sábado, 9 de octubre de 2010

Vasos de agua, de jugo, de anís.

Vaso de agua, de jugo, de anís.
Silencio perpetuo escondido en un cristal
y la mirada asesina que dibuja el camino hacia su víctima.
La esperanza de un objetivo impreciso,
de hechos consumados,
de la perfección milimétrica de una navaja entreabriendo la piel.

Donde bailan los nocturnos caminantes,
donde cantan los artistas bohemios de la calle,
donde duermen los vagabundos y errantes,
donde aparecen los niños perdidos que nacen a la clandestinidad de la ciudad.

La calle del silencio, de la ilegalidad,
la calle sin ley, ni orden, ni Dios, ni nada.
Donde una estrella -dicen- cayó hace tiempo
y quedó oculta bajo el pavimento.
La calle donde se sientan a divagar los que se dicen filósofos,
delirantes en sus vasos de agua, de jugo o de anís.

jueves, 7 de octubre de 2010

Perderse.

Escribo, sí, escribo. Y no desde una trinchera porque no estoy luchando con nadie, no quiero matar a nadie ni tampoco a sus ideales. No escondido, porque no me escondo de nadie, no tengo nada que ocultar. Escribo de la vida misma o a veces de la no-vida misma, de esos universos paralelos que potencialmente existirían si se activara el botón de la imaginación, creatividad o utilizando los recursos verbales -y no verbales, claro está- que poseemos en nuestra vida cotidiana. Escribo para olvidarme del mundo, para crear otro, porque quiero ser un Dios en un universo paralelo. Sí, escribo porque a veces quiero ser egoísta y dominar el mundo con una sola palabra, en un solo párrafo... quizá en un intento de novela.

La palabra no fue creadora del mundo sino que al revés, se constituye como un recurso de elaboración de la existencia. ¿Por qué no elaborar una existencia ajena, distinta, extraña -muy extraña si es posible, aparentemente inconexa y sin ningún punto de referencia con eso que llaman 'realidad'-, a través de la cual establecer nuevas lógicas multidimensionales y sensoriales? Crear una nueva existencia ajena y, por un instante -o quizá, por toda una vida- perderse. 

Fotografía: Avenida Portales, Cerro Barón, Valparaíso. 

miércoles, 6 de octubre de 2010

Enredado

Estoy enredado entre conjugaciones diversas de verbos en pretéritos varios, de verbos en indicativos abstractos y acciones perfectivas de antaño que dan vueltas y no concluyen. Se pisotean los conceptos entre sí, discutiéndose el uno al otro, ¿cuál es pasiva, cuál refleja? O no sé qué pasa con el otro morfema. Un bailoteo inconexo de palabras, de formas, de nexos... de todo lo que da vueltas en universo paralelo. Tal vez algún autor saldrá a bailar de noche en alguna canción con sus planteamientos, tal vez alguna se emborrachará en el silencio de un escritorio mientras se congela. 

Y aparecen sueños obnubilados, redondes, mezclados en un remix de sonoridades perturbadoras. Aparecen palabras que se mueven, me confunden, me desordenan, me enredan. Buscando los tiempos perfectos, los tiempos compuestos, los tiempos incompletos o lo que sea. Mi cabeza explotará en cualquier momento.

lunes, 4 de octubre de 2010

Puentes, bridges

Cruzar el Puente Lusitania es, definitivamente, muy diferente a cruzar el Tower Bridge de Londres. Acaso serían los mismos sueños los que cruzan por uno u otro puente, pero nada parece ser igual. El aire es distinto, las luces son distintas, la ciudad es distinta, la gente es distinta... todo es distinto, pero a la vez, es igual. ¿Por qué? ¿Acaso no se esconde un vagabundo a dormir bajo la historia de dicho puente tan histórico? ¿Acaso no bebería su té inglés la reina junto al estero apolillado y hediondo? Acaso... ¿no podría también verse el ocaso del día y las luces de colores recorriendo el cielo?

¿Acaso no podría un transeúnte, enloquecido por un pensamiento momentáneo que lo sedujo por completo, lanzarse desde el puente creyendo que, con los ojos cerrados, podría volar?  

Fotografía: Tower Bridge, Londres, Inglaterra. 

domingo, 3 de octubre de 2010

Medio muerto

Me siento como medio muerto. Sí, de pronto y de la nada, me he empezado a sentir como si hubiese dejado de existir de manera física, al menos. Mi cuerpo parece que ya no siente nada, el oxígeno que respiro no tiene ese sabor de antaño que me daba alucinaciones extrañas, rememorar momentos o recordar tiempos tan lejanos como los de aquellas vidas pasadas en otros lugares, distintos al mismo puerto que me vio nacer. Mi mente no vuela tan alto, parezco atascado en una jaula, con una cadena en el tobillo que no me deja salir. A veces este sentimiento de muerte se traduce en una sensación extraña de vacío absoluto, de insatisfacción crónica, de buscar y buscar lo que ya no buscas, lo que ya ni te importa.

Como que los sueños se agotan, como que la energía -que debiese abundar- hace falta. Como que el sol no entrega esa energía que antaño me animaba en primavera... esperar, esperar... ¿esperar qué? Añoro esos tiempos en que esperaba que pasase algo, ahora no espero nada. A veces siento que vivo como por inercia, como por obligación de la cual algunos quisieran huir. Miro una y otra vez hacia atrás, hacia la vida que pasó, a veces siendo peor que un anciano que dice que todo tiempo pasado fue mejor. ¿Acaso me convertí en un anciano y no me di cuenta? O, ¿acaso, efectivamente, pasé el límite de la vida y recién ahora comienzo a darme cuenta de que eso, que alguna vez temí, ya sucedió?

Fotografía: Ciudad Abierta, Ritoque, Maitencillo.

sábado, 2 de octubre de 2010

...

Cualquier día de estos, podría aparecer muerto. Sin huellas de asesinato, sin huellas de violencia, al más puro estilo de una muerte silenciosa y espontánea que, en medio de la nada, se lleva poco a poco mi alma hacia parajes más lejanos. Arrojado sobre la arena, sobre el suelo, con marcas de silencio sobre mi piel. La angustia, el deseo de saber qué es eso que va más allá del límite de lo terrenal y lo físico como tal, el sueño de alcanzar esferas etéreas aparentemente inalcanzables en este estado. Ese deseo de semi-onmipotencia, de esconderse en espacios sin ser visto, de ver todo, de saber todo sin correr riesgo en ello.

A veces pienso que el silencio podría llegar de pronto, bailando, cantando, sonriendo. Cuando llegue ese momento, no sé si quisiera realmente saberlo. Saber que pasaré a ser un pedazo de piel y de huesos que lentamente se hacen polvo a algunos metros bajo tierra, saber que de mi boca ya no podría nacer ni una nueva historia. Saber que, realmente, no sabría cómo podrían continuar todas las historias que he intentado tejer, a veces, sin éxito.


Fotografía: Mirando el mar desde el Castillo Wulff, Viña del Mar.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Stuff

He nadado en aguas mediterráneas y pacíficas.
He visto varios amaneceres y noches estrelladas.
He conocido la nieve, el calor extremo y el temporal.
He visto la Torre Eiffel.
He sentido deseos indescriptibles de lanzarme a nadar en los canales de Venecia.

He comido tanto, hasta casi querer vomitar.
He querido a alguien sin ser correspondido.
He querido mucho a alguien y sí he sido correspondido.
Me han querido y no he podido corresponder.
He pensado un sinfín de tonterías cada vez que me siento a mirar el trayecto en la micro.

Y sí, por supuesto, también he llorado un adiós... y lo lloré de veras. He vivido tantas cosas en la vida que, en vez de agotarme, me invitan a vivir muchas más.
Fotografía: Plaza de Toros, Madrid, España.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La música chilena

Hace poco, ha surgido la idea de establecer una ley que determine que el 20% de la programación de las emisoras radiales nacionales deben tocar música chilena. La ley no ha dejado de causar repercusiones y polémicas desde distintos puntos de vista, teniendo la adhesión -aparentemente obvia- de círculos de músicos y, aunque parezca extraño, el rechazo de otros. El principal motivo de todo esto: ¿cómo podemos definir qué es 'música chilena'? A propósito de la conversación que sostuvimos con unos amigos americanos respecto al tema, nos encontramos con la difícil delimitación de lo que es música nacional. ¿Música hecha en Chile? ¿Música hecha por chilenos? ¿Música hecha por chilenos en cualquier parte del mundo? ¿'Música chilena' hecha por cualquier persona, en cualquier lado del mundo? Y así, un sinfín de preguntas respecto a un concepto que se presenta como claro y tajante, sin haber sido siquiera definido.

Leía distintas opiniones y la mayoría de los entrevistados indicaban como 'música chilena' los clásicos folklóricos de la tradición, tales como algunas canciones de Violeta Parra o Víctor Jara. Para otros, tal vez, podría ser música chilena la cueca o tonada, tan típica -y tan reiterada a propósito del bicentenario-, así como los clásicos cantautores. No obstante, ¿qué pasa con la música que artistas nacionales se encuentran produciendo en la actualidad? Sí, incluso a nivel local, hay un gran número de artistas produciendo obras musicales. Lógicamente, uno no puede determinar si se trata de algo de calidad o no, pero si en las radios suenan artistas internacionales de plástico, como Paulina Rubio, ¿por qué no darles cabida a estos artistas emergentes que intentan promover algo nuevo? En la variedad está la innovación, probablemente.

Nuevamente, me queda destacar el tema de la diversa variedad de estilos que incluyen esto de la música chilena. No podemos restringirnos a la típica balada romanticona con reminiscencias poperas. Existe un sinfín de estilos que debiesen ser considerados. No obstante, ¿qué es lo que se va a entender como música chilena si, efectivamente, se logra aprobar esta ley? Es un gran problema, porque por una ley que pretende beneficiar a los artistas nacionales (con un afán nacionalista un tanto dudoso), puede significar un importante sesgo que, en vez de permitirnos conocer más música 'chilena', podría ir en desmedro de otros artistas que se salen del 'canon'.

Fotografía: Gepe tocando en el Centro de Extensión del Ministerio de la Cultura, Valparaíso. 

martes, 28 de septiembre de 2010

Determinaciones

Se alzó frente a todos el rey y, con voz solemne, anunció ante sus súbditos su determinación. Una determinación que, según todos, ya debía de haber tomado hacía mucho tiempo, pues era lo mejor para todos. Una solución que era decisiva para la continuidad del orden y el progreso. Una decisión difícil y, por cierto, bastante polémica de algunos grupos que buscaban sacar beneficio oportunista de cada situación que se les presentaba en la vida.

Anunció con voz enérgica: "¡Córtenles la cabeza! Acaben de una vez con sus vidas, acaben de una vez con sus palabras insensatas y deseos descabellados. ¡Acaben de una vez con sus mentiras! ¡Acaben de una vez con la falsa inocencia que aparentan! Pues ya han perdido la guerra y nosotros hemos sido lo suficientemente tolerantes con sus excentricidades carentes de fundamento. Arrójenlos al fuego, tortúrenlos, descuartícenlos y arrojen sus pedazos de carne a los perros de la calle que, sin lugar a dudas, parecen ser menos lacras que ellos".
La determinación causó inmediatos murmuros de la gente. Los reos estaban sentados en sillones de terciopelo, bebiendo champagne. La decisión les tomó por sorpresa: no podían creer que el engaño que habían mantenido por tanto tiempo, fuese a ser descubierto en algún momento. Porque todas sus excusas eran una mentira. 

lunes, 27 de septiembre de 2010

Me hubiese gustado ser artista


Me hubiese gustado ser artista. Sí, de esos que tienen la habilidad de mirar una piedra y crear una historia con ella. De esos que se sientan en un bar a divagar y pensar en historias super locas y novedosas que hacen volar la mente hasta del ser más escéptico. Me hubiese gustado poder pintar objetos extraños en un lienzo y definirlo como una vanguardia, dar un nuevo sentido a tantos conceptos dispersos en el sinfín de universos posibles, de tantas diferentes opciones que surgen en la medida que das un solo paso.

Me hubiese gustado escribir poemas en las hojas, en la tierra, en la arena. Me hubiese gustado escribir versos, acaso, en mi propia piel, pensando en un amanecer frente al mar o frente a una montaña. Me hubiese gustado sentir la ilusión de descubrir un mundo distinto a este, simplemente, dejando que un lápiz cayese desde el techo hasta el suelo, simplemente dejando que la tinta recorriese los caminos hasta crear una forma-sin-forma.

Me hubiese gustado ser artista, pero solo soy... ni siquiera sé lo que soy. 

Fotografía: Jardín Botánico, Viña del Mar.