Abrir los ojos una y otra vez, con la intención de que el sueño no acabe y de que pueda volver a renacer, quizás. Tener la dificultad de despegar los párpados y querer seguir durmiendo abrazado a un presente sonriente y a una mirada que te escudriña en la oscuridad.
sábado, 19 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
Historias de un temporal de viento.
Hace poco decía que Valparaíso tiene la magia de que las historias nacen y cambian a cada instante: hoy comprobé mi teoría y de una manera muy práctica, gráfica y tangible. Dicha situación se puso de manifiesto no solo con el sonido del viento en la calle Melgarejo ni con el ruido de un choque contra el cemento, sino más bien, con el hecho de que mi imaginación se echó a volar y en un segundo ya estaba volando con el viento que alcanzaba el piso más alto de la intendencia. Cabe destacar mi pensamiento -que no escatimé en decir en voz alta- al ver el cartel de "Servicio público" (como la mierda).
Hoy fue uno de esos días extraños en que me desperté a las 08.15 con un sismo magnitud 5.1 que estremeció un poco mi casa, quitándome los pocos minutos de sueño que me quedaban por delante. Mucho calor, calor casi de ese verano que se quedó en el tintero y que debería dar paso a un invierno un tanto extraño con sequía incluida, problemas energéticos y más de alguna locura climática. Y esta seguidilla de temblores me ha mantenido atento a las noticias, a la espera de que digan algo nuevo, pero no. Solo aparece calor...
Calor y viento. Lo que es bueno, porque hace que no se sienta tanto la temperatura, pero el calor atmosférico produce una sensación de aletargamiento que te hace caminar como un ser inerte y quedarte dormido en todas partes. Así fue como llegué a un Valparaíso atacado por una tormenta de viento que no veía desde hacía mucho tiempo. Todo se movía como si terremotease en grado 7, pero solo de viento. Y no se nos ocurrió otra mejor idea que sentarnos en pleno pasaje Melgarejo, en plena zona Edi (o cómo se escriba, más información, preguntar a Sebastián Arancibia). Pasamos un rato, sentados mirando a la gente que volaba... perdón, caminaba por la calle y otros que intentaban alzarse en el vuelo de manera infructuosa. Fue un caos, la lucha de las fuerzas por avanzar, por superponerse, como la lucha entre Caín y Abel o qué se yo. Me recordó Punta Arenas y los cordeles que ponían en la esquina de la ENAP para que la gente no cayese a la calle.
Y sucedió lo increíble, nació una historia. Me pongo de pie y, en el acto, mis lentes de sol vuelan con el viento. En un acto desesperado e inconciente - un grito de "noooooo" hollywoodense y mi actitud, claramente, de antihéroe que intenta ser héroe- corro tras ellos, pero el viento es más fuerte. No entiendo cómo volaron, but they did. Los vi estremecerse contra el suelo y cuando lograba tenerlos en mis manos, el último crugido al ver que volaba el vidrio y mi resignación evidente. Regresé con unos lentes un tanto psicodélicos en 3D. Si fuera famoso, seguramente habría instalado una nueva moda... y un auge en las ganancias de los oftalmólogos por gente con problemas de visión.
Lo extraño -a diferencia de otros sucesos como este, ocurridos con antelación- es que acabé riéndome demasiado. Cosas que pasan en Valparaíso, ¿ve, usted? Así nacen historias... y esa fue la historia de mis lentes de sol, que ahora son una historia más.
jueves, 17 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
Valparaíso.
Cada vez que camino por Valparaíso siento que estoy en una nueva senda, porque esas pisadas que he dado no van a quedar ahí. Muy por el contrario, son capaces de tomar forma y de continuar trazando senderos que crucen las nubes hasta alcanzar oceános diversos. Cada mirada te hará descubrir que ese lugar por el que has caminado muchas veces, no es el mismo: cada día nace nuevamente y al anochecer, se renueva en silencio. Valparaíso nunca es el mismo, Valparaíso cambia todo el tiempo cuando una casa cuelga sobre otra y mira al mar, soñando llegar más alto.
Valparaíso tiene una magia extraña que encanta, que atrapa y que no te suelta nunca más.
Fotografía: Avenida Alemania, Cerro Bellavista, Valparaíso.
martes, 15 de marzo de 2011
Cuando abras los ojos.
Cuando abras la ojos, ya habrá comenzado la transformación.
Los números, las letras, los astros:
todo, todo en distorsión,
todo en destrucción.
Todo en transformación. (tranquilidad, no soy ni quiero ser Nostradamus)
Cuando abras los ojos verás los mares levantarse
y abrirse un paso hacia esferas celestes.
Conexiones interdimensionales,
conexiones neuronales y sinapsis.
Electrones de colores, electrones azules
viajando de un lado a otro mientras cantan en el aire (electron blue)
Cambiando de colores varios (un instante de cada color):
un momento en la playa,
una tarde en el jardín,
una mañana navegando sobre las nubes,
una tarde deslizandose por las montañas (over the rainbow, so high).
Cambiando, rotando, trasladando.
¿Cuántos grados más se inclinará el eje de la tierra el día de hoy?
lunes, 14 de marzo de 2011
Fly
There are some things in life that you have to do by yourself,
and for yourself.
So, fly. Reach great heights and fly once again.
Fly everytime you want.
Fly to your dreams... so high!
There are some things you have to do by yourself:
open up the book and read it:
fly as high as you want.
Fly, so you could see the whole world in your trip.
Fotografía: Rue Lepic, París, France.
domingo, 13 de marzo de 2011
2. Estornudo.
El ruido de la sirena de una ambulancia lo hizo despertar sobresaltado: miró a través de la ventana que daba directamente a la calle y se percató de la oscuridad que se dibujaba en el cielo. Aún era invierno en Albacete y el cielo nublado no lograba darle el suficiente ánimo como para levantarse aún. Serían las 9 de la mañana y todo parecía indicar que, en cualquier momento, podría comenzar a llover como lo habían anunciado en el pronóstico de la noche anterior. Esa se convertiría en su mejor excusa para permanecer en cama, aunque, de todas formas, nadie vendría a sacarlo. Se acomodó nuevamente en su cama y quedó frente a frente a la pared de pasta muro, pintada de color azul: le recordaba el mar que tanto echaba de menos. No faltaba demasiado tiempo para que llegara el verano a Europa, por lo que no tendría que esperar demasiado para ir a bañarse a las playas de Alicante. En la pared colgaba una foto que le habían regalado sus amigos antes de partir y en su escritorio estaban las carpetas repletas de impresiones que debía leer.
No pudiendo conciliar el sueño, decidió levantarse a ver si se le ocurría algo: probablemente, al ver la poca gente que caminaba por la Carretera de Valencia, quisiese salir a correr antes de que comenzara la lluvia. Apoyó los pies en las frías baldosas de su habitación. Andrés observó la foto, que estaba sobre su escritorio, enmarcada nuevamente luego de aquel incidente que lo dejara con el pie vendado por casi 1 semana: lo único que había olvidado, era haberla colgado nuevamente en el lugar del salón que le correspondía. Asimismo, sería necesario volver a conseguir las pastillas, de lo contrario, acabaría incendiando el edificio por completo. Observó con cuidado la planta de su pie y observó que aún quedaban huellas de aquel incidente, aunque eran muy leves y ya no le producían ninguna molestia al caminar, salvo el recuerdo de uno de tantos arrebatos que ya había empezado a controlar.
El departamento parecía ser demasiado amplio para vivir solo y era algo que no le molestaba en absoluto: tenía la libertad de dejar la puerta del baño abierta así como de caminar desnudo desde y hacia la ducha. En más de alguna ocasión había caminado en ropa interior hasta el balcón, despertando el comentario molesto de una vecina anciana que tenía en los pisos de más abajo y cuya costumbre era la de observar todo lo que hacían los demás, buscando motivos para tener algo por qué discutir. Caminó hasta el salón y se arrojó sobre el sillón, con una taza de café hirviendo para empezar el día. Seguía esperando que la lluvia hiciera estallar las nubes en cualquier momento: el anuncio lo había mantenido en vela desde hacía una semana, en que vio el pronóstico a través de una página web. La tormenta era algo esperado y que, seguramente, no pasaría en vano.
- Sí, espero la tormenta. ¿Y tú?
- No, aún no. Creo que saldré a caminar un rato. ¿A qué hora crees tú que llegará?
- Yo creo que pasado el mediodía. Pero no quiero salir de casa. ¡Si me llega un rayo, madre mía!
- No pasará eso. Te lo aseguro. Si quieres, me podrías acompañar.
- No, gracias.
- Vamos, Beatriz. Solo un rato.
- Está bien, tío. Solo un rato. Espero que sea un buen panorama. El riesgo de morir electrocutada, al menos debe valer la pena.
- Sí, que lo valdrá. Ya verás lo electrificante que será para ti.
Andrés dejó el teléfono sobre el sillón con una sonrisa satisfecha: Beatriz había aceptado su propuesta y ese ya era el primer paso para lo que se venía. Se asomó a la ventana para ver qué sucedía: Albacete parecía un pueblo fantasma en que, de vez en cuando, la sombra de una u otra persona deambulaba cerca del Albacenter. Era tanto el silencio que hasta creía oír el paso de los trenes que llegaban y luego se iban, disminuyendo cada vez más la población de la ciudad.
Beatriz le producía una extraña atracción desde el momento en que coincidieron en la temática que iban a exponer en la cátedra, situación que pasó desapercibida por los demás estudiantes pero que para Andrés resultó una buena excusa para acercarse a conversar. Fue ese el día en que afuera hacía tanto frío que ya pensaba que se pondría a nevar, dándole la bienvenida a la fría Europa, sin embargo, solo se quedó en unas cuantas plantas escarchadas y la coincidencia de ser el segundo día de clases en Albacete. De vez en cuando, observaba las últimas fotografías que había tomado antes de partir de Chile y pensaba que, cuando hubiese pasado el tiempo, invitaría a Beatriz a conocer Valparaíso para ver cómo se reflejaba la magia de la Joya del Pacífico en los ojos verdes de esta mujer tan misteriosa que un día le habló tan suave y le dio los dos besos en las mejillas que fueron suficientes para dejarlo encantado.
¿Acaso le gustaría el chocolate o acaso solo sería necesario invitarla a tomar un café en la Avenida de España? ¿Quizás llevarla a tomarse algunas cañas mientras se les desenredaba la lengua y conversaban por mucho tiempo? Eran tantas las ideas que se le ocurrían en el momento, pero lo único que pensaba era en cómo agradarle como algo más que compañero de clase, sin ser demasiado cargante como para aburrirla en el acto. Ese sería el primer paso que ya estaba próximo a lograr. Si era capaz de conseguir un beso, la invitaría directamente a su departamento para continuar con sus planes. A veces pensaba que estaba un poco demente y eso le producía un poco de gracia, aunque no dejaba de darle cierto temor.
Cuando sus zapatillas negras cruzaron frente al Eroski, no pudo evitar observar ese supermercado en el cual pasaba casi todas las semanas comprando alguna cosa. ¿Acaso sería un buen paseo para Beatriz o sería demasiado monótono y cotidiano? Definitivamente, lo mejor sería llevarla fuera de Albacete cuando el tiempo permitiese hacer más cosas. Seguramente, ella conocería Madrid, por lo cual podría pedirle que lo guiara a conocer sus lugares más turísticos. Llevaba una enorme bufanda sujeta al cuello y empuñó la mano en el bolsillo para revisar si llevaba lo que más le importaba: estaba bien envuelto, pero estaba en el lugar preciso. Eran las 10 de la mañana y habían quedado de reunirse a eso de las 11 de la mañana en la Plaza del Altozano, por lo que aprovecharía el tiempo para caminar tranquilamente por una ciudad que parecía un fantasma que huía de la tormenta atmosférica. Cerró los ojos por un instante y sintió la voz suave y gélida de Beatriz que, por un instante, se apoderaba de él y lo seducía. Abrió los ojos nuevamente, asustado, percatándose de que, afortunadamente, nadie había sido testigo de su extraña y demente ensoñación.
Al pasar por la Avenida de España, se percató de los diarios que estaban publicadas y observó, con cierta desilusión, que la tormenta parecía postergarse por al menos 30 horas, hasta el día siguiente. Sin embargo, ya parecía sentirse una extraña sensación en el aire que le daba la energía para volver a las pistas. Era extraño volver a sentirse así, pues parecía que, en un vago recuerdo, esa energía ya lo había llenado en algún momento. Continuó caminando, sonriente, sabiendo que iba a ser capaz de hacer, una vez más, lo que ya había sido capaz de hacer. Y no tenía nada que perder: no estaba haciendo nada malo, simplemente se estaba dejando llevar. Pronto Beatriz estaría con él en su departamento, donde todas las fantasías podrían convertirse en realidad.
-¡Beatriz!
-¡Andrés! Me he enterado de que se ha retrasado la tormenta así que estás a salvo. Podremos estar aquí toda la tarde, si quieres.
- Por mí no hay ningún problema.
- Por mí tampoco, a no ser que me llame mi novio para que lo vaya a buscar. ¿No te molestas, verdad?
- ¿Tu novio? No, no te preocupes.
- Gracias. Qué comprensivo eres. ¿Dónde vamos?
- Tú deberías recomendarme algo, porque eres de aquí, ¿no? – río Andrés-. Creo que me gustaría ir a caminar por el Parque Lineal.
- Muy bien. Después de todo, acá en Albacete no es mucho lo que se puede encontrar –rieron en conjunto.
Mientras caminaban por el Paseo de la Libertad, Andrés observó la oscuridad que reinaba en el cielo y en el ambiente de toda la ciudad: el color del invierno parecía apoderarse hasta de las sombrías edificaciones que esperaban el paso del tiempo y que, seguramente, al mejorar el clima, también mejoraría su color. Era el otoño más frío desde hacía mucho tiempo y el primero que pasaba fuera de Chile. Conversaban de la vida o de cualquier cosa que se las pasara por la cabeza y Andrés empezó a darse cuenta de que, efectivamente, podría pasar días enteros conversando con esta muchacha tan bella. Pudo observar que Beatriz también se sentía cómoda conversando con él y que, incluso, lo presentó a las diferentes personas conocidas con las cuales se fue encontrando en el camino.
Caminaron durante horas y observaron que el cielo comenzaba a despejarse de pronto, pese a que el frío parecía no querer retirarse en ningún momento. Andrés pensaba en invitarla a almorzar a su casa y prepararle alguna comida diferente, inventar algo, con tal de causarle agrado. Sin embargo, pensó que sería demasiado pronto y que, lógicamente, le diría que no por no conocerlo lo suficiente. Prefirió aguardar sus pensamientos y continuar en la conversación mientras regresaban a la Calle de la Estación.
- Acabo de recordar que debo comprarle un pasaje a mi hermano. ¿Me acompañas a la estación?
- Vamos
Recorrer esa calle, en dirección a la estación, le traía extraños recuerdos del momento en que había llegado a Albacete, hacía ya casi 1 mes y medio cuando el frío en el ambiente le recordaba la nieve que había visto caer en Madrid. Lo invadió un ataque de nostalgia mientras recordaba los copos de nieve que le caían sobre la cara en ese momento en que lágrimas tibias se encargaban de derretir el hielo. Tuve una sensación de mareo que lo hizo tambalear.
- Hombre, ¿te sientes bien?
- Estoy un poco mareado. ¿Podemos sentarnos un momento? No será mucho tiempo, en serio.
- No te preocupes.
Andrés tenía la mirada fija en el pavimento que mantenía formas regulares desde el Parque Lineal hasta la Estación en construcción. Sus zapatillas negras en el suelo se difuminaban de pronto y todo alrededor parecía transformarse en un gran torbellino. El cielo se despejó por completo y, levemente, comenzaba a subir la temperatura. La tormenta se alejaba y, extrañamente se sentía tranquilo. No entendía por qué en un principio quería ver la tormenta y ahora se sentía tan relajado de que esto no sucedería. Era como si estuviese dividido en dos partes que a ratos se peleaban entre sí y no lograban conciliarse. De sus zapatillas comenzó a emanar un líquido negro que avanzaba por el pavimento en dirección hasta Beatriz, que permanecía sentada a su lado, observándolo con preocupación. El líquido negro se acercó hasta Beatriz y estando a pocos centímetros de ella, se sumergió bajo el cemento sin dejar más huellas. Andrés estornudó.
- Hacía tiempo que no me pasaba esto.
- ¿Qué cosa?
- Tanto escándalo por un estornudo –río.
- ¿Te sientes mejor?
- Sí, gracias. Sigamos caminando.
Al llegar a la Estación, Andrés se dio cuenta de que Beatriz le producía algo extraño: le gustaba y era algo mucho más fuerte de lo que hubiese sentido antes. Tenía una tarea difícil por delante si quería conquistarla. Pero estaba dispuesto a hacer todo lo que fuese necesario para estar con ella. Sonrió ante la idea que ya consideraba un hecho.
Fotografía: Paseo de la Libertad, Albacete, España.
sábado, 12 de marzo de 2011
El arte de los números.
Hay gente que ve la necesidad de realizar cálculos en todo momento y eso es entendible. Claro, a algunos también se les acabó el papel y debieron recurrir a otros medios ante la inminente necesidad de realizar la operación artimética de su vida... el arte de los números.
Fotografía: Calle Abtao, Cerro Concepción, Valparaíso.
Fotografía: Calle Abtao, Cerro Concepción, Valparaíso.
viernes, 11 de marzo de 2011
Pensamientos tsunamiados.
Había quedado de reunirme con Karina para caminar por los cerros de Valparaíso, pero al llegar al lugar acordado, nos encontramos con los rumores de que cerraban la Avenida España a las 5 de la tarde (después a las 6 y, finalmente, me vine a eso de las 6.20 y todavía todo funcionaba con normalidad), por lo cual nuestro paseo se vio truncado de manera sorpresiva. Claramente, no había otra opción que autoexiliarse o autoevacuar y de manera voluntaria, porque hasta esa hora aún no había información respecto a la evacuación masiva que se ha decretado para todo la zona costera de nuestro país. Aproveché de conectarme a internet en el celular mientras venía en el metro y miraba a la gente que se subía: "no hay ambiente de tsunami", pensé, pese a que es bastante estúpido mi comentario. ¿Qué es el ambiente de tsunami y cómo voy a saberlo si nunca he estado en uno? Acá en la zona no hubo el año pasado y yo tampoco estaba, así que mi opinión al respecto equivale a cero.
La gente se subía al metro y comenzaba a llenarse en las estaciones subterráneas de Viña. Y yo seguía twitteando desde el celu, entretenido, escribiendo estupideces. La tecnología que nos crea adicción. Pero había que twittear porque ese no era un viaje cualquiera: era mi autoevacuación improvisada y voluntaria. Había gente un tanto asustada y lo que más me sorprendió, fue escuchar algunas llamadas telefónicas. ¡Sí, soy un copuchento y qué! Una señora que hablaba con alguien -su comprometido, patas negras, amante o qué se yo- que le decía que se había decretado la evacuación de todas las zonas costeras. Lo dijo con tal cara de pánico que me empecé a asustar yo un poco, incluso tuve la intención de ponerlo en twitter, pero me dio la impresión de que iba a generar pánico colectivo: efecto ondas polares miles, tsunamis cibernéticos y lo mejor fue quedarme en silencio. De todas formas, entre la Estación El Salto y la Estación Quilpué (a la altura de Paso Hondo), el paso es tan hondo que se va hasta la señal... y ni ahí con la tecnología.
Me sentí a salvo al bajarme del tren en la Estación de Quilpué y ver que era mucha la gente que descendía. Ahora me informan -por interno, como dirían los programas- que las micros vienen llenas desde Valparaíso y que todo el mundo está próximo a ser presa del cólera. Incluso están apareciendo mapas de la posible inundación que, en el caso de Valparaíso, sería muy poca. Qué bueno, porque después de todo, no quiero quedarme sin casa de estudios. La idea resulta tentadora, lógicamente, pero se debe de controlar los instintos. Es extraño esta de la sicosis colectivas y el vacío completo de las ciudades: había demasiado poca gente y eso me parecía surrealista. ¿Qué irá a suceder?
Me imagino que todo va a quedar a oscuras y en silencio. Mañana habrá que ver si es que, efectivamente, las ciudades amanecieron "tsunamiadas" (como dijo una amiga) o no. Claramente, la palabra suena a otra cosa que queda a la imaginación del lector. En fin. No seré como el gobierno que da anuncios a cada rato, pero probablemente me quede hasta tarde para saber qué es lo que sucede. Ya estoy en casa a varios kilómetros lejos del mar así que acá, nada flota.
Alerta de tsunami y en busca de práctica.
Suena la alarma de mi celular a las 08.50 y, como se ha hecho cada vez más común en mi persona, acabó sonando nuevamente a las 09.10. Me levanté a encender el hervidor y encendí la televisión. Hacía un año yo estaba en Londres, regresando a Madrid y en Chile se daba una de las réplicas más recordadas del terremoto del 27 de febrero de 2010, teniendo en cuenta la alerta de tsunami que se había decretado. Anoche recordaba eso antes de dormir, pensando en qué sería lo que iba a suceder hoy. Las primeras imágenes que vi en la televisión fueron de una ciudad inundada por el mar que se había salido de su lugar y entonces me entero de que en Japón hubo un terremoto de 8.9 grados en la escala de Richter que produjo un desastre de magnitudes. Más significativo aún fue el hecho de que se había decretado alerta de tsunami para varios países, incluido Chile.
Tomé desayuno y luego bajé al centro de Quilpué: ando en busca de colegio para realizar la práctica intermedia y, por el momento, no he hecho nada al respecto. Así que decidí acudir a dos establecimientos, en los cuales obtuve una respuesta bastante favorable o, tal vez, yo esperaba que me negaran inmediatamente o qué se yo: sucede que hay colegios que te dicen que no desde un principio y cierran todas las puertas, pero este no fue el caso. En el primero de ellos me dijeron que enviara la carta, por lo cual obtuve los datos de la persona encargada, así que tendré que ir a dejarla y esperar qué sucede. En el siguiente colegio, me indicaron que ya tenían practicantes, pero verían si lograban otro cupo. En defintiva, me pareció bastante productivo, por lo que valió la pena estar vestido 'semi formalmente' y morir de calor.
Me pareció ver muy poca gente en la calle y me niego a asociarlo a la alerta de tsunami: Quilpué es una ciudad de interior, por lo cual tendría que ser un enorme cataclismo como para que llegara el mar. Así que esa opción está descartada. ¿Acaso será que es lo que hay, simplemente? Toda esa gente que agolpaba en las calles de Quilpué durante las horas de descanso, ahora debe estar trabajando y produciendo en otra ciudad de mayor interés. No sé, es extraño ver una ciudad como muerta, un poco fantasma y con calor veraniego.
Ahora me queda esperar el tsunami, las respuestas a la práctica, tener alguna idea para escribir durante el fin de semana y, por sobre todo, dormir todo lo que no he podido dormir en este intento de reacostumbrarme a despertar temprano. Sin contar la ansiosa espera de mi dinero-que permanece siendo 'deuda flotante'-, que teniendo en cuenta las circunstancias naturales, pueda llegar en un botecito salvavidas, flotando hasta mi casa.
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