pero sé que lo entenderás)

Calamidad de calaveras,
demoniaco capitalista,
destrucción fachomarxista,
terrorista,
prefiero ser pacifista.

(Salven a las ballenas, sálvenlas ya)

Estimado, responda, no quiero más calamidad.
Responda, quiero saberlo todo.
¡Responda ya!

Au revoir.

miércoles, 6 de mayo de 2009

¿Por qué no llueve?

¿Por qué no llueve? Quiero ver el agua caer estrepitosamente contra los techos (sí, quiero ver el agua estrepitándose contra los techos, aunque una profesora me haya dicho que ese verbo no existe; no importa, ¡lo invento!). Quiero ver cómo los vidrios se llenan de agua y las gotas corren hacia el infinito, se separan, se desarman y se vuelven a armar, como la canción de Gepe. Quiero tener que salir cubierto con una chaqueta que me hace ver como si tuviese dos veces mi volumen real, vivir en ese micro mundo que se forma en el espacio que queda entre la enorme chaqueta y mi cuerpo real.

¿Por qué no llueve? Hay sequía, San Isidro está en huelga, no estamos rezando lo suficiente o, simplemente, las nubes están demasiado contentas como para "llorar". En realidad, les hace falta estar más contentas, para que lloren de felicidad.

(O eso que nos dicen cuando pequeños, que llueve cuando los angelitos hacen pipí...
qué cosas nos enseñaban cuando éramos chiquititos y nos creíamos casi todo)

Ya estamos en mayo y normalmente en esta fecha ya ha llovido su resto. ¡Quiero que llueva! Próximamente procederemos a hacer la danza de la lluvia, esperando que los dioses escuchen nuestras plegarias.

lunes, 4 de mayo de 2009

Suenan las alarmas.

Suenan las alarmas alrededor. El delincuente huye despavorido, tiene miedo. Está cansado, está agobiado por lo que no ha hecho, pero lo persiguen dispuestos a acabar con su vida tras unos cuantos disparos enredados de sangre y maleza podrida que expandirán sobre su cadáver de joven sonriente con "tanto potencial". Lo que él no sabe, es que luego ocuparán su cuerpo para resucitarlo y asesinarlo una y otra vez, casi como Prometeo. El delincuente huye, no está vestido de negro; está vestido como una persona común y corriente.

Suenan las alarmas y él está oculto tras los basureros en donde se esconden los restos humanos que no han podido procesar. Está escondido, tiene frío; está descalzo, sólo alcanzó a ponerse el pantalón del pijama antes de huir, siente el frío en la espalda y se le congela el pecho al ver sus pies sobre la calle que yace escarchada. Escárchame el silencio, escárchame la vida, escárchame los pensamientos para ser tan rápido como el viento. Allá vienen tras él, ¿dónde más me puedo esconder? Ve las luces que van y vienen, pasan a su lado, pero aún no se han dado cuenta de su posición. Esperaré el momento correcto para salir corriendo. No des un paso, tus pies resbalarán en el hielo.

Ahora lo recuerda con cierta nostalgia, ahora lo recuerda con tristeza. Ahora ve su cuerpo amarrado a la mesa de disección; sus muñecas amarrados con correas de cuero -esa piel que le extirparon a otra víctima anterior-, sus tobillos atravesados por gruesas cadenas por las cuales aún gotea su sangre. Se ríen de él, se ríen de su "tanto potencial" que está derrochado sobre la mesa, con el pecho al aire cuando el guante quirúrgico se acerca malicioso; las agujas le perforan la piel, los cuchillos las espaldas lo cruzan hasta la espalda. Aunque, después de todo, no es la primera vez.

domingo, 3 de mayo de 2009

El Gran Día

Y un día cualquiera, así de la nada, se le apareció ese mensaje como un genio que de pronto sale de una lámpara mágica, arrojada por el mar y que llega directamente a sus pies. Sí, un día cualquiera comenzó a darse cuenta de que tenía los materiales necesarios para construir un barco y echarse a navegar por los 15 mares (sí, son mucho más que 7). A su lado estaba el genio hablándole de mil cosas, de cómo martillar en el clavo correcto y no morir en el intento. Martilla, martilla, poco a poco la embarcación será lo suficientemente firme como para lanzarse a navegar.

Estaba sentado en la arena, a pocos pasos de la orilla: el agua llegaba suavemente y le sonreía. El horizonte a lo lejos se veía tan bello como lo que sólo él consideraba como bello. Se durmió pensando en el gran día: cada vez, faltaba menos.

sábado, 2 de mayo de 2009

Frente al espejo

Es chistoso ver cómo se te pasa la vida sentado frente a un espejo, mirándote las líneas del tiempo y de las expresiones que has hecho y que no siempre han sido las más agradables, no siempre han sido las que querías. Se pasa la vida y no sabes cuánto más va a durar o si acaso llegará eso que estabas esperando. Se pasa la vida y sientes como si lo único que hubieses hecho es mirarte al espejo, cuando en realidad fue lo que nunca hiciste: cuando en realidad nunca sabías cuál era tu imagen y probablemente ahí radicara gran parte de los problemas. Porque, aunque cueste reconocerlo, casi todas las cosas entran por la vista y muchos hemos salido perjudicados por las bondades de Dios.

Estaba sentado frente a la ventana, mirando mi reflejo en el vidrio, cuando en realidad quería perderme en el horizonte que se dibujaba en la montaña. Correr y ser libre en aquel limpio aire de montaña, el aire de la nieve y el frío invernal que te congela hasta los huesos, donde al fin puedes dejar que tu alma sea libre. Quiero correr hacia ese paraíso prometido, quiero encontrarme con esos seres celestiales que se me han prometido en sueños. Pero, por sobre todo, quiero encontrarme con un ser: con el ser especial, con ese ser femenino que viene a cantarme todas las noches mientras duermo. Sí, quiero que me revele su nombre, que me abrace, que me acaricie.

Sigo sentado frente a la ventana, mirando los astros: puede que vea alguna estrella fugaz, puede que le pida que me cumpla el deseo. Sólo queda seguir esperando sentado, frente al espejo.

viernes, 1 de mayo de 2009

Belleza

Ella miraba por la ventana. Su mirada era tan bella como el encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección*. No sabía hacia dónde llegaba el horizonte, sólo sabía que quería nadar, nadar, nadar hasta llegar más allá y ver esas costas paradisiacas que le prometieron alguna vez; esas historias que la institutriz le contaba antes de dormir, esas historias que les habían hecho amigas desde siempre. Lástima que aquella dulce mujer ya no estaba a su lado para acompañarla, lástima que ella era su única real amistad.

Miraba por la ventana, sonreía a las sirenas que de vez en cuando asomaban sus aletas, como invitándola a sumergirse en el mar. El cuento del príncipe que la vendría a buscar era una mentira y ya se estaba resignando a la idea de ser ella la que cabalgase en su búsqueda. ¿Qué dirían todos al respecto, no está en contra de lo establecido? Nunca se preocupó realmente de lo que los otros decían, no tenía ningún sentido. Las cortinas de su ventana eran grandes y blancas como su piel. Ella, mientras tanto, dibujaba trazos en un lienzo intentando quitarse las analogías preestablecidas de lo que era bello y lo que no. Sonreía mientras cantaba: Bello como la voz desafinada de una mujer que canta en una biblioteca, bello como el Marga Marga cuando una pepita de oro pasa de largo excrementada, bello como un crucifijo cristiano que por azar ha caído sobre un libro que habla de ateísmo. Bello, bello, bello como la belleza de la gorda confudida por el oso polar.

Bello como el cadáver de la dulce mujer que era su amiga y el puñal ensangrentado que se le caía de las manos.

*Frase del Conde de Lautréamont.

Aún sigues aquí

Anoche viniste a mi casa, dormimos juntos y luego me miraste con ese rostro tan dulce de siempre, como si nada. No entiendo el por qué de la fragilidad de tu memoria, pero tampoco me preocupo mucho: así te conocí y así te aprendí a querer, no te quiero cambiar. Probablemente tú me hayas cambiado un poco, pero sólo dentro de los parámetros permitidos, de los parámetros que yo he permitido. Claro, claro: me manipulabas para que yo hiciese lo que quería, pero ¿acaso tú no hacías lo que yo quería que hicieses también? No se te olvide esas noches que pasamos mirando las estrellas, abrazados bajo una frazada y sobre las frías baldosas de la terraza que daba al mar. Sí, ambos un poco ebrios, bebiendo ese vino Concha y Toro que tanto nos gustaba, pero que ahora ya no recuerdo.

Anoche yo estaba solo, dormía con pijama aunque te parezca tan extraño. Miraba por la ventana e invocaba tu nombre cada vez que veía una estrella fugaz pasar por el firmamento bañado de puntos estelares: inconcientemente, dibujaba tu nombre una y otra vez, como para que no se me olvidara. Y, así de la nada, apareciste a mi lado. No quise preguntarte nada, no había caso, para qué. Era tan dulce tu sonrisa, hermosa, como siempre me había cautivado. Me besaste, nos besamos, te besé y me besaste. Nos besamos y sonreímos, sin abrir los ojos. Ya no teníamos terraza, ni vino, ni vista al mar. Tampoco teníamos el mismo espacio ni tiempo: ¿podríamos acaso viajar en el tiempo?

Cuando abrí los ojos, el dinosaurio no estaba aquí: no estaba ebrio como para imaginarlo. Abrí los ojos y te pillé abrazada a mí, no te habías ido; aún sigues aquí.