domingo, 13 de febrero de 2011

Días en Iquique

Llegó Febrero y, luego de realizar los planes desde hace unos cuantos meses, emprendí mis vacaciones hacia el norte de Chile; una zona caracterizada por el calor eterno y el paisaje un tanto desértico que acompañado de buenas playas, prometen un verano muy entretenido. Fueron más de 5 meses preparando todo: pasajes comprados con mucha anticipación -con una tarifa envidiable-, reservas en hostales, posible planificación y cronograma de actividades y todo lo demás que prometía 11 días de viaje y olvido de la vida cotidiana a más de 1000 kilómetros al norte de mi casa. Un excelente panorama para agotarse bastante.


Todo comenzó el 1 de febrero a las 06.20 de la mañana, cuando tomo el bus rumbo a Estación Pajaritos en Santiago. Me encontré con Carolina, amiga y compañera de este viaje. Llegamos al aeropuerto justo a tiempo para comenzar el embarque de nuestras maletas y esperar nuestro embarque en el avión. Así fue como partimos a eso de las 10.30 hrs desde Santiago rumbo a nuestro primer destino: Iquique, "Tierra de campeones". Pasado el mediodía aterrizábamos entre el mar y algunos cerros de arena. El aeropuerto está a casi 40 minutos de la ciudad, por lo que tomamos un taxi hasta nuestro hostal situado a solo una cuadra del Mercado. Ordenamos nuestras cosas y luego fuimos en busca de comida al Mercado, donde por solo $1.500 pudimos disfrutar de un menú preciso. Lo siguiente fue recorrer Iquique hasta la Playa Cavancha y disfrutar de las temperaturas de 25º durante casi todo el día, deseando tener un ventilador a mano. 

 








Una de las paradas infaltables de la ciudad de Iquique es la famosa Zona Franca Iquique (ZOFRI) que atrae a compradores compulsivos y obsesivos, así como también a comerciantes que buscan obtener ganancias del viaje, aunque, en realidad, lo único barato -diferencias de 50% o más con respecto a otras ciudades- eran los perfumes. Tomamos un colectivo y luego aprovechamos para caminar hacia el Marinero Desconocido, situado a unos 40 miutos caminando desde la Zofri. La importancia de dicho lugar es que, desde su mirador, puede divisarse una boya que determina el lugar específico en el cual fue hundida la corbeta Esmeralda, el 21 de mayo de 1879 por parte del Huáscar, en el marco del Combate Naval de Iquique. Asimismo, desde ese lugar se puede observar la ciudad de Iquique bajo los cerros de arena. Regresamos a la Zofri y recorrimos toda la tarde sus miles de stands y su oferta de productos que atrae a muchos turistas que buscan buenos precios.

Aproximadamente a una hora desde Iquique, se encuentra la ex salitrera Humberstone, ubicada en plena pampa y muy cerca de la ciudad de Pozo Almonte. Hace algunos años, dicho lugar fue utilizado por TVN para la realización de su teleserie Pampa Ilusión, contando con buena recepción por parte de los televidentes. La entrada cuesta $2.000 para adultos. Por sus rincones puede percibirse la nostalgia de un pueblo fantasma que ha quedado como vestigio de una historia que ya quedó atrás: el auge del salitre. En el interior, se puede encontrar exposiciones de herramientas utilizadas durante las faenas, colecciones de cubiertos utilizados por los habitantes de esta ex salitrera, las casas de los diferentes profesionales de la época, las plazas, el teatro, etc. Un lugar que, definitivamente, merece una visita y unas cuantas fotos de recuerdo.

Y si el paisaje no es lo suficientemente acogedor ni motivador, se hace imprescindible mirar hacia el horizonte del Oceáno Pacífico y perderse en la inmensidad de sus aguas un poco más tibias que en el resto del país. Iquique cuenta con amplias playas que se extienden por la costa de casi toda la ciudad, dentro de las que, a mí gusto, destaca la Playa de Cavancha. Con un oleaje aceptable y amplios espacios para acomodarse en la arena, es posible pasarse todo el día bajo el sol, ya que existen vendedores ambulantes que ofrecen desde pizzas, hasta fotografías profesionales. Recomendaciones infaltables: el uso de bloqueador al menos cada dos horas, debido a la alta radiación solar, búsqueda de sombra para evitar el calor y, si es posible, conseguir hostal con aire acondicionado o con libertad de utilizar ventilador durante todo el día. 

Fueron 5 días en Iquique en que lo pasé excelente. El resto del viaje, próximamente.

domingo, 6 de febrero de 2011

Vuela.

Vuela alto, vuela lejos:
que tus alas alcancen el cielo.
Cruza las nubes, salta, sueña...
vuela hacia el destino de tus sueños.
No te duermas, no te canses,
no temas al riesgo.
Siente en tus venas el sabor de la victoria:
sonríe satisfecha al ver que lo lograste.
Que pronto, tus sueños serán una realidad:
se alzarán hasta los 190 metros de altura y más...
en menos de 1 minuto ya estarás en la cima del mundo.

Del universo y mucho más.
Con tus sueños desplegándose ante ti:
sabiendo que en el origen, estaré esperando por ti.

Fotografía: Ingresando a la Península Ibérica. 

sábado, 5 de febrero de 2011

"No botar basuras"

Esto merece un aplaudido WTF por parte de la audiencia. Más aún, si se tiene en cuenta que se trata de un anuncio proveniente de la mismísima municipalidad, ilustre y todo lo demás. No solo por el hecho del contexto en el cual se encuentra el cartel, denunciando la ironía misma, sino también por el error en la escritura: basuras en vez de basura, siendo correcto el singular.

Fotografía: Belloto Sur 3er sector, Quilpué. 

jueves, 3 de febrero de 2011

Cenicienta de la noche nubosa.

Así como un fantasma que aparece entre el silencio y se esconde en la bruma, han quedado marcadas unas huellas descalzas en el cemento aún fresco. Por allí donde caminaba la muerte, por allí donde caminaba la novia vestida de negro cantando el himno de Darth Vadder. Sí, con luces de neón, luchando contra los árboles que quería cortar y desmayándose en el intento fallido. La novia dejó sus huellas descalzas en el cemento, porque ha perdido el zapato: una Cenicienta de la noche nubosa.

Y se oyen los relámpagos a lo lejos. La novia corre con su vestido negro, sucio de un color extraño que no se distingue en la oscuridad, pero ríe. Ríe con tal fuerza que huyen los cuervos asustados. Ríe de ese vestido sucio de tierra, sucio de barro. Ríe, porque sabe que ese vestido lleva manchas de sangre. Corre con el cuchillo que aún sigue goteando la sangre que va quedando en el camino y, escondido entre la hierba, el cadáver del cura que oficiaba un fallido rito: porque el cura, también, era el novio.

lunes, 31 de enero de 2011

Lovely January


Lovely january it's just the best memory I have:
looking at your face everyday,
dreaming with your smile all the time.
Sleeping in the grass at your side,
thinking about what's there on the stars:
maybe we could fly,
maybe you can hug me,
maybe I can kiss you.

Lovely january is coming to the end
and I still remember you like yesterday,
like everyday.
February's coming and you won't be here with me,
but I still feel you, I still dream about you. 

January and the summer on our noses.
The sky and the landscape,
our dreams swimming on the Pacific Ocean.
Take my hand once again,
show me your light. 
Come on, shine for me because I'm shining for you. 
Sing to me:
you know this is not the last time.

Lovely january is coming to the end
and I still remember you like yesterday,
like everyday.
February's coming and you won't be here with me,
but I still feel you, I still dream about you. 

Fotografía: Navegando entre las olas de la Joya del Pacífico, Valparaíso. 

domingo, 30 de enero de 2011

Te echo de menos.


Preparando un instante inconciso de la existencia,
dudas realísticas de mundos surreales paralelos que cantan 
haciendo un incontenible zig zag. 
Y un tic tac eterno, sombrío y desafiante me despierta en las mañanas.
Una noche con estrellas y nubes dando vueltas,
miradores que dan al mar y desafían las alturas de la ciudad: 
allá en el horizonte me sonríes desde la lejanía,
allá tras las montañas alza sus alas en un vuelo.

Y yo sé que ya te echo de menos, sin más.
Y yo sé que te echo de menos, cada día más.
Y yo sé que en la lejanía te tengo,
que eres mía como todo este tiempo.

Y en mis sueños te beso otra vez,
recorriendo esa piel blanca e inocente,
fantaseando una y otra vez con tu pelo rojo.
Como un sueño tomado de la realidad,
una realidad mil veces mejor que un sueño:
una realidad marcada de sentimientos profundos y fuertes.
Dudar del color de tu mirada, una y otra vez,
y saber que me encanta tener otra excusa para volver a mirarte.

Y yo sé que ya te echo de menos, sin más.
Y yo sé que te echo de menos, cada día más.
Y yo sé que en la lejanía te tengo,
que eres mía como todo este tiempo. 

Fotografía: Playa del Deporte, Viña del Mar. 

sábado, 29 de enero de 2011

Deje de ser machista.

Así de fácil y así de sencillo. No se le olvide que su madre, su hermana, su amiga, su novia... ¡es mujer! No sea machista, respete y descubra el increíble universo que puede encontrar en cada una de las mujeres que tiene alrededor.


Fotografía: Plazuela San Luis, Cerro Alegre, Valparaíso.

jueves, 27 de enero de 2011

Echarse a volar, 2da parte.

Abrí los ojos luego de un sueño que me costó un poco conciliar; no había nada de ruido y apenas había algo de movimiento. Fue inevitable pensar de que nos habíamos detenido y miré a todos lados: la señora que venía a mi lado, conversándome, no estaba. Me asusté, porque durante el vuelo se había sentido un poco enferma y pensé que habíamos aterrizado. Pero nada. Hasta que al fin apareció y me saludó, muy amablemente, mientras yo podía mirar a través de la ventana para ver que aún nos movíamos: el Atlántico estaba dibujado bajo las nubes de algodón que flotaban a gran altura. Aún no había tierra, pero el monitor indicaba que estábamos próximos ingresar a la península Ibérica: ¡esto es Europa! pensé. Sirvieron el desayuno y entonces anuncian que el aterrizaje en Madrid sería dentro de unos 40 minutos. Esperé: miré por la ventana, vi las nubes y como se iban abriendo en la medida que la ciudad aparecía ante mi mirada. Igual que como lo había soñado. Sentí emoción.

Monitor del avión, indicando que ya ingresábamos a la Península Ibérica por Portugal. 
 
Aterrizamos al fin y me costó creer que, efectivamente, eso estuviera sucediendo. Llegué a la policía internacional y vi la enorme fila para cruzar: esperé mi turno. Saludo y el tipo me revisa el pasaporte y me pregunta: "Motivo de la visita". "Estudios" respondí con cierto nerviosismo. "¿No tiene visado?". "Sí, página 4...". Como será el nerviosismo que hasta me preocupé de ver en qué página estaba el bendito visado que me permitía el ingreso a España por 6 meses, como estudiante. "Vale" me dice y me pone el timbre. ¡Mierda, estoy en España! Crucé sonriente y fui a buscar mi maleta. Luego busqué el Metro, que tiene estación en el aeropuerto y es una verdadera maravilla para poder movilizarte. Primero salí del aeropuerto, por error, pero un error que me encantó: encontrarme con el aire frío de 4º en pleno invierno, la bienvenida a Europa. 

 Estación Aeropuerto T1T2T3.

Corrí por las estaciones, cambiándome de línea, lanzándome por las escaleras ante la mirada atónita de todos (solo 4 meses después descubrí que había ascensores... pero daba igual pasar como provinciano, total, no me conoce nadie). Llegué a la Estación Méndez Álvaro y compré mi pasaje que salía a las 16.59... cuando era algo así como las 16.58. Corrí al bus (nuevamente lanzándome por las escaleras) y llegué a los andenes cuando mi bus estaba partiendo. El tipo fue demasiado buena onda, debo admitirlo, de manera que me esperó, aunque con la característica 'simpatía' española, claro está. Mientras corría, sucedió una escena digna de película: yo corriendo con mis maletas -todo el mundo mirándome con cara de qué le pasa a este tipo- mientras comienzan a caer copos de nieve sobre los andenes, dándome la bievenida. La fría Europa me daba la bienvenida. 
 
Estación Méndez Álvaro.

Tomé el bus, leí la carta que me entregó una de mis hermanas antes de partir. Lloré, tomé fotografías del camino, escuché música (destaca "Conquest of the paradise" de Vangelis, que me recordó que la conquista ahora era a la inversa), no dormí nada por temor a pasarme de largo ya que no conocía el camino. La primera detención en los 'Abades de la Gineta' y entonces llamo a Verónica para avisarle que ya estoy llegando. Llegué a Albacete y fue extraño ver, por primera vez, la ciudad que se va a transformar en tu hogar por mucho tiempo. Esa extraña frialdad de sus estructuras, ese silencio de sus calles, el invierno, la oscuridad... no sé, pero Albacete tenía algo que lo hacía interesante y atractivo. Y, de hecho, lo tiene, aunque no sé qué es. Será, seguramente, que conocí a gente increíble y que tengo gratos recuerdos de sus espacios. Me bajé del bus y me encontré con Verónica en los andenes, un abrazo, y salimos. Llegar a la residencial, saludar a gente con acentos diferentes fue algo muy divertido. Miré por la ventana y, recién entonces, en plena noche invernal de enero, saludé a mis sueños con una sonrisa y como un amigo me dijo una vez: "que tus sueños te lleven tan lejos como tú quieras llegar". Y, realmente, ese fue un sueño grandioso. Me dormí con una extraña sensación: lo logré.

 Vista de Albacete desde la Residencial Campus, donde me quedé los dos primeros días.

Y ya pasó un año desde ese logro que no podré olvidar, por lo épico que resultó para mí, con cada uno de sus inconvenientes y cada una de sus aventuras inolvidables. Quisiera volver, sí, pero no sé si sería lo mismo. Sería diferente, pero de todas formas valdría la pone volver a intentarlo. Gracias a toda la gente que me ha apoyado siempre y también a los que conocí allá.

miércoles, 26 de enero de 2011

Echarse a volar.

Hace un año, todas mis certezas estaban reducidas a cero y mi vida estaba destinada a la aventura. No sabía nada de lo que iba a pasar, salvo una que otra predicción que luego podría o no acertar en su resultado: lo que sí le acertó todo el mundo, era que la incerteza iba a ser lo mejor de todo, un aprendizaje mirado de cualquier punto de vista. Tan simple como el hecho de aprender a sobrevivir a un vuelo de más de 10 horas sin aburrirse en el intento: crear técnicas para dormir, buscar la mejor posición para quedar cómodo en el asiento clase turista de un avión enorme (2 pisos) que cruzaba el Atlántico en una noche oscura de verano. Algo así como un sueño de una noche de verano que acabaría en un mediodía de invierno. Pero eso no lo sabía en ese momento, solo me lo imaginaba.

 Aeropuerto Arturo Merino Benítez (SCL), Pudahuel, Santiago. 
Recuerdo la llegada al aeropuerto de Santiago, Arturo Merino Benítez, SCL para todo el mundo. Recuerdo esos 33º C que había en ese momento y mi ropa tan veraniega. Recuerda las miradas de todos, ese extraño deseo de partir pronto para no hacer más difícil el momento. Despedirme de mi familia, decirles que no los vería en casi 6 meses y que podían confíar en mí, de que sabría cuidarme por mí mismo: que todo lo que me han enseñado durante la vida lo podría poner en práctica y podrían estar seguros de que estaba listo para eso. Aunque no sé si uno, alguna vez, está listo para vivir la vida; lo que importa es saber arriesgarse y entender que la vida no espera a que estés preparado para ella, sino que te prepara en el camino. Y así fue como les dije adiós, un enorme abrazo y lentamente comencé a hacerme la idea de lo que estaba pasando. Crucé la Policía Internacional y esperé a abordar, con una hora de retraso si mal no recuerdo. Adiós Chile, dije. Me subí al avión, ubiqué mi asiento y miré a través de la ventana. Me dio vértigo pensar en lo que estaba haciendo: no estoy preparado, no estoy seguro, ¡qué mierda estoy haciendo!, me quiero bajar, me quiero devolver. Partió el vuelo y las lágrimas de emoción me llenaron: adiós, pero volveré diferente, prometo que creceré.
 
Nubes en la Cordillera de los Andes.

Ver las nubes en el cielo y "no poder tocarlas" como diría la canción de Inverness. Ver que cruzábamos Chile, ver que salía de mi país para llegar a Argentina y luego despejar hacia Madrid. Ansiedad, nostalgia. Alrededor de una hora de espera para el embarque. Y volamos nuevamente, con otra hora de retraso. Despegamos: adiós Buenos Aires. El cielo es una pista interminable que te lleva a donde quieras: solo abrir las alas y echarse a volar. Hace un año que abrí las alas y pude empezar a cumplir un sueño.

Sonámbulos

Sonámbulos que caminan descalzos por la carretera en busca de un sueño perdido que los mueve, aún con los ojos cerrados, aún sin tener conocimiento de lo que están haciendo. Divagan entre pedazos de naturaleza oculta bajo el cemento que se alza hasta las nubes, pedazos de miradas que se pierden en la carretera que se extiende a sus pies presentándoles la via de escape perfecta, echarse a correr hasta llegar al mar o quizá, internarse hasta tal punto que sean capaces de alcanzar lo más alto de una montaña nevada o de un volcán inactivo tapado por el tiempo. Sonámbulos, sonámbulos, sonámbulos. Sonámbulos que cantan la miseria de un universo corroido por baladas de antaño, por vocablos mal pronunciados por un adolescente malcriado. Caminantes dormidos que buscan una noche perfecta para hacer de su universo una odisea, para convertir a las estrellas en los fieles aliados de sus locuras más extremas.

Pisadas descalzas dibujadas en la acera, marcadas sobre los techos de los vehículos que se escarchan en primavera buscando esos rayos de sol olvidados por el invierno. Buscando las estrellas del verano caluroso, buscando esas nubes pintadas en los colores de enero que aspiran a un febrero que no quiere llegar, escapándose de marzo eterno y sorpresivo que acaba el aliento a su paso. Llamando a abril y su silencio extraño, pensando en mayo y su oscuridad precisa, soñando con junio y ese frío que te abraza en julio mitad invierno, mitad deseo. AGOSTO indomable y con mayúscula, aunque suene pesado, calurosos 27º extraños que me llevan a recorrer playas y marejadas de un septiembre un poco borracho, un octubre con sobrepeso y un noviembre controlado y esbelto: deportista y en movimiento que te lanzan a correr. Un noviembre que te hará sonreír tanto, un diciembre que te hará soñar más. Sonámbulos, sonámbulos, entes nocturnos que divagan a las 04.17 am y tienen cuerda para rato.

Sonámbulos, espíritus conectados entre sí, sonámbulos, miradas que se buscan entre los cristales, sonámbulos, diferencias que se hacen semejanzas, límites que se vuelven una conexión más. Sí, sonámbulos, caminando por las calles y creando nuevas historias. Sonámbulos que se despiertan soñando caminatas bajo el sereno de la luna, cantándole a las estrellas. Sonámbulos que se pierden de pronto y que despiertan entre la hierba, mirando el amanecer, con los pies sumergidos en el mar. Sonámbulos.