martes, 31 de marzo de 2009

Sensación de no saber nada

He repetido casi 5 veces la misma frase en tan sólo 10 minutos: "¿y vamos a ir a la fotocopiadora?". Es claro que esta es una muestra del stress individual y obsesivo al cual me veo inmerso producto de las constantes bombas literarias a las cuales un estudiante universitario en general se ve enfrentado, aún más en una carrera relacionada con las letras, en que sería absolutamente incoherente ausentarse del "maravilloso mundo de la lectura". Más de alguna vez he reconocido que desde mi ingreso a esta carrera mi producción ha disminuido considerablemente: no hay ideas, no hay tiempo y tanta crítica me hace cuestionar si lo que estoy haciendo está realmente bien. Sucede que muchas veces, después de tanto estudiar, uno acaba en la autocensura: espero no llegar a tal extremo.

Ahora me embarga una sensación extraña; la sensación de que tengo un mar de lecturas y de que en realidad no he avanzado ni lo más mínimo. Como que no hay ánimo: es casi un aliciente ver el cerro que próximamente hará colapsar mi escritorio, pero no dan ganas de siquiera descifrar el código que allí se dibuja. ¿Por qué? Una extraña sensación de no saber nada, de no entender siquiera qué es lo que estás haciendo aquí. Tal vez fue por selección natural, por descarte o porque realmente no te veías haciendo ninguna otra cosa. Pero la realidad es tan distinta de los sueños y ahora me comienzo a dar cuenta.

Quiero escribir, pero se me cansan las ideas en la cabeza a la espera de un instante en que pueda condensarlas. Quiero dormir, pero sigo soñando con la universidad y entonces no descanso. Me quiero enamorar, pero no encuentro a la persona indicada y hasta me cuestiono si realmente soy capaz de compartir mi vida con alguien más. Quiero hacer música, pero con suerte sé ocupar el teclado-ochentero que está escondido en el closet (no es que el teclado sea gay, sino que no hay más espacio donde guardarlo). ¿Acaso no puedo encontrarme con una nave espacial en el camino para conversar extraterrestres y que me muten hasta ser alguien física y sicológicamente perfecto? O bien, que me lleven a conocer el espacio sideral.

(Adiós marzo, que te vaya bien, aunque nunca entendí tus excentridades)

lunes, 30 de marzo de 2009

Viajar

Me gusta ir de viaje, ¿a quién no? Tal vez a la mayoría de la gente le guste, aunque tampoco descarto la posibilidad de que haya gente que prefiera mantenerse en un mismo lugar... cada quién con sus gustos y cada loco con su tema (así es el dicho, ¿o no?). Y precisamente hoy me senté en Muelle Barón a conversar con la Avellaneda, luego de que nos suspendieran una clase porque-una situación detestablemente increíble- a los de ingeniería comercial se les ocurrió hacer una ayudantía en nuestra sala; nadie se preocupó de que nosotros tenemos clases ahí y la tenemos reservada hace harto. En fin, ese es el doble estándar de las instituciones católicas: si tu carrera es más barato, olvídate de beneficios tan mínimos como tener una sala donde quepas cómodamente. Y comenzó ese viaje hacia la nada que concluyó con la idea de ir a dar una vuelta al popular atractivo turístico de Valparaíso: estábamos como a dos cuadras.

Mientras pasaba la hora y conversábamos de 20.000 cosas por minuto, me acordé de cuando llegué de regreso a la región que me vio nacer. Me bajó una cierta nostalgia de pensar los 4 años que viví en Punta Arenas y el extraño momento en que tuvimos que regresar: esa sensación de que dejas una ciudad y que vas hacia otra a vivir, pero te mantienes en un momento en que no pertenences a ningún lado: la ciudad que dejas ya no es tu hogar y la ciudad de destino aún no aparece, aún no vuelves a pertenecer a ella. Estuve pensando mucho en esa sensación ambigua de ser del aire, de la naturaleza y de la esencia colectiva de la humanidad: ¿es esa la esencia de viajar? Viajar con la luz y con toda la belleza que podemos encontrar, conocer y disfrutar, aprender.

Pero siento que necesitamos pertenecer a un lugar, de todas maneras. ¿Cómo se explica ese sentimiento de no ser de ningún lado por algunos días? Porque no es lo mismo cuando uno viaja de vacaciones en lo que realmente puede decir que regreará a su hogar, pero es distinto cuando viajas a vivir a otra ciudad, sobre todo cuando siquiera sabes bien dónde queda la casa que será tu hogar. Pensamientos relativamente interesantes que me embargaron de pronto, todo a raíz de una canción -la última canción- que escuché en esa austral ciudad, capital de la Patagonia y sus encantos, mezclado con el sorpresivo calor que me recuerda al verano que ya se fue.

domingo, 29 de marzo de 2009

Mirar a tus ojos

Quiero mirar a tus ojos
para saber qué es lo que ocurre en tu interior,
quiero que me lo digas todo;
quiero saberlo todo.

Quiero saber lo que se siente,
quiero poder acariciarte tan tibiamente
hasta que los labios unidos nos hagan ser uno.
Quiero saberlo todo,
quiero que me lo digas.

Lancémonos a volar por los cielos,
de la mano, de las alas, de los pies.
Allá abajo está el universo infinito,
recorrámoslo juntos y lleguemos a un final.

No, en realidad, no.
No me lo digas todo.
No lleguemos a un final.
Las lineas dibujarán solas el espectro de un amanecer.

sábado, 28 de marzo de 2009

Ritoque

Se acababa el viaje, el paseo y lo entretenido que había sucedido. Sí, fui a Ritoque y vi muchas de las cosas que salieron en las noticias (las vi en vivo, porque llegué muy tarde a mi casa cómo para ver qué era lo que decían). Seguramente, muchas de las patrañas eran ciertas: alcohol, alcohol, ebrios, todo el mundo conversando y riendo, saludando a conocidos y gente subiéndose al tren que no pudo seguir avanzando debido a la gente, para luego dar pie a un titular del diario que decía "Se tomaron hasta el tren". Igual me pareció bastante chistosa la situación, lo malo era que queríamos cruzar de regreso a la carretera para poder tomar una micro hacia Viña. En fin, cruzamos de todos modos, cuando el tren no tenía ni ánimos de desocuparse: toda una experiencia.

Es la primera que asisti a un "embriagamiento de carácter masivo", en la playa y, aparentemente, permitido. Hoy me reía en la mañana con las declaraciones de los rectores que ellos "no sabían nada al respecto", siendo que es un poquito obvio: no hay que ser muy inteligente para darse cuenta. Tal vez, dicen, se salió de control todo, que había mucha gente y puras patrañas más. Hacía frío y estar al lado de la playa hasta con gorrito -mientras algunos ya andaban descalzos- me parecía gracioso.

Definitivamente, asistir a Ritoque en semana mechona no tiene nada del otro mundo, pero me di cuenta de que es algo que no te pueden contar. Compartir toda la tarde con gente, conociendo a gente que no conocías tanto y hasta cuidándolos. Si cuando uno carretea, todos son amigos de todos, incluso de la gente que conoces por primera vez cuando te vas en la micro y hasta te ofrecen cerveza. Son locuras desenfrenadas de la juventud que uno luego le contara a los nietos; a los hijos no, porque después se nos descontrolan.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Idea

Un mensaje escrito en un código lingüístico español-chileno;
no se entiende,
no me entienden...
¿qué mierda es lo que dice este pibe?
¿qué tonteras se esconderán tras las llaves de sol del pentagrama?

No se entiende,
no me entienden,
¿quién acaso se va a dar el tiempo de entender?

Una idea que nace producto del amor,
producto del odio,
producto de sí mismo o de la muerte de neuronas sinápticas enérgicas,
producto del producto del producto que no altera su orden sino la correlación.

Escribo tonterías, lo sé,
escribo sin saber, lo sé,
escribo porque quiero que nazca una idea;
la idea nace, crece, se desarrolla, se reproduce,
pero a diferencia de los seres humanos,
no muere.

Después de todos, los seres humanos también podemos ser inmortales;
la naturaleza sonríe,
ya vamos a encontrar cómo.

martes, 24 de marzo de 2009

Crear

Hoy no tengo ganas de ir a cabalgar, ni con el Quijote, ni con Amadís de Gaula, ni con el Mio Cid. No, no tengo ganas de ver torneos de los cuales las cabezas salgan volando y caigan a los pies del propio caballo, no quiero ver sangre, ni doncellas perfectas gritando en favor de uno u otro caballero. ¿Por qué razón? Estoy picado: no soy un caballero ni aspiro a serlo, no tengo su valentía, no soy un caballero "tan bello" que la gente se maraville de mi paso y tampoco sé andar a caballo. Pero, aunque no sepa hacerlo, me he dado cuenta de que igual puedo lograrlo. Y es que, como alguna vez dije -y al capitalismo tanto le agradó- sí "se puede volar".

Vengo saliendo de un viaje que duró 3 horas y 31 minutos, con una exactitud cronometrizada con tanta cautela como Gonzalo Millán en su diario de vida antes de morir. No sé si sea una señal natural o el deseo natural de trascender, de burlar a la muerte y de seguir viviendo de alguna forma. Y mi viaje aterrizó luego de que, habiéndome bebido más de 1.2 litros de agua, encerrara entre comillas un título estereotipado, una ironía que probablemente sólo yo entiendo. Me gustó el viaje, me gustó imaginar, me gustó ser un mini Dios, me gustó ser asesino y creador.

Y, bueno, sí, sí quiero ser apuesto, atractivo y que las doncellas dijesen que soy bello. ¿A quién no le gustaría eso? En fin, como siempre digo, es lo que hay. Igual es entretenido crear, aunque muchas veces eso sea tan distinto a la realidad.

lunes, 23 de marzo de 2009

Tired

I'm standing here right now,
lookinh to myself in front of the mirror:
what's this? what's this man I'm looking at? Is it me?
Yes, this is what you are.

I'm thinking about who I want to be:
someone beautiful,
someone intelligent,
someone perfect, maybe?

I want to be physically better, how can I?
I want to be beautiful to get the beautiful heart I want, but it's too late now,
this is not what I am,
why do I always want something I can't get?

I'm tired, I'm not looking for anything else.

domingo, 22 de marzo de 2009

Domingo de shopping

Si alguien creía que salir de shopping un día domingo era algo entretenido y desestresante, probablemente es porque no ha ido nunca al Belloto. Luego de esta experiencia tan cósmica, creo que no volveré a pisar ese territorio en mucho tiempo más, no sólo porque no es para nada desestresante sino porque nunca me han gustado las ciudades del interior de nuestra quinta región.

Lo primero, una viejita que no sabía nada de nada al grado de que preguntaba hasta por qué le preguntaban la dirección cuando estaba pidiendo que le llevaran los materiales a domicilio. Luego, un tipo que atiende y se pone a conversar con un compañero. Finalmente y como guinda de la torta, una viejita que se pone a pelear con una cajera tratándola de metiche y unas cuantas estupideces más. No podía menos que quedar plop ante todas estas situaciones tan extravagantes que uno no espera cuando sólo pretende cotizar unos materiales para arreglar la casa luego de pintar el techo y sus consecuencias.

Sin embargo, terminamos nuestra improvisada salida comiendo empanadas de queso con mi mamá escuchando a los payasos que animaban a los cabros chicos, muertos de la risa.

sábado, 21 de marzo de 2009

Stanley, Stanley

Quisiera entenderte, amigo mío, poder hacer un comentario relativamente coherente sobre las cosas que me has contado, pero me resulta bastante difícil. Y es que no te entiendo y parece que no soy el único: por más que hago el esfuerzo, no puedo dejar de quedar perplejo con tus historias. Admito que tienes un talento innato para crear y tus obras son realmente maestras, pese a que haya uno que otro sentido que muchas veces me cueste procesar. Signos, códigos lingüísticos o demases, música y silencio... simplemente, movimiento. De vez en cuando te aplaudo y de vez en cuando te odio, mi buen amigo, pero así son las cosas si es que quieres que te sea lo suficientemente sincero.

Stanley, mi buen amigo, a veces te entiendo y a veces me defraudas. No sé por qué, aunque sé que tus ideas son grandes. Hoy, precisamente, no te entendí. Pero lograste que me quedara pegado en alguna galaxia extraño, en una odisea en el espacio. Hoy no te entendí, pero tal vez mañana, sí. Stanley, Stanley, abre tu luz desde el cielo que ilumine mi entendimiento.

viernes, 20 de marzo de 2009

Dieta

Estoy a dieta y como nunca, esa dieta me hace comer demasiado. Sí, aunque no me crean, es una dieta un poco extraña y que muchos pueden considerar como una dieta idiota, casi como un juego de palabras como aquellos que logran convencer a tanta gente de que habrá belleza cuando en realidad se los lleva a un basurero (ayer era la poesía, hoy, ¿qué es la belleza?). Y estoy a dieta y como y como y como casi como un condenado a muerte, no sé si pueda seguir comiendo mañana así que es conveniente empacharme hasta que no puedo más.

En mis manos ya tengo el Amadís de Gaula, Los Milagros de Nuestra Señora, El Mio Cid, varios cientos de páginas de lecturas varias: estudios críticos, poéticos, literarios, lingüísticos y otras páginas encargadas que el lunes tendré el agrado de pagar en la fotocopiadora (suena una caja registradora). Tengo unas cuantas ideas asesinamente literarias que quiero plasmar, pero no sé cómo ni cuándo.

Esa es mi dieta. ¿También quieres seguirla?